CAPÍTULO 2: JACK SPARROW BUSCA AYUDA
- ¡¡¡¡Maldición!!!! – exclamó el capitán del Perla Negra al descubrir que ahora era capitán de un barco desaparecido.
- Capitán, - dijo un pirata – el barco no está.
- Pues claro que no está, Avispado, lo han robado – obvió Jack - ¡¡Maldición!!
Jack Sparrow movió la cabeza a ambos lados, tratando de pensar, estaba bastante hecho polvo. ¿Ahora de donde podría sacar un barco para su propósito?
"Bien – se dijo – si en necesario buscaré a Will y le pediré un préstamo, quizá aún le quede algo de nuestro último botín."
Y con este pensamiento positivo agarró a sus compañeros de travesías y se dirigió caminando rumbo al hogar de Will, maldiciendo entre dientes y murmurando cosas como que un pirata no debería caminar nada más que para entrar en una taberna.
Will Turner era un joven apuesto moreno, de recortada perilla y sonrisa encantadora. Vivía en Port Royal, aunque ahora había aceptado su vida como guardián de su amiga de la infancia Elsabeth de la que tanto se había enamorado. En una ocasión, años atrás, había ido a salvarla de manos del malvado capitán Barbosa acompañado por Jack Sparrow, aunque esa era ya otra historia.
Ahora, el intrépido Will había escalado en la guardia real y era un hombre importante, aunque, en el fondo, echaba en falta las aventuras junto a sus compañeros de saqueo. Eso era lo que más anhelaba.
Poco podía saber él que toda la tripulación del Perla Negra se presentaría ante él aquella semana.
Era más o menos medio día cuando Will paseaba despreocupado por el puerto, fue en aquel momento cuando se vio asaltado por un hombre que le puso un cuchillo en al cuello.
- No digas ni una palabra o te hago un nuevo agujero para respirar – le dijo el hombre que lo apresaba.
- De acuerdo. ¿Qué quieres, Jack? – dijo Will que reconocía en un abrir de ojos el estilo propio de su amigo de correrías.
- Bueno, yo como siempre, qué le vamos a hacer. Salvo por un pequeño incidentillo, jejeje.
- ¿Qué te ha pasado?
- Oh, nada, me han robado el Perla Negra.
- ¡¡¿Otra vez?!! – se sorprendió Will.
- Sí, otra vez, no pongas ese tono.
- Jack.
- ¿Si?
- ¿Podrías soltarme? Me gustaría mirarte a la cara mientras me cuentas qué ha ocurrido y qué haces aquí.
- Oh, sí, por supuesto, Will, perdona.
Will hizo pasar a Jack a su casa mientras el resto de la tripulación se perdía en una taberna de mala muerte, que era lo que a ellos les gustaba.
Aún a pesar de que Will era un tipo fino, Jack pasó de sus modales y se sentó en la silla de madera con los pies sobre la mesa, bebiendo a morro de una jarra de vino mientras hablaba de lo que ocurrió con su barco.
- ¿Cuál es el tesoro esta vez y cuál es el problema?
- ¡¡Oh, vamos, Will¿Por quién me tomas? El tesoro es fácil de encontrar y no tienen maldiciones ni nada por el estilo.
- Ya. ¡Que nos conocemos, Jack!
- Que no, el problema es que esta en una isla y que yo no tengo barco. ¿Te queda algo de efectivo?
- Me temo que estoy tan mal o peor que tu. No tengo nada más que para mantenerme. Tendremos que hacer algo para fletar un barco.
- Es una idea. ¿Tendremos? – Jack le miró con ojos relucientes – Entonces¿me acompañas?
- ¡Pues claro que si¿No pensarías que si había un pastel que repartir no iba a querer un trozo?
Jack suspiró profundamente y miró a su amigo.
- ¿Qué he hecho contigo, Will? Te he convertido en mi…
Ambos amigos rieron dispuestos a empezar una nueva aventura.
