-"Bienvenidos a San Francisco."- avisó una voz a través de las bocinas. Me levanté con rapidez mientras me frotaba los ojos. No sabía qué hacer con aquella información que la voz me había dado, no sabía sí era real o no pero no me atrevía a oponerme. La verdad es que aquella voz me producía escalofríos por todo el cuerpo, no tenía las fuerzas para negarme a ser su esclavo.

Toma tu maleta y vámonos de aquí

¿A qué motel se suponía debía ir? Me pregunté…sin embargo no le di mucha importancia, seguramente aquel demonio sabía perfectamente hacia dónde ir. Caminé algunas calles hasta llegar a un edificio que parecía se iba a caer a pedazos, era de noche así que no se distinguía bien pero parecía que las paredes habían sido pintadas con un gris pálido que me recordaban a alguien enfermo, tenía grandes ventanas y bueno…no era un lugar en donde alguien que no fuese adicto a las drogas, asesino o delincuente eligiera para descansar.

-"Son 20 dólares la noche. El baño creo que funciona bien, no hay desayuno, ni hielos ni nada complementario. Fumigamos la semana pasada así que no deberías tener problemas con las cucarachas o ratas."- me dijo la recepcionista mientras mascaba con la boca abierta una goma de mascar. Suspiré, le entregué el dinero y me dirigí a mi habitación. Si las paredes de la parte exterior tenían un color bastante feo, por dentro era peor. La habitación tenía manchas de pinturas por doquier, pareciera que hubieran querido pintarlas pero la intención les duró poco tiempo y mejor desistieron. La cama era pequeña y se veía vieja, a lado había un pequeño mueble con algunos cajones. Ni siquiera quise ver el baño esa noche, era mucho para mí.

Abre el tercer cajón

No era ninguna sorpresa lo que iba a encontrar ahí, efectivamente como él me había dicho una bolsita de plástico me esperaba. La tomé y la miré con detenimiento: -"No sé cómo hacer esto."-

Una risa malévola invadió mi mente…

Ábrela, vacíala un poco sobre aquel escritorio…haz una línea y simplemente inhala. Vamos, Malik…nadie puede ser tan idiota.

Me sentí ridiculizado, no era mi culpa que no supiera acerca de drogas… ¿cierto? Mientras hacía lo que se me había pedido comencé a recordar las conductas delictivas que había hecho por culpa de la voz. La voz se alimentaba del miedo, mío y de los demás aunque me había dado cuenta que no le gustaba causarme tanto miedo ya que después de todo, él vivía a través de mí y sí me fracturaba mentalmente él perdería completamente el poder sobre mí…pero oh, pobre de los demás. Desde niño atemorizaba a mis compañeros, los amenazaba con matarlos, con despedazarlos, con abrirles en cráneo y esparcir su cerebro por el suelo…por supuesto ningún padre de familia estaba contento conmigo. Increíblemente, mi hermana Ishizu siempre me apoyó, la muy inocente se negaba a aceptar lo que pasaba conmigo hasta que un día lo vio con sus propios ojos y fue cuando me dejó en manos de los médicos.

Claro, jamás revelé estas conductas con los médicos, al menos no específicamente. Sí ellos me preguntaban: ¿Alguna vez has querido matar a alguien? Yo respondía: No. Si preguntaban: ¿Alguna vez has golpeado a alguien? Yo respondía: Sí. No podía negar absolutamente todo lo que pasaba conmigo porqué se darían cuenta fácilmente que mentía pero podía manipular la información. Curiosamente, todo el desprecio de la voz era dirigido hacía los humanos, nunca me hiso maltratar o matar a algún animal, al contrario. En secundaria había un adolescente que se iba al terreno vacío de al lado de la escuela a buscar a una perra que estaba embarazada, la pateaba una, dos, tres veces hasta que comenzó a sangrar. Creo perdió a una de sus crías y eventualmente murió por una hemorragia interna pero mi voz ese día fue bastante clara: "Golpéalo hasta que sangre, hazle pagar por lo que hiso, después de que lo hayas golpeado busca varias ramas de preferencia con espinas…más bien con espinas, después véselas insertando por el recto hasta que sangre también. Después déjalo ahí."

Yo no quería hacerlo, la orden me producía nauseas pero sabía que no podía desobedecer porqué la voz era más poderosa que mi espíritu y lentamente había logrado invadir mi alma con su tinta negra, con su esencia maquiavélica.

Encontraron al chico días después muerto por hemorragia interna. Si lo veo objetivamente, se lo merecía y murió de la misma manera en la que el mató.