Capítulo 2: Medio millar de muertes
Correr por un anden lleno de gente, no era lo que se dijera, una gran idea. Eran las ocho y media, y ya hacía tarde a lo que tuviese que hacer. Realmente, ya no importaba. Lo único que sabía, es que esos tipos iban a hacer estallar, de un modo u otro, los metros de la ciudad, y que el tipo raro del sombrero le había pedido que le ayudará. Al principio le había parecido convincente, pero, al ver huir a los tres le había entrado el pánico. Si pueden hacer estallar un metro, ¿Qué le harían a él? Quizás una de las razones por las que solo se había decidido a seguir a uno. Al fin y al cabo, tendría más posibilidades de conseguir algo, y más aún de seguir con vida. ¿Quién le mandaba a él adentrarse en estos "frega'os"?.
Finalmente consiguió salir del anden, y encaminarse por unas escaleras en las que no había gente. La figura se había quedado quieta en medio de estas. La poca luz que había en el lugar le daba un toque tétrico a la situación.
-¿Y esto es lo que envían? ¿A un niñato? ¡Oh, vamos!-Dijo la voz. Era la de una chica. Algo mayor que él, pero joven también. Un destello de luz, y ante él había ahora un Mightyena. El perro negro dejó ir un gruñido furioso hacía él, y el destello le dejó ver a la chica momentáneamente.
-¿Un pokémon?-Murmuró. Entonces sonrió. No tenía ningún problema en enfrentarse a un pokémon. Hacía años que entrenaba pokémon, por lo que abrió desde su mano su pokéball, liberando al monstruo que habitaba en ella.
Era un Smeargle. Irónicamente, otro perro, con el pelaje blanco y con un rostro bastante estúpido. Movía frenéticamente su cola, cuya forma final parecía un pincel. Pintura verde caía por esta.
-¡Finta!-Gritó la chica sin dejar tiempo a que el chico dijera algo. Y, ayudándose de la oscuridad, el Mightyena apareció debajo del pokémon normal, y simulando hacer un ataque por debajo, le clavó sus zarpas en el perro blanco por arriba.
Sorprendido por la violencia del ataque del pokémon, Reub hizo dos pasos hacía atrás. ¿Cómo podía ser un ataque Finta tan devastador?
-Vaya, un crío del campo.-Dijo ella con una risa.-¿Me imagino que nunca has visto el poder de un ataque pokémon de verdad, no? Los ataques normales de los pokémon que usáis en las competiciones deportivas no pueden ser tan devastadores, ¿Verdad? Eso es lo que ocurre cuando los combates son simplemente amistosos. Estos no.-
El pokémon de Reub hizo dos pasos hacía atrás, y le mostró a su amo la herida que tenía en la cabeza. Sangraba. Además de que el pokémon mostraba lágrimas en los ojos.
-Realmente patético. ¡Triturar!-
-¡Cuidado Smeargle!-Gritó Reub-¡Esquema!-
El Smeargle saltó hacía atrás haciendo una torpe voltereta en el aire mientras movía frenéticamente contra el suelo su brocha-cola, dibujando algo que se parecía al Mightyena haciendo Triturar, al mismo tiempo en que las mandíbulas de este le agarraban a la cola con fuerza. Al ver eso, el entrenador hizo devolver al herido a su pokéball, antes de que el oscuro perro le arrancará la cola. Lo veía capaz de ello.
-¿Se puede saber porque me seguías, chaval?-Dijo la chica, al ver como a Reub se le palidecía la cara, mientras andaba de vuelta hacía el anden.
-Me lo habían dicho. No me...-Dijo mientras otro destello luminoso iluminaba el lugar. Las escaleras tenían unas pequeñas manchas rojas por el lugar, seguramente ocasionadas por el perro, y en el suelo se podía observar el dibujo sin terminar del Smeargle.
De la explosión lumínica apareció un Koffing. Su nombre salió por la boca del mismo, alargando la letra "i". En ese momento, el aire empezó a llenarse de polución.
-Ah, eso es lo que yo llamo una buena jugada-Tosió la chica al ver como por los poros del pokémon veneno no paraba de salir ese humo asqueroso.-Espera que adivine tu jugada... me has hecho creer que eras un enclenque mientras preparabas esto... al estar en un espacio cerrado, el Koffing me dejará sin aire para respirar y así me podrás atrapar...-
-¿Eh?-Dijo Reub, mientras pensaba que él tan solo había sacado a su segundo pokémon, aunque, la opción que le había dado la chica era buena. Por lo que se sintió con suficiente energía como para contraatacar.-Sí, claro. Y ahora... Koffing, ¡Gas venenoso!-
El Mightyena saltó hacía arriba mientras empujaba momentáneamente su cabeza hacía atrás, y descargaba un rayo de energía contra el pokémon contaminante.
-¿Hiper Rayo?-Gritó él sorprendido. Empezó a andar hacía atrás, mientras observaba como el rayo impactaba contra el pokémon, lo mandaba hacía el suelo, y, como este aún tenía fuerzas como para hacer saltar por los aires parte del pavimento, así como ocasionar una fuerte explosión en el lugar.
La onda expansiva lo tumbó hacía atrás, ocasionando que la pokéball que sujetaba saliese disparada hacía el anden. Algo la paró.
-Tarde...-Comentó una voz.-Suerte que he detectado esto. Anda chaval, nos vamos.-
La voz era de una chica. El impacto contra el suelo lo había dejado algo perdido, pero lo único que sintió es el suave gruñido de un pokémon, y como todo su cuerpo cambiará de lugar.
Y, sin darse cuenta, estaba en otro lugar. No era la estación de metro donde se había enfrentado a la entrenadora esa, sino en un lugar donde había un montón de luces pálidas. Era una sala, ni muy grande, ni muy pequeña. En primera instancia, se había dado cuenta de que estaba en un lugar rodeado de ordenadores. Muchos de ellos. Parecía como si estuviera en una sala de comunicaciones. De fondo, se oían ruidos procedentes de procedimientos internos de las máquinas, o de otras cosas que ahora no tenía sentido de interesarse por ellas.
-¿Dónde estoy?-Preguntó. Se levantó del suelo. Alguien dejó caer una pokéball. Él la cogió al vuelo. Era su Koffing. Quién lo había hecho, era una chica. Tenía el pelo largo, y teñido en varios colores, entre los que destacaba el fucsia y el negro. Estaba sentada en un sillón, mientras acariciaba a un Espeon. Vestía con una camisa negra de tirantes, por encima de la cual llevaba una especie de capa-bufanda que le llegaba hasta más allá de las rodillas por detrás, lugar por el que también terminaba una falda negra. Unas medias del mismo color terminaban (Aparte de las botas). También llevaba un cinturón, el típico para estos casos, con pokéballs y todo eso.
-Mejor que no lo sepas. De hecho, tampoco te lo diríamos. Sino ya no sería un secreto. Primero de todo, mis disculpas. Negro es así, se dedica a darle el trabajo pesado a los demás...-
Se oyó otro ruido, y por la puerta entró otra persona. Reub recordó ese sombrero, era el del Ranger Negro.
-Si hubiese tenido algo que hubiese podido parar las pokéballs con temporizador, encantado le hubiese dado ese trabajo.-Dijo este. Se quitó el sombrero, y mostró su rostro. Estaba serio, y parecía afectado por algo.-Escaparon... ¿No?-
-Sí. ¿Has sentido las noticias?-Dijo ella.
-No, no he tenido tiempo. El problema de poner tres explosivos en un metro es que no se puede pasar de vagón en vagón, por lo que el trabajo es triple para salvar a esa masa que no mueve ni un dedo para salvarse. Eso si, después exigen su salvación.-Dijo mientras agarraba otra butaca (De cuero, de espalda alta. Las típicas de señores del mal) y se sentaba en ella, dejando ir un suspiro.-Han ganado el asalto, ¿No es así Espe?-
-Medio millar de muertos en varias explosiones simultáneas de metros de todas las lineas. Yo creo que sí.-Dijo ella.
-Podrían ser más. Ah, no. Me corrijo. Serán más. Esto es tan solo una distracción. Ya sabes lo que buscan.-Dijo tranquilamente, mientras Reub, en el suelo, no se enteraba de nada.
-¿Qué es lo que buscan?-Preguntó Reub-¿Qué ocurre aquí?-
Los dos se quedaron mirando al invitado. Espe miró a Negro y pareció decirle con su cara algo parecido a "Creo que tenemos que contárselo". El le contestó asintiendo.
-Chico... ¿Tu sabes como se creó el mundo?-Dijo con toda tranquilidad, como si no fuese con él.
-Mmmm... supongo que por lo del Big Bang y todo eso, no?-Dijo el sin estar seguro.
-Bueno, podríamos empezar con eso. Sí, se podría decir que fue así. Pero a la vez no. La teoría más expandida explica que por aleatoriedad se produzco una implosión en la no-materia que creó lo que todos conocemos como "Big Bang". Otros dicen que, fue un pokémon. Exactamente Arceus. En parte es cierto. Y en parte no. Se dice que Arceus es el único ser vivo que puede vivir en la no-materia (O falso vacío). La no materia podríamos decir que se trata del espacio que hay entre universos. Podríamos decir que es como la nada del multiverso. Se dice, o al menos esa es la versión que más me creo, que Arceus fue el que hizo que se originará el Big Bang, y que, en su regocijo por haber creado este universo, se instaló en uno de esos planetas, al que se llama "Génesis". Allí creó a todos los pokémon, o eso dicen las mitologías. Esta parte no me la creo, y tampoco voy a profundizar en ella. Pero bueno, llegamos a la parte sustancial, y es que se supone que "Génesis" se destruyó por una causa cualquiera (Las religiones ya tienen su plantel de ideas estúpidas para poner), y estos pokémon tuvieron que emigrar a un planeta. A la Tierra. Este planeta sirvió como su refugió, y se supone que Arceus esparció 17 piedras para que todos los tipos pudieran sobrevivir en este planeta. Las cuales, fueron cogidas por los tribales humanos y según la cultura popular se tallaron formando las 17 tablas de tipo. Claro esta, los trozos de piedra restantes se perdieron por todo el mundo, y las tablas son guardadas por aquellos que creen en la leyenda. Muchas están en museos, y algunas están en posesión de señores ricos que no tienen mejor cosa que hacer que gastarse un dinero que podría emplearse en erradicar el hambre del mundo...-
-No te enrolles y ves al grano.-Le gritó Espe, lo cual hizo que Negro hiciera una mueca.
-Bueno, pues que esta organización creé en la leyenda. Y como se dice que si se reúnen las 17 tablas será como un llamamiento para que Arceus aparezca...-
-¿Y para que quieren que Arceus aparezca?-Preguntó Reub absorto por la historia que le estaban contando.
-Para capturárlo. Si consiguen al Pokémon "creador", nadie podrá derrotarlos. Y oh, que típico, conquistarán el mundo. Cosa que no entiendo... Todo el mundo sabe que el mundo esta hecho una mierda, pero siguen habiendo locos que se creen que pueden conquistar el mundo. ¿Acaso sabrían controlarlo?-
Espe se levantó de su asiento y ayudó a Reub a alzarse del suelo (Aunque este se hubiese sentado en el mismo) mientras de fondo se oía a Negro quejarse por todo.
-Tu asimila lo importante. Quieren las tablas para capturar a Arceus, las tonterías de este loco con demasiado tiempo libre ignóralas. Aún hablaría más si le muestras interés.-
-¿Y porque me lo contáis?-
-Tu ciudad va a ser destruida para atraer toda la atención del mundo para que ellos puedan hacerse con una de las piedras. Y, desgraciadamente, van a hacer lo mismo 16 veces más en otros lugares con tal de conseguir todas las piedras. Y, ya que lo has ayudado una vez, nos ayudarás otra vez.-Dijo ella, amablemente.
-¿Y que he de hacer?-
-Reúne a un grupo de entrenadores pokémon lo bastante amplio como para poderles plantar cara a la orden de los entrenadores negros (Es como le llamamos a los que han hecho estallar los metros), pónles un nombre, y actuad como si lo hicierais por voluntad propia. Vamos a jugar con su distracción, creando otra.-
-Vamos, que os van a usar de cebos. Pero a lo mejor podréis salvar vuestra ciudad de la destrucción, porque no creo que un grupo de tres personas pueda con todo.-Dijo Negro mientras se giraba hacía uno de los ordenadores y empezaba a aporrear el teclado.
-Lo dicho, que este es imbécil. Si queréis salvar la ciudad, tendréis que hacerlo vosotros (Nosotros os ayudaremos), pero, es imposible que atacando con las armas normales se pueda hacer algo.-
-A no ser que uses un Mewtwo-Dijo con total tranquilidad Negro, antes de que le lanzarán algo parecido a una zapatilla a la cabeza. Este la recibió.-Lo irónico es que se lo tengamos que decir a un grupo de críos. Pero bueno, como ocurre con los mangas, si quieres que algo salga bien, dejáselo a un grupo de críos.-
La chica se giró hacía él, como si fuera la típica escena de serie de comedia, y este se calló, siguiendo con lo que estaba haciendo.
Y entonces, Reub vio como un Espeon se acercaba a él.
-Piensa en el lugar donde quieras estar. Y allí estarás.-Le dijo la chica.-Y cierra los ojos.-
Y él le hizo caso. Cerró los ojos. Y cuando los abrió, estaba en la entrada del metro donde había quedado con sus amigos.
