hola! volvi y aqui esta otro cap, espero les guste.
*Cualquier cosa que desees será tuya, había dicho ella. Si tan solo, pensó Sasuke. Pudiera pedirle una simple prueba de sus labios. Pero él no arriesgaría al sufrimiento de los inocentes. — ¿Por qué te preocupas por ellos? —Simplemente para saciar su anhelo por la adorable diosa. La pregunta que viajaba a la deriva por su mente le tenía apretando los dientes. Él se preocupaba porque sin bondad, allí sólo habría el mal. Y él había visto demasiado mal.
—Lo siento, diosa. Como dije, no puedo ayudaros.
Sus delicados hombros se encogieron con desilusión.
— ¿Pero... por qué? Tú quieres mantener tanto como yo a los demonios dentro del infierno.
Sasuke no quería contarle sus razones para rechazarla, después de todos estos siglos todavía se avergonzaba. Sin embargo, debería decírselo. Quizás entonces ella volvería a lo de antes y fingiría que no existía. De este modo, su deseo por ella crecía, intensificándose, su cuerpo endureciéndose. Acéptalo. Ella no es para ti
—Yo vendí mi alma. —Dijo él.
Había sido uno de los primeros humanos encaminar por la tierra. Había estado satisfecho con su parte y embelesado por su compañera, incluso aunque ella había sido elegida por su familia y en cambio no lo había deseado. Ella se había puesto enferma y él se había desesperado. Había gritado a los dioses que lo ayudaran, pero le habían ignorado. Entonces Danzo (Lucifer) había aparecido ante él. Para salvarla y ganar finalmente su corazón, Sasuke se había entregado voluntariamente al príncipe oscuro—y se encontró a si mismo transformado de hombre a bestia. Cuernos que salían desde la cima de su cabeza, y sus manos se habían convertido en garras. Pelaje carmín oscuro cubría toda su piel y piernas, mientras unos cascos reemplazaban sus pies. En segundos, se había transformado en más animal que humano. Su esposa se había curado, por su contrato con Danzo (Lucifer), pero ella no se había ablandado hacia él. No, le había dejado por otro hombre. Sus manos se cerraron en puños, las garras hundiéndose profundamente en sus palmas mientras se centraba en la diosa.
—Aunque lo desee de otra forma, mis acciones ya no están bajo mi mando.
La diosa lo estudió, su cabeza inclinándose hacia un lado. Él se movió incómodo, tal escrutinio lo acobardada dada su enfermiza apariencia. Para su sorpresa, el asco no oscureció su encantadora mirada fija cuando dijo.
—Veré lo que puedo hacer.
En los Corredores del Infierno.
—Danzo (Lucifer), óyeme bien. Exijo hablar contigo. Te aparecerás ante mí. En este día, en esta habitación. Solo. Yo me quedaré aquí. Soy Sakura, diosa de la Opresión, sabía que debía precisar sus deseos o el príncipe demonio los "interpretaría" siempre como lo deseara.
Simplemente estaba exigiendo una audiencia, él podría llevarla a su cama, atar sus brazos y piernas, sacarle la ropa, con una legión a su alrededor. Pasaron varios minutos sin que hubiera respuesta a sus peticiones. Pero entonces, había sabido que no lo serían. Él disfrutaba haciéndola esperar. Lo hacía sentir poderoso. Empleó ese tiempo en echar un vistazo a los alrededores. Más que piedra y mortero, las paredes del palacio de Danzo (Lucifer) consistían en llamas. Crujiendo en oro anaranjado. Mortales. Ella odiaba todo sobre aquel palacio. Plumas de humo negro flotaban desde los resplandores, curvándose alrededor de sus dedos de manera dañina. Tan mal que quería mover la mano delante de su nariz, pero no lo hizo. No podía mostrar debilidad—incluso con tan pequeña acción. Si se atrevía a hacerlo, sabía que se encontraría a sí misma ahogándose en los nocivos vapores.
Danzo (Lucifer) no amaba nada más que explotar las debilidades. Sakura había aprendido muy bien esa lección. La primera vez que lo había visitado, se había terminado enterando de que había sido designada tanto por Orochimaru (Hades) como por Danzo (Lucifer) como su guardián. Como alguien que encarnaba la esencia de la subyugación y conquista, no había nadie mejor para asegurarse que los demonios y muertos se quedaran permanentemente allí. O así habían pensado los dioses, lo cual era por qué la habían elegido para esa tarea. Ella no estaba de acuerdo, pero negarse a ellos los habría invitado a castigarla. Demasiadas veces desde que había aceptado, sin embargo, pensaba que el castigo quizás hubiese sido lo mejor. Pasaba sus días durmiendo en una cueva cercana—no un verdadero sueño sino una vigilia, los ojos de su mente iban a la deriva sobre los diferentes campos de los demonios.
Pasaba sus noches supervisando los muros. Tan frecuentemente, que había tenido que volver al palacio y reportar la infracción. ¿Cómo podía no haberse dado cuenta de lo que estaba sucediendo esta vez? ¿Había bloqueado Danzo (Lucifer) sus visiones? Si era así, ¿Qué esperaba ganar? Ella nunca se había sentido más indefensa. No, no era verdad. Durante su primera visita, Danzo había sentido su agitación—y desde entonces no había dejado escapar cada oportunidad de nutrirla. Un toque de fuego aquí, una dañina tentación allí. Ella se había marchitado bajo sus atenciones. Eso había disgustado a los dioses. La habrían invitado a su casa, estaba segura, si no la hubiesen vinculado ya al muro, un acto para ayudarla con sus deberes, no para hacérselos más difíciles. Pero ni siquiera los dioses sabían cuán profundo se volvería esa obligación. Bastante más que simplemente sentir cuando el muro necesitaba ser reforzado, ella se había dado cuenta de que esa era su razón de vivir. Su sangre cantaba ahora con esa esencia. La primera vez que uno de los demonios la había arañado, ella había sentido el aguijón y había jadeado, sobre saltándose. Ahora ya no había más sobresaltos, aunque todavía sintiera cada contacto. Cuando el infierno la lamía, ella sentía su quemadura. Puedes hacerlo.
El resultado de esta reunión es más importante que cualquiera que hayas tenido antes. Tú puedes. ¿Le importaría al guardián lo mucho que se arriesgaba por él? Desde fuera del palacio podía oír la enloquecida risa de los demonios, los gemidos del torturado y el chisporroteo de carne desprendiéndose del hueso. Y el olor... era tan infernal como él mismo. Era difícil, permanecer estoica entre tal vileza. Especialmente ahora. Las pocas semanas pasadas, a su cuerpo le había sido drenada la fuerza, poco a poco, el dolor disparándose a través de ella. Ahora, al menos, sabía por qué. Vinculada como estaba a este oscuro Inframundo, que agrietaba el muro externo la estaba matando, literalmente. El sonido de los pasos hizo eco de repente y las llamas se separaron varios pies ante ella. Finalmente. Apareció Danzo, tan despreocupado como un día de verano.
—He estado esperando tu regreso.
Dijo con la más seductora de las voces. Incluso sonrió abiertamente, su expresión la más pura maldad
—. ¿Qué puedo hacer por ti, querida mía?
