Buenos días/tardes/noches dependiendo del lugar del mundo en el que se encuentren :D Estoy muy emocionada con el recibimiento que ha tenido el fic y que les haya gustado la trama!

Muchas gracias por sus reviews a: lilian-Dramione, minako marie, X, NinfaMellark, luna-maga, malfoy19dani, Pansy-89, Mareliz Luna, Sabaana, seremoon, Altair Nix Black, Yuuki Kichiki, Cristina, liuhnjio, Aurora Caelestis, ladycat, adrmil, Bubbles of Color, Cary Palacios, EmDreams Hunter, Shirmione Malfoy, .HR, pudding-chan'y'cherry-chan, lizy Malfoy, brenda fab, Serena Princesita Hale, ian, , Dann Minashiro, MRS Taisho-Potter y Sol Meyer.

Y bueno, hoy es 5 de junio, así que ¡Feliz Cumpleaños Draco Malfoy!

Capítulo 2.

Draco estaba intrigado por el comportamiento de Hermione. Nunca antes la había visto apartarse de una emergencia, mucho menos huir de una situación. Porque eso era lo que había sucedido. La situación la había abrumado y había algo atrás de todo eso. Estaba seguro. Y el Sanador en Jefe Donovan lo sabía en detalle, de lo contrario no le habría pedido que se retirara con tanta facilidad.

Y era tan grave lo que había en el pasado de Hermione que hacía que su jefe la disculpara en esa situación. Si él u otro interno hubieran hecho eso, en este momento estaría enfrentando una audiencia con el resto de sanadores a cargo, para evaluar la situación y el riesgo que podría haber supuesto para el paciente, primero durante la atención de la emergencia y luego durante la etapa de recuperación. Esa audiencia pondría en duda su capacidad para esa especialización y solo su mera posibilidad hacía temblar a muchos sanadores.

Mientras caminaba por el pasillo, intrigado completamente por lo sucedido, recordó que durante sus primeros años de estudio, Hermione se había casado con Ronald Weasley. Ella había parecido feliz e ilusionada, aunque en esa época todavía no eran realmente amigos, solo compañeros de estudios. Tendría que hablar con Blaise para ver qué recordaba él y tal vez entre los dos podrían reconstruir el rompecabezas.

Recordó también tres ausencias y a Hermione incorporándose a sus estudios después de cada uno de esos períodos, poniendo mucho empeño y desvelos para recuperar el tiempo perdido. En ese momento, Blaise y él habían especulado sobre el favoritismo hacia su compañera por ser miembro del Trío Dorado, porque no se miraba enferma ni se sabía que ella o alguien cercano tuviera algún problema que ameritara su retiro momentáneo. Y aun así, las autoridades de San Mungo le permitían suspender sus estudios cada vez que lo necesitaba.

Después de la tercera ausencia, estalló en los periódicos el tema de su divorcio con Weasley y el precipitado matrimonio del pelirrojo con su actual esposa. Quien, por cierto, es una completa loca, se dijo Draco mentalmente.

Después de eso, Hermione se había vuelto bastante hermética. Ellos no lo habían notado mucho porque los Slytherin eran de naturaleza reservada, pero ya no cotilleaba con el personal del hospital como lo hacía al inicio. Se había volcado en sus estudios y nada ni nadie la había apartado de su deseo de ser sanadora. Las relaciones y los chicos habían pasado, no a un segundo ni a un tercer plano sino que eran lo último en la lista de prioridades de la chica. Y no había sido por falta de pretendientes. Incluso había recibido una visita de Víctor Krum hacía un par de años que no había pasado a más. Y el interés del búlgaro había sido muy evidente... así como la apatía de Hermione.

En medio de sus cavilaciones, Draco lanzó un tempus. Su varita marco la hora de finalización de ese turno endemoniado que había tenido.

Había buscado a Hermione en todos los sitios probables sin ningún resultado. Quizás ya se había marchado a su apartamento. Lamentaba mucho no haber podido hablar con ella, pues eso significaba que tendría que esperar a verla hasta el siguiente turno. Ella se había vuelto tan reservada, que a pesar de considerarlos sus amigos, nunca había invitado ni a él ni a Blaise a su apartamento, así que no sabía dónde localizarla fuera del hospital.

Draco nunca lo había considerado como un problema, porque prácticamente vivían dentro de las paredes de San Mungo y las pocas veces que se veían fuera del hospital, lo hacían en pubs o restaurantes. Pero ahora estaba consternado por no poder comunicarse con ella, pues en verdad la apreciaba como colega y como amiga.

Ni modo. Considerando sus opciones, Draco decidió irse a descansar a su casa. Le mandaría una lechuza antes de tirarse en la cama porque se sentía fundido. También desde su casa haría un monitoreo constante con las enfermeras sobre la salud de la chiquilla Weasley. Lo más probable es que tuviera que venir al hospital en sus horas de descanso. Tampoco le importaba porque se olía algo raro en ese caso y quería descubrir qué era.

Se acercó a la zona de los casilleros de los internos y entró al pequeño vestíbulo, una habitación pequeña que daba paso al área de mujeres y al área de hombres. Y entonces lo escuchó. Era un llanto acongojado. Acercó el oído a la puerta de mujeres y empujó ligeramente la puerta, por si se trataba de una emergencia.

Y lo que vio provocó una serie de sentimientos que lo asustaron por la intensidad con la que vinieron hacia él.

—Me quedé petrificada, Harry... eso... eso... no puede volver a pasar —escuchó decir a Hermione entre hipidos.

Estaban sentados en una banca y Harry la tenía firmemente abrazada contra él, pasándole el brazo sobre los hombros. El rostro de Hermione hundido contra su cuello. Draco no pudo evitar sentir cólera contra Harry. Por la cercanía con Hermione, por el abrazo, porque él sí la consolaba por algo que Draco desconocía, porque esas muestras de cariño sí las tenía con su amigo de la infancia pero no las tenía con él. Hermione nunca había tenido esas muestras de cariño con él, pensó ofuscado sin saber definir muy bien la raíz de todo el enojo que sentía en ese momento.

—Tranquilízate, Hermione, vine lo antes que pude. No dejaré que Ron se te acerque, ¿de acuerdo? —escuchó que decía Harry. Realmente era un día lleno de sorpresas. Siempre había creído que Weasley y Potter seguían siendo tan amigos como lo eran en la época del colegio—. Mucho menos dejaré que te acose esa infeliz que se dice su esposa —y Draco estuvo de acuerdo con él. Esa mujer era a todas luces peligrosa para Hermione.

—Lo sé, Harry y lamento distraerte de tu trabajo pero es algo que no puedo soportar sola —le escuchó decir y Draco quiso ponerse a gritar improperios en ese preciso momento: ¡Ella no estaba sola! ¡Por un carajo! Se sintió decepcionado que Hermione no lo considerara un verdadero apoyo y que tuviera que recurrir a San Potter.

—¿Y Malfoy? —preguntó Harry y Draco aguzó más el oído.

—Draco no sabe nada —Eso era más que obvio y por Merlín que necesitaba saber más.

—Pues debería —escuchó decir a Harry y el rubio casi se abalanzó sobre él para abrazarlo. Potter continuó hablando—. Sabes que si yo pudiera, estaría junto a ti las veinticuatro horas del día, pero eso es imposible.

—¿Tanto confías en Draco? —le preguntó Hermione a su amigo.

—Tú confías en él y yo confío mucho en tu sentido común. Además, tú no entregas tu amistad a la loca.

—No siempre fue así, Harry —dijo la chica con tristeza.

—Lo sé —aceptó él exhalando con fuerza—. Pero aprendimos de nuestros errores. Ahora lo importante es que esa desquiciada mujer no vaya a intentar algo en tu contra. Yo me sentiría mucho más tranquilo si Malfoy supiera...

—Definitivamente no, Harry. Los pocos que lo saben siempre me miran con lástima. Yo aprecio muchísimo la amistad de Draco y no quiero que cambie solo porque sabe los sórdidos detalles de mi matrimonio con Ron —le rebatió ella. Así que allí estaba todo el meollo del asunto. ¿Qué había pasado? ¿Qué era tan grave que la afectaba tanto aun después de tanto tiempo? Quizás tenía que ver con niña porque la loca mujer de Weasley hacía de su hija un punto de honor entre ella y Hermione.

—Pero eso te carcome el alma —afirmó Harry y Draco vio cómo Hermione se apartaba de él para replicarle indignada. Su amigo no le permitió decir nada, siguió hablando con la voz un poco endurecida—. Sabes que no lo has superado. Lo sabes muy bien. Y no lo harás hasta que aprendas a confiar en una pareja. No todos los hombres somos iguales.

¿Somos?, se preguntó Draco, sintiéndose muy incómodo por la perspectiva de que San Potter pudiera ser un potencial pretendiente de Hermione. Una cosa era comprender la cercanía que tenían por ser amigos de la infancia y otra muy diferente que quisiera iniciar algo más íntimo con su amiga.

—No puedo, Harry. No me pidas milagros —replicó ella. Draco dejó salir el aire que sin darse cuenta había estado reteniendo en los pulmones. Era un alivio saber que no estaba considerando a nadie, él pondría a trabajar todas sus cualidades Slytherin para colarse bajo su piel sin que ella se diera cuenta.

—Después de casi siete años, pedirte esto no es pedir milagros, Hermione. Has dejado pasar demasiado tiempo sin tomar cartas en el asunto.

Hermione suspiró. Sus hombros se hundieron ligeramente en un gesto cansado y se acomodó de nuevo en los brazos de Harry, hundiendo su rostro en el cuello de su amigo. A Draco se le apretujó el estómago por los celos. Sí, eso era, puros y llanos celos. Y él mismo se sintió sorprendido por lo visceral de su reacción.

—Un paso a la vez —dijo ella entonces con la voz un poco ahogada en el cuello de su amigo—. Lo primero es que yo no me corte cada vez que vea a esa imbécil cerca de mí. La niña venía muy grave, Harry y en cuánto vi a esa mujer y comenzó a gritarme estupideces, mi cabeza se nubló por completo. Luego solo pude ver cabezas pelirrojas hablando descontroladas. Si Draco no hubiera tomado el control, esa pequeña se me habría muerto en las manos... Es más, no sé si ha muerto o no. El Sanador Donovan me pidió que me retirara.

Y se echó a llorar de nuevo.

Draco consideró que ya había escuchado suficiente y que ese era el momento oportuno para entrar sin levantar sospechas. Tocó suavemente a la puerta y la empujó ligeramente.

—¿Hermione?

Ella se puso de pie de un salto en cuanto lo escuchó llamarla, como si no quisiera que Draco la encontrara abrazada a Harry, quien solo frunció ligeramente el ceño cómo haciéndose a sí mismo una muda pregunta. El Slytherin asomó un poco la cabeza por la puerta sin entrar del todo y ella se limpió las lágrimas con rapidez. Harry miraba de uno al otro, un poco intrigado por el comportamiento de ambos.

—Estoy aquí, Draco —respondió ella.

—¿Puedo pasar? —preguntó aparentando que no sabía que Harry ya estaba allí dentro. Los sanadores hombres y mujeres respetaban los espacios de los casilleros porque algunos, en medio de sus agitadas jornadas, los usaban como zonas para cambiarse. Si entraban sin llamar, bien podían sorprender a alguien escaso de ropa.

—Sí.

Draco empujó la puerta por completo y entró. Se detuvo en cuanto a vio a Potter sentado allí. Se dijeron sus apellidos mutuamente a modo de saludo y él se volvió hacia Hermione.

—¿Te encuentras bien? —preguntó sin esconder la preocupación que sentía en ese momento.

—¿Cómo está la niña?

—Yo pregunté primero —dijo él frunciendo el ceño.

—Lo que te responda depende en gran medida de lo que tú me digas a mí —replicó ella cruzándose de brazos.

—Manipuladora.

—He tenido un buen maestro.

Harry no pudo evitar sonreír divertido ante la situación. Es cierto que al inicio de los estudios de Hermione tuvo sus reservas en cuanto a Draco y a Blaise, pero con los años habían aprendido a soportarse cuando coincidían con Hermione. Aunque eso no pasaba con frecuencia, porque ella trataba de no mezclar su vida estrictamente personal con su trabajo en el hospital y cuando sucedía, todos se trataban con mucha diplomacia, demostrando que ya no eran los críos inmaduros del colegio.

Además, luego del fiasco del matrimonio de Hermione con Ron, él había decidido que trataría de no complicarle la vida a su amiga innecesariamente. Por eso nunca le cuestionaba su amistad con Draco, aunque comenzaba a sospechar que allí había algo más. Algo de lo que quizás ni Hermione ni Malfoy eran conscientes.

—La niña está estable —afirmó Draco y Hermione dejó salir un inmenso suspiro de alivio—. Y se quedará en el hospital por algunos días...

—¡No puede ser...!—exclamó Hermione completamente horrorizada ante la perspectiva de encontrarse otra vez con Damiana Weasley por los pasillos del hospital. Se volvió para ver a Harry, quien tenía una expresión mortalmente seria—. ¿Cuánto tiempo estará ingresada? —le preguntó a su colega.

—Todavía no se sabe. Primero investigaremos si el paro cardíaco de hoy le ha dejado secuelas permanentes y luego le haremos análisis para diagnosticar qué enfermedad le provocó este ataque —le explicó Draco.

—Eso puede tardar unas dos semanas como mínimo —calculó Hermione.

—Pediré una pequeña licencia en mi trabajo. No te preocupes —le aseguró Harry, quien se puso de pie y se acercó a su amiga. Le pasó el brazo sobre los hombros y le dio un apretón amistoso. La soltó en cuanto vio la mirada helada de Draco posada sobre él y se sentó de nuevo en la banca comprendiendo que sus sospechas eran acertadas—. No creo que haya problemas con Robards porque no he tomado vacaciones en mucho tiempo y en este momento no estoy asignado a ningún caso relevante.

—¿Te vas a instalar en el hospital mientras esa niña se encuentre aquí? —le preguntó Draco impresionado por las medidas un poco desesperadas que Harry estaba tomando para proteger a Hermione.

—Por supuesto.

—¿Y alguno de ustedes se va a dignar a explicarme lo que está sucediendo?

Hermione le vio con aire culpable. Pero simplemente no estaba lista para contarle la nefasta experiencia que había vivido junto a Ron y lo que había sucedido con la mujer que se decía su esposa.

—Draco... yo... —comenzó a decir ella. Las palabras murieron en sus labios. Verla dudar sobre si debía decirle o no lo que sucedía hizo que las entrañas se le revolvieran todavía más por el coraje.

—Si Potter vendrá aquí como tu guarura personal, es porque la mujer esa es capaz de hacerte daño y no me refiero solo a los chillidos que dejó salir ahora en la Sala de Emergencia. ¿No crees que yo debería saber lo qué está pasando? — le recriminó sin poderse contener. Ese era un reclamo de pareja, no de amigo. Si antes Harry creía estarse imaginando cosas, ahora tenía la seguridad de que el sentimiento entre ellos era mucho más fuerte que una simple amistad. Solo que ellos todavía no se habían dado cuenta.

Hermione se puso a la defensiva por el tono que el Slytherin estaba usando. ¿Con qué derecho le cuestionaba si le decía o no sobre los Weasley?

—No te pongas en ese plan, Draco —le pidió con seriedad.

—¿Por qué no? ¿Es porque yo no tengo ningún derecho a saber lo que está pasando? ¿No puedo saber por qué esa loca te trata de esa manera y ninguna de las comadrejas hace nada para imperdirlo? ¡Creí que éramos amigos, Hermione! —dijo Draco, yéndose por la tangente porque con rapidez se dio cuenta que se le había pasado un poco la mano con el reclamo.

—¡Y lo somos!

—Pues tienes una extraña manera de demostrarlo —replicó Draco haciéndola sentir culpable.

Harry se aclaró la garganta y los otros dos volvieron a verlo. A pesar del altercado entre Hermione y Draco, la expresión de Harry era afable. Acababa de hacer un descubrimiento importante y estaba decidido a darles una mano. Comenzando en ese mismo momento.

—Creo que lo mejor es que dejemos las explicaciones para después —dijo.

—¿Perdón? —Draco parecía querer estrangularlo.

—Sí. Los dos están muy cansados, terminando un turno que según me comentó Hermione ha estado muy movido y el último paciente la ha dejado a ella al borde de un colapso nervioso. No creo conveniente que en este momento remueva cosas de su pasado que son tan dolorosas.

—Harry... —dijo Hermione en un tono de advertencia. Draco inhaló profundamente y comprendió que el otro tenía razón. Si la presionaba mucho, lo único que conseguiría sería alejarla de él, arriesgando su amistad.

—No estoy mintiendo, Hermione. Aún te duele y mucho.

—Es probable, aunque creo que es por razones muy diferentes a las que tú supones.

—Es probable —concedió Harry—. Por eso, lo más conveniente es que todos nos vayamos a casa. Yo llevaré a Hermione a su apartamento—anunció en cuánto adivinó las intenciones de Draco de escoltarla él—. Y luego yo me iré a tramitar mi permiso de trabajo.

—Si no te importa, Hermione, también me gustaría acompañarte a tu casa —dijo Draco dirigiéndose directamente a Hermione. Potter podía meterse sus intenciones por el c... no, debía imponerse calma. Era el exceso de cansancio, eso seguro. El otro se estaba comportando bien pero él necesitaba saber dónde hallar a Hermione en caso de una nueva urgencia.

—Draco...

—Con eso me quedaré tranquilo —insistió y luego levantó su mano derecha tratando de aligerar el ambiente—. Prometo solemnemente que no llegaré a horas insanas ni provocaré visitas innecesarias.

Hermione sonrió al fin.

—Está bien —aceptó.

Los dos sanadores se fueron a sus respectivos cambiadores y Harry se quedó esperando en el pequeño vestíbulo, para luego irse a dejar a Hermione.

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