Tu pelo
Desperté casi desorientado. El reloj en la mesa de noche me indica que son las siete apenas, es un domingo de invierno, el sol no sale aun y no puedo volverme a dormir... esto es lo peor.
Me levanto helado, el frío que hace basta para que cualquiera necesite más que una pijama fresca para entrar en calor, en medio de la oscuridad de la habitación tomo lo primero que encuentro y me lo pongo encima, me queda algo grande y es cuando la tenue luz de la lámpara me hace descubrir que lo que esta cubriéndome no es mío.
Es ese suéter azul tuyo que tanto me gusta. Huele a tu perfume, guarda el calor de tus manos... creo que, por esta vez, no voy a quitármelo.
Vuelvo a la cama y apago la lámpara, tú aun duermes... Debes estar exhausto entre las guardias, la escuela y el trabajo. No puedo evitar exhalar un suspiro al verte respirar tenuemente, luces definitivamente inocente, casi adorable, ¿pero que estoy diciendo? ¿Adorable tú? No puedo estar tan enternecido al verte, tengo un orgullo que mantener... soy el demonio Kamijou, no puedes resultarme adorable.
No puedes manipularme luciendo así de indefenso, tú no puedes...
Maldición que tierno te ves, eres casi irreal. Tengo que tocarte para convencerme que no eres producto de una fantasía o un sueño, porque mirarte así me hace creer que eso eres, un sueño, un delirio... y si despierto y no estás aquí, creo que podría morir de dolor; aunque no te lo diga.
Suavemente tus largas y finas pestañas negras descubren tus enormes y profundos ojos azules. ¿Nunca te he dicho cuanto me tranquiliza tu mirada? No, creo que no. No puedo decir esas cosas así... es increíblemente vergonzoso.
— ¿Hiro?— ¡Rayos me descubriste! no me mires así, no me hables así... no me sonrías así. Las mejillas me arden, debo estar rojo como una manzana... grandioso, una vez más quebraste mi orgullo ¿estas contento con eso? Idiota.
— ¿No puedes dormir?
Claro que no puedo dormir ¿Quién podría hacerlo cuando puede apreciarte así? ¿Cuándo fue la última vez que dormimos juntos? ¿Cuándo fue la última vez que desperté y aun estabas allí? ¿Quince días, un mes casi? Sólo sé que el tiempo sin ti pasa tan lento... insoportablemente lento.
—Nowaki, tengo frío— Ahí tienes tu respuesta. No puedo simplemente pedirte que me abraces, menos pedirte que me tomes... es demasiado embarazoso, por eso he tenido que inventarme este código; pero más vergonzoso que pedirte directamente que me estreches entre tus brazos es que entiendas lo que quiero decir con esto y lo que respondes cada vez que te lo digo.
—Hiro, eres lindo— susurras mientras me atrapas entre tus brazos y otra vez los colores se suben a mi rostro. ¿Cómo puedo resultarte lindo? Tengo más de treinta años, mis alumnos me temen, suelo lanzarles libros ¿Sabes? ¿Cómo alguien que hace eso puede resultarte lindo?
—cállate, yo no soy lindo... Idiota.
—Pero lo eres— No me mires así, no te acerques más, rayos Nowaki ¿Por qué eres tan irresistible?
Puedo leer perfectamente en tu mirada lo que pretendes y lo peor de todo es que en el fondo quiero que lo hagas... era toda la idea desde el principio.
—Hiro, ¿este es...?
Sí, es tu suéter y sí, yo lo llevo puesto. Mocoso engreído... sabes que te quiero, sabes que te deseo ¿Que más quieres de mí?
—Fue lo primero que encontré.
—Hiro...
No puedes imaginarte cuánto te quiero. Y mientras tus labios se acercan a los míos siento como los relojes se detienen.
Y de alguna forma quedo bajo tu cuerpo, atrapado entre tus brazos, con tus manos en mi pelo, con tu mirada descarada sobre la mía y con el corazón a punto de salirse de mi pecho.
Y tengo que corresponderte, porque me resultas irresistible aunque nunca te lo diga, porque con tus caricias vas borrando cualquier signo de que yo soy el adulto en esta relación y de que tú eres un chiquillo impulsivo y pervertido que siempre tiene ganas.
Pero en el fondo quiero que este momento perdure para siempre, que el tiempo no exista, porque desde que te conozco te has vuelto todo en mi mundo, eres indispensable, irremplazable... Una vida es poco para mí.
Y el calor de tus manos sobre mi es tan conocido, pero siempre es como si fuera nuevo, erizándome la piel, robándome el aliento. Y tengo miedo, miedo de que la forma cómplice en la que nos queremos se apague algún día; producto de la rutina y de la distancia.
Tengo miedo de no volver a ver la forma tan descarada en la que tus ojos me desvisten, gritándome que me deseas, pero al mismo tiempo que me amas. Hazlo, mírame más de esa manera, rompe mi orgullo, Nowaki.
Los gemidos se escapan de nuestras gargantas como plegarias de amor; siento que la forma en la que nuestros cuerpos se estrechan puede traducirse como si nos prometiéramos miles de cosas. La forma en la que me besas, en la que me abrazas, en la que me tomas llevándome al cielo cada vez que hacemos el amor es tan sublime que me quema el corazón, pero es un fuego que no duele, que no daña. Es dulce, enternecedor, es conmovedor y al mismo tiempo es apasionante, excitante... Me haces anhelarte desesperadamente, no es justo.
— ¡Nowaki!— tengo que llamarte, de alguna forma debo expresarte todo lo que me haces sentir. Exteriorizar la forma en la que mi cuerpo se estremece al compás de tus movimientos sobre él, como nuestros corazones se sincronizan, latiendo al unísono. Desechando toda percepción del tiempo y del espacio.
Y de nuevo te acercas a mi pelo, y clavas tu mirada en la mía. Esa mirada tranquila como el mar de madrugada, ahora adornada por ese brillo que desprenden tus ojos cuando pasas del niño inocente al hombre posesivo, demandante... y exageradamente sensual.
Sólo la eternidad me alcanzaría para amarte.
—Hiro. Te amo.
—Yo también te amo... Nowaki.
Tu mi vida, lo eres todo para mí.
Esta es la segunda canción del playlist, y, pues como el título lo indica... es Tu Pelo a cargo de La Oreja de Van Gogh... espero les haya gustado... siempre son bien recibidos sus comentarios; así que pueden dejarlos sin miedo.
