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Disclaimer: Esta historia es completamente de mi imaginación, utilizando los personajes del mangaka Masashi Kishimoto-san
Espero que sea de su agrado.
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CAMINO NINJA DEL SENTIMIENTO
Creer amar y aprender a amar son dos cosas distintas.
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• DÍA #0 •
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La recepción pasó más lento de lo que ambos hubieran pensado. En ningún momento pudieron alejarse el uno del otro debido a la mirada gélida del Líder Huyga, quien debía soportar la desmesurada carga de su hija al obligarla a casarse con ese muchacho sin poder confesar las trampas que utilizaron los ancianos en su contra para que se llevara a cabo.
— Esto es tan molesto. —Limitó a expresar con leve enfado mientras tiraba del cuello del kimono ceremonial masculino oscuro que lo hacía lucir muy varonil y atractivo. Ella posó su ojos en él por menos de un segundo antes de seguir con un rostro decaído por recordar a Naruto; nunca regresó, siquiera, para felicitarla.
— Hinata-sama. —La voz de su dulce cuidador provino desde un costado. — La habitación ya está preparada para que ambos descansen. —ella respondió con una mohína sonrisa al saber que su niñero se había percatado del estado en la presente ceremonia.
— Gracias, Ko-san, pero no me encuentro fatigada. —expresó sin ese característico tono tímido–alegre; de todas formas su tono sonó amable y respetuoso. Su condición completa estaba carente de toda chispa de esperanza; acto que deprimía a su niñero.
— Pues yo sí. —manifestó Sasuke colocando una mano en el suelo para incorporarse y ausentarse de aquella hipócrita fiesta. — Todo esto me tiene harto.
Antes de poder dar un paso lejos de ella, el Líder del Clan, Hiashi, se colocó delante de ambos para dirigir unas palabras a los invitados.
— La pareja agradece su presencia al matrimonio. Ahora se retiran a sus aposentos. —Hiashi realizó una reverencia que los asistentes imitaron. La mirada severa de su padre sobre ella era la indicación precisa para acompañar a su esposo y evitar habladurías en ambas Ramas; con ello desapareció entre los demás.
Volteó, pero Sasuke ya no estaba a su lado; o en la sala.
Antes de poder notarlo ya se encontraba delante de la puerta de su alcoba; ubicada en el ala más alejada de la residencia. Tocó un par de veces y no recibió respuesta. Volvió a tocar y seguía todo en silencio. Así decidió abrir la puerta con sigilo creyendo que él se encontraba en el cuarto de aseo, pero contempló confundida el actuar del muchacho; colocaba sobre unas almohadas un par de sábanas en el extremo opuesto de la habitación.
— Creí que… no había nadie. —comentó a tono bajo mientras cerraba la puerta con cuidado de no hacer ruido.
— Es nuestra habitación. —respondió algo sarcástico. — Dudo que alguien más llegue esta noche.
Sasuke terminó de arreglar su cama improvisada, tomó unas toallas del estante y la vio de pie, observándolo desconcertada por la acción realizada con las cobijas y, quizá, por el comentario. Suspiró fastidiado y rodó los ojos sabiendo que debía aclarar ciertos puntos si ahora vivirían juntos.
— Mira, Hyuga. Esto del matrimonio me sorprendió tanto, como el hecho de saber que la designada eras tú. Si hubiera analizado un poco más la opción de prisión perpetua, créeme, hubiera preferido pudrirme en el calabozo a casarme contigo.
Su respiración se detuvo en breve al saber que, la posibilidad de terminar el resto de su vida en la mazmorra más cruenta, era mejor que verla como una compañera digna. La expresión que mostraba la unión forzada en lugar de herirla, la frustraba, pues ese comentario sólo le mantendría presente siempre que la persona a su lado, por el resto de la vida, no sería Naruto; su primer amor.
Él prosiguió.
— Todo esto es culpa de quienes realmente dirigen la aldea. ¡Estúpidos viejos! Creen que no capté la idea de tener un hijo con una Hyuga. —Hinata no pudo evitar demostrar asombro. — Sí, lo que oíste. —repitió con indiferencia. — Ellos sólo buscan un descendiente de los dos clanes más poderoso de Konoha.
— Pero… ¿Por qué?
— Poder, Hyuga. —interrumpió cansado de ver lo lenta que era. — Es lo que busca toda aldea.
Dicho eso último, caminó al cuarto de baño y cerró la puerta.
Todo fue tan rápido… Tan inesperado... Tan devastador…
Tomó asiento al borde de la cama con delicadeza, y algo de torpeza, debido a los ropajes nupciales. No se había fijado que estaba en su noche de bodas por tener la cabeza tejiendo las marañas dichas por el Uchiha, las cuales poco lograba comprender por estar en un cuadro decepcionante y triste de sueños rotos.
A su mente llegaron recuerdos de la pasada semana. Aquella noche, cuando con tanta emoción quería entregarle la bufanda tejida por sí misma a Naruto. Pero este, junto a su equipo, había ido a recibir a Sasuke luego de dos largos años de viaje. Observar el rostro alegre de su amado sólo la llenó de gozo y, sin querer interrumpir esa felicidad, regresó a la mansión; reunir todo ese valor le tomaría unos días.
Fue justo dos días después que, sin previo aviso, su padre convocó a todo el Clan —rama Principal y Secundaria— para anunciar que en cinco días, a partir de ese momento, ella se casaría con el mejor amigo, y rival de infancia, de su adorado chico con ojos azules. Quedó en shock.
Le había tomado mucho tiempo, pero al final había logrado que su padre la reconociera una vez más no sólo como heredera, sino como hija. Ella sabía que siendo la futura cabeza del Clan aparecerían decisiones difíciles de tomar como… Jamás se imaginó que su re-aceptación en la familia, costaría el amor de su vida.
Llevaba poco más de veinte minutos sentada, meditando. Hinata pensó que en realidad a Sasuke nunca lo perdonaron luego de la Cuarta Guerra, no sin una gran consecuencia de por medio. Quizá, él tenía la obligación de volver en ese lapso de tiempo para una nueva orden.
— Tal vez... Por eso Naruto-kun, y su equipo, lo esperaba en la entrada esa noche... —murmuró. — Dijo que preferiría haberse quedado en prisión. Puede que… —abrió los ojos al comprender lo que le deparó el destino luego de tantos crímenes.
No podía terminar todo con un simple perdón... ¿verdad?
El sonido de la puerta la obligó a levantar los ojos del suelo; Sasuke estaba con el cabello húmedo usando una bata de baño. — Oye, dile a uno de tus esclavos que me pase una muda de ropa para dormir. —sin pronunciar palabra alguna Hinata se levantó y caminó hasta un armario del cual sacó una camiseta oscura de su talla.
— Ko-san dejó todo preparado. —extendió la camiseta cuando él se acercó a ella. — Y aquí nadie es esclavo, Uchiha-san. Somos una familia.
— Claro. — dijo con sorna. — ¿Entonces cómo explicas la marca que posee la rama Secundaria de tu Clan? —ella contuvo el aliento al escuchar sus palabras mientras buscaba sus prendas para dormir. — No estaba seguro de si las líneas en la frente de tu sirviente eran... bueno. Tu reacción me lo ha confirmado.
Bajó la mirada con rapidez.
Satisfecho al haberla hecho sentir miserable por el trato a sus "iguales", regresó al cuarto de baño para vestirse.
Los ojos de Hinata fueron capturados por la sombra del chico. Levantó la mirada levemente para observar el brazo izquierdo del muchacho, o más bien, no verlo. Sasuke no aceptó el trasplante de células como lo había hecho Naruto... Sin poder evitarlo, pensó en su querido rubio una vez más y ello sólo la sumió de nuevo en la tristeza.
Apreció, con el rabillo del ojo, su muda de ropa. Sonrió y agradeció mentalmente a su querido Ko por colocar prendas anchas y acogedoras para descansar, sabiendo que al ser completos desconocidos no sucedería nada esa noche... ni ninguna otra. Sin embargo, no pudo evitar sonrojar al tener presente que estaba en la noche de bodas. Las palabras de Sasuke sobre tener un hijo también afectaron sus pensamientos.
Siempre soñó en tener un hermoso bebé en sus brazos al cual arrullar cada noche. Ahora era una mujer casada, pero no con el chico que ella imaginó por tanto tiempo, así como el bebé en sus brazos jamás sería rubio y de brillantes ojos azules. Ahora Sasuke era su esposo, pero de alguna forma no lograba imaginar un bebé de piel clara y cabellera oscura junto a su pecho. Él había dicho que el matrimonio era para obtener un descendiente. Si bien expresó que hubiera preferido la prisión a ser su esposo, jamás dijo que no quisiera tener un hijo con ella. Además, estaba el hecho de que había aceptado el matrimonio en primera instancia, lo que implicaba un descendiente.
Una mezcla se nerviosismo y preocupación invadió su mente. « Y si él... »
Sasuke estaba en todo su derecho de pedir familia, eran esposos al fin y al cabo; Ella no podía negar ese detalle, pero... ¿y si ella no quería tener un hijo? ¿Él sería capaz de forzarla? Sacudió la cabeza levemente para eliminar la idea de que él fuera capaz de hacer algo así... ¿No es así?
El sonrojo de sus mejillas despareció, transformándose rápidamente en una chispa de preocupación al pensar que entre tantos crímenes, uno de ellos pudo haber involucrado alguna mujer. « N-No... » Respiró profundo un par de veces para relajarse. Estaba siendo pre-juiciosa con él. No lo conocía en lo absoluto y lo único que sabía de él eran unos cuantos de sus crímenes; no debía juzgarlo sólo por ello. Naruto había ido tras él por su lazo fraternal, así que cualquier cosa que haya hecho Sasuke, jamás fue tan terrible como para borrar la amistad que siempre ofreció y defendió su amado rubio.
— Si Naruto-kun lo ve como familia, entonces Uchiha-san no es una mala persona. —exteriorizó con un susurro casi imperceptible.
Llegó a la conclusión definitiva con gran paz y sonrió en agradecimiento a la leve ayuda que le dio su análisis con la actitud de Naruto. Llevó las manos delante de su pecho y cerró los ojos al recordar la sonrisa brillante del Uzumaki. Brincó del espanto al descubrir que Sasuke ya había emergido del baño en sus prendas nocturnas mientras secaba su cabello con una toalla detrás de su cuello. — No soy de ese tipo de hombres. —respondió sin mirarla rumbo a su cama improvisada.
La vergüenza no tardó en hacer presencia en su rostro. ¿Tan fácil era leer sus pensamientos? Se cuestionó a sí misma, por primera vez desde la academia, cómo había logrado convertirse en chunin si sus expresiones faciales le permitía a los demás saber con rapidez lo que cruzaba su mente.
— No vayas a hacer ruido cuando termines de usar el baño. —volvió a percibir su voz grave.
Al voltear, vislumbró una manta hasta la mitad de su pecho y la espalda del joven. Ella sostuvo su muda de ropa, una toalla y entró al cuarto de baño. Con gran dificultad se quitó aquel kimono blanco e ingresó a la bañera; que se había llenado mientras se despojaba de sus ropajes. El agua tibia había sido el mejor relajante para ese exhausto día; olvidó la situación durante ese breve momento.
Regresó a la habitación después de cuarenta minutos dentro.
Se acostó con precaución de no hacer sonido, la respiración de él estaba armoniosa; claramente ya se había quedado dormido y ella haría igual. Colocó su cabeza sobre la almohada, dándole la espalda como él había hecho con ella. Sintió inquietud por un instante al pensar que compartía la misma habitación con un chico —el mismo que ahora era su esposo—, pero luego de recordar que había dormido en tiendas y habitaciones junto a sus compañeros, Shino y Kiba, cerró los ojos y la tensión en su cuerpo se dispersó poco a poco hasta lograr conciliar el sueño de una vez por todas.
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• DÍA #1 •
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El brillo del sol situado sobre sus ojos despertó sin saber la hora. Tomó asiento, observó las almohadas desparramadas y, sobre ellas, el chico de piel blanca y cabellos negros con la cobija sobre sus piernas y la boca entreabierta. Parecía estar cómodo. De alguna manera le recordó a Kiba y Akamaru cuando estos dormían, sólo que su amigo estaría babeando; cosa que Sasuke no. — No fue un sueño. —susurró casi sin aliento.
Se levantó con el cobertor en su espalda por el frío en el cuarto. No era de asombrarse, pues estaban en el mes más frío de la estación de invierno. Caminó a la puerta y volteó sólo para corroborar que la temperatura no parecía afectarle a Sasuke en lo más mínimo. Abandonó la habitación en silencio.
Llegó a la cocina sin encontrarse con nadie; contempló el reloj sobre la pared. — Es tarde... —faltaba un cuarto para las diez de la mañana, pero no es que tuviera planes para ir a algún lado. Tendría, junto al Uchiha, cinco días libres debido al matrimonio. ¿Qué iba a hacer con tanto tiempo de descanso? ¿Estaría bien visto si iba a entrenar por su cuenta? Y si no estuviera permitido, ¿Sasuke querría acompañarla?
Ambos estarían juntos el resto de sus vidas. Entonces, ¿estaría bien si ella quisiera mejorar la relación entre ambos? En ese momento, la cara de Naruto apareció en su mente y no pudo evitar entristecer.
— Será mejor que no muestre ese rostro frente a su padre... o esposo, Hinata-sama. —declaró la voz de su primo a su espalda.
— Nii-san... —levantó la mirada y sonrió con melancolía. — Buen día.
— Buenos días.
— ¿Cómo te fue en la misión? —comentó, intentando cambiar el tema.
— Bien, gracias por preguntar. Pero veo que en mi ausencia sucedió un acontecimiento inaudito. —miró a su prima con simplicidad, esperando que ella le contara lo que ya era noticia en toda la aldea. — ¿Se encuentra bien, Hinata-sama?
— S… Sí… —bajó la cabeza al responder, evitando el contacto visual.
— Lamento no haber podido estar aquí para apoyarla. —la desdicha por la suerte de su prima se reflejó en sus ojos.
Sintió que un nudo en su pecho subía por su cuello hasta atorarse en su garganta. La visión se tornó borrosa y un leve ardor apareció alrededor de sus ojos. Sin duda alguna, quería llorar. Llorar y no dejar de hacerlo hasta saciar el dolor en su interior. Agachó la cabeza lo suficiente para que el fleco cubriera sus ojos y cubrió su rostro. Neji se acercó a paso lento y firme, tomó su hombro con cuidado y la arrimó a su pecho, abrazándola algo tenso por ser la primera vez en ver a su querida prima en una situación tan dolorosa.
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El suave sonido de la alarma lo despertó al primer pitido. Miró el sitio con detenimiento y suspiró. « Claro, ya recuerdo. » Restregó sus ojos con la mano, se puso de pie y se estiró. La cama vacía y la puerta del baño abierta. Caminó hacia allí con leve pereza. — Hoy arreglaré esta estupidez. —comentó con un bostezo corto.
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Fueron unos largos y horribles diez minutos de dolor emerger a la superficie; su primo a su lado todo el tiempo. Pero no podía permanecer así. Debía pensar en el presente, no en lo que pudo suceder porque, ¿y si ella hubiera confesado sus sentimientos esa noche que fue en busca de Naruto? En ese momento no sólo habría dolor, sino vergüenza por haber tenido que casarse, sabiendo que Naruto conocía lo que sentía ella. — Es mejor así... —murmuró mientras preparaba el desayuno.
Cuando cortó el tomate recordó la bufanda en su recámara. ¿Qué haría con eso ahora? Le llevó más de un año aprender a tejer y un sinnúmero de fracasos el poder terminarla. ¿Debía votarla? Si lo hacía, estaría dejando en claro que se desprendería de los sentimientos hacia Naruto para siempre, y el sólo hecho de imaginarlo le causó una aguda punzada en su corazón.
— Vuelvo al anochecer. —expresó una voz desde la puerta principal que la tomó por sorpresa. Giró rápido y lo último que alcanzó a divisar fueron los cabellos negros de Sasuke antes de cerrar la puerta. Quedó con la palabra en la boca. Observó de perfil los ingredientes. Analizó qué haría con la otra porción de desayuno que estaba preparado. Acomodó su cabello tras la oreja y prosiguió con su acción. « No me saludó, pero sí avisó que regresaría... » Meditó mientras continuaba picando las verduras con cuidado.
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De tejado en tejado, con una velocidad impresionante, arribó en el departamento de su compañero. Golpeó la puerta con fuerza sabiendo que a pesar de la hora, todavía debía encontrarse en cama.
— ¡Ya voy, ya voy! Demonios… —abrió la puerta y apretó los párpados con fuerza un par de veces mientras rascaba una de sus pompas. — ¿Sasuke? Qué… ¿Qué haces aquí tan…? ¡Oe! —colocó su mano en la cara y lo empujó para entrar.
— No apareciste ayer.
— ¡Claro que sí! —manifestó mientras limpiaba su rostro después de que el Uchiha lo empujara. — ¡De veras!
— Me refiero después de ir tras Sakura. —nada bueno llegó a su mente para replicar, así que mantuvo el silencio. Sasuke lo observó con los párpados a medio cerrar. — ¿Y bien?
— ¿Bien qué?
— Espero tu disculpa.
— ¡Y por qué!
— Te fuiste al finalizar la boda, tarado. Las únicas personas que conocía en ese lugar eran Sakura y tú; obvio ella se iría antes. Creí que regresarías.
— Sí, bueno... —miró de un lado a otro buscando cambiar el tema. — Cómo... ¿Cómo te fue en la noche de bodas? ¡Eh! ¡EH! —preguntó introduciendo el codo en sus costillas y moviendo las cejas de arriba hacia abajo varias veces.
— No puedo creer que sigas siendo igual de estúpido.
— ¡Hey! —arrugó la frente al escuchar sus insultos. — ¡Yo sólo trato de...!
— No pasó nada. —interrumpió el azabache dejando al rubio mudo por la respuesta. — Ni pasará.
— ¿De qué estás...? —Sasuke lo volvió a interrumpir.
— Esto fue un error, Naruto. —suspiró bajando la mirada por un breve momento. — A mí no me atrae y es muy obvio que ella está interesada en alguien. —Naruto se sorprendió aún más.
— ¡¿En serio?! ¿Hinata-chan está enamorada de...? —una vez más fue cortada su oración y eso le molestó lo suficiente para arrugar su frente sin dejar la sorpresa de lado.
— Es molesto tener que decirlo, pero... Ne... Necesito tu ayuda. —la mandíbula del Uzumaki no podía bajar más o traspasaría el piso. — No me mires así y vístete, vamos a hablar con Kakashi.
— ¿Kakashi-sensei? —confundido caminó a su recámara. — ¿Para qué, o qué?
— Sólo cierra la boca y date prisa. —Naruto le tiró un zapato por ser tan arrogante, pero el Uchiha esquivó y terminó dándole a una pila de platos que cayeron al suelo.
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— Imposible.
— ¡Pero, Kakashi-sensei!
— Ya te dije que no soy tu maestro, ahora soy el Hokage y debes referirte a mí como tal. —el rubio apartó las manos del escritorio sin dejar de tener la frente arrugada. Kakashi suspiró tras su máscara. — El día de la reunión estuviste allí, ¿o lo ya lo olvidaste?
— ¡Claro que no!
— Bien. —una sonrisa llena de ironía se dibujó tras esa máscara. — Entonces que quede claro... para ambos. —las palabras fueron dirigidas al Uchiha parado junto a Naruto. — Hace dos años, Sasuke aceptó obedecer el dictamen de parte del Concejo de ancianos de la aldea con el fin de obtener el perdón del pueblo shinobi; sin opción a rechazo. —regresó los ojos al chico hiperactivo. — Intercediste por Sasuke, y pediste que se le diera permiso para ir a un viaje de redención, del cual regresó como lo había indicado. Ahora debe atenerse a las consecuencias.
— Kakashi-sensei, sabes que ese matrimonio no funcionará.
— ¿Cómo lo sabes? —ambos jóvenes abrieron sus párpados; Naruto más que Sasuke. El Hokage volvió a suspirar y se inclinó en el respaldar de su silla para más comodidad antes de continuar. — Los matrimonios arreglados se llevan a cabo todo el tiempo, Naruto; especialmente dentro de Clanes como el Hyuga. De esa manera se preserva la herencia sanguínea y los kekkei genkai siguen siendo puros. —realizó una pequeña pausa para tomar un poco del agua que le trajo su asistente. — No es que me agrade la idea de que los jóvenes se casen por veredicto de sus progenitores, pero las reglas dentro de Clanes tan antiguos, son una jurisdicción en la que el Hokage no posee voto.
— Kakashi...
— Mira, Sasuke. —interrumpió. — No quiero sonar como el Concejo, pero pudiste rechazar el matrimonio y permanecer en prisión. Acto que claramente no sucedió. —movió su mano levemente para reafirmar su punto. — No pienses que estoy en tu contra, pero no está en mis manos deshacer esa unión. Y veo muy difícil que, aún con Naruto de tu lado, el Concejo finiquite la orden dada.
Sasuke chasqueó la lengua en rechazo a sus palabras, cosa que le pareció divertida al hombre tras el escritorio.
— Naruto, sal un momento de la oficina.
— ¡Qué! ¡Pero, por qué!
— Obedece. —con madurez, y un dejo de queja, el rubio abandonó el lugar. Kakashi esperó a que la puerta cerrara completamente antes de hablar. — Hinata está enamorada de Naruto. —la sorpresa en su rostro emergió de golpe con un poco de reserva. Kakashi se reclinó en su silla y su mirada se dirigió al techo, evocando recuerdos. — Cuando estabas en la academia, la sed de venganza te impedía fijarte en algo que no fuera matar a tu hermano o... rivalizar con él. —indicando la puerta de su despacho con la mirada. — Pero para cualquier otro, incluso Sakura, era evidente que Hinata sentía algo por Naruto. A estas alturas, sólo un despistado cabeza hueca no se daría cuenta de ello. —apoyó los codos sobre su escritorio, separando sus pulgares al continuar con su discurso. — Y concordamos en que esa persona tras la puerta de mi oficina, no era la única en desconocerlo.
— ¿Por qué no me lo dijiste? —exteriorizó elevando su tono de voz levemente; casi de forma automática.
— Porque, después de haber sido asediado por chicas en la academia y tener a alguien como Sakura en el mismo equipo, creí que podrías reconocer los sentimientos femeninos. —el Uchiha arrugó la frente y el peliplata sonrió divertido. — Veo que mi corazonada falló esta vez.
— Lo hiciste a propósito.
— No veo por qué las quejas. —ignoró las últimas palabras de su antiguo discípulo. — Tu Clan preservaba su kekkei genkai por medio de matrimonios arreglados, y no recuerdo que tus padres se llevaran mal, ¿o sí?
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La afirmación, del ahora Hokage, lo dejó meditativo todo el día. Incluso mandó a volar al rubio cuando no paraba de hacer preguntas una vez que dejó la oficina. Durante su viaje no se había detenido a pensar en su hermano, menos en su familia.
Sentado en la rama más alta de uno de los árboles, en los exteriores de la aldea, se hallaba desde la mañana. Se sintió algo extraño tratando de recordar los momentos que pasó junto a su madre, padre… o ambos. Fue cierto que Fugaku Uchiha tenía un carácter difícil, pero nunca recordó que alzara la voz a su madre, ni que rechazara alguno de sus abrazos, o besos en la mejilla, luego de regresar de una misión.
Tampoco había olvidado como sonreía su mamá cuando su padre estaba cerca.
Despertar esas remembranzas dibujó en su rostro sereno una sonrisa ladina por tener presente a su difunta madre. Y no pudo evitar comparar su piel blanca y cabellera oscura con Hinata.
Entonces, llegaron memorias de la noche previa a la ceremonia de boda.
Ese día era como cualquier otro. Se levantó temprano y salió del departamento del rubio para no tener que presenciar lo asqueroso del lugar; ya que era más fácil enseñarle correr a un caracol que Naruto limpiara su departamento. Paseó por la aldea, bañada de una bella y fría capa blanca. No compró nada en particular más que unos onigiris para el almuerzo. Veía a las personas caminar con sus familias y cómo los niños jugaban con las bolas de nieve. Las miradas no tardaban en aparecer de manera sigilosa, pero no les daba importancia.
Fue cuando sintió la presencia de Naruto cerca de un parque, sin duda lo buscaba a él, y decidió tenderle una trampa infantil: un clon de sombras sentado en un banco. El rubio lo recibió efusivo con un brusco golpe en el hombro y el clon desapareció; Naruto maldijo en el proceso. Empezó a correr y Sasuke decidió pasar desapercibido entre la multitud, siguiendo de cerca a su víctima. Como si fuera un juego de niños.
Llegó el atardecer y el frío llevó al rubio a casa; agotado de buscarlo sin usar chakra. Sasuke quiso permanecer fuera de ese asqueroso basurero un rato más. El mercado era muy vistoso en esa temporada, así que decidió vagar por allí. Fue cuando se topó con Ino y Hinata platicando cerca de un puesto de dulces. No pensó en saludar, o si quiera cruzó su cabeza el hecho de que la muchacha de cabellera azulada era su prometida, por ello pasó sosegado sin intenciones de nada que no sea dar un paseo.
—... me cuesta comprender que te vas a casar con alguien que no es Naruto.
Esa sola frase le llamó la atención lo suficiente como para permanecer estático unos segundos más.
— Ay, querida... Si pudiera hacer algo, ¡créeme que no lo dudaría!
— Está bien, Ino-san. Sólo... procura estar cerca de Sakura-san cuando regrese. Ella necesitará de alguien que... —la rubia asintió y se despidieron con un largo abrazo. Él también abandonó el lugar sin ser visto.
Así fue como se enteró que la chica a la que había aceptado como esposa, ya tenía su corazón ocupado.
Rabia hacia sí mismo, mezclado con vergüenza por su gran estupidez. De tantas chicas y seguidoras que tuvo, o tiene, debía escoger a la Hyuga para el compromiso. ¡La única chica que realmente ha estado interesada en su atolondrado amigo desde que era un perdedor!
Suspiró y la brisa helada creó vapor. El sol apenas lograba apreciarse en el horizonte y la temperatura descendía precipitadamente con el pasar de los minutos. — El matrimonio de mis padres quizá sí fue arreglado, pero dudo mucho que mamá o mi padre hayan amado a alguien más en ese momento.
Y dejando ese pensamiento fuera de la aldea, y de su cabeza, desapareció en una nube de humo.
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El sonido de un golpe seco en el suelo del dojo retumbó después del ataque de su primo. — Creo que es suficiente por hoy, Hinata-sama. —extendió su mano hacia ella para ayudarla a levantarse del suelo.
— Gracias, nii-san.
— Ya es tarde, me retiro. Cuídese y cualquier cosa, sabe que cuenta con mi amparo y protección. —ella sonrió, y mientras Neji salía por la puerta corrediza ella movía su mano al aire con una leve y calmada sonrisa.
Después de preparar el desayuno, y al encontrarse sola en la mansión debido a las obligaciones y libertades de la Rama Principal, no se le ocurrió una mejor idea que pasar a casa de Neji para no desayunar sola. Durante la comida platicaron sobre cosas triviales del clima y los tipos de misiones que habían realizado en esos últimos meses. A la hora del almuerzo, Neji debía pasar por Lee y Tenten para visitar al Maestro Gai y llevarle algo del delicioso pastel de fresas que preparaba la castaña de armas.
Negó la invitación y se excusó con el deseo de ver al maestro otro día.
Para cuando terminó su comida en el silencio de la mansión, el timbre sonó y su primo apareció en la entrada con un pedazo del pastel de su compañera, para luego invitarla a practicar y mantener la mente ocupada; petición que le pareció maravillosa.
Así permanecieron hasta que el sol se ocultó.
La ducha estuvo relajante y al terminar recordó que Sasuke regresaría de, quien sabe donde, en breve; eso si es que ya no había llegado. Para cuando terminó de vestirse y llegar a la cocina, se topó con la presencia de alguien más. — Buenas noches… Padre.
— ¿Y tu esposo?
— No... no lo sé. —bajó la mirada al responder casi sin emitir sonido.
— No me decepciones, Hinata. Si la aldea empieza con habladurías sobre las condiciones del matrimonio sería una mancha para el Clan y... —cerró la boca a espera de que la advertencia llegara claramente a su hija; quien sólo asintió.
El Líder se retiró del lugar luego de dejar a Hinata con ese pesar. Permaneció con la cabeza hacia el suelo y la mirada perdida. Sintió una extraña sensación de mareo y un infrecuente abatimiento en sus hombros. El vacío del cuarto iluminado por el único foco encendido de la cocina parecía atenuarse, dando paso a la oscuridad invadiéndola como una espiral.
— De cierta forma, su carácter es como el de mi padre. —aquella voz profunda provino de una esquina oscura y eso le permitió salir de ese terrorífico trance.
— Uchiha-san. —susurró llevando su vista asombrada y avergonzada al saber que Sasuke presenció el trato que llevaba con su padre. — Bi... Bienvenido a casa. —respondió nerviosa y con una mueca extraña; semejante a una sonrisa.
— ¿Qué tan seguido cenan juntos? —preguntó a modo de burla mientras abría la puerta del refrigerador por algo de beber. Ella permanecía en silencio. — Mmm... Ya veo.
— Ti… ¿Tienes hambre?
— Sé cocinar. —indicó tajante al terminar de beber un poco de jugo de naranja.
— No quise decir que…
— ¿Siempre es tan frío este lugar? —apuntando lo vacío y silencioso del sitio. Hinata rascó su brazo, por sobre la manga de su abrigo con algo de pena, ignorando esa pesadumbre en sus hombros que entumecía su cabeza poco a poco.
— Todos poseen obligaciones y libertades para…
— ¿Cómo los de la Rama Secundaria? —algo de sarcasmo en su voz la hizo sentir peor, sabiendo que no todos los Hyuga podían hacer lo que quisieran y el silencio fue su única respuesta regresando su cabeza a una posición agachada para no mirarlo. El sonido de la silla en el comedor le orientaba el lugar de Sasuke. — Está claro que esto del matrimonio fue un error. Si estás enamorada del tarado, ¿por qué no se lo dijiste antes?
Sus ojos no pudieron abrirse más y el tono de su rostro adoptó un marcado tono carmín. La sonrisa de Naruto emergió en su mente y el adormecimiento creció a mayor velocidad.
— Creo que, tanto tú como yo, sabemos lo milagroso de ver a Naruto vestido cada mañana con lo despistado que es.
— Yo… U… Uchiha-san… No lo… —las palabras no podían unirse para crear una oración decente ante las aclaraciones de Sasuke, el dolor empezaba a ser molesto.
— Vi a Kakashi hoy.
— ¿Hokage-sama?
— A mí no me harán caso… Ya sabes por qué. —movió la mano en un gesto de obviedad. — Pero tengo la teoría de que si tú hablas con el Concejo, hay una alta probabilidad de que finiquiten el matrimonio. ¿Qué dices? —el rojo de sus mejillas por la vergüenza se marchó. — Además, no creo que alguien en este pueblo crea que se consumó. Así que no hay de qué preocuparse.
El término "consumar" la alertó por un leve momento sin avergonzarla. La petición de Sasuke causaría una mancha pública en la reputación de su Clan lo que le impedía sentirse de una manera tímida y decidió permanecer firme como lo haría todo Líder— Lo lamento, Uchiha-san. —logró responder luego de respirar un par de veces a profundidad, cambiando su rostro por uno circunspecto, totalmente diferente a la Hinata retraída. El chico arrugó las cejas un poco. — No puedo hacerle eso a mi padre, menos al Clan.
Estuvo a punto de objetar, pero ver tal determinación en su mirada lo dejó callado. Estaba claro que Hinata, a pesar del trato frío y desconsiderado que tenía su padre con ella, sí amaba y respetaba a su progenitor junto a las creencias impartidas sobre su liderazgo como Cabeza de un prestigioso Clan como lo es el Hyuga. Ella sabía que su padre era estricto y duro con ella, pero aún así el amor ente ambos, por muy ligero y casi imperceptible, los unía de la misma manera para la protección del Clan. Entonces llegó a su mente la escena que testificó por mera casualidad el día que convocaron a la reunión.
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Cinco días atrás, en la Sala Principal del Concejo se decidiría su disposición final. Sasuke llegó temprano para no oler las cajas de ramen tiradas en la habitación de su compañero; quien sabe desde hace cuantos años. Los pasillos simples e iluminados por el sol mañanero lo condujeron como un río suave hasta una puerta entreabierta donde su oído fue atraído por unas voces masculinas.
— ¡Me opongo rotundamente a que mi hija contraiga nupcias con ese delincuente!
— Eso no es algo que usted pueda decidir, Hiashi-dono. —el nombre le parecía familiar y no tardó en recordar que era el Líder del Clan Hyuga. « Así que eso es lo que buscan. » Pensó luego de un instante en analizarlo. Su mandato final era un compromiso, pero no cualquier compromiso, sino que debía unir su vida a la heredera del Byakugan. Cosa que le disgustó. Querían una mutación entre los más poderosos y antiguos Clanes de Konoha. ¡Viejos astutos!
Dispuesto a interrumpir aquella discusión privada, la voz del hombre vetusto prosiguió.
— Sabe que si se niega a nuestra sentencia, será considerado desobediencia y una gran falta a las reglas de la Rama Principal Hyuga. —Hiashi permaneció en silencio. — Tenemos entendido que si la señorita Hyuga rechaza la proposición, estaría negando su deber como futura Líder, lo que implicaría su cambio a la Rama Secundaria y, en consecuencia, la aplicación de la marca de obediencia.
Sasuke perteneció a un Clan muy famoso. Sabía que había reglas muy estrictas a seguir para la preservación del Sharingan, pero nunca algo tan vil como una marca de obediencia; los Uchiha no llegaban a tales extremos de irracionalidad. Poco recordaba de las personas que no fueran su equipo en la academia. La mala relación entre el genio Hyuga, Neji, y su prima, Hinata —miembros primordiales de casas diferentes dentro del mismo Clan— era una de ellas. Eso cambió luego de que Naruto le diera una paliza y este reflexionara todo; cosa que desconocía el Uchiha por el inicio de su mala actitud en aquel tiempo…
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Sasuke se levantó de la silla y depositó la chaqueta en el respaldar de la misma. Con su boca, recogió la manga de su único brazo por sobre el codo al aproximarse a la estufa. Ya no diría nada más sobre el tema pues había quedado claro, ella buscaba tener la aprobación de su padre y eso sólo le recordó a cuando él aún era un niño.
— Qué… ¿Qué vas a hacer? —preguntó algo anonadada por ver algunos ingredientes sobre el mesón. — ¿Necesitas ayuda?
— Que me falte un brazo no me hace un inútil.
— Yo no quise… Perdón.
— Escucha. —prosiguió, haciendo oídos sordos a su disculpa. — Hagamos nuestra vida como si esto nunca hubiera pasado.
— ¿Eh?
— Será un engaño diplomático. —sostuvo un cuchillo y, con la agilidad característica de un ninja, picó un tomate en trozos pequeños para depositarlos en un bol. — Intentaré terminar con esto y tú haz lo que quieras.
— A mi padre no le gustará.
— No es mi problema. Es familia tuya, no mía.
— Al… casarse, la familia de tu pareja pasa a ser tú familia también. —declaró sin sostener la vista por más de dos segundos debido a ese extraño mareo que no quería irse de su cabeza. Sasuke terminó de picar las verduras y encendió la estufa. Colocó en el sartén unas gotas de aceite de oliva y mezcló las verduras junto a un par de huevos.
— A mí no me importa en lo absoluto que sigas acosando al tarado de Naruto porque no te veo como mi esposa, y es muy obvio que tú tampoco me ves de esa forma. Buscaré a una chica por mi cuenta y cuando tú te decidas, el divorcio se dará. —dispuesta a responder, él se lo impidió. — No, no me importa el qué dirán.
— Pero, Uchiha-san… —la contempló de perfil con indiferencia y un grado de frialdad.
— Hyuga. Si respondes esta pregunta, desistiré y acataré las "reglas" de tu Clan. —expresándose con insolencia. — ¿Serás capaz de sentir por mí, lo que sientes ahora por Naruto? —enunció con una mirada directa a sus perlados ojos. Las pupilas de la chica brillaron con intensidad, y sus rosados labios se abrieron con sutileza. — Y en el caso lejano de que así suceda, dudo mucho que yo vaya a interesarme en ti de la misma manera. Por donde lo analicemos, esto ¡jamás! resultará.
Sasuke apagó la hornilla y acomodó la preparación en un plato tendido. Su merienda fue acompañada de un vaso con jugo en una bandeja de madera fina pulida. Caminó hacia el comedor donde depositó la bandeja en la mesa por un instante para poder recoger su chaqueta negra. Él tomó su rumbo a la alcoba, quedando la muchacha en austero silencio.
Todo pasó tan rápido…
Las reglas del Clan, el rostro de su padre, las voces del Concejo, la sonrisa de Naruto, el llanto de Sakura, las palabras de Sasuke… No sabía cómo actuar. ¿Con quien hablar? ¿Qué decisión era la correcta? ¿Cómo iba a ser su vida desde ese día en adelante? ¿Se acostumbraría? ¿Sería mejor abandonar? Aún era muy joven para ser la Cabeza de un Clan tan antiguo…
El adormecimiento en la nuca y una intensa punzada en ambos lados de su cabeza atacaron su sistema nervioso con brusquedad. Llevó sus manos a cada lado de sus ojos, los cerró con fuerza. La respiración era rápida y corta. La visión oscureció velozmente y antes de poder pronunciar alguna palabra de auxilio, su conciencia se anuló y el pequeño cuerpo de la chica cayó al suelo de madera con gran fuerza.
Un extraño sonido lo puso alerta; algo que no puede evitar luego de tantos años de persecución. Al llegar, a la sala y posteriormente, a la cocina guardó el kunai y concentró su oído al insustancial sonido de respiración que provenía desde atrás del comedor. — Hyuga —exclamó sin elevar mucho la voz al verla inconsciente. Se acuclilló a su lado y sujetó su muñeca para saber si aún tenía pulso. Su pulgar abrió uno de sus párpados para saber si sus pupilas reaccionaban a la luz del foco. — ¡Tss! — Aunque, debido a la rareza de sus ojos, no podía asegurar si estaba bien o no.
Contempló el cuerpo por unos segundos antes de rodar los ojos con hastío. Situó el brazo de ella por detrás de su cuello y luego él puso su brazo derecho alrededor de la cintura de la chica; sosteniéndola con fuerza debido a la cantidad de ropa que llevaba puesta.
Una nube de humo negro fue lo último que se vio en el sitio.
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Pensó en dejarla en el hospital a cargo de Tsunade, pero esta se lo prohibió, imponiéndole el permanecer en la habitación hasta que despertara; porque al querer abandonarla quedó claro para la doctora que ese matrimonio no estaba tomando un rumbo alentador. La sanin explicó que fue un repentino caso de estrés, causado por una gran cantidad de problemas que invadieron su mente de manera abrupta.
Tardó poco más de dos horas el que abriera los párpados y al hacerlo, la indiferente mirada de Sasuke fue lo primero en distinguir. — Ya era hora.
— Yo… No sé qué me pasó.
— Esa mujer me ordenó que diga: "Come más y descansa." —sacó del bolsillo de su pantalón unas pastillas. — También debes tomar esto, una antes de dormir.
— Gracias. —el frasquito de vidrio en sus manos estaba frío por la temperatura del ambiente.
— ¿Qué esperas? —la voz del Uchiha la hizo saltar tenuemente. — No puedo dejar este sitio sin ti.
Apartó las sábanas. Con sus pies en el suelo intentó dar un par de pasos rumbo a la puerta. Una ola de cansancio y mareo invadió su cuerpo. Las extremidades inferiores no respondieron ante la orden de su cerebro y sólo cerró los ojos colocando las manos delante automáticamente a espera de golpear el suelo.
Para su desconcierto, no impactó el piso y su pecho topó suavemente con una superficie cálida. Al abrir sus párpados el cabello oscuro del Uchiha estaba frente a su rostro. — Agárrate. —indicó mientras colocaba su brazo bajo la retaguardia de ella, levantándola como si fuera una pluma. Con temor a irse de espalda, sus brazos se aferraron rápidamente al su cuello sin causar presión.
Pensó caminar por los pasillos del edificio de salud sin darle importancia a toparse con miradas chismosa, pero no podía abrir la puerta en sus condiciones, y tampoco se lo pediría a la chica. La brisa de invierno llegó con suavidad y notó la ventana abierta. — ¿Uchiha-san? —fatigado de permanecer dentro de ese cuarto por dos largas y agobiantes horas, dio un salto al marco y de allí hacia el exterior de la edificación.
Contuvo el grito en su interior para no causar más problemas al muchacho que parecía querer escapar lo más pronto posible de ese lugar.
Llegaron a la Mansión Hyuga en menos de diez minutos; los más silenciosos de toda sus vidas.
— Gra…
— No lo hice por ti. —expresó una vez que estaba al borde de la cama. — No soportaba permanecer un segundo más en ese sitio. —dejó la habitación sin decir más. Se levantó débil rumbo al armario para cambiarse de ropa luego de un gratificante baño. Salió luego de 30 minutos. Una bandeja con un pedazo de pastel, leche tibia y un vaso con agua fresca sobre su cama atrajo su atención. Recorrió la alcoba con sus ojos, pero no encontró a nadie.
Terminó lo que parecía ser su cena. Depositó la bandeja a un costado sobre la mesa de noche y tomó su medicina. Recostada y a punto de cerrar los ojos, una silueta tras las cortinas le atrae; estaba sentado en el borde de madera que sobresalía de toda vivienda japonesa tradicional. Sabiendo quien está allí, se incorporó de la cama rumbo a la ventana.
— Acuéstate. —la ronca voz del Uchiha la sorprendió antes de poder deslizar la ventana. — No me gustaría volver al hospital y esperar en esas incómodas sillas. —ella de todas manera abrió el vitral.
— Piensas… ¿Piensas quedarte aquí toda la noche, Uchiha-san?
— La mayor parte de estos cinco años pasé ocultándome en cuevas y zonas nevadas. Puedo caminar descalzo sin llegar a resfriarme.
Y de nuevo aquel silencio.
— ¿Qué esperas para entrar?
— Sí, yo… —miró hacia un costado por un instante. — Creo que… Debemos aclarar esto.
— Bien. —exteriorizó sin mirarla. — Entonces duérmete. Mañana iremos con esos viejos del Concejo.
— No… No me refería a eso. —Sasuke suspiró disgustado. — Creo… Tenemos que hablar sobre el…
— ¿Quieres seguir? —irritado, se levantó del suelo para situarse frente a ella; tan cerca que sólo un par de centímetros había de separación entre sus cuerpos. La tomó tan desprevenida que no reaccionó más que para elevar su rostro. — Bésame entonces. —pronunció como una orden sádica. Sus párpados permitieron apreciar con claridad sus blancas pupilas y la respiración paró por la intempestiva instrucción. — No puedes. —sus ojos la observaban intensamente con burla y desprecio. — Toca mi rostro si quiera. —su mirada se convirtió en un cuadro insensible. — Tampoco puedes. ¿Sabes por qué? Porque siempre imaginaste que Naruto sería el primero y único.
— U… Uchiha-san… —escapó aquel murmullo de sus labios con ligero sufrimiento.
— Ni si quiera eres capaz de pronunciar mi nombre… ¡je! Hasta cierto punto pienso que es divertido. —pronunció sarcástico. Su mano se posó en su hombro solamente para empuja con descortesía. — Será mejor la expresión del tarado cuando le diga que tú estás enamorada de él desde...
— ¡No, por favor! —interrumpió preocupada. Dignó a mirarla de soslayo con sus párpados a medio cerrar. — No le digas nada a Naruto-kun. Por… por favor.
— Si no lo haces tú, lo haré yo, pero no pienso quedarme aquí a perder mi vida junto a alguien que no sabe tomar la decisión correcta.
— ¿Decisión… correcta? —su respiración se alteró un poco y sus ojos marcaron un tinte de conmoción. — Yo pensé en el Clan, en lo mejor para mi padre y…
— Sí, sí, sí… Y yo sólo pensé en mí. —el tono burlón era molesto, pero no caería a su nivel; ella era la futura Líder después de todo. — No me atraes de manera sexual, mucho menos sentimental. Ni si quiera nos conocemos. Puede que haya cometido muchos errores de los que, ahora, me arrepiento poco. Eso no significa que quiera terminar así. —se quitó la camiseta y ella dio media vuelta mientras se colocaba la otra; no se ruborizó. — Acepté esta unión creyendo que no sería tan malo tener una familia. Tener un matrimonio cimentado en el amor; como lo era el de mis padres.
— Yo…
— La idea de convivir con una chica enamorada de mi amigo no es algo que me agrade. —terminó de vestirse para acostarse en su cama improvisada. — Y yo sé que tú…
— ¡Yo quiero intentarlo! —logró decir luego de tanta palabrería hiriente del muchacho. Giró su cuerpo al notar que el silencio hizo presa el ambiente. Una confusa mirada en el chico de cabello negro fue lo que consiguió.
— ¿Qué dijiste?
— Dije que… —sin poder sostener la mirada continuó hablando— Puede que tome tiempo, pero… Creo que si… Si de verdad lo intentáramos… —observó la mirada confusa en él y suspiró resignada a decir lo que realmente cruzaba por su mente— De alguna forma, sabía que terminaría así. — Sasuke tomó asiento en sus cojines y con la mirada pasiva le indicaba que prosiguiera aquel ridículo discurso. — Bueno… Esto es mejor que haber contraído matrimonio con Neji-niisan. —ella lo contempló con una diminuta sonrisa de incomodidad y él respondió con una mueca de antipatía y pasmo en sus ojos de color variado— Era algo que… veía venir desde hace un par de años.
El silencio apareció: pesado y sombrío. Ella decidió romperlo luego de varios minutos.
— No negaré el hecho de que siento algo por… por Naruto-kun ya que… soy demasiado...
— Obvia.
— S… sí. —contestó incómoda. — Pero, Naruto-kun no me ve de la misma forma. Y en el mínimo caso de que así hubiera sido… Seguro mi padre no lo habría permitido ya que eso hubiera contaminado la línea de sangre... Como hija mayor debo pensar en lo mejor para el Clan. —su mirada se centró en el suelo por un momento— Si no era Neji-niisan, hubiera sido otro miembro de mi familia.
Sasuke permaneció en silencio varios minutos después de escuchar su sinceridad. Sin duda, ella cargaba con un peso mayor al que él tenía. Pero esa palabrería no cambiaría su pensar... ¿verdad?
— Nunca he tratado con mujeres.
Limitó a contestar automáticamente después de una prolongada quietud en la alcoba; ella levantó su mirada y se fijó en sus palabras. La Hyuga había sido totalmente sincera con el peso de esa orden, pues el único con opciones fue él; ella sólo debía seguir el dictamen de su Líder.
— En la academia tenía muchas "fans", entre esas Sakura, pero jamás me fijé o acepté sus sentimientos. Cuando estuve con Orochimaru me dediqué a entrenar y viajar de laboratorio en laboratorio, así que no me topaba con muchas mujeres en el trayecto. Luego está el viaje que realicé estos años… —quedó mudo, dando a entender que había sido un viaje de soledad, ella captó el mensaje con velocidad.
— Pues… Yo tampoco he tratado con tantos hombres. —acotó mientras cerraba la cortina y tomaba asiento a los pies de su cama. — Mi equipo sólo se dedica a misiones de rastreo, así que, bueno… No cruzo palabras con chicos que no sean Shino-kun y Kiba-kun.
— El raro de los insectos y el que se cree perro. —indicó como una pregunta indirecta para asociar sus recuerdos con los nombres mencionados, ella asintió con una gorda gota recorriendo su cabeza.
— Parece que no somos tan expresivos como… como realmente quisiéramos, Uchi… —detuvo sus palabras. Si ella estaba pidiendo que fueran cercanos, que se dieran el tiempo para conocerse. Entonces ella debía ser quien diera el primer paso hacia una llevadera amistad— Sa… Sasuke-kun.
— Así parece Hyu… —entrevió la expectativa en los perlados ojos de ella, quien, de verdad, quería intentar llegar a ser conocidos. — Hinata.
Quiso responder el comentario de su nombre con una sonrisa, pero el bostezo inesperado que emergió de sus labios llevó a Sasuke de regreso a sus cojines. — Será mejor descansar.
— ¡Sí! Sí… Creo que… Eh… Ha… Hasta mañana, U… Sasuke-kun. —él respondió emitiendo un sonido trivial y ambos cerraron los ojos con curiosidad al mañana después de esa inusual plática.
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Hola vatas, vatos.
Para quienes ya leyeron esto, pues sí, realicé unas modificaciones diminutas, pero nada relevante.
Para quienes leen este cap por primera vez, no tiene de qué preocuparse, simplemente arreglé unas horrorosas faltas de ortografía y gramática —y de seguro tengo más. :v
Besos y abrazos en papel... :3
Si les gustó, deben dejarme un review! xD
