"– Oh dios mío, Bones (asumiendo que ese será mi nuevo nombre de ahora en adelante) ¡Actualizaste súper rápido! Omg, ¡Eso quiere decir que puedo esperar que todas tus actualizaciones sean así!"
A esto yo tendría que responder que NO. Este capitulo ya lo tenía desde hace mucho y en compensación (aunque una muy mala) de que Cumbres Borrascosas fuese sustraído, pensé que estaría bien si subía este capítulo inmediatamente. A partir de aquí tengo que ponerme a escribir nuevamente (al igual que en Distintos Caminos), así que como siempre, es agradezco infinitamente la paciencia que tienen al esperar las actualizaciones ^^
,ø¤º°°º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸, En OtRaS ViDaS ¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸,
Capítulo I
El reloj despertador sonó puntualmente como cada día. Y como cada día, sacó una de sus manos de entre las sabanas y apagó la alarma, dejando nuevamente que el silencio se hiciera dueño de la habitación.
El sol comenzaba ya a asomarse por las ventanas que se encontraban con las cortinas atadas, por lo cual la iluminación entraba sin problema alguno, pero pese a ello, se permitió continuar cómodamente acostado unos momentos más. Cuando finalmente se decidió a salir de la cama, hizo a un lado las mantas y se incorporó, tallándose el ojo izquierdo con uno de sus puños mientras bostezaba; sólo entonces se dio cuenta de que junto a su pierna, de entre las sabanas, se asomaba un sospechoso objeto de color verde.
– ¡Aniki!
Y el silencio había sido roto nuevamente mientras Sasuke Uchiha se levantaba de la cama bruscamente, sosteniendo en una de sus manos un pequeño dinosaurio de felpa.
Aquel dinosaurio le pertenecía desde que era un niño. De los juguetes que tuvo en su tierna infancia, únicamente quedaba como prueba ese muñeco de felpa, el cual había decidido conservar por razones que a veces ni él mismo entendía. El dinosaurio -sin nombre- había estado guardado en un armario por los últimos años, sin embargo hacía poco, Itachi Uchiha, el hermano mayor de Sasuke, lo había encontrado por casualidad mientras buscaba unos sellos en la habitación del menor. Desde entonces, Sasuke a veces se levantaba algunas mañanas para toparse con el hecho de que su hermano se escabullía en su habitación, sacaba el muñeco de felpa de su escondite y entonces lo colocaba junto a él.
– Eres de lo peor –comentó hacia la nada–.
Más resignado que otra cosa, Sasuke avanzó unos pasos en su habitación y entonces colocó el muñeco sobre una repisa donde tenía otros objetos. A esas alturas la única forma de detener a Itachi sería deshaciéndose del peluche... pero lo cierto era que el Uchiha menor era incapaz de hacer tal cosa, por lo que realmente ya no tenía caso el esconderlo.
Sí, aquella tenía la apariencia de ser otra mañana común. Bostezando nuevamente, Sasuke comenzó a quitarse el pijama, empezando así a alistarse para el día que le esperaba; muy poco tardó en mudarse de ropas y pronto estuvo listo para salir, aunque antes de ello se acercó a la mesa que se hallaba en una de las esquinas de su habitación, donde únicamente se estaban colocados dos portarretratos y el protector de Konoha que le había sido entregado hacía no mucho.
Sasuke -a sus doce años- finalmente se había graduado de la Academia de Konoha, siendo el número uno de su clase. Desde luego, como "desgraciadamente" no había completado su educación en un año -o menos-, no consiguió entonces que su padre pareciera especialmente interesado en sus logros escolares... aunque honestamente no era algo que lo sorprendiese, porque en los últimos años parecía que no importara lo que hiciera, era incapaz de conseguir que su padre le diese el mismo tipo de reconocimiento que a Itachi. El Uchiha menor admitía que incluso hubo una temporada en la que sintió que realmente odiaba a su hermano, porque deseaba enormemente que Fugaku le diera el mismo tipo de atención que le brindaba al mayor. Pero el pasar del tiempo consiguió que Sasuke, incluso a su corta edad, madurara lo suficiente como para entender que aquella preferencia no era culpa de Itachi.
Además, era bastante difícil odiar a un hermano que está al pendiente de su bienestar, trata de animarlo cuando se encuentra decaído, hace todo tipo de cosas para hacerlo feliz y siempre que tiene la oportunidad, le dedica todo su tiempo libre. Así simplemente no se puede odiar a gusto.
De ese modo, tomando como cada mañana el protector de la aldea, Sasuke procedió a amarrarlo en su frente, dándole un vistazo algo desinteresado a las dos fotografías que se encontraban en la mesa. En la más reciente de ellas, aparecía él al lado de los compañeros con los que había sido colocado para formar un equipo, junto con el maestro que les asignaron. La otra era más vieja y fue tomada en un evento escolar un poco más de un año antes de su graduación; allí aparecía él junto a Itachi, ambos sonriendo hacia la cámara... sin embargo, era lo que se encontraba en el fondo lo que siempre había llamado la atención de Sasuke, pues cuando la fotografía había sido tomada, por mera casualidad en aquel momento otro alumno se encontraba caminando a cierta distancia en compañía de su madre, la cual tenía tomada de una mano mientras que con la otra mano parecía señalar algo que se hallaba fuera de vista.
Habiendo terminado de colocarse el protector, Uchiha entonces tomó el portarretratos donde se encontraban su hermano y él, aunque como siempre, lo único en lo que podía concentrarse era en el alumno que por un despiste salía en la fotografía también: aquel chico se trataba de Naruto Namikaze, el hijo del Cuarto Hokage, quien se había graduado el año anterior, debido a que iba en un curso superior al suyo.
Sasuke había conocido a Naruto hacía unos años, por una casualidad del destino. En su momento le había parecido que podría darle a su madre una respuesta diferente cuando le preguntara si había hecho algún amigo; la intención había durado muy poco debido a que Sasuke se dio cuenta de que su prospecto para amigo estaba completamente fuera de su alcance. Siendo el hijo del Hokage y la jefa del Consejo, Naruto era prácticamente inalcanzable para él; pero tan testarudo como era Sasuke, se había decidido a que mejoraría hasta el punto en el que estuviera a la altura del Namikaze menor.
Y mientras continuaba religiosamente con su arduo entrenamiento, Sasuke también había tomado la costumbre de observar a Naruto a lo lejos, a una distancia prudente que lo dejara pasar desapercibido. Sus años de observación en diferentes lugares -como la Academia, las calles, el campo de juegos, las ceremonias oficiales y hasta el restaurante favorito de Naruto-, de algún modo le fueron dejando conocer poco a poco detalles significativos del hijo del Hokage.
Naruto no era especialmente un prodigo, como al comienzo había pensado, sino que se dedicaba a entrenar con absoluta entrega. Si bien era cierto que sus padres guiaban su entrenamiento, era la determinación de Naruto lo que al final le hacía alcanzar el éxito.
Era obstinado, lo que en ocasiones resultaba tanto bueno como malo. Pero aun en su obstinación, el rubio tenía las mejores intenciones. A pesar de ser hijo del Yondaime y la Consejera Mayor, jamás presumía de ello; si bien era cierto que gustaba de fanfarronear, nunca lo hacía a costa de sus padres, sino de sus propias habilidades, aunque estas en ocasiones pudiesen llegarle a fallar. Estaba decidido a ser Hokage. Esa era una de las primeras cosas que siempre le dejaba saber a las personas que conocía por primera vez. La cantaleta eterna de Naruto es que si su padre era un buen Hokage, él iba a ser aún mejor.
Siempre que tenía la oportunidad, solía hacer pequeñas cosas que otros shinobis no se tomarían la molestia de realizar, como pararse a ayudar a ancianos, buscarle refugio a animales abandonados, enseñarles algún truco a los niños que se lo pedían u ofrecerse de voluntario para hacer entregas en el hospital. El amor que Naruto le tenía a Konoha y a su gente podía llegar a ser cegador. Tan cegador como su lealtad y su sentido del deber. Metiéndose a dar la cara cuando veía alguna injusticia o como el rumor que había corrido por la aldea, de que los pasados exámenes chunin en Suna, en una prueba de supervivencia que debía de ser individual, Naruto se había negado a dejar atrás a los otros genin de Konoha, ingeniándoselas -con ayuda de sus compañeros que habían formado equipo con él al graduarse de la Academia- para que todos llegasen a la fase final.
Estas cosas y más habían hecho que con el tiempo Sasuke comenzara a admirarlo, convirtiéndolo en su modelo a seguir e inspiración, haciéndole desear el que algún día él pudiera pararse a su lado, como un igual. Desde luego, todo eso era algo que sólo Sasuke sabía y que nunca diría en voz alta, ni siquiera bajo tortura. Su deseo de ser amigo de Naruto o la admiración que sentía por él, eran un secreto y así planeaba mantenerlo.
Así pues, dejando la fotografía nuevamente en su lugar, Sasuke procedió a iniciar con un nuevo día. Como cada mañana, se despidió de su madre; su padre, típicamente, no estaba a la vista, del mismo modo en que Itachi tampoco se encontraba, pero su hermano había tenido la atención de dejarle el desayuno preparado a manera de saludo matutino -eso y el peluche que insistentemente colocaba en la cama-.
Y también, como todas las mañanas, al llegar al punto de reunión con sus compañeros, Sasuke ya estaba preparado para soportar la misma rutina de todos los días.
Cuando el Uchiha menor se graduó de la Academia y se le asignó como miembro del equipo siete, tuvo que darse un manotazo en la frente.
Tobio Kishimoto, el primero que fue nombrado después de él, no suponía un problema. No era especialmente sobresaliente, pero tampoco era un inepto, así que no sería una carga. Sin embargo, cuando Sakura Haruno fue mencionada después, Sasuke no dudó en levantarse y replicar, porque Sakura no se distinguía precisamente por ser la alumna más prometedora y por encima de todo, era una chica por la que Uchiha sentía especial desagrado, siendo que ella formaba parte de su indeseado club de admiradoras y en los últimos años no había hecho otra cosa que atosigarlo. Sus quejas, sin embargo, no sirvieron de nada y al final terminó atascado con Sakura en el mismo equipo. Así que Sasuke hizo lo único que podía: le dijo que no le gustaba y que debía de dejarlo en paz o de lo contrario comenzaría a ignorar su existencia por completo. Después de eso, Sakura ciertamente disminuyó sus intentos de agradarle o conseguir que pasara tiempo con ella, pero no se rindió del todo.
Sasuke hubiera querido decir que lo único rescatable de su equipo era el jounin que les asignaron como encargado, pero sería mentir. Kakashi Hatake se alejaba mucho del concepto de maestro ideal. Y ni hablar sobre lo puntual.
Así que la rutina diaria consistía en esperar en el lugar acordado, con Sakura a veces haciendo tentativos intentos de hablarle -o de acercársele-, mientras que Tobio solía llenar el silencio comentando acerca de sus misiones anteriores y de alguna cosa relevante en ellas. Y el tiempo de espera no era seguro, porque Kakashi tenía la mala costumbre de llegar tarde la mayoría de las veces.
Pero no ese día. Ya que apenas habían pasado unos minutos desde que Sasuke llegase, cuando Kakashi se apareció frente a ellos en medio de una explosión de humo.
– ¡Yo! –saludó gustosamente Kakashi, levantando su mano derecha– Que gusto da ver que todos ya están aquí.
– Lo que da gusto es que hoy no te hayas perdido por el camino de la vida, Kakashi-sensei –respondió Tobio, acomodándose el protector de la aldea–.
– Oh, eso es porque hoy es un día muy especial –contestó, cruzándose de brazos–.
– ¿Especial? –preguntó con curiosidad Sakura– ¿Vamos a hacer algo diferente?
– Exactamente –dijo, con una sonrisa que se adivinaba bajo la máscara que usaba– Hoy van a tener una prueba sorpresa.
– ¡¿Eh?!
La expresión que pusieron los tres alumnos fue suficiente como para saber que la sorpresa no estaba sólo en la prueba.
– Pero calma, calma –dijo, bonachonamente, moviendo sus manos de arriba abajo, para enfatizar sus palabras– No se preocupen, es una prueba de campo. Vamos a poner en acción lo que aprendieron en la Academia y en estas semanas como equipo, así que tendrán que trabajar juntos para conseguir su objetivo.
– Entonces ¿Es como una misión? –habló Tobio–.
– Hmn –Kakashi se llevó la mano derecha al mentón, en un gesto pensativo– Sí, como una misión... verán, otro camarada de la aldea, un chunin, será puesto a prueba también. Él no sabe que va a ser examinado, así que parte de su misión es que él no se dé cuenta de sus intenciones.
– ¿Y cuáles intenciones son esas, Kakashi-sensei? –habló finalmente Sasuke–.
– Van a quitarle un pergamino –dijo jovialmente– Esta mañana le han dado un rollo para ir a entregarlo más tarde. Deben de obtener el rollo sin que él lo note, así que para eso necesitan un buen plan y poner en práctica sus mejores técnicas de sigilo.
– ¿Qué pasa si nos descubre? –preguntó la única kunoichi presente–.
– Si él no se da cuenta de que están intentando tomar el pergamino, supongo que pueden intentarlo nuevamente. Pero si no, entonces fallan la prueba y seguiremos teniendo misiones rango D por un tiempo.
Tobio y Sakura dejaron salir un suspiro ante eso, ya que aunque las misiones de rango D no eran difíciles, tampoco eran especialmente divertidas... limpiar el sótano de alguien o arrancar malas hierbas en un jardín no eran actividades muy interesantes que se dijera.
Y Sasuke compartía la idea, porque aunque sabía que todos los genin comenzaban de esa manera, aun así le parecía absurdo dejar que su tiempo continuase desperdiciándose en actividades tan vanas. Si aquella era la oportunidad para librarse de seguir realizando actividades inútiles, él no iba a dejar que por ningún motivo se le escapara, así eso implicara que realizara la misión sin ayuda, teniendo en cuenta que de los tres él era el mejor.
– ¿Cómo luce ese pergamino, Kakashi-sensei? Y más importante ¿A quién se lo tenemos que quitar? –cuestionó con absoluta seriedad, cruzando los brazos-.
– Buenas preguntas, Sasuke... déjame ver, el pergamino se encuentra en un contenedor de color negro. Se lo acaban de dar hace poco, así que seguramente si se apresuran y lo encuentran, quizás aún lo lleve encima. Y sobre quién es...
Kakashi sonrió, cerrando su ojo visible -ya que el otro se encontraba cubierto por el protector de la aldea que llevaba cruzado a mitad de la frente-, se llevó las manos a la cintura y cuando habló, su voz sonó entusiasta.
– Creo que alguno de ustedes lo debe de conocer... es Namikaze Naruto, el hijo del Hokage.
Naruto, hijo de Minato Namikaze y Kushina Uzumaki. Número uno en su generación de la Academia. Experto en la utilización del Kage Bunshin. Que hizo contrato con el Jefe Sapo, Gamabunta. Ahijado del sannin Jiraiya, quien fue el encargado de dirigir el equipo trece, al que Naruto pertenecía. Ascendido a chunin en el último examen en Sunagakure, junto con sus otras dos compañeras de equipo: Shion Sugiyama y Amaru Takeuchi. El único, además del Yondaime y Jiraiya, que era capaz de realizar la técnica denominada como "Rasengan".
Naruto, que amaba el ramen, arrastraba una muletilla cuando hablaba, tenía un monedero en forma de rana, le encantaba el color naranja, cuidaba de las plantas del jardín de su casa y que hacía que a Sasuke le diera un vuelco en el estómago cada vez que lo veía sonreír.
Sí, Sasuke conocía a Naruto. Lo conocía muy bien.
Continuará...
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Aunque Kishimoto nos quitó el SasuNaru, el hecho de que en primer lugar nos lo dio nunca podrá ser olvidado, así que en su honor, Tobio (que espero, todo mundo aquí sepa quién es este personaje) lleva su apellido xP
»»- "Hay malvados que serían menos peligrosos si no tuviesen ninguna bondad..." -»
