Capítulo 2: Noticias terribles.

Hermione se limpió las sudorosas manos en su pantalón. No creía haber estado tan nerviosa en toda su vida, y eso había incluido sus exámenes finales en Hogwarts. Su corazón latía desbocado, y su estómago no se había quedado quieto desde que recibió la carta. Desearía poder culpar a sus malestares matutinos, pero su creciente ansiedad sobre su próxima cita no ayudaba en lo absoluto. Los últimos dos días habían sido una pesadilla. Pasó la mayoría del tiempo creando los peores escenarios en su cabeza. Esto resultó que terminara moviéndose toda la noche en lugar de dormir, y ahora tenía unas ojeras horribles y un cabello imposible de controlar.

Abrió la puerta de la clínica y fue saludada de inmediato por la sonriente recepcionista. Hermione no podía evitar mirar hacia el pizarrón con las fotos de los bebés sonriendo. ¿Qué tal si la noticia consistía en que el bebé tuviera una horrible enfermedad genética que le impidiera terminar con su embarazo? ¿Qué tal si había alguna complicación que significaba que no podía tener más hijos? Hermione se sentía atemorizada ante el pensamiento.

En lugar de esperar en la recepción, fue escoltada de inmediato hacia la oficina del Director, lo que terminó añadiéndole más nervios a la situación. Sin embargo, supuso que ese era el protocolo a seguir en caso de algún incidente.

–Madeimoselle Granger. –dijo un alto hombre alemán, al tiempo que se acercaba a ella para saludarla con la mano.

–Sr. De Braun. –respondió Hermione.

–Por favor, llámeme Sebastian. –sonrió.

Hermione sonrió y le ofreció la misma cortesía. Se sentó en la silla frente al impresionante escritorio de Sebastian y se frotó el estómago. Últimamente se había vuelto algo así como un hábito.

–Hermione, primero que nada me quiero disculpar por haberle hecho venir a la clínica después de que su tratamiento haya resultado exitoso. –comenzó Sebastian.

–Espero que disculpe mi rudeza, pero como puede imaginar, estoy bastante ansiosa. ¿Podría ir directo al grano y decirme que sucedió? –preguntó honestamente.

Sebastian la miró algo sorprendido. Probablemente tenía algún discurso preparado.

–Sí, claro. Entiendo que esto pueda ser bastante desesperante para usted. Hermione sonrió y asintió. –Desafortunadamente hubo un error en el laboratorio con las muestras de esperma. Parece que el esperma que escogió de nuestros donadores fue confundido con el de otro cliente. –explicó Sebastian.

Su reacción inicial fue una enorme sensación de alivio. Esto era algo con lo que podía lidiar. Entonces el donador que ella había escogido no sería el padre de su hijo. No era como si hubiera personas indeseables en sus libros. Cada donador de esperma era rigorosamente revisado y analizado. Tal vez el padre sería más un deportista que alguien académico. No era algo tan terrible. Al menos su hijo o hija tendría la oportunidad de montar una escoba como se debía.

– ¿Es posible ver el archivo del donador de esperma que ahora tengo? –preguntó, sorprendida de lo calmada que se escuchaba. Aún seguía sintiendo retorcijones en su estómago, pero definitivamente se sentía más optimista que los últimos dos días.

Sebastian la miró algo incómodo.

–Bueno, temo decir esto, pero es aquí donde las cosas comienzan a complicarse, Hermione.

– ¿A qué se refiere? –preguntó, pensando en cuanto podría complicarse más que esto.

–Es que el esperma que fue confundido con el donador que usted había escogido, no era de un donador, sino de un potencial padre. Un padre que quiere ser parte de la vida de su hijo.

Su cabeza comenzó a girar. No podía con todo esto.

–Pero específicamente decidí en una donación de esperma porque no quería que un padre biológico formara parte de la vida de mi hijo.

Sebastian extendió los brazos.

–Y en verdad lo siento, Hermione. Todo lo que puedo hacer es regresarle su dinero y ofrecerle ponerla en contacto con un buen asesor legal.

No estaba nada complacida con esto.

– ¿Está sugiriendo que el padre biológico de mi hijo buscará ponerse en contacto?

Sebastian asintió tristemente.

–Así es, Madeimoselle. Eso es precisamente lo que este cliente hará. Lo hizo bastante claro en la cita que tuve con él el día de ayer. Hasta ahorita hemos mantenido su identidad en secreto. Eso solo será revelado al otro cliente una vez que el caso llegue a la corte.

Hermione cerró los ojos en desesperación. Esto se había vuelto todo un desastre. Okay, no era algo tan malo como una enfermedad genética, pero sería un proceso legal ante la corte. Ella no había contemplado un padre en su nueva vida. Siempre fueron solo ella e Iris. Ahora, había un posible caso ante la corte para mantener alejado de su vida al padre de su bebé. Oh Merlín, un caso en la corte significaba que saldría en todas las noticias y todo mundo sabría cómo quedó embarazada. Witch Weekly, Rita Skeeter en particular, siempre trataba de regar falsos chismes sobre el Trío de Oro. Esto garantizaría un horrible artículo por parte de Skeeter.

Habría decepción por parte de Harry, Ron y Ginny. No entenderían porque había tomado esa elección cuando ella había rechazado constantemente sus intentos por intentar que saliera con sus amigos y colegas. Ginny incluso le había ofrecido presentarla con uno de sus antiguas compañeras de las Arpías de Holyhead. Hermione había rechazado esa oferta firmemente, asegurándole a su amiga que no estaba suprimiendo ninguna tendencia homosexual. Hermione se preocupaba por sus padres más que nadie más. En verdad estarían confundidos por su decisión.

Fue sacada de sus pensamientos por el sonido de la puerta siendo abierta de golpe. Se giró en alerta sólo para ver a un furioso Draco Malfoy en el umbral. La recepcionista intentaba jalarlo de los brazos.

–No pude detenerlo, Monsieur De Braun.

–Monsieur Malfoy, no puede entrar así aquí. –protestó Sebastian.

–Sí, sí puedo. Me niego a ser engañado con sus débiles trivialidades referentes a la falta de ética con darme el nombre de la mujer. Es mi hijo del que estamos hablando. –dijo enojado.

Hermione gimió cuando las implicaciones de que Malfoy había dicho la golpearon. Iba a tener un bebé con Draco Malfoy. Tenía ganas de llorar. El destino le había dado una patada en el trasero.

–Monsieur Malfoy, ya se lo he explicado varias veces, que debido al contrato legal de la señorita Granger, no puedo divulgar su identidad a menos que tenga una orden específica de hacerlo. –dijo el doctor molesto.

"¡Fantástico!" pensó. "Justo acaba de hacer eso." Sebastian pareció darse cuenta de su error al mismo tiempo y se giró para disculparse con Hermione con una mirada de horror en su rostro. Hermione no podía molestarse con él. Malfoy estaba en la misma habitación que ella, no era como si no la fuera a reconocer. Lentamente se giró en la silla para encarar a su antiguo enemigo.

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Draco Malfoy maldijo al tiempo que miraba a la mujer sentada frente al doctor. Esto no podía estar pasándole a él. Ya era lo suficientemente malo que sus planes sobre la paternidad se hayan ido por el caño, pero ahora también resultaba que la mujer que estaba embarazada de su hijo era nada más y nada menos que Hermione Granger. Observó a la mujer que llevaba dentro de ella al siguiente heredero de los Malfoy. No parecía haber cambiado mucho desde la escuela. Su cabello seguía siendo un desorden, y al contrario de muchas chicas, no parecía molestarse en usar maquillaje para mejorar su imagen. Ella lo miró de arriba abajo con esa expresión engreída que siempre solía reservar para los Slytherin, pero sobre todo, para él en particular.

–Si no le importa, Monsieur Malfoy, me gustaría continuar explicando la situación a la Madeimoselle Granger. Si pudiera ser tan amable de esperar en recepción, podremos discutir las opciones después. –dijo De Braun.

Draco alzó una ceja, no le gustaba seguir órdenes de nadie.

–Malfoy, que te largues. –dijo Hermione molesta.

–No necesito hablar contigo, De Braun. –dijo, ignorando por completo el comando de Granger. –Sólo asegúrate de que haya algún lugar en el que Granger y yo podamos hablar después.

–Temo decirle que necesito el permiso de la Madeimoselle Granger para eso.

Ella parecía estar encantada en negarlo, así que Draco procedió a decidir por ella.

–Granger, tú y yo tendremos esta discusión. Podemos hacerlo aquí, lejos de ojos y oídos, o te buscaré en un lugar más público.

Ella lo asesinó con la mirada, pero lo conocía lo suficiente como para saber que cumpliría su amenaza.

–Okay, hablaré con Malfoy una vez que termine esta reunión. –le dijo a De Braun.

Draco asintió cortésmente a ambos ocupantes de la habitación antes de seguir a la aliviada recepcionista fuera de la oficina. La recepcionista se sentó detrás de su escritorio y continuó con su trabajo, dirigiéndole ocasionalmente miradas de desaprobación.

Suspiró. Su padre se pondría furioso y Astoria haría un gran berrinche. Frunció el ceño ante la idea de su esposa. Él estaba en este embrollo por culpa de ella.

Draco miró con desdén a la colección de revistas que había en la mesa frente a él. No se quedaría aquí tranquilo esperando a Granger. Tenía cosas que hacer. Necesitaba asegurarse de tener escenarios para cada posible situación. Esto no podía ir más lejos.

El teléfono de la recepcionista sonó. Caminó hacia él.

–Madeimoselle Granger ha terminado su reunión. –le informó.

Se puso de pie y la siguió hasta un pequeño consultorio. Apretó los labios cuando vio que Granger se había sentado detrás del escritorio. Su dura expresión le recordó a McGonagall, y sintió como si hubiera sido un alumno a punto de ser castigado. Bueno, pues no estaba dispuesto a jugar ese juego. Cerró la puerta en la cara de la recepcionista y se recargó en la puerta.

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Hermione frunció el ceño al tiempo que miraba la inminente presencia de Malfoy, quien tenía los brazos cruzados y el ceño fruncido. La ansiedad de la situación la golpeó de nuevo.

–Querías hablar, Malfoy. –inició, dado que el Slytherin parecía solo haber venido a asesinarla con la mirada.

Se acercó un poco más y Hermione no pudo evitar intentar protegerse el estómago.

–Ni siquiera pienses en lastimarme a mí o al bebé. –dijo en pánico.

Malfoy bufó y sacó la silla frente a ella.

–Es agradable saber qué piensas que soy un depravado.

Hermione lo miró desdeñosamente.

–Si pienso de esa forma es porque mi experiencia contigo me ha demostrado lo malo que puedes ser. Y no, no tendré un aborto. –dijo, determinada de una vez a sacar esa idea de su cabeza.

Él la ignoró completamente.

– ¿Cuántas semanas tienes?

–Siete. –respondió.

– ¿Tu pareja sabe que no es su bebé?

Y ahí estaba: la parte que menos deseaba explicar, especialmente a alguien que había pasado una gran parte de su vida atormentándola.

–No tengo pareja. –masculló.

Malfoy se acercó más.

– ¿Qué fue eso, Granger? No pude escuchar bien.

–No tengo pareja. –gritó molesta.

Malfoy alzó las cejas.

– ¿Así que no tienes pareja? ¿Entonces por qué estás en una clínica de fertilidad?

–Sólo porque no tengo a alguien en mi vida no quiere decir que no quiero un hijo.

–Así que te embarazaste por medio de una donación de esperma. –dedujo y comenzó a reír.

Hermione empujó la silla y se puso de pie.

–No tendré esta conversación contigo, Malfoy. Mi embarazo no es algo que sea de tu incumbencia.

–Oh, cálmate, Granger, y siéntate. A menos que haya escapado tu atención, el hijo que estás llevando es mío, por lo cual es mi incumbencia.

–No, no lo es. –dijo enfatizándolo. –Tal vez seas el padre biológico, pero no tendrás nada que ver con este bebé.

Draco se puso de pie y recargó los brazos en el escritorio, inclinándose amenazador hacia ella.

–Si crees que voy a salir de tu vida que criarás al heredero Malfoy por tu cuenta, entonces necesitas pensarlo de nuevo. –gruñó.

–Sólo ve y haz otro depósito de esperma y embaraza a cualquier desafortunada mujer que hayas escogido para ser la madre de tu preciado heredero. –dijo cruzando los brazos.

Hermione vio como una infinidad de emociones cruzaron por el rostro de Malfoy. Usualmente era tan cerrado y reservado que nunca sabías lo que estaba pensando, pero Hermione podía ver enojo, decepción y tristeza.

–Es un poco más complicado que eso, y no veo por qué tenga que explicarte eso a ti.

Hermione cruzó los brazos.

–Por las mismas razones que tú me diste. Tú eres el padre de mi bebé, así que creo que esto es más que complicado. Además, ¿Qué no se supone que estás casado? ¿No puedes poner otra muestra en tu esposa?

Hermione se sorprendió ante la ira que pareció inundar su rostro. ¿Había algo más en su matrimonio además de los problemas de fertilidad? Las emociones se perdieron en el siguiente instante.

–No sé qué clase de hombre creas que sea, pero de ninguna forma voy a desaparecer convenientemente sabiendo que mi hijo anda por ahí sin saber quién es su propio padre.

– ¿En verdad tengo que responder eso? Fuiste un idiota monumental en Hogwarts y no creo que estés dispuesto a recibir un hijo mestizo con los brazos abiertos. –escupió. –Además, ¿no causará conflictos dentro de tu círculo social el que haya un Malfoy mestizo? La más pura de las líneas habrá terminado.

–No hace ninguna diferencia, un Malfoy mestizo ahora existe me guste o no. –dijo Malfoy.

–Nadie tiene que saberlo. Podría ser nuestro secreto. –rogó, esperando que Malfoy atesorara su herencia sobre cualquier otro bebé potencial, y si de alguna forma se encontraba con la mala suerte de su hijo se pareciera a Malfoy, ya encontraría alguna forma de explicarlo.

– ¡No! No dejaré que te vayas sólo así. Quiero ver a mi hijo. –insistió.

Hermione estaba cansada y un dolor de cabeza estaba comenzando a formarse. No había logrado comer mucho antes de atender a la cita; las náuseas matutinas y la ansiedad hicieron que su estómago rechazara todo menos una manzana.

–Bueno, pues no puedes. Deliberadamente usé una donación de esperma para no tener que lidiar con las complicaciones de un padre.

–No me importa. Ese es tu problema, no mío. Seré parte de la vida del bebé.

–No, no lo serás. –peleó. –Mi contrato con la clínica dicta que el donador de esperma no tiene derechos sobre el bebé.

–Pues ese es problema de la clínica y mi contrato anula ese término, Granger. –dijo Malfoy.

–Ya veremos sobre eso. –dijo molesta, poniéndose de pie y saliendo de la habitación.

–Espero que tengas buena asesoría legal, Granger. –dijo Malfoy detrás de ella.

La familia Malfoy había salido casi intacta después de la guerra. A pesar de que todos sabían que Lucius Malfoy había mentido acerca de estar bajo la maldición Imperius durante el primer reinado del terror de Voldemort, y que él había estado presente desde su resurrección, él y Draco evitaron ser enviados a Azkabán. El Ministerio les perdonó la humillación, para el disgusto de Hermione. Su reputación había sido empañada al menos, pasaron algunos años en la banca mientras que los que consideraban inferiores, como Hermione, subieron a la cima.

Sin embargo, con algunas donaciones y comportamientos ejemplares, Lucius una vez más volvió a los corredores del Ministerio. Draco logró colarse entre la Junta del Consejo de Hogwarts y tenía varios negocios en Hogsmeade y el Callejón Diagon. Era exasperante. Y ahora tendría que ir contra los Malfoy sola. No estaba segura de poder luchar cuando se sentía tan enferma y deprimida. Se apareció de vuelta en su departamento y se tiró en el sofá a llorar.

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Mientras tanto, Draco estaba frustrado. ¿Por qué tenía que pasarle esto con la bruja más testaruda del mundo? Una cosa jugaba a su favor; al menos ella no estaba en una relación con nadie. Una madre soltera era más fácil de pelear que alguien con un esposo o un novio.

Gracias a la innata habilidad de los Malfoy de mantener sus vidas en extrema privacidad, nadie además de la familia inmediata de Astoria sabía de los problemas en su matrimonio. Había planeado mantenerla a su lado sólo hasta que ganara la custodia del bebé y después botarla. Los Greengrass no se quejarían dado que Draco era dueño de sus empresas, y si querían mantener su lujoso estilo de vida y su posición en la sociedad, entonces se quedarían callados.

Sin embargo, al notar lo cansada que estaba Granger, pensó que un poco de presión funcionaría para obtener lo que quería. Tal vez podría obtener la custodia completa del bebé y pagarle a ella otro tratamiento para que tuviera otro bebé después. No era como si estuviera apegada a este bebé porque era producto de una relación amorosa; después de todo, había recurrido a una donación de esperma.

Ese pensamiento dejó perplejo a Draco. No podía decir que había visto mucho de Granger o de los idiotas de sus amigos. Sabía todo lo que necesitaba de los incesantes reportes que hacia El Profeta sobre el Trío después de la guerra. Sabía que Potter se había convertido Jefe del Departamento de Aurores hace poco, mientras que Weasley, siendo el fracasado de siempre, terminó trabajando para su hermano. Sin embargo, las noticias sobre Granger habían sido escasas dado que ella mantenía un bajo perfil. Todo lo que sabía era que ella hizo algo bastante bueno en el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica. Había escrito y hecho que aprobaran varias leyes sobre el bienestar de los elfos domésticos, lo que había hecho que su padre la maldijera por los cielos. Terminaron liberando a sus elfos domésticos y ofrecerles paga para trabajar. Ciertamente era algo que ningún Malfoy soñaría con hacer.

No es como si a Malfoy le importara, pero era extraño verla reducida a una donación de esperma para obtener el bebé que ella tanto deseaba. Bueno, pues estaba muy equivocada si pensaba que le podría negar acceso al bebé. Eso no iba a suceder. Se apareció de vuelta a la Mansión. Necesitaba hablar con su padre y organizar lo que haría después.