Otro día, otra semana, otra cap ;)! Aquí de nuevo con la aventura y la cuenta regresiva para el fin del mundo y las Fiestas :D! Como dije en DART, no desperdicien su hermosa vida esperando la hora de la muerte, para algo están viviendo xDDDD. Como sea... aquí voy con el siguiente episodio :3

Antes de continuar, no traten tan mal al papá de Isa :(. En parte está basado en el mío (no en la personalidad, sino en la situación, etc.), y aunque me siento a veces como Isa luego de unos problemas, es lo mismo. A los padres se les respeta ¿Ya ven?

Eso tendrá que aprender nuestra morocha en el fic xD.

¡Ahora sigámosle :D!


Imagina...

Capítulo II

- ¿Ah? ¿Dónde estoy?

El sol sonreía reluciente por el cielo celestino. Era el primer días completamente despejado en mucho tiempo; sin embargo, los rayos amarillos no eran lo suficientemente fuertes como para derretir los cúmulos de nieve pálida adornando los barrios. Más allá la niña en su cama contempló el hogar de los Flynn-Fletcher, quizás pensando en qué estaría haciendo su mejor amigo. Isabella se incorporó un poco tambaleante. Levantó las manos para tocar con la yema de sus dedos la coronilla. ¡Se horrorizó al ver que tenía media frente arriba vendada! Recogió las sábanas y frazadas de su lecho, buscó una bata y pantuflas.

Pinky, su perro chihuahua, comenzó a ladrar de alegría cuando la vio repuesta.

- ¡Shhhhh! ¡No! ¡Silencio!

El animalito se quedó quieto ante la orden de su ama, aún entusiasta moviendo la cola cual vaivén de péndulo invertido.

La morocha acercó su oído al ras de la puerta. Le pareció oír una conversación.

- ¡Quédate aquí, Pinky!

Obediente, el chihuahua acató.

Con lentitud, la niña giró la perilla. Caminó sigilosamente hasta las escaleras, donde el murmullo casi inaudible fue haciéndose nítido una vez más.

- Por favor… Tom… no lo hagas…

- He estado investigando estos últimos meses como cuidas a nuestra hija. No me parece bien que le permitas juntarse con esos… muchachos de enfrente.

- Pero… ¿llevártela? Es… lo único que tengo… por favor…

- También para mí, Vivian. Es mi única hija… la que me queda… supongo…

Hubo un momento largo de silencio, hasta que el hombre dijo:

- Estará bien conmigo. Quizás puedas ir a visitarla, mas me aseguraré a que no vuelva. No lo digo por ti, son esos vecinos tuyos.

- T-T-T-Tom… ellos… s-son sus amigos…

- Hay muchos niños en donde vivo, incluso más responsables.

- E-es que t-tú no entiendes, hay uno que…

Se callaron las voces.

- Isabella, ven aquí –le llamó su madre con voz lúgubre.

Jadeando, la muchacha bajó al primer piso. Lo que menos quería era que se percataran de su presencia, en especial por…

El recién llegado estaba sentado delante de su madre en uno de los sillones del salón mientras Vivian estaba en la silla de mimbre en una esquina. Este le sonreía, mas ella no le devolvió el gesto, sabía quién era.

- ¿Qué haces aquí? –espetó secamente Isa.

- ¿Así saludas a tu padre? –respondió Thomas, sin borrar esa sonrisa –Lo sé, he estado ausente estos años… pero no me he olvidado de ti, querida...

- Claro, de mí no. ¿Pero de Matt?

Aquellas palabras hicieron que al instante el hombre perdiera el color que tenía. Sus expresiones se endurecieron, aunque no pareció enojarse con su hija. Vivian bajó la cabeza, tapándose el rostro al escuchar ese nombre.

- Todavía me culpas por eso, ¿eh?

- Tal vez si no te hubieras ido aún estaría aquí.

- Mira, Isabella. No tengo mucho tiempo. Seguro ya escuchaste en la escalera. Te irás conmigo a Florida. No ahora, en unos días más, para que arregles tus cosas. Verás que…

- No –fue la contestación de la chica.

Tom se levantó de su asiento. Se acercó lentamente a la jovencita y se arrodilló frente a ella tomándole de la mano, como si fuera una chiquilla de cinco años. Eso a Isabella no le gustó para nada.

- Verás que allá estarás mucho mejor. Miami es un lugar hermoso, no como acá, donde en invierno es frío. Allá todo el tiempo hace calor y las playas ¡Debieras imaginarte! Son…

- ¡Sé cómo es Miami! –soltó bruscamente la mano de su padre -¡Me gusta aquí! ¡Amo Danville! ¡Todo es maravilloso!

- Hija. Conmigo no te faltará nada como te faltó con tu madre –habló dirigiéndole una mirada con desdén a Vivian, que se encogió avergonzada –Tengo los papeles listos, soy tu tutor ahora.

La morocha se escandalizó. ¿Cómo era eso? ¿Ahora él estaba a cargo de ella?

- P-pero… c-cómo si…

- Conseguí tu custodia. Lo arreglé todo en un juzgado ¡Con Vivian no estás segura! Mira que dejar que te juntes con esos hermanos Flynn-Fletcher, en especial de ese cabeza de nacho…

- ¡NO HABLES ASÍ DE PHINEAS! –gritó ofuscada la niña -¡Es mi mejor amigo! ¡Y no me voy a ir con un aparecido a Florida!

- Soy tu padre, Isabella, te guste o no.

- Hija –susurró apenada la señora García-Shapiro –Será mejor… será mejor que te quedes con Tom… es lo mejor para ti.

- ¡Pero mamá! –se allegó junto a ella Isa, casi arrodillándose suplicante -¡No te puedo dejar sola! ¡Tú siempre has estado conmigo! ¡Papá nunca se preocupó por mí ni por Matt! Oh… si él viera esto…

La mujer se sonó con un pañuelo que tenía a la mano y la abrazó con los ojos llorosos. Ella podía sentir el olor a sal que venía de sus lágrimas.

- Mi niña, comprende. No es decisión mía, es de la autoridad… si fuera por mí te tendría siempre a mi lado.

Con todo el dolor de su alma, corrió donde Thomas, casi resistiéndose por el orgullo a lo que haría.

- Por favor –rogó Isabella –En Danville lo tengo todo. Solo tú puedes disolver esa orden…

El adulto la miró inexpresable.

- Lo siento, Isabella, pero esto lo hago por el bien de tu seguridad.

La muchacha le dirigió una mirada desafiante y luego le dio la espalda. No quería que la viera llorar.

- No me importa –espetó intentando que su voz no sonara quebrada –No me importa si me voy contigo. No te perdonaré lo que nos hiciste ¿Me oyes? ¡Te odio!

Entonces, adolorida en el alma y con todo el rencor acumulado, la morocha subió los escalones hacia su habitación. Boca abajo en su cama, lloraba presionando su cara contra la almohada. Su mascota se acercó gimiendo a su lado, intentando consolarla. Isabella apartó su rostro de las sábanas húmedas y acarició al perro detrás de las orejas.

- ¡Oh, Pinky! ¿Q-q-qué voy a hacer? ¿Qué le diré Phineas?

Mientras decía esto, tomó entre sus manos una fotografía de ella con el pelirrojo. Allí estaban los dos, hace un año, cuando juntos habían estado en París dando la vuelta al mundo en un solo día. A pesar que no la había tomado en serio esa vez, habiendo deseado tener un momento romántico y podérsele declarar en la Ciudad Luz. Quizás jamás tendría una oportunidad como esa que había desperdiciado…

Al lado del portarretrato había otra impresión de la chica, solo que esta vez diferente. Isabella a los dos años con Vivian, su madre; otra persona, a la cual le había recortado el rostro con tijeras debía ser Tom, y un muchachito de unos ocho años, sonriendo de oreja a oreja, cabello castaño, mas el iris de los ojos eran idénticos a los de ella y su papá. Él era la razón por la cual detestaba tanto a Thomas. Cuando su mirada de posó en la imagen del niño, enseguida apartó la vista. Ya no quería llorar más.

(Once Upon a December-Aaliyah/Anastasia)

Dancing bears,
Painted wings
Things I almost remember
And a song someone sings
Once upon a December

Someone holds me safe and warm
Horses prance through a silver storm
Figures dancing gracefully
Across my memory...

Far away, long ago
Glowing dim as an ember,
Things my heart used to know,
Once upon a December

Someone holds me safe and warm
Horses prance through a silver storm
Figures dancing gracefully
Across my memory...

Far away, long ago
Glowing dim as an ember,
Things my heart used to know,
Things it yearns to remember...

And a song someone sings
Once upon a December

Pensaba estas cosas cuando oyó que un sonido repiqueteaba en el cristal de la ventana. Al principio creyó que era un pajarillo que tal vez había chocado por accidente. Entonces fue cuando vio que un gorro rojo se asomó por la bisagra. ¡Solo había una persona en todo el barrio que tenía algo así! A todo lo que daban sus piernas y con las manos temblorosas abrió el ventanal para encontrarse cara a cara con Phineas, quien venía con un ramo de rosas silvestres.

- H-h-hola, Isabella –saludó entre tartamudeos su amigo, extendiendo su regalo.

- ¡Oh, son maravillosas! –agradeció tristemente.

- Veo que estás bien –habló seriamente Phin –Perdona lo que sucedió con la rueda de la fortuna… yo no quise…

- No te culpes, Phi… son situaciones inevitables que a veces suceden.

- Lástima que tu padre no piense así –masculló entre dientes el chico.

Isabella se puso lívida.

- Ya lo conociste… -musitó la niña.

- Sí… nunca me habías hablado de él…

- Es que yo… Phineas, también tú me ocultaste lo de tu papá cuando nos conocimos ¡Yo misma tuve que hacerme de detective para…!

- Mira, Isabella; no te voy a reprochar que te escondí lo de mi pasado, mas tú lo sabes ¿Qué te costaba decirme cuando yo te guardo un secreto?

- ¿Y qué te costaba preguntar?

Los dos guardaron silencio. Tanto el pelirrojo como la morocha se arrepintieron de sus respectivos comentarios.

- S-solo… no quería herirte, Isa… no sabes cuánto me dolió que tu descubrieras lo de… ya sabes. Para ti debe ser más difícil… para ti tu papá no es exactamente un héroe… creo…

- ¿Cómo lo sabes? –lo observó desconfianzuda la jovencita.

- Que se lo vea una vez no me da buena espina que digamos.

Ella sonrió para sus adentros.

- De veras que eres detallista cuando te lo propones…

- Me ayuda Ferb… bueno… si estás mejor para Nochebuena, yo quería invitarte al centro Googolplex… ya sabes… en compensación de todo lo que te hice pasar…

Aquella propuesta dejó en una trastocada a la vecinita. Ni siquiera estaba segura si para Navidad estaría en Danville. Tom había dicho que en unos días partiría ¿Cuánto pasaría para ese entonces? Tampoco tenía el valor para decirle en ese mismo momento que quizás uno de esos días no la encontraría en aquella habitación…

- Pues… está bien –murmuró sonrojada –P-pero…

- ¿Qué?

- Te ruego que no vengas lo que queda de esta semana. Y-yo… te llamaré para confirmar… estaré ocupada.

Phineas la observó con recelo. El tono y las palabras que estaba usando su compañera no eran muy agradables como otras veces…

- De acuerdo, Izzy. Te estaré esperando…


Esa noche, en el living de los Flynn-Fletcher, Phineas y Ferb estaban decorando el árbol de Navidad. Candace en esta instancia no estaba en casa pues había salido en una cita con Jeremy y los padres de los muchachos todavía trabajaban en la tienda de antigüedades. Solo ellos quedaban a cargo, preparando todo para la llegada de sus familiares.

El pelirrojo estaba tan callado como su hermano. Solo atinaba a mirarse en una bola dorada que servía de adorno, mientras Ferb colocaba la estrella en la cima y espolvoreaba nieve artificial que él mismo había creado para estas fechas.

- Era él… -susurró de pronto Phineas.

- ¿Quién? –levantó el mayor una ceja en señal de intriga.

- Ese hombre, el que atrapó a Isabella el otro día, pues hermano. Es su padre.

Ferb se quedó lacónico por unos segundos, luego con voz lúgubre dijo:

- Luke, yo soy tu padre…

- ¡Ferb! ¡No estoy bromeando! –lo empujó despacito el de cabeza triangular –Hablo en serio.

- Bueno… por lo que pasó ese día dudo mucho que sea un buen sueeeee… -horrorizado, tosió gravemente para desviar la atención del comentario -¡Digo! Un mal padre…

- A mí me parece lo contrario… -continuó el pelirrojo –Mira que ahora aparecerse, tal vez han pasado años desde la última vez que lo vio…

- Recuerda que ella llegó solo con su madre el primer día en esta ciudad.

- Sí… ese día de verano en el parque a la vuelta de la esquina…

- Fuiste el primero en invitarla a jugar, ¿no?

- Teníamos cuatro años… se la veía tan indefensa solitaria en el banco de la plaza… al final logró defenderse mejor que yo en el jardín de niños… desde ese instante solo sabíamos que llegó y nada más, nos hicimos sus amigos.

- Si no hablaba de su papá, será por algo…

- Sí, pero antes podría creer porque quizás estaba muerto. Mas ahora que el agua se ve más clara, no es por eso…

- ¡Hola, niños!

Los hermanos voltearon para ver quien les dirigía aquella salutación. Linda recién acababa de entrar por la puerta principal. Atrás de ella le seguía Lawrence, cargando un montón de aparatos del siglo pasado y demás artilugios ya anticuados para la época presente.

- ¡Mamá! –corrió Phin para abrazarla -¡Qué bueno que llegaste!

- A mí también me alegra verlos –les sonrió la mujer pelirroja –Pero antes de estar un rato juntos déjenme ayudarle a su padre a ordenar las cosas que trajimos.

- ¡Querida, parece que la tapa con la cara de Justin Bieber no cabe en el inodoro!

- ¡Por Dios, Law, te dije que no trajéramos esa cosa por más que tengamos necesidad de una! Disculpen niños por oír eso.

La señora Flynn-Fletcher se retiró del salón a paso rápido, dejando a su hijo e hijastro perplejos.

- ¿Viste, Ferb?

- ¿Qué papá trajo una porquería barata e inútil de la tienda? No puedo creer que pagaran por eso…

- No eso, hermano ¡Es mamá!

El peliverde lo miró extrañado.

- Y decía que era yo el despistado –dijo Phineas mirando el techo –Podemos preguntarle a mamá sobre la familia de Isabella ¿Qué no ves? ¡Ella es amiga de Vivian! La mamá de Isabella sabe todo acerca de nosotros…

- Quién no. Tenemos de madres a las mujeres más chismosas de toda la cuadra…

- Bueno… lo que pasó con mi papá fue casi noticia de primera plana –se estremeció el menor –Y lo del casamiento de nuestros padres fue una novedad. A veces me pregunto por qué mamá no fue paparazzi…


Más tarde nos encontramos a la mujer bebiendo una taza de té frente al árbol de Navidad. Estaba maravillada de lo que habían hecho sus hijos.

Los dos chicos estaban muy cómodos saboreando unas galletas de jengibre que había hecho Linda hace unos días. Las luces del adorno célebre titilaban mostrando todo su fulgor en un espectáculo de tonalidades rojas, amarillas, azules y verdes.

El joven Flynn decidió que era hora de hablar:

- Este… mamá… seguro has visto que una… persona ha estado en casa de Isabella estos días… -comentó un poco nervioso para empezar la charla.

- ¡Oh! ¿De veras? –preguntó ella despreocupadamente dando un sorbo a la loza.

- Creo que tal vez la señora Vivian te haya contado… es un hombre… quizás… su marido… supon…

Fue interrumpida su oración cuando de un rato para otro Linda se atoró con el líquido tostado y comenzó a toser. Parecía que sus ojos se le fueran a salir de sus órbitas.

- ¿Q-qué…? ¡Cof! ¿… d-dices…? –decía mientras se golpeaba en el pecho.

- Lo que oíste… ¿sabes de eso?

Aún ahogada, dejó reposar la taza en la mesita de centro que tenían. Demoró mucho en reaccionar. Se mordía el labio sin cesar y cuando por fin se atrevió a emitir algún sonido, sucedió que…

- ¡Linda! ¡Querida! ¿Dónde está el ponche? –era su esposo quien la llamaba.

- ¡Vaya! Chicos, Lawrence necesita mi ayuda ¡Ya voy cariño! –se levantó aliviada.

- ¡Pero si está solo a unos metros! –rezongó el pelirrojo -¿No le puedes decir desde…?

Mas su duda nunca tuvo la respuesta.

- ¡Diantres! –insultó Phineas -¿Ahora qué hacemos?

- Deja de ser gallina y haz lo más fácil por una vez: Pregúntale a Isabella.

- ¡No! Seguro que si lo haga me odiará para toda la vida. Veamos…


Pasaron los largos días y una tormenta asoló Danville. Se recomendaba que los niños no salieran de sus hogares pues era muy peligroso toparse con los enormes carámbanos que se formaban como estalactitas en los tejados.

Las hojas del calendario en la habitación de los dos hermanastros fueron arrancándose a medida que proseguían las 24 horas. En casa de la morocha sucedía lo mismo. Echaba de menos salir afuera y ver a sus amigos. No había visto a Phineas desde que lo encontró por última vez encaramado a su ventana, preocupado por ella.

- Esto es una injusticia, Pinky –siseaba a su perro de vez en cuando, pues la soledad, aunque estaba con su madre (quien parecía haberse sumido en una especie de depresión), la estaba volviendo loca poco a poco. El sol para ella se había apagado y ni aunque fuera a Miami, el lugar más soleado del país la iba a animar para ese entonces.

No quería ni siquiera salir de su cuarto. Pensaba que en cualquier momento iba a entrar por esa puerta su supuesto padre y no quería verlo ni en pintura. Estaba contemplando desde su ventana el otro extremo de la calle Maple, cuando una figura furtiva se asomó un instante entre las cortinas en la casa de su amado. "Debe ser el cansancio…" se dijo para sí misma, cuando otra vez volvió a pasar lo mismo y esta vez era el pelirrojo con su celular a la mano, modulando sus labios e indicando el aparato como diciéndole "¡Toma el tuyo!".

Con el corazón dando un brinco agarró su teléfono, justo a tiempo cuando empezó a tocar el sonido polifónico de timbre.

- ¿Aló? ¿Eres tú, Isabella? –se escuchó la voz al aceptar la llamada ¡Era Phineas!

- ¡Sí, soy yo! ¿N-no te olvidaste de mí?

- ¿Olvidarte de ti? ¡Eso jamás! Y disculpa la pregunta estúpida cuando contestaste, es que… creí que tu padre estaría ahí con el celular.

- Phin… tú sabes que siempre llevo mis cosas conmigo. Y a la persona que menos se las daría es a él…

- ¿Por qué tanto rencor?

- ¡Eso no te incumbe! –espetó la niña, mas se arrepintió de sus modales –Lo… siento… es que no he estado en contacto de nadie… este último tiempo…

- Es así mientras dure el temporal de nieve…

- Es… más que eso… yo… -iba a contarle del asunto de su mudanza, mas no tuvo la suficiente fuerza para decirle.

- Isa. ¿Te acuerdas de mi propuesta para Nochebuena?

La morena se mordió el labio de solo pensarlo.

- Sí –respondió bajito.

- Vi en el televisor. El clima estará mucho de ahora en adelante y la tormenta se está disipando. Yo… quiero verte…

Isabella sintió como si estuviera volando entre las nubes y que la pena se le derretía como un cubito de hielo ¿No querría decir que… estaba enamorado de ella?

Pero no era tan así como lo veía el de cabeza triangular.

- Estaré a las cuatro de la tarde en la puerta de tu casa –habló Phineas –Quédate preparada…

- Sí… lo haré –terminó mascullando Isa.

- Adiós…


Acaba de colgar la muchacha, cuando se abrió bruscamente la puerta de su dormitorio. Era Thomas, con su mirada autoritaria sin siquiera haber tocado antes de entrar. Isabella pudo ver la sombra de su madre asomada en la escalera.

La chica estaba asustada, mas no iba a darle la satisfacción a ese hombre mostrándole sumisión y miedo. Se quedó firme, desafiándolo con la mirada.

- Quiero hablar contigo –carraspeó Tom al hablar.

Ni siquiera le saludó, ella solo caminó a donde le dirigía: al living. Tampoco se sentó en el sofá, como él lo hizo.

Prosiguió una pausa. No hubo el más mínimo ruido que interrumpiera la tensión.

- Necesito que empaques pronto. Ya en un par de días partimos de aquí.

¿Era verdad lo que estaba oyendo? ¡Un castillo en el aire se derrumbó de pronto luego de hablar unos minutos con su querido pelirrojo!

- ¿E-en… N-Navidad? –no podía más que tartamudear la morocha –Yo… y-yo n-no…

- No es un asunto mío, es por ti –dijo secamente -¿Y por qué te amargas tanto? ¡Eres sefardí!

No, ella no estaba triste por el tema de los días festivos. Estaba preocupada por Phineas, era una de las fechas más especiales para él y se le arruinaría…

"No me importa… me iré… mas… ¿por qué no hacer del último momento juntos el mejor?"

- ¿Y ese piano? –comentó perplejo el adulto -¿No es el que les di a ti y a tu…?

¡Fue sacada de sus pensamientos cual tierra seca se resquebraja a la luz del sol! Rápida como un rayo se abalanzó contra el instrumento y cerró la tapa que protegía las teclas tan fuerte que las hizo sonar. Un vibrante trueno inundó el hogar.

- ¡NO! –rugió Isabella, casi quedándose afónica.

Tom la observó impresionado. Estaba al borde de la locura y haber tocado el artilugio era como tocar una llaga abierta para ella.

- ¿N-no? –el temeroso era ahora él.

La niña se percató cómo había sido su actitud. De inmediato recobró la compostura.

- Está roto –explicó.

- Ah, ahora ya veo… -musitó el moreno para sí mismo, entonces como que retornó su carácter arrogante –Bueno… supongo que era esa la razón por la cual no lo vendieron. Si estaban tan mal económicamente pudieron conseguir un poco de dinero con él.

Isabella maquinalmente empuñó sus manos como si fueran pelotas ¡Estaba harta! Mas se conservó lo más serena posible.

- ¿Ya no tocas más piano? –volvió a preguntar su padre.

- No… -objetó para no ser tan obvio su enojo –No puedo sola.

- Con Matt sí podías… ¿es verdad?

Ella dudó unos segundos. Frunció los labios y finalmente firme y segura respondió:

- Sí, con él sí.

Continuará...


Ahora a contestar mi hermosa y sexy bandeja de reviews xD

FanPhineasyFerb2011: Gracias, me alegro que sigas este fic :).

gphinbella93: Awww, lindo comentario :3. Aunque pronto leeré tu fic, ya lo hice con un one-shot sobre la Primera Guerra Mundial. Me gustaría uno basado en la Segunda, aunque es la peor guerra de la historia, me gusta estudiar esa época por los misterios nazis que aún están siendo descubiertos. Además de Isa es judía sería bastante bonita una historia en la cual Phineas la salvara de ser deportada :3... ya me puse cursi xD

vale123456789: ¡Hermanita 8D! Sep, es posesivo porque tiene envidia que Isa se haya quedado con Vivian y no con él Dx... bueno... él las abandonó, para qué decir... No, no fue su culpa, solo fue un error de construcción como suele pasar. Y gracias, me halagan tus comentarios ;)

Gallegorrinco: Gracias :D, espero que te guste este cap ;)

juli4427: Por fin al que esperaba xD! Se agradecen tus hermosas palabras 3, pero ya te dije en DART que no soy profesional D:. Quizás escriba como una, mas personalmente me falta mucho. Creo que exageré demasiado con esa especie de entrada poética que me dio... qué se yo xD! Phineas ya está empezando a sentir algo. Verás como evoluciona en mis fics y su padre... bueno... ya verás como todo se arregla xD.

Tampoco tengo lindos recuerdos del mío :/... aquí me quise desahogar un poco xD. Y quedan dos capítulos para el gran final ;).


Y para terminar, todo acaba aquí :). Valga la redundancia xDDDD

¡Hasta la próxima semana :D!