¡Aquí estoy de nuevo! Esta vez me ha costado más tiempo escribir el capítulo por culpa de exámenes, trabajos... ¡Y vacaciones! No he parado quieta apenas un segundo, pero esta historia tenía que continuarla sí o sí. Se me han ocurrido bastantes ideas nuevas mientras lo iba desarrollando, así que espero que la historia acabe siendo larga.

En cuanto a este capítulo... Aviso una vez más de que esta historia es un shonen-ai. Y en este capítulo ya hay algo de eso.

No tengo los derechos de Loveless, todos ellos son de Yun Kouga (ya me gustaría a mí tener los derechos de Soubi...)

Acabado mi breve discurso, aquí os dejo el segundo capítulo de Piezas rotas.

Piezas rotas.

Capítulo 2: Nada más me importa.

Algo extraño se percibía aquel día en el ambiente. No era capaz de comprender lo que era exactamente, pero esa vaga sensación estaba presente. Puede que solo fuera una simple ilusión o puede que no. Qué más le daba, ahora no tenía tiempo de reflexionar demasiado.
Comenzaba a notarse que llegaba el otoño. Las hojas descansaban sobre los suelos de las diversas calles de la ciudad y, al pisarlas, emitían un chasquido que muchos niños se morían por escuchar. No obstante, él ya no era un muchacho pequeño.
Ritsuka había cambiado demasiado en unos aspectos y en otros. Seguía conservando esa dulzura que solo un chiquillo puede desprender, pero el carácter había dado paso a una nueva persona. Físicamente era tan alto como su Combatiente Soubi y, aunque no tenía tanta definición muscular como él, sí que se le notaba algo de fuerza. Sus ojos violetas eran más resplandecientes que nunca. Y sus orejas. Aún conservaba esas llamativas orejas en su cabeza, al igual que la cola traviesa que no dejaba de moverse en momentos de diversión o excitación.
El menor de los Aoyagi iba caminando por las calles muy sumido en sus pensamientos. Apenas quedaban unos pasos para llegar a la puerta del instituto al que asistía.
-¡Ritsuka-kun! ¡Por fin has llegado! - lo abrazó fuertemente Yuiko desde su parte posterior.
-¡Yu-Yuiko-san! - pudo oírse una enfurecida voz procedente de unos metros más adelante.
La joven deshizo el abrazo al contemplar el disgusto que traía su amigo Yayoi.
-Buenos días, Yuiko. - sonrió levemente el chico de ojos violetas. - Y buenos días a ti también, Yayoi.
-¡No me vengas con esas ahora! - refunfuñó el estudiante que llevaba gafas. - ¿Qué estabas haciendo con Yuiko-san? ¡¿Es que no sabes que las muestras de cariñ-?!
La joven de pelo rosáceo le tomó la mano al chico.
-Lo siento, Yayoi-san. - lo miró con una sonrisa dulce. - Tal vez me he dejado llevar por la emoción de ver a Ritsuka otra vez...
Ritsuka giró la cabeza y con su vista encontró a un emocionado Yayoi al que le estaba a punto de salir el corazón por la boca. Pocas veces algo parecido había llegado a suceder, y ya que había sucedido, los síntomas de nerviosismo y enamoramiento se hicieron más que evidentes.
-N-no tienes que disculparte... - decía con un escalofriante brillo en los ojos. - Pero entremos, no vaya a ser que lleguemos tarde...
Aquella chica, que seguía siendo más alta que Yayoi pero no más que Ritsuka, le dedicó una de sus mejores sonrisas. Tras esto, tomó el brazo de Aoyagi y ambos comenzaron a andar hacia la clase seguidos de un chico que más que andar, parecía que iba flotando por la tierna escena que acababa de vivir.

No dejo de pensar en él. Cada día siento que tengo más ganas de verlo y más ganas de compartir cosas con él. ¿Cuándo se convirtió en la única cosa que me preocupaba? Me gustaría saberlo... Ahora no puedo dejar de mirar a esos ojos azules que parecen esconder solo sufrimiento cuando me miran. Sin embargo, me siento aliviado cada vez que lo hace. Y esos labios... Unos labios que ya han rozado los míos en más de una ocasión. La primera vez me resultó extraña e incluso molesta. Y para qué engañarme, ahora lo sigo encontrando algo raro. Pero...

Absorto en sus pensamientos, las clases se le hicieron como un vago recuerdo. Entonces unas imágenes asaltaron su cabeza...

Recordaba perfectamente aquel día. Era el anterior verano, donde los días pasaban demasiado deprisa para los estudiantes e incluso para ellos mismos a pesar de que siempre pasaban los días juntos. El Combatiente y el Sacrifico estaban en el piso del primero creando recuerdos como de costumbre. Cada momento era único, cada foto describía las emociones que sentían.

-Otra carpeta de recuerdos para el ordenador. - sonrió feliz Ritsuka mientras miraba las fotos en su cámara.

-¿No decías que tenías demasiadas conmigo? - inquirió el rubio observándolo.

El joven suspiró y dejó el aparato en la delicada mesa que estaba frente al sofá donde se encontraban.

-Recuerdo que eso te lo dije cuando tenía 12 años. Por aquel entonces no estaba muy seguro de las cosas... - se recostó en el sofá y giró la cabeza para mirarlo. - No debiste tomártelo tan en serio.

Soubi se giró y se acomodó apoyando el codo en la estructura del sofá. Peligrosamente, sus rostros se acercaban por momentos.

-¿He de recordarte que eres mi Sacrificio y de que mi existencia solo se basa en ti? - pareció que su voz se tornó placentera. - Todo lo demás no importa.

El pequeño pero mayor neko comenzó a notar como su cara ardía ruborizada. Su corazón había aumentado el ritmo de manera considerable. Soubi se acercó más a sus labios y los rozó de una manera muy suave y sensual. Todo aquello era propio en él. Le encantaba disfrutar de las sensaciones y deseaba que el joven también lo hiciera como lo hacía él.

El Combatiente notó el cuerpo relajado y la aprobación del joven de aquellos besos que estaban compartiendo. Se separó lentamente complacido.

-La lengua... - sonrió Soubi aún con los ojos cerrados mientras notaba el aire cálido de su neko. - Deja que disfrute de tu lengua...

-Sou-Soubi... - abrió los ojos avergonzado de las picantes palabras del rubio.

Ritsuka vio como él volvía a acercarse y cerró los ojos de nuevo. Notó una caliente lengua que entró en su boca y provocaba a la suya. Al primer contacto, el joven dejó escapar un gemido que hizo que Soubi moviera su lengua más suavemente contra la del neko.

El joven comenzó a notar como la temperatura de su cuerpo se elevó notablemente. Sabía que Soubi se estaba conteniendo y eso lo encendía aún más. Si aquello ya era demasiado para él, no quería imaginarse cómo sería si su Combatiente perdía el control. Aunque todo eso ya se lo había imaginado antes, al igual que había hecho el rubio. Aunque esto él no lo sabía.

Cuántas veces Soubi había soñado cómo sería hacerse con las orejas de su amado Ritsuka... Tal vez demasiadas.

El mayor de ojos azules acarició desde el rostro de su neko hasta que fue bajando y llegó a una zona considerada peligrosa. Sonrió durante el beso al notar que la situación se había tornado algo interesante para Ritsuka.

-¿Tan rápido soy capaz de seducirte? - se separó con una pícara sonrisa.

-Cállate... - apartó la vista avergonzado y sonrojado. - Será mejor que me vaya si no quiero llegar tarde a casa. No quiero que mi madre se enfade.

Sin mucha más dilación, el joven se levantó sin poder mirarlo a la cara por la vergüenza que sentía de la algo obscena escena que acababa de vivir.

-¿Estarás bien? - preguntó un preocupado Soubi.

-Sí, no te preocupes por mí. Ya hablaremos, Soubi. - se dirigió hacia la puerta. - Y que no se te ocurra pelear sin mí... Es una orden. - suspiró él al recordar que aún se regía por órdenes.

-Entendido. Suki dayo, Ritsuka. - le habló él desde el otro lado de la casa mientras se quitaba sus gafas.

Ritsuka-kun... Ritsuka-kun...

-¿Ritsuka-kun? - la dulce y tierna voz de Yuiko lo despertó de su pequeño trance.

El mencionado elevó su rostro y observó cómo los labios de su amiga se entornaban para dar lugar a una sonrisa.

-¡Menos mal que ya has despertado! - lo abrazó levemente. - Las clases ya han acabado hará unos quince minutos. Ah, y Soubi-san está esperándote fuera.

El adolescente se incorporó como si su cuerpo hubiera reaccionado a ese nombre. Miró con delicadeza a su entrepierna y se alivió de que aquel recuerdo no le hubiese provocado tal alegría en el cuerpo.

-¿Te has quedado esperándome? - le devolvió la sonrisa. - Muchísimas gracias, Yuiko-chan.

La chica sintió como el ambiente adquirió un brillo especial. Qué adorable le resultaba su mejor amigo cuando le dedicaba palabras agradables y sinceras. Poco a poco, iba reconociendo todo lo que ella había hecho por él y Yuiko no podía mostrarse más satisfecha.

-No hay de que, Ritsuka-kun. - mostró su característica sonrisa. - Date prisa si no quieres preocupar a Soubi-san.

-¿No quieres que te acompañe a casa? - se levantó de la silla mientras recogía la mochila.

-¡No, no te preocupes por mí! - negó con ambas manos. - ¡Corre, no le hagas esperar más!

El muchacho sonrió una vez más y echó a correr con gran rapidez por los pasillos del instituto. Como no había nadie desde hacía rato, no tenía tráfico por así decirlo. Bajaba los escalones de dos en dos y alguna que otra vez de tres en tres. Estaba impaciente por ver a su Combatiente.

Pero... Si lo veo todos los días. ¿Por qué hoy me muestro tan emocionado?

En la puerta, se detuvo unos segundos y jadeando buscó con la mirada a su querido Soubi. Allí estaba, dándole la espalda. Probablemente estaría fumando como de costumbre.

-¡Soubi! - gritó emocionado mientras de nuevo echó a correr.

El rubio se dio la vuelta después de tirar el cigarrillo. Apenas le dio tiempo a decir mucho más, ya que el joven llegó y sus palabras lo asaltaron.

-Vaya, sí que estás feliz de verme hoy, Ritsuka. - cerró los ojos mientras entornaba una satisfecha sonrisa. - Hoy has tardado algo más de lo normal. ¿Ha pasado algo?

El adolescente que aún conservaba sus orejas negó con la cabeza mientras seguía jadeando por la carrera que se acababa de pegar.

-Me quedé dormido en clase. - se ruborizó al recordar el "sueño". - Anoche apenas pegué ojo. Supongo que por eso me habré quedado distraído.

-¿Has soñado conmigo, Ritsuka? - abrió los ojos de una forma pícara.

El joven aminoró su respiración y pareció que su cerebro se congelara ante tal pregunta. ¿Qué le pasaba últimamente a Soubi? Lo notaba... más confiado.

-¿Qué te hace pensar que he soñado contigo? - se defendió astutamente.

-No lo sé. - lo miró a los ojos. - Tal vez porque hoy estás algo más emocionado de verme.

Ritsuka apartó la vista. Entonces sintió como Soubi se dirigió a su oído, lo que hizo que se ruborizara aún sin haber escuchado nada de aquellos labios. Notó una risilla de su Combatiente y eso le hizo ponerse más nervioso.

-Cálmate, hoy no hay nadie por los alrededores. - comenzó a susurrar. - Venga, dime... ¿Qué era lo que estábamos haciendo en ese sueño húmedo que has tenido?

-¡SOU-SOUBI! - lo apartó bruscamente más sonrojado que nunca.

El rubio no pudo evitar soltar una carcajada dulce.

-No me digas que aún conservas parte de esa inocencia tuya. - continuó. - Qué se le va a hacer. ¿Te acuerdas de nuestros planes para el sábado, verdad?

El chico abrió los ojos muy sorprendido. Se le había olvidado que ese fin de semana iba a Tokyo en compañía de su Combatiente. ¿Lo que terminaría pasando? Algo que no quería imaginarse ni indagar mucho en el tema.

-Tokyo... - asintió él. - ¿Está todo listo ya?

-Por supuesto. Llevo varios días averiguando qué actividades podríamos hacer allí para no aburrirnos demasiado. - decía contento. - Me he esforzado bastante, así que espero que todo sea de tu agrado.

-Gracias, Soubi. - agradeció tímido. - Espero que tú también te lo pases bien en todo lo que hagamos.

El mayor se acercó a sus labios.

-Si es contigo, todo será más que entretenido. - besó sus labios con delicadeza.

El joven rompió aquel beso que apenas duró unos segundos. No se sentía del todo bien. Ni siquiera se paró a pensar cuáles serían los sentimientos de su amado Combatiente.

-He de irme a casa, Soubi. - miró hacia el suelo. - Lo siento de veras, pero no quiero que Misaki me diga nada.

El otro suspiró.

-De acuerdo. Llámame si deseas escuchar mi voz. Suki dayo, Ritsuka. - el rubio se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección contraria al cuerpo de Ritsuka.

El adolescente se sintió algo apenado. En algunas ocasiones, deseaba más que nunca a Soubi. Se moría por verlo, por contarle cosas, por pasar tiempo con él y por hacer esos recuerdos que para él se iban haciendo inolvidables. Si eso era cierto... Entonces, ¿por qué se sentía algo incómodo con esos besos? ¿Por qué aquellas palabras de amor solo le traían sufrimiento a su alma y corazón? Lo peor de todo, es que no dejaba de pensar en sí mismo. Y cuando ya era demasiado tarde, parecía que no podía hacer nada. Él no tenía ni idea de todo lo que había pasado realmente su Combatiente. Conocía todo el dolor que le infringió su sensei cuando él era apenas un niño, pero no sabía nada de lo que pudo llegar a sentir. No podía hacerse una idea clara de todo el daño causado por aquella persona que se imaginaba como fría.

Seimei... Si tú estuvieras aquí. Tú solías darme tan buenos consejos sobre todo en esta vida. Me gustaría preguntarte tantas cosas ahora. Justo ahora que no estás a mi lado...

Loveless: Shattered pieces.

El agua comenzó a emerger del grifo de la diminuta ducha de aquel baño. Entró con cuidado de no resbalarse y procedió a darse un relajante baño. El agua cristalina y pura hacía brillar el definido cuerpo de Soubi y hacía que su color de pelo se oscureciera por estar mojado. Suspiró placentero por la perfecta temperatura del agua. Colocó ambas manos contra la pared mientras bajaba un poco el tronco hacia delante.

-Ritsuka... - su voz resonó por el baño.

El mayor se sentía algo confundido. Nunca antes había sido tan sincero con Ritsuka y le dolía que aún fuera algo tiquismiquis con aquella extraña relación que tenían. El amor siempre sorprende al que menos se lo espera. En ocasiones, todo puede salir bien. Otras veces, las cosas son algo complicadas. Para él, la segunda opción era la que más le pegaba. Se había imaginado lo que sería vivir con su querido Ritsuka; se había imaginado toda una vida junto a la persona que amaba. También tenía pensamientos obscenos hacia él y era obvio. El joven se había convertido en todo un muchacho apuesto al que Soubi no podía resistirse. Se prometió a sí mismo que esas hermosas orejas de su amado serían suyas y nada más que suyas. Llegaría el momento en el que se haría con ellas y lo disfrutaría haciéndolo. Poseer sus orejas sería el mayor regalo que podría recibir, ya que eso significaría que Ritsuka se entregaba en cuerpo y alma con él y con todo su ser. No hay nada más perfecto que eso.

Aquellos pensamientos surgían de vez en cuando. En cierto modo, le gustaba aquel dolor causado por la situación tan delicada en la que vivían. Se había convertido en un auténtico masoquista, pero eso le daba igual si se trataba de su pequeño neko.

Soubi acabó de ducharse y se enroscó una toalla en la cintura. Se detuvo frente al espejo antes de salir del baño y sus ojos fueron a parar a su cuello. Aquella maldita señal...

Quién iba a decir que el hermano de la persona a la que amo me haría esto y me causaría tanto sufrimiento... Lo peor de todo es que también se lo causará a Ritsuka... Cómo quisiera que en vez de "Beloved" pusiera "Loveless". Pero un lazo es un lazo... y es muy difícil de romper si se trata del destino. Ojalá pudiera cambiarlo tan fácilmente.

Finalmente, acabó saliendo del baño después de encender un cigarrillo.

-¡SOU-CHAN! - gritó su mejor amigo Kio.

El rubio se detuvo en seco y lo miró.

-¿Es que no sabes avisar de que vas a venir? - suspiró resignado mientras seguía dando caladas.

-Soy tu mejor amigo, puedo venir siempre que quiera. - rio mientras observaba el cuerpo semidesnudo que tenía delante de sus narices.

-¿Qué quieres, Kio? - lo miró algo molesto.

-Estás un poco malhumorado hoy, por lo que veo. Solo quería hacerte una visita, nada m-.

Sin dejar que el chico acabase de hablar, el rubio lo empujó hacia la puerta.

-Ahora no tengo tiempo. Ven más tarde. Adiós. - le cerró la puerta rápidamente.

-¡Espera! - comenzó a dar golpes por fuera. - ¡Pero serás...!

Este Kio... Aprovecha cada situación...

Loveless: Shattered pieces.

-¿Actuarás pronto? - preguntó curioso mientras lo miraba.

-Más de lo que te crees. Llevo esperando largos años este momento y esta época exacta. Lo tengo todo planeado desde hace tiempo y sé que saldrá exactamente como yo quiero que sea. - hablaba orgullosamente.

-Veo que en tu familia el orgullo se hereda. - rio el otro. - Aunque es de esperar en una persona tan concienzuda como tú.

-Tus halagos no harán que tenga piedad de ti en los combates. - le contestó rápidamente. - Pero me alegra saber que tienes esa opinión acerca de mí. Aunque claro, es lo mínimo que puedes hacer dado que yo te salvé de prácticamente una vida de dolor y sufrimiento eterno, ¿me equivoco, Nisei?

El joven que aún conservaba las orejas comenzó a reír como un verdadero maníaco.

Era cierto lo que decían de ti, Aoyagi Seimei... No posees nada de escrúpulos.

¡Bueno, bueno! ¿Qué os ha parecido? Como ya veis, este capítulo tiene algunas escenas que ya muestran el shonen-ai de Loveless. Eso sí, el lemon tardará en llegar un poco (o puede que no...) e_é

Espero volver a publicar el siguiente capítulo lo antes posible. Intentaré sacar tiempo de debajo de las piedras y de donde haga falta. Merecerá la pena.

Dejad reviews y contadme lo que os ha parecido.

¡Saludos de Velvetnayru! ·w·

Ah, ¡y Feliz año 2013!