Capítulo II
Estaba a punto de cometer un grave error cuando las campanillas del recibidor anunciaron la llegada de un nuevo cliente.
Curiosa como era y con la tendencia defectuosa de dispersar sus emociones con un automatismo increíble, olvidó por completo el asunto del señor y la señora Otonashi, inundada nuevamente de su brillantez.
Llena de mucha energía casi saltó sobre el recibidor para dar la bienvenida al nuevo cliente.
Pero sólo bastó con ver de quien se trataba para que alguien la tomara de la camisa y la arrastrara hacia el mostrador tras la caja registradora. A duras penas podía vislumbrar a la Señorita Orvinus; rubia, alta y de aspecto felino…
− No lo harás – le dijo una voz a sus espaldas.
Giró sobre sus talones y respondió:
− ¿Por qué no? - gimoteo infantilmente
− Porque eres muy efusiva. Por eso.
− Señora Nogi, de verdad le prometo comportarme.
− Aja, así es. ¿Igual que hace unos minutos? Porque no creas que no sé lo que ibas a hacer.
Nike cerró los ojos y respiro hondo dejando salir un resoplido que levanto un mechón de su cabello castaño oscuro.
Su jefa le alzó una ceja.
Hizo ademán de dar una excusa, pero se detuvo. Sabía que sería inútil. Sólo le quedaba rogar…
O no.
Sí, mejor no.
– Está bien. Usted gana. Me conformaré por ver de lejos.
– Eso espero, eso ESPERO – replicó con énfasis en la última palabra.
No pasaron ni diez segundos desde que la señora Nogi se dio la vuelta cuando Nike saco su libreta y se dispuso a tomar la orden de la señorita Orvinus. Pero cuando hubo reanudado su marcha, Layla ya traía su orden.
Bueno, esperaría…
Lo que sinceramente hablando no era su fuerte.
− Puedo prepararlo y llevarlo yo, ¿Por qué no tomas la orden de ese otro cliente?
Layla, era una chica genial. Tranquila y apacible. Así que no fue difícil.
− No hay problema − respondió encogiéndose de hombros.
Teniendo su vía libre Nike se encaminó nuevamente hacia ella.
− Aquí está su té señorita, ¿desea algo más?
− No gracias
Nike se le quedó mirando un poco dubitativa, no sabía qué hacer.
La joven le entornó los ojos mientras fruncía el seño
− ¿Qué?
Abrazó la bandeja y se sentó frente a ella.
− Debo decirle algo importante.
La clienta incomoda por su mirada insistente preguntó nuevamente
− ¿Y que sería eso?
− Aunque nunca hemos hablado, la verdad es que la he notado algo triste últimamente – la cliente se le quedó viendo estupefacta – Por lo que he decidido ayudarle un poco.
− ¿Y cómo piensa hacerlo si se puede saber?
− Le sugiero que termine su novela hay alguien que ansía que así sea.
Indignada la clienta respondió molesta pero con voz suave:
− ¿Acaso me espía o qué?
Nike se inclinó hacia delante hasta quedar frente a frente
− Sólo siga tomando su té – alzó un dedo apuntando hacia afuera − como dije hay alguien que ansía todos los días a que lo termine.
En total confusión la joven apoyó ambas manos en el sofá a punto de irse cuando Nike se levantó rápidamente y agito ambas manos frente a ella.
− ¡No! Por favor no se vaya. Yo ya me iba.
La joven aunque fastidiada por la lunática de su mesera se quedó sentada y lo dejo correr pidiéndole que la atendiera otra lanzando un bufido.
Nike pestañeo tres veces impresionada por un gesto como ese en una señorita tan elegante. Dirigió su mirada hacia el gran ventanal de la cafetería. Sonrió hilarante y regreso a la barra a esperar que su intrusión diera resultado.
Se sentía feliz y temerosa a la vez ¿Se preguntó por qué sentiría temor si estaba más que emocionada? No es que tuviera que ver con la gélida mirada de la Sra. Nogi a sus espaldas ni nada. No señor. No tenía nada que ver.
Al cabo de diez minutos vió a la señorita Orvinus llorar sobre la última página del libro mientras buscaba desesperadamente por todo el salón como si se le hubiera perdido algo. De repente la puerta del recibidor se abrió con fuerza y apareció un hombre bien parecido con una cajita entre las manos. Ella corrió a su lado y el sujeto comenzó a inclinarse frente a ella ante la atenta mirada de los clientes.
− ¿Qué te pareció el detalle?
− Eres un tonto, ¿Por qué me hiciste esperar tantas semanas con lo mucho que me cuesta leer un libro?
− Pensé que te gustaría. Ahora no habrá excusas para que no los leas.
La joven golpeó su hombro juguetonamente, cogió la cajita y se puso ella misma el anillo en su mano izquierda mientras le respondía con un sí, acepto.
– Pero aún no te lo he preguntado
– No importa, te lo mereces por grosero.
El joven pagó la cuenta, se tomaron de las manos y salieron de la cafetería aun discutiendo, no sin antes aprovechar el momento y tomarse una fotografía junto al personal de la cafetería como recuerdo de ese día y por supuesto no hizo falta el fuerte abrazo que recibió la señorita Orvinus de parte de Nike.
Finalmente una vez que ambos salieron por la puerta Nike colocó ambas manos sobre sus mejillas sonrojadas y lanzó un gritito ahogado efusivamente mientras los contemplaba.
– ¡Ah! No cambias – Recriminó la señora Nogi con una mueca entre molesta y feliz colocando una toalla de cocina sobre la cabeza de Nike.
La cafetería Bogetton
Un lugar increíble si le preguntan a cualquier transauté que la haya visitado. Excelente para los amigos, encuentros de parejas o simplemente para leer un libro. Con excelentes aperitivos y un café inigualable. Las mesas de roble con almohadones de terciopelo, sillones de cuero y barras de mármol rojo alicante. Tenía su buena fama. Se consideraba uno de los lugares más agradables y relajantes de la cuadra.
¿Y cómo es que una chica como Nike terminó ahí? Bueno, la pregunta sonaba hasta ofensiva para ella. Es decir, su trabajo en una cafetería podría no ser considerado el mejor trabajo del mundo, pero era feliz ayudando a sus padrinos. No es que tuviese la mente pequeña o algo. Deseaba el empleo para aprender y abrir sus horizontes. Hasta le sonaba algo trillado. Era de aquellas personas imparables, ya entienden de esas que deambulan como gitanos esperando encontrar la felicidad. Su felicidad estaba en cada vuelta de la esquina, o eso es lo que ella creía. Después de todo. Todos la tenían de fantasiosa, un alma libre. Pero lo que realmente quería era aprender del negocio.
Calvin, un vecino extraordinario, y ella tenían conocimientos sobre panadería y pastelería, y ambos invertían en lo que sería una de las mejores panaderías de Manhattan. Eso era soñar en grande, pero no se quejaban mucho por ello. Recibían toda la ayuda de sus padres y la pequeña herencia de Nike. Con orgullo podrían decir que habían alcanzado muchos de sus objetivos. Y no vivía mal. No tenían el local ni nada fijo con que comenzar. Pero las ventas por encargo eran magníficas. Después de todo con algo debía iniciar ¿No?
Vivía en un pequeño apartamento de Murray Hills. ¿Lindo no? Un bello parque saludándole desde la ventana. El viento tocando su rostro y el bello beso del sol por las mañanas.
Consideraba que en su vida nada podía salir mal si se mantenía optimista. Hacer lo que quisiera todo el tiempo y disfrutar cada día como el último. Eso es lo que su fallecida madre le había deseado cuando tenía siete años.
Y aparte, tenía a Mikia. Otra de las razones por la que le gustaba trabajar ahí. La hija de los Nogi, a quien consideraba una amiga. Bueno, al menos antes.
Antes de conocerlos su única familia habían sido su madre y su padre. Desgraciadamente el cáncer se había llevado a su madre a la temprana edad de siete años quedando sola con su padre. Triste por la pérdida de su esposa hizo todo lo posible por darle una infancia feliz. Y lo había logrado. De él lo había aprendido todo a través sus viejas historias, ficticias o no, sobre marinos y soldados, princesas y príncipes, dragones y unicornios. Le hacía ver que eran un equipo. Solía decirle: ¨Si fuese a morir desearía que mis compañeros fueran felices por mí, nada me traería más satisfacción que en mi lecho de muerte todos sonrieran y brindaran con una buena cerveza mí partida. Seguro que iría a un lugar mejor. Pobres diablos¨ y luego reía abiertamente. Para ese momento ella tenía catorce años y comprendía muy bien a su padre. Así como era, su padre había sido un hombre de principios y católico empedernido. ¨Es de risa¨ pensó mientras se dirigía a las bodegas. ¨Está bien, no tan devoto. Pero lo cierto es que asistía a misa cuando podía o lo necesitaba¨
Por alguna razón hoy lo recordaba más que nunca, tal vez fuese por su encuentro con la señora Hooker. El también solía decirle que debía ser modelo... en fin un padre siempre ve a sus hijos como lo más hermoso.
Se encogió de hombros mientras tomaba una escalera, recordando lo mucho que le decía que viviera feliz por él.
¨Aunque amo a mi padre, no creo que él hubiese cumplido con lo que tanto predicaba. Sus salidas nocturnas todos los fines de semana, ahogándose bajo el alcohol, las mujeres… mostraba Karamente que su lealtad hacia mamá eran sólo palabras¨ caviló nuevamente ¨Él la amaba y estoy segura que a mí también, y por qué la amaba demasiado decidió vivir lo más que pudo por mi¨
En ese entonces él no era feliz por más que le sonriera, ni siquiera con ella a su lado. Así que trató arduamente en enfrentar la vida con sonrisas para él. Después de todo él amaba sus sonrisas, al menos era lo que le decía todo el tiempo ¨Sonríe Nike, sonríe¨. Su trato siempre fue dulce y paciente con ella. Paciente porque era el único que soportaba con una sonrisa su torpeza y estupidez. Siempre estaba ese afán de hacerla sentir orgullosa de sí misma. Pero aunque tonta y algo distraída sabía bien que no era tan atractiva ni siquiera de niña. Aunque confiaba en que no era fea tampoco creía merecer tanto halago. Es más se afrentaba de los hoyuelos. ¡Vaya! como odiaba esa mejilla izquierda. Pero ¿A qué padre no le gustaba presumir de su hija? Más que cualidad lo veía como defecto. ¿Porque no se daban cuenta que era algo involuntario? Y lo consideraba todo menos que una virtud porque el mundo podría estarse derrumbando y ella sonreiría igual. Se reía con muchísima facilidad y a veces le suscitaba a malos entendidos con la gente.
A veces meditaba si en algún momento de su desarrollo había perdido la cabeza. Sus excompañeras de secundaria decían que una persona como ella era perfecta para protagonizar una novela de terror. Es decir, ¿Acaso pretendían decir que era una maniática?
Sólo podía decir en su defensa que eran muy escandalosas y algo frívolas.
Pero es verdad que les preocupaba un poco su forma de minimizar las cosas. Les asustaba la forma tan despreocupada e impulsiva, casi maníaca, de discutir con extraños cuando y siempre que quería. Pero ¿Que tenía de malo confiar en la gente? o ¿Tener fe en la gente? Mikia, la más aprehensiva de todas, le llamaba la atención todo el tiempo por ser ingenua. ¿No era hiriente que una amiga le dijera que tenía algún déficit de atención o algo? ¿Y que con eso de la ingenuidad? No se consideraba una ingenua.
Tal como lo pensaba, así era de grosera.
− ¡Oye, Ann!
− …
− ¡¿Me estás escuchando?!
De repente sintió un golpe fuerte sobre su espalda baja justo cuando tomaba una de las cajas de la estantería. Sopesó el contenido de la caja entre los brazos perdiendo el equilibrio y cayendo finalmente.
Que de bien era que al menos la caída fuera desde una corta altura y nada se hubiera roto.
− ¡Ouch! – gimió masajeando la parte baja de su espalda – Sabes que soy sensible ahí. Oye ¿Por qué me golpeas? ¿Qué te sucede? Casi tiras 200 $ en jalea de arándanos.
De hecho ya lo sabía.
En realidad se había tardado mucho.
Mikia rodo sus ojos.
- Es que no escuchas, por eso. Y no es mi dinero – Dijo autoritariamente con ambas manos descansando sobre sus caderas.
Nike no había notado que su amiga llevaba el mismo aspecto desdichado, sus ojos estaban llenos de lágrimas secas y el lápiz negro corrido. Y por el modo en que se tambaleaba de un lado a otro mientras se apoyaba en el dintel de la puerta, podía deducir que estaba borracha.
− ¿Qué te sucede? – Hizo ademan de levantarse, con el deseo imperioso de abrazarla, pero recordando lo que había hecho, la culpabilidad se lo impidió.
− ¿Y tienes el descaro de preguntar? Es increíble lo impulsiva, desvergonzada y despreocupada que eres – Recriminó hipando.
Observó su vestimenta con más detalle.
Aún conservaba el vestido celeste de hace dos días y el cabello rubio suelto en lo que antes había sido un moño elegante y fresco.
Cohibida por su repentina visita y la ira de sus ojos recordó el favor que le había pedido el Sr. Nogi en lo que en su momento había considerado casi aceptable. Un favor del que se arrepentiría toda la vida. De creer que terminaría de esa forma tan exalta no habría habido forma posible de que ella lo hubiera consentido, pero estaba claro que su estupidez, una vez más, le había jugado una mala pasada. Una persona tan densa como ella necesitaba que le explicaran todo en detalle, pero confiaba tanto en el juicio del señor Nogi que, aunque una parte de sí pensara que no era lo correcto, al fin y al cabo él era su padrino y la persona que le brindó todo su apoyo cuando más lo necesitó, además no pensaba dejar que su amiga perdiera todo por lo que había luchado. Porque aquel que era su padre tenía mejores planes para ella. Pero la tensión la dominó tanto que su método de actuación no fue el más sutil. ¿Pero que más se esperaba de ella? Era tan lábil y transparente que no encontró la mejor forma de calmar sus nervios como para enfrentarse al novio y parar la farsa de una vez. Jamás volvería a mezclar vodka con chocolate, aparte de lanzar un montón de disparates sobre una mesa, borracha y desaliñada, vomitar frente a todos tampoco había sido lindo.
− ¿Sabes que la vida no es una película rosa, verdad? Con sólo verte puedo ver el letrero de envidia colgado desde tu frente.
A veces Mikia podía ser lo suficientemente hiriente, colérica e insensible como para llenar una habitación completa. ¿Pero acaso podía refutar cuando la víctima en realidad era ella y no sí misma? No si era su amiga. Y dudaba mucho que hasta el momento lo fueran.
Respiró hondo y rehuyó su mirada. Ya sabía de qué venía esto.
− ¿Por qué lo dices? − preguntó indiferente mientras se levantaba y sacaba otra de las cajas, esta vez sin usar la escalera. Por más que quisiera mantenerse firme ante la inminente pérdida de su amiga, por lo que había hecho, lo cierto es que le era imposible ignorarla. Y dado que tenía un mal genio la fachada de inmutabilidad que pretendía mostrar comenzaría a fallarle. ¿Era tan difícil hacerse la mala incluso siendo una? ¡Dios! ¡Era igual de transparente que su padre! Sólo esperaba que Mikia lanzara la bomba pronto antes de que se diera cuenta su pobre esfuerzo por mantener la calma.
O ya lo hacía. Porque era obvio para cualquiera que sus piernas apenas la sostenían.
Genial.
− ¿Cómo es que eres capaz de armar un alboroto sólo por querer probar tus tontas ideas románticas sobre los demás? ¿Tan desesperada estas? Y no metas a mi madre en esto, porque he visto que es cómplice tuya ¿Es que no lo sabes? ¿No te han dado las nuevas? Al parecer ahora eres su hija
− Creo que exageras – las lágrimas comenzaron a lamer su rostro. Trató de ocultar su rostro bajo la cortina de su cabello mientras se las enjugaba tan pronto como salían mientras subía nuevamente por la escalera para bajar otra caja de jalea.
− ¿Qué? ¿La bebe ya va a llorar? – Dijo burlonamente soltando una carcajada lastimera – ¿Por qué no corres tras sus brazos? Sé que se confabularon las dos. No eres capaz de cerrar esa boca despreciable. Por qué sabes que le arruinas la vida a los otros con tu imprudencia ¿verdad? No sé si es que te gusta mi prometido o que no soportas no tener a todos los hombres detrás de ti.
Sus ojos comenzaron a humedecerse nuevamente tratando de no derribar las cortinas de lágrimas que tenía en los ojos.
− Ya, Mikia de veras, estas cruzando la línea
− No cruzo ninguna ridícula línea. Te hablo con la verdad. ¿No es lo que te gusta hacer a diario? Rompe compromisos y metomentodo con esa sonrisita falsa – Asintió histéricamente – Si, falsa. Eso es lo que eres. Haces creer a todos con esa cara de idiota de que eres un ángel de Dios. ¿Pero sabes qué? No te va a durar esa facha de gorda inocente y virgen.
Nike respiro hondo antes de bajar de las escaleras con lentitud aún oculta tras su cabello.
− Por favor, sólo quería ayudarte – Susurró lastimera − Si hablaras con tu padre talvez él podría…
− ¿Ayudarme? ¿Hablar con mi padre? ¿Ahora quieres meterlo a él? Arruinaste lo que pudo ser…
Gruesas lágrimas salían de sus ojos corriendo sobre su piel pálida.
- En serio lo… - balbuceó sin darle cara.
- ¡No! Ya cállate. Esto ya va en serio. Fui tu amiga, pero ya es demasiado. Buena o mala intención no tendrías que haberte metido. Perdí a Garrick y todo por tus celos
− Pero es que yo sólo… − respondió con la voz quebrada. Su voz apenas audible − Desee que no sufrieras por él. Tú no me creías así que tuve que hacerlo. Te juro que no tengo nada que ver con él. Sólo quería que supieras la clase de hombre que es.
Para su buena causa, el almacén estaba lejos de la cocina principal. Nadie las escucharía.
Oh no, este conflicto era demasiado para ella. ¿Por qué tenía que deprimirse tanto cuando la gente se enojaba con ella? Los sollozos salían de su pecho sin poder evadirlos. Parecía toda una niñita. Y Mikia sabía lo sensible que era.
Sabía exactamente que todo eso le dolería. Y con mucha razón.
− Pararte sobre una mesa completamente inconsciente por la exorbitante cantidad de chocolate que comiste mesclada con alcohol no fue precisamente lo mejor que pudiste haber hecho por mí. No sólo me humillaste frente a Garrick sino frente a todos los invitados. ¿Cómo pudiste siquiera mencionar los nombres de sus amantes?
Finalmente dio la cara. Al final por más que lo deseara no podría traicionar al Señor Nogi, diciéndole que él le había pedido que delatara al verdadero Garrick. El Garrick que la engañaba y que no era competencia para el señor Miles, CEO, con el que Mikia tuvo que toparse y por desgracia de rechazar en un bar. Y como casi todos los ricos el hombre no descansaría hasta casarse con ella por burlarse de él. Es decir ¿Qué es un poco de margarita en una camisa? Como decía antes. Amaba a los Nogi pero no era extraño para ella ni para Mikia y su madre que Charles Nogi era un hombre afable pero controlador.
Nike trató de decírselo días antes para no tener que hacer lo que hizo. Pero dada la ayuda de sus padrinos en los últimos cinco años no podía negarles nada, incluso si eso significaba abrirle los ojos a Mikia de la manera más vil y cruel.
Pero lo que en realidad deseaba y no podía contarle era que si se atrevía a decir una sola palabra sobre Miles entonces Mikia se quedaría sin herencia y ESO si era algo que no se podía permitir. Confiaba plenamente en que ella saldría de esto. Era muy fuerte y decidida, y seguro que al final no la obligarían. El padre de Mikia le había jurado que sólo actuaba como padre receloso y que buscaba lo mejor para su hija, le había prometido que sólo saldría con él y que el destino decidiría que pasaría después. Por eso no le preocupaba tanto.
− Hace dos días traté de comprenderte. Pero sé que si lo hago seré cómplice de tus errores. Si no te he despedido es por papá.
− Mikia… yo no soy así, lo sabes.
− No, no lo sé. Sólo sé que me tienes cansada. Tú y tu cabezonería. No podrías ser más sutil.
− Pero es que él…
− No me importa si él te coquetea o sale con otra mujer, o si coquetea con todas las de la cafetería. Y no me refiero sólo a Garrick y a mí. Porque parece ser que no soy la única que sufre. Te metes en todo ¡Es que no te pesa en la conciencia el daño que puedes provocar! Por eso es que no tienes amigos.
- Peee…
Nike comenzó a hipar haciéndosele imposible hablar
Mikia se quedó con la boca abierta y luego sonrió con los labios tensos
Respiro hondo, pero aún se veía impaciente.
− Vete, no quiero seguir discutiendo. No soporto que te involucres conmigo ni mucho menos con los clientes. Al final solo me provocas molestias con esa actitud de blanca paloma – Sonrió burlona
Más lágrimas se vertieron en su rostro sin parar así que se quitó el delantal, mientras respiraba agitadamente al borde de la histeria Y tratando de evadir el contacto visual salió del almacén sólo para toparse con Sonya. La observó detenidamente y apunto con la cabeza la salida. Bien, podía irse temprano ese día. Se volteó en dirección a Mikia sólo para verla caer al suelo hundiendo el rostro entre sus manos mientras la Señora Nogi le daba palmaditas en la espalda y marcaba en el celular. Quiso tragar saliva pero le fue imposible con el nudo en la garganta. Colgó el delantal en el armario del corredor para dirigirse a la parte trasera de la cafetería.
Salió prácticamente corriendo.
¿Mejor amiga? No lo creía, ya no más. No por su actitud sino por la suya misma. No se trataba únicamente de lo que había hecho sino porque parecía ser que Mikia tenía otra idea sobre ella y por la forma con la que la describió no era para nada agradable ni amistosa aún si se lo merecía.
O talvez tenía razón.
Probablemente la tenía. ¿Qué amiga merecería su perdón si lo que había hecho era romper su relación?
Caminó bajo los últimos rayos de sol en dirección a su casa. No llamaría a un taxi. Necesitaba refrescarse, despejar su mente y recobrarse del incidente porque la verdad, es que no quería oír a un taxista preguntándole que le pasaba teniendo el aspecto de un perro mojado o arrollado. Después de todo no quedaba tan lejos. Dos horas caminando no era mucho. ¿Cierto? Mh, Ya lo sabía. Pero al menos ganaba tiempo suficiente para calmarse.
Trató de mentalizarse de que en realidad no era la gran cosa. Después de todo no era la primera vez que discutían por su comportamiento entusiasta. En todo caso que los Nogi hayan sido amigos de su padre no quería decir que su hija tuviese que serlo ¿Qué son cinco años de amistad? Había llegado a decirles a todos que eran mejores amigas, con todas sus letras ¨de toda la vida¨. Pero qué más daba, era así como se sentía en su mente poco realista.
Mikia Nogi había estado llevando sus estudios superiores en la Universidad de Columbia. Hacía poco había vuelto. Por desgracia aún no había encontrado una bacante. Pero con lo inteligente que era dudaba que no lo consiguiera. Trataba de animarle para que no se rindiera cada vez que llegaba al límite de sus fuerzas; Decaía y se refugiaba llorando tras los basureros de la parte trasera de la cafetería. Siendo como era ella, le importaba mucho más su independencia que el resguardo de sus padres, dado que en realidad no debía preocuparse por el dinero.
Admiraba mucho eso de ella.
Puede que hasta sonara como una total codiciosa. Su forma de vida dependía de lo que otros pudieran lograr. Y si, puede que así lo fuera siempre.
Era más fuerte que ella el deseo imperioso de ser necesitada. Si eso era ser codicioso, entonces lo era. Al fin y al cabo era como una forma de vida. Su mente se ensimismaba cuando estaba sola y eso era lo que más detestaba. ¡Dios bendiga el internet! Porque en la soledad de su apartamento lo único que le quedaba por hacer era encender la TV, chatear con miles de personas y pretender que alguien estaba en casa viendo la televisión. La soledad era aterradora para un persona tan social como ella.
Entonces, debía replantearse el ¿Qué hacía consigo misma? ¿Por qué buscaba amigos? Otra vez sonaría arrogante pero temía que le gustaran mucho las personas como para dejarlas ir o hundirse. Con eso en mente jamás le había interesado salir con alguien. Sólo quería observar, conocer y ser el apoyo de alguien, nada más.
¿Sería entonces el momento de visitar a un psiquiatra?
Si era sincera consigo misma debía confesar que para ello no había remedio. Veía a todos los que se acercaban a ella como familia. Seguro que era una solitaria total como para ir detrás de los otros. Se metía demasiado con ellos emocionalmente. Era una total egoísta.
Bueno, ya había aceptado que era un caso perdido.
Oh, y ¿adivinen qué? Sus lágrimas desaparecieron. Excelente, ya estaba de buen humor de nuevo. Mañana se disculparía con Mikia.
Era su mejor amiga al fin y al cabo.
Pelear era natural.
Decidió que le llevaría helado de chocolate mañana y se le pondría de rodillas.
Y si, su mente era así de simple y estrecha. Que va, no es que pensara mucho las cosas. Después de todo tendría que haber algo que pudiera hacer para volver con Mikia.
Se abrazó a sí misma para aminorar el frío de la noche y como una forma de darse apoyo.
Entre tanta suma de ideas olvidó que se dirigía hacia casa. Dios sea, el que haya sobrevivido sin ser atropellada por algún auto.
Caminando hacia la última cuadra, frente a los apartamentos, vislumbró la sombra de un niño detrás de un poste de luz. ″ ¿Hm? Me pregunto qué hará un niño tan pequeño a estas horas "pensó preocupada
Revisó su reloj y eran exactamente las seis de la noche. ″Sip, definitivamente tarde para un pequeño"
El niño salió bruscamente de un solo salto con una pelota roja en sus manos. Se dirigió a él lentamente con las manos sobre sus rodillas. ″ ¿Lo habrán abandonado? "
− Oye, cariño ¿qué sucede? ¿Te ha dejado alguien aquí? – Preguntó suavemente mientras se agachaba hasta quedar en cuclillas – ¿Qué edad tienes?
Él no respondió, pero bueno, era de esperarse. Se enfrentaba a una desconocida. ″ ¿O será mudo? si ese es el caso…"
Comenzó a divagar en voz alta viendo hacia el cielo como si fuese a darle alguna respuesta. Pensó en hacer uso del lenguaje de señas que uno de los del asilo le había enseñado (Si, se encargaba de hacer la limpieza en un asilo los domingos. Más que por necesitar el dinero no le gustaba estar sola y hablar con personas de esas edades era seguro que habría muchas historias que pudiesen contarle) pero… ″ ¿Sería oportuno hacerlo o se sentirá ofendido?" Pensó – Mmm… ¿Sería bueno que le llevara a un hospital? ¿O a la estación de policía? – se dijo mirándolo mientras fruncía el ceño y ladeaba la cabeza tocándose la sien con el índice. Ah, ya comenzaba a dolerle la cabeza ante tal dilema y sumándole sus problemas con Mikia…
– Pero ya es muy tarde supongo – murmuró sacudiendo la cabeza rendida emocionalmente – Será la estación de policía entonces.
El pequeño posó una mano sobre su mejilla y ella lo miró. Tenía la mirada fija sobre su rostro, casi como si sintiera pena por ella.
- ¿Que ves, amor? – Le sonrió mientras acariciaba el tope de su cabeza.
- Eres muy bonita, te pareces a una de las muñecas con las que juega Lana – Respondió con su voz de querubín y unos ojos azules que denotaban gran sabiduría.
- ¿Lana? ¿Quién es Lana…? – preguntó balbuceando
Sus mejillas se calentaron y sintió la sangre alojarse únicamente en ellas. Si su piel hubiera sido morena talvez se hubiera visto menos ridícula ante el cumplido de un niño. "Por Dios, es un niño. Por qué te avergüenzas tanto como una niña pequeña" Era cierto. Todos tenían razón. Decían que se comportaba como una niña, sin preocupaciones más que las de saltar sin control y jugar con sus muñecas. Carraspeando mentalmente hacia lo último que era realmente cierto. Jamás había creído sus palabras hasta ahora. Por qué, ya era inverosímil sonrojarse por el comentario inocente de un niño. ¿No es verdad?
El niño sonrió mientras desviaba su mirada hacia un lado detrás de Nike. Y mientras sus mejillas continuaban aún rojas, giró su cabeza y vio la silueta de un hombre corpulento con chaqueta negra sobre una motocicleta y una cámara entre las manos.
El hombre bajó y se dirigió a pasos lentos hacia ellos. Así que no lo dudó más y tomando al niño entre sus brazos corrió lo más que pudo hacia el interior de su apartamento.
