Momento I.


- I -

El choque es accidental, últimamente se pierde con regularidad en sus propios pensamientos. El entorno propicia el resurgimiento de memorias, la mayoría de ellas dolorosas.

"Potter" tono irritado, lleno de aristas sutiles preparadas para el ataque.

Él lo mira, disculpándose.

"Perdón, estaba distraído"

Lo ve a punto de replicar con algún comentario mordaz, algo ya tan habitual (o que solía ser tan habitual), pero los labios se aprietan y se convierten en una fina línea en el rostro pálido. Sabe que está conteniendo las palabras que tan fácilmente pueden deslizarse por su lengua, gracias a un hábito cultivado durante años. Se conforma con asentir, sin comprometerse demasiado.

Es entonces que, al ladear su rostro, su vista cae donde la de él divagaba momentos antes.

Parece increíble que el tapiz de los monstruos hoscos embutidos en tutús y el desafortunado mago dedicado a iniciarlos en el arte de la danza siga allí. Sin embargo, ambos saben que no es algo por lo que deban sorprenderse. La magia preservó aquella descabellada imagen de la destrucción de la que fue testigo algún tiempo atrás, aunque nada pudo hacer para borrar el horror detrás del hecho. No hay magia capaz de desvanecerlo, nunca la habrá.

Ambos se preguntan si el otro está pensando en lo mismo. Saben que así es.

Después de un tiempo de muda contemplación, sus miradas se encuentran de manera casual.

Los ojos siguen siendo grises, mas he allí un trasfondo que halla indescifrable. No obstante, conoce su causa. La guerra deja sus marcas, sin importar el bando, las máscaras o los artilugios puestos en práctica, sin importar siquiera la negación, la cual no es más que una señal de su mella, por mucho que uno pretenda ocultarlo.

Se miran por un largo rato. No hay pensamientos demasiado coherentes pasando por sus mentes, aquello consiste más bien en un reconocimiento mutuo, uno que va más allá de cualquier papel tomado con anterioridad; de héroe, de mártir, de malvado, de prepotente, de cretino que se lleva el mundo por delante. Incluso es capaz de ver a través de aquellas fachadas cuidadosamente edificadas en tiempos que ya parecen remotos, cada uno de sus ladrillos perfectamente moldeado y puesto en su lugar con meticulosidad y propiamente cementado; ladrillos que alguien más puso por ellos, que fueron formando aquel muro que, o bien no pudieron ver, o prefirieron ignorar, cada cual por sus razones.

Hay un cambio. Puede jurarlo, aunque sus facciones no se movieron ni un ápice.

El gesto que le dedica antes de voltearse y continuar con su caminar interrumpido accidentalmente se siente como un nuevo comienzo. No hay ninguna alusión a qué, pero eso no parece importar.

Cuando lo ve perderse detrás de un recodo, lo sabe.

Fueron sus ojos.


Cada uno de los momentos de esta historia va a seguir el mismo formato de longitud reducida con frases y párrafos cortos. Un aviso para quien no guste de este estilo.

Gracias por leer.