±Palabras varias±
*Sorpresa:
Chase, desesperado por otra cosa que no fuera Wuya y en su muy intenso (y muy raro) periodo de apareamiento, se vio forzado a recurrir a Spicer.
Fue una gran sorpresa que el pelirrojo aceptara su pedido fuera de lo común de esa manera tan complaciente, y aún más lo mucho que disfruto del hecho en sí.
*Terror:
- ¿Spicer? ¡¿Spicer?! ¡Jack!- gritó a la figura desvalida en sus brazos, la mancha de sangre haciéndose cada vez más grande- ¡Respóndeme! ¡Jack!
Con el más abyecto de los terrores notó como el corazón del pelirrojo se detenía y daba su último respiro.
Chase saltó de la cama como un rayo, el corazón palpitándole aceleradamente en el pecho, y salió a los pasillos de su ciudadela corriendo hasta llegar al cuarto que buscaba (¿por qué rayos estaba tan lejos?) y abrió la puerta dando un portazo.
La pálida figura en la cama se levantó a medias dando un respingo.
-¿Q- Qué pasa, Chase? – dijo Jack todavía medio dormido.
El lord dragón, dándose cuenta de lo ridículo que debía de verse recién levantado y asustado por una simple pesadilla, se sonrojó e intentó poner una cara de seriedad.
-No es nada, vuelve a dormir, aprendiz- dijo antes de retirarse.
Aún sobre la vergüenza que sentía se prometió que aquella pesadilla jamás se cumpliría.
*Amistad:
-Oh, por favor, Omi y yo solo somos amigos.
Un gruñido.
-Lo siento si es un poco amoroso, ¿pero cuándo he demostrado yo interés por niños cabezones y con pésimo vocabulario?
Otro gruñido.
-No seas hipócrita, Chase, tú eras el que tenía una obsesión con él- le dijo con cierta molestia- ¡Ahora sabes lo que yo sentía!
-Touche- admitió el pelinegro a regañadientes- pero no voy a permitirme perderte- aseguró jalándolo hacía sí con posesividad.
-No tienes que preocuparte, mi autoritario y posesivo dragón- respondió con suavidad- es solo amistad.
*Monstruo:
A Jack siempre le había aterrado la idea del Coco, aquel monstruo que se escondía en los armarios y devoraba niños, que debía ser horrorosa y malvado como un demonio.
Por eso mismo fue una sorpresa oír una voz profunda y masculina preguntar desde la oscuridad, casi con preocupación:
-¿Por qué lloras, pequeño niño?
Demasiado adolorido para preocuparse por ser, muy posiblemente, devorado, respondió entre sollozos.
-L-Los chicos… e-en la es-escuela… me h-han golpeado.
-¿Por qué?- inquirió la voz y esta vez vio un par de ojos dorados brillando con enojo.
-D-Dicen que me veo… c-como un demonio.
Un quedo gruñido se dejó oír, pero cuando el Coco le habló, su voz seguía siendo suave.
-¿Quieres vengarte? Yo puedo enseñarte, solo tienes que venir conmigo- ofreció el monstruo, saliendo de entre las sombras.
Al pequeño niño le asombró encontrarse con un hombre vestido elegantemente, de largo cabello negro con destellos verdes y ojos dorados parecidos a los de un gato.
No tuvo que pensar mucho (las constantes burlas de los otros niños, la envidia de sus profesores, las peleas de sus padres) para aceptar la mano que le tendía el Coco y seguirlo a las profundidades del armario.
*Árbol:
En aquel momento el mundo podía sumirse en un caos total, podía haber un desgarre dimensional o una paradoja cósmica y no le importaría en lo más mínimo mientras pudiera seguir acostado en el regazo de Jack, mientras este se recargaba en un árbol.
*Blancura:
Chase siempre había vivido en un mundo de oscuridad, por lo tanto era un cambio refrescante la blancura del pequeño Jack.
Su piel brillaba en los largos pasillos del mundo que habitaba el ente, que era conocido por los humanos como el Coco.
Era el ser que le daba un poco de vida y felicidad al demoniaco lugar. No obstante, Jack también tenía venas malvadas; y si no le creían que preguntaran a los confundidos maestros que encontraban a los compañeros de Jack pegados al techo murmurando aterrados algo sobre un demonio de ojos rojos.
Sí, había sido buena idea llevarse a aquel niño.
*Fantasma:
Chase simplemente no podía creerlo… Jack no podía… no podía estar muerto… era imposible.
Sus piernas se negaron a seguir funcionando, y se derrumbó en su trono.
Sí tan solo… si tan solo no… hubiera dejado que… se fuera en aquella tormenta.
Gruñó con frustración cuando el reloj dio las 2, la hora en que Spicer siempre llegaba para su visita diaria.
El silencio le oprimía los oídos y no pudo evitar soltar un sollozo largo y lastimero, más propio de un animal que de un hombre; su dragón también lamentaba la pérdida.
Casi deseaba que el fantasma de Jack le guardara rencor y volviera para maldecirlo. Todo con tal de volver a verlo.
*Ternura:
No debía, no debía, un sentimiento tan bajo como la ternura no debía ser sentido por un poderoso Lord dragón como él.
Pero qué más podía sentir cuando entero de que su Jack se había pasado toda la tarde recolectando flores de tonos oscuros para hacerle una corona.
*Libre:
-¿Qué nos van a liberar?- repitió Jack sin poder creérselo.
Los demás nutrias asintieron felizmente.
La pequeña nutria albina dejo ver una enorme sonrisa y sin perder un momento se lanzó al agua.
Siguiendo el pequeño tubo que conectaba con el hábitat vecina (lo había descubierto en sus primeros días en zoológico) llegó a donde un enorme réptil disfrutaba de los últimos rayos de sol.
-¡¿Adivina qué, Chase?!- exclamó Jack casi saltando en su lugar.
El cocodrilo abrió sus ojos dorados sin intentar responder, conocía muy bien a la nutria como para saber que lo diría son que él preguntara.
-Nos van a liberar- anunció Jack emocionado- me muero de ganas por ver dónde solías vivir.
-Ya lo había oído- dijo Chase, su voz no denotaba emoción alguna- pero esa propuesta es solo para ustedes, las nutrias y otros mamíferos; no incluye a los reptiles.
La sonrisa de Jack se borró en un instante.
-Y aunque no fuera así, somos de distintas regiones, sin mencionar que en la naturaleza una relación como la nuestra nunca podría ser- concluyó el lagarto.
-¿Eso quiere decir… que ya no podremos volver a vernos?- inquirió la nutria con voz quebrada.
-Sí.
- ¡Pues yo no pienso irme a ningún lado!- exclamó el pequeño mamífero haciéndose un ovillo junto al cocodrilo, sabiendo que ya no había humanos que los vieran y pensaran cosas raras- ¡primero dejo que me comas antes que irme!
El réptil se quedó asombrado unos instantes antes de dejar ver una sonrisa de dientes afilados y rodear al otro con su cola.
-Aprecio el sentimiento.
Convenientemente, olvidó decirle que debido a su albinismo (lo cual era una sentencia de muerte en la naturaleza) él no se iba a ir a ninguna parte.
