Notas: En éste capítulo es el mismo que el anterior, pero narrado en la perspectiva de Arthur, también hay cosas que no se encuentran en el primero. Este capítulo, es por mientras, para dejar pasar unos cuantos días y subir el tercero. ¿Okey?

¡Disfruten!


Septiembre.

II

El volver a la pequeña ciudad de Richmood, ni tan pequeña pero nada comparado con Londres…solo pensarlo lo deprimía un poco, pero este sería un buen año y más adelante podría postular a alguna universidad en Gran Bretaña y empaparse de toda la mística de su cultura.

El primer día de clases en Thomas Jefferson High School, o por lo menos los días que se atrasó en regresar e instalarse, volvería exactamente a su lugar, los mismos compañeros, y los mismos profesores, era un alivio saber que aquí nada había cambiado, aunque era un poco triste porque sentía que él había cambiado mucho después de su viaje. Tal vez, maduró o sus compañeros maduraron al revés.

A su mente se instalaron las preguntas tontas y sin sentido si volvería a su cargo de presidente del consejo estudiantil. La verdad no tenía muchas ganas de nada, solo debía ser el mejor, pensar muy bien que profesión ejercer para entrar a la universidad., además estaba el fútbol, así que se mantendría ocupado y en forma.

El juego de fútbol siempre era un buen lugar para deshacerse de toda la frustración y poder dormir de un tiro durante la noche. Tan perdido estaba en su reflexión que no se fijó que el idiota de Antonio le tiró un pase, además en un mal ángulo, él no es contorsionista como para patear esa cosa, por lo que rebotó en la cara del chico que lo marcaba, y salió disparado a un extremo de la cancha donde se encontraba un grupo de sus más fervientes fans y Sakura.

― ¡Cuidado! ―fue el grito general de todo.

Gracias a Dios alguien evitó que tocara a Sakura y la pelota casi golpeó a una rubia, por lo que veía no fue nada.

― ¡Ten más cuidado por donde pateas la pelota! ―ese pequeño grito salió de la bonita chica de cabellos dorados que estaba al lado de Sakura, pero ese no era un grito de una señorita.

― ¡Disculpa! ―Arthur, verla de cerca le puso algo nervioso, ella estaba furiosa. Enseguida recogió la pelota― En realidad el balón rebotó en uno de mis amigos. No se volverá a repetir. ―qué más podía decir para que la rubia no se enfadara más.

―Ah, bien. ―el rostro perplejo de la joven lo alentó un poco sabiendo que era perdonado, sin saber que aportar. Arthur si sabía como aportar y disculparse de verdad.

Metió las manos en su bolsillo.

―Ten ―sacó uno de los dulces que le regalaron unas chicas durante su bienvenida―, como muestra de mi arrepentimiento. Adiós. ―surcó los labios, bastante amable antes de dar la media vuelta en regresar con sus demás amigos.

Sus oídos percibieron el alza de voz de unas cuantas adolescentes asombradas y desconcertadas al ver que Arthur Kirkland le regaló un sencillo dulce a la de hebras onduladas y rubias.

Ojalá no piensen mal. Solo que hace mucho aprendió que la mejor forma de que una mujer te perdonase, era con una ofrenda, y que mejor que algo dulce, por lo menos así era con su ex.

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Las clases siguieron su ritmo normal, entregaron el pequeño examen, el profesor como siempre lo felicitó, pero en un momento se enteró que esta chica rubia, obtuvo mejor calificación. Esto era inaceptable, era verdad que no estaba preparado pero de igual forma ella no tenía que superarlo.

¿Qué es lo que ocurría? Él era el mejor que todos, además no pasó estudiando durante el viaje para que esa chica llegase y lo superara. Esto era personal.

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En literatura su clase favorita, escribió una antigua leyenda que su hermano mayor le contaba, era perfecta para esta clase para demostrar sus grandes dotes antes de que alguien más saliera en su camino.

Fue el turno de la señorita Emily –al fin supo su nombre gracias a la maestra–, era bastante linda, y adorable sin negarlo, no obstante aseguraba que eso era solo una fachada, ya que los grandes pechos siempre eran un indicador de un cerebro pequeño, no es que él fuera superficial, pero así lo tenia entendido.

Comenzó. La historia era de su vida, no podía ver algo más patético que contar una historia de tu vida a gente que no le interesaba. De igual forma escuchó atentamente para obtener material y no ser cortés, nunca se sabe cuando se podría necesitar, no es que le interesase esa rubia.

Después de escuchar la breve historia de su vida, y los comentarios tontos de algún día ir a visitar, encontró lo que necesitaba y su sonrisa asomó, era una granjera eso explicaba que fuera tan bruta y sin modales, estaba seguro que tenía una cerdita. Con esos pensamientos afloró una sonrisa macabra.

Era fin de las clases, tendría tiempo para leer algo y terminar la tarea y tal vez contestar sus correos. Caminaba tranquilamente por el pasillo cuando de repente un rayo amarillo chocó contra él, cayendo sus libros que pidió en biblioteca. Se disponía a recoger sus libros cuando la chica rubia se disculpó y comenzó a recoger, no pudo evitarlo pero esto era ridículo.

―Mira lo que has hecho ― era estúpido, la granjera que le ganó por un punto en el examen y ahora lo chocaba―. ¿No podrías a verte fijado y no venir corriendo? Es cierto, eres una campesina, no entenderás.

― ¿A quién le dices campesina?

Sabía que era estúpido, mas esa chica lo saca de sus casillas.

―A parte de campesina, eres sorda. ¡Vaya! ―usó su característico sarcasmo haciéndola enojar― Y no te preocupes en recoger mis libros, no quiero que se ensucien de lodo. ―estaba siendo ofensivo, no era normal. Le superaba.

La misurense chasqueó la lengua y lo agarró del cuello de la camisa, con claras intenciones de golpearlo. Lastima que él inglés no podía hacer mucho, no podía golpear a una mujer.

Hasta que escuchó un grito.

― ¡Emily-san, suéltelo! ―la pequeña Sakura se interpuso y trató de alejarla de él. Lamentaba que Sakura tuviera que verse involucrada, pero lo más importante ¿desde cuándo era amiga de la campesina?

El inglés se desilusionó al conocer que Sakura, a su vez, era amiga de la campesina. Pobre de ella, ojalá no la haya llevado a ordeñar vacas. Se lamentó tanto.

No tenía de qué lamentarse, Sakura tenía a su lado una buena y linda amiga que siempre está en las buenas y en las malas.

Los comentarios clichés siempre lo hacían reír. Eran para las personas sin nada de ingenio, pero esto era como para una tarjeta de mejores amigas por siempre. Su risa suave provocó a la rubia, sacando el dulce que le regaló al principio.

―No me lo regreses, ya está sucio. Quédatelo. ―metió las manos en los bolsillos de su pantalón, curvando los labios con soberbia.

― ¡No, gracias! ¡Es tuyo! ―se acercó a él metiendo el dulce envuelto en papel dentro de la camisa, por encima de la clavícula.

La acción lo sobresaltó nerviosamente y se sonrojó, intentando quitarse a Emily de encima y que no le metiera ese dulce, ¡ya dijo que se lo quedara! ¡A parte de campesina, era terca!

Se alejó. El dulce de deslizó por la piel de su torso cayendo al suelo.

La rubia lo ve caer y lo pisa, poniendo lo que parecía ser una cara para espantarlo, dando una vuelta, tal vez algo dramática alejándose del lugar.

―Perdón Arthur-san, disculpa a Emily-san. ―la japonesa inclinó la cabeza para seguir a la chica.

Suspiró. Eso fue agotador, quien lo diría en su primer día de clases.

Al final recogió sus libros y se fue a casa, era frustrante aquella campesina, sacaba lo peor de él, bueno era cierto que siempre fue cínico, pero no comprendía su actitud ante ella. Le parecía bonita, pero no la soportaba…sin tener argumentativas razones.

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La mañana llego rápido, día nuevo y de nuevo a clases, estaba a tiempo como siempre para llegar unos minutos antes de la hora de comienzo de la clase, el camino era algo monótono pero lo prefería así, ver los mismo escaparates, algunas personas saliendo de sus casas, era tranquilo además se demoraba casi treinta minutos llegar a la escuela y tenía exactamente cuarenta y cinco minutos para llegar.

Normal, se colocó los audífonos en los oídos. Escuchar música de su preferencia a lo que realmente le llamaba música de verdad, le estimulaba en seguir con calma y serenidad, tarareando la letra. No quería pensar mucho. Hoy sería un día estupendo, sobre todo en habar pedido "prestado" dinero de su hermano mayor Scott. No quería molestar a su madre.

Adentrando a las puertas del establecimiento estudiantil, saludó a Antonio. Un poco más alejado divisó a su querida amiga japonesa, sola. Se acercó cordial saludando con un beso en la mejilla, preguntando como durmió anoche, si tomó desayuno, si no se quedó hasta las altas horas de la noche viendo alguna nueva serie de dibujos animados japoneses… Si preguntaba todo eso, era porque la conocía y no podía dejarla que se desorientara de sus deberes. Era su mejor amigo, después de todo.

― ¡Sa-ku-ra! ―el llamado exclamado provino de Emily, corriendo hacia ella con una energética sonrisa― Buenos días, ¿cómo amaneciste? Ni me digas, yo no dormí muy bien.

Ni siquiera le contestó como para responder por ella.

La estadounidense continuó conversando relacionado con haber visto en las noticias un gatito que saltó una cerca y se cayó para atrás, de otra de un hámsteres que movía la cabeza al ritmo de la música, un sinfín de novedades sin que la joven Honda pudiera decir una sola palabra.

La presencia británico no había notado. No le molestaba que su amiga no pudiera articular en responderle, lo que sí, que la rubia hablaba demasiado. Exageraba las situaciones y no se callaba nunca ni para respirar. ¿Nadie la podía calmar? ¿Realmente era así? Su personalidad no acompañaba en su apariencia física.

No obstante, más en no haber sido saludado. ¿Qué se creía? ¿Acaso estaba pintado? No importaba la discusión de ayer, tal vez se podía arreglar con buenas palabras, como gente civilizada, pero por lo menos debería saludarlo, conocer si tenía educación y no ser una simple campesina según lo que aseguraba como eran esa gente de pocos recursos.

Le llamó la atención, indignado.

― ¿No te enseñaron a saludar? ―no debía alzar una ceja, eso sería provocación. Solo era mostrar su molestia en haberlo ignorado.

Emily calló por milagro. Pestañeó y se dio cuenta que Kirkland acompañaba a la asiática, quien se mordió el labio, analizando su mal y preocupando presentimiento entre esos dos.

―Sí me enseñaron, pero no con gente desagradable y creída. ―posó sus manos sobre su cintura, frunciendo levemente el entrecejo, apuntando con palabras a quien se refería.

―Aunque las personas no sean agradables, por lo menos saluda por respeto. Eso iba hacer contigo. ―ahí iba de nuevo. Controlar esta extraña actitud, no entendía por qué afloraba solo con ella de la noche a la mañana. De un solo día sin conocerla como realmente era, sin dejarse llevar por las apariencias.

En ese instante, Sakura interfirió hacia la de orbes azules. Por favor, no comience.

― ¡Pero si el que comenzó con todo esto, fue él, no yo! ¡Él me trató de campesina! ―recordó Jones apuntando a Arthur con uso de razón. Ella no fue quien lo buscó para pelear, incluso creyó que serían amigos… ¡Pero fue él quien, de un rato para otro la trató pésimo! Debería brindarle de su apoyo.

Por parte de Arthur, no se estimuló mucho en alterarse. De alguna manera le pareció divertida la acusación de la rubia.

Revisó la hora en su celular.

―Nos vemos en clases, señoritas. ―se despidió sin más, dejándolas solas.

Emily, por poco se alteró si no fuera por la azabache que se interpuso, aconsejándole en inhalar y exhalar. Iban a entrar a clases, no podía estar con ese ánimo de perros. Solo era no prestarle atención a Arthur si la incomodaba con sus agresiones verbales.

Estuvo tan equivocada.

Kirkland discutió con Emily por un problema de logaritmo. Él tenía la razón del resultado, ella no, porque era una boba y torpe, para después decirle repetitivas veces en ser una campesina.

La chica hizo oídos sordos. No se molestaría en responderle, y se sentó silenciosa en su silla.

Honda suspiró aliviada, sin durarle por muchas horas.

Otras clases más, volvieron a discutir. El tono subió. Más allá de que la estadounidense fuera de un sitio rural del país de la libertad, tocó a la gente de Missouri.

Imperdonable.

El asunto era con ella, no con otras personas sin conocer.

No le interesaba. Solo quería verla enojar, escuchando en ser un engreído, que Londres no era la gran cosa, y que esas cejas que tenía sobre los ojos verdes eran horrorosas. ¿Cómo podía vivir con ellas? Le preguntó.

Arthur se molestó por insultar sus cejas.

Sus fans no tardaron en defenderlo. Él les pidió no intervenir, no solo por ser señoritas, también al no soportar en tener chicas que lo seguían por todo. Nunca buscó ser popular.

De esa manera, los dos de cabello rubio no pararon hasta terminar las clases, donde cada uno se fue por su propio camino. Al fin sin verse hasta mañana en la escuela, terminando el día para comenzar el fin de semana de descanso físico y mental.

Antes de marcharse, esperó a Antonio afuera de la reja. Deseaba conversar.

Lo llevó a un local de comida rápida. El inglés simplemente compró unas papas fritas y una bebida gaseosa. El castaño fue por un hogdog.

Comieron un poco. La curiosidad en Antonio apareció al no oír nada de lo que quería hablar el rubio, por lo que preguntó.

― ¿Qué sabes sobre esa chica…Emily? ―no tardó en empezar dirigiendo un bastón de papa a la boca, sorprendiendo a su compañero de tez más oscura que la suya.

― ¿Para qué quieres saber?

―Para saber ―obvió sin parecer divertido para el español―. Me asunté un año, no la conozco.

Antonio entrecerró la mirada, no le creía en solo no conocerla. Había algo más.

― ¿Por qué yo? ¿Por qué no le preguntas a Sakura?

―Es su amiga, no me diría nada.

― ¿Te gusta? ―trató adivinar colocándolo rojo― ¡Arthur, por Dios! Llevas dos días en conocerla ¿y ya te gusta? ¿Tío, no puedes esperar un mes para estar seguro si en verdad estás enamorado?

―No estoy enamorado, ni me interesa ―frunció el ceño, se sintió insultado. ¡No le gustaba esa rubia! Estaría enfermo de la cabeza. No tenía tan mal gusto, prefería a las mujeres inteligentes―. Solo quiero saber de ella…es insoportable. ―suspiró.

Antonio se cruzó de brazos, otra vez entrecerrando la mirada. Pues hablar de los demás por detrás, no es bueno de uno.

― ¿Por qué? ―llamó la atención del británico― Dos días y se llevan mal, no es normal, y peor tu discriminación hacia Emily. Tío, no eres así.

―Eso intento saber, por qué me siento tan tenso con ella. ―explicó severo. No entendía su comportamiento.

―De todas maneras no hablaré de ella. ―negó, jamás hablaría detrás de la espalda de sus amigas.

Entonces, el anglosajón pensó.

― ¿Cuándo fue la última vez que la señorita Vargas mayor te rechazó?

― ¿Me estás chantajeando?

―Negocio ―adquirió a corregir―. Tú me contestas, yo te doy un buen pago.

Antonio encerró la mirada verde, directa hacia el rubio. No lo haría en no ser rechazado por enésima vez por la italiana sureña, de otra clase pero del mismo grado. No necesitaba de nada aparte de sus dotes españoles para salir algún con ella. Aun mantenía las esperanzas de amor.

Únicamente le diría una sola información de su amiga, nada más.

― ¿Qué quieres saber exactamente de Emily?

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N/A: ¿Qué le contará Antonio a Arthur? ¿Eh? ¿Qué le gusta para comer? xD

Las dejo hasta aquí. Gracias por su comentarios ^^

¡Saludos!