Esclavo por un día
ArokuRaita
Disclaimer: 'Haikyuu!' pertenece a Haruichi Furudate y este fanfic fue escrito sin fines de lucro.
2. Amo por unos instantes
Primero en Kitagawa Daiichi, luego en los primeros partidos de Karasuno, Kageyama había soportado los desprecios y ataques de Oikawa con relativa calma. Sin embargo, era sólo una fachada, pues en el fondo le dolían tanto como lo que sufrió con Kindaichi y los demás. ¿De verdad era una persona tan detestable? Además, al venir de alguien a quien admiraba, esos ataques eran doblemente hirientes.
Eso hizo que aceptara el reto que propuso Tooru. En cierto modo, quería demostrarle su capacidad y valía, incluso como un esclavo. Ser desechado incluso así fue demasiado para él.
Cuando caminó hacia Oikawa y tocó su hombro, no quedaba nada del joven servicial que había sido minutos antes. El dueño de casa se dio cuenta muy tarde, cuando esa mano lo obligó a voltearse. La diferencia de altura, incluso del ancho de la espalda, era insignificante.
–No me gusta ese trato, Oikawa-san. No estaba muy seguro de si quería jugar a esto contigo o no, pero detesto que sigas mirándome con desprecio. Así que sigo.
–Pues espero que no te arrepien…
El muchacho de cabellos castaños no alcanzó a terminar su frase, pues la boca de Tobio cubrió la suya casi con violencia, mientras sus manos deslizaron la bata por sus hombros y la arrojaron al suelo. Luego subieron y bajaron por su espalda, para detenerse y apretar sus nalgas hasta marcarles las uñas. Oikawa dejó escapar un gemido.
–Veo que te gusta, senpai.
¿Debía recordarle a ese kouhai insolente que aún era su esclavo? No, no había posibilidad. Tobio ya lo había arrojado sobre la cama y, mientras uno de sus brazos lo rodeaba como una anaconda hambrienta, besaba y mordía sus pezones y su mano libre tiraba de su cabello.
Trató de removerse, pero los dientes de Kageyama presionaron un poco más.
–Quieto, Oikawa-san. Ahora es mi turno.
En silencio, dejó que su antiguo esclavo terminara por envolverlo completamente. No se atrevía a mirar a los ojos a Kageyama. Tenía miedo de lo que podía encontrar en ellos, y también temía lo que podían mostrar los suyos.
–Supongo que sientes asco, Oikawa-san, ¿no es así? Que tu estúpido kouhai esté ensuciándote después de tu baño, que te muerda y bese contra tu voluntad… Sigues despreciándome, ¿no?
–No…
–Mentiroso. Pero no me importa. Estoy harto de tu desdén. Estoy harto de tu superioridad, de tu actitud, la de ahora y la del pasado… Me has hecho tanto daño…
Sólo cuando unas gotitas tibias cayeron sobre su cuello, Tooru decidió mirar a su atacante y le impactó ver que lloraba como esa vez en que Karasuno perdió contra Aobajohsai. "Merezco todo lo que quiera hacerme", se dijo el joven. Pensó que era incapaz de responder al dolor de su excompañero, pero su cuerpo tomó la iniciativa y atrajo a Tobio, aún lloroso, hacia su pecho.
–En el pasado te envidié, e incluso hoy desearía tener tu talento, pero no te odio. Es más, siempre serás mi estúpido kouhai.
–Mentiroso…– murmuró el joven, algo más tranquilo. Sus mejillas seguían húmedas. Tooru suspiró.
–¿Cómo quieres que te lo demuestre?
Kageyama se mantuvo en silencio por un rato. Su furia había remitido. Luego dijo algo que Oikawa ya había intuido:
–Enséñame tu saque.
–Creo que puedo hacer algo mejor…
Con un movimiento rápido, Tooru empujó a Tobio a un lado y luego se tendió sobre él. Recorrió con sus labios el pecho del más joven, lamió sus pezones oscuros y besó cada uno de sus abdominales. Era increíble lo mucho que había cambiado en un par de años. No quedaba nada del niño que lo miraba desde lejos. Sí, quizás los ojos... Grandes, atentos y punzantes. Horadaban su alma y su corazón.
Cuando llegó a la entrepierna de Kageyama, éste extendió sus brazos para alejarlo.
–No lo hagas, Oikawa-san, aún no me he bañado... Además, después de cómo me porté contigo, no es justo.
–Tobio-chan, ¿no crees que me he portado peor? Tómalo como una compensación.
Sin esperar respuesta, el joven sostuvo entre sus manos el miembro de su kouhai y lo llevó a su boca.
No imaginaba que su kouhai estuviese tan bien dotado, así que la mandíbula comenzó a dolerle al poco rato. Podía sentir el fuerte aroma de su miembro y le sorprendió lo mucho que le gustaba. "¿Es posible que todo el desagrado que sentía por él fuera sólo una pantalla?", se preguntó Tooru. En un momento, el moreno intentó alejarse de su senpai mientras murmuraba algo ininteligible. El mayor adivinó que Kageyama estaba a punto de irse, por lo que lo sostuvo firmemente y continuó su labor. No se la iba a hacer fácil.
Con un gemido, Tobio eyaculó. Oikawa alcanzó a tragar un poco, pero gran parte cayó fuera de su boca. Había sido mucho.
–¿Qué pasó, Tobio-chan? ¿Llevabas muchos días de abstinencia?
Kageyama, con las mejillas rojas, miró hacia la pared y no contestó. Su compañero se limpió los labios y esbozó una sonrisa. Al parecer, el moreno había vuelto a ser su silencioso y eficiente esclavo, pero debía admitir que, como amo, despertaba gratas y desconocidas sensaciones en su cuerpo. Dominar o ser dominado eran opciones deliciosas por igual junto a su kouhai.
–¿Me crees ahora?– murmuró Tooru cerca del oído de su kouhai, quien se estremeció.
–Un poco.
Oikawa se recostó junto a Kageyama. El más joven se volteó para mirar a su compañero y, de forma repentina, se acurrucó junto a éste. "¿Cuántas facetas tiene Tobio-chan? Demonios, quiero conocerlas todas...", pensó el setter de Aobajohsai, mientras acariciaba su cabello negro.
Luego de un largo rato, Oikawa dijo:
–Quiero que vengas mañana también.
Kageyama se levantó, frunciendo el ceño. Su senpai sonreía.
–¿Qué? ¿No era sólo por hoy?
–Nunca di un plazo, Tobio-chan, sólo dije que tenías que ser mi esclavo y aceptaste, siempre que no interfiriera en tus entrenamientos. ¿Lo recuerdas?
El moreno abrió los ojos como platos.
–Supuse que sería sólo por hoy...
Tooru lanzó una carcajada maligna.
–No te preocupes, te trataré bien, esclavo mío.
Dicho esto, lo abrazó y no volvió a soltarlo durante toda la tarde.
FIN
…(?)
