N/A: TODOS LOS PERSONAJES (EXCEPTO ALGUNOS QUE ME LOS HE INVENTADO) Y LA HISTORIA ESCRITA EN NEGRITA PERTENECE A RICK RIORDAN.

Todos los semidioses se sentaron. Las cazadoras miraban sorprendidas como Thalía se había sentado al lado de un hombre (Nico).

-Accidentalmente vaporizo a mi profesora de iniciación al algebra-leyó Hestia-.

-¿Cómo se puede vaporizar accidentalmente a tu profesora?-pregunta Leo-.

-Anda que vaya títulos que pone Prissy-se burló Clarisse

-Mira, yo no quería ser un mestizo.

-¿Quién si? -preguntaron a coro todos los semidioses de la sala, lo que hizo que los dioses con hijos bajaran la cabeza con sentimiento de culpa-.

-Si estás leyendo esto porque crees que podrías estar en la misma situación, mi consejo es éste:

-No, un consejo de Percy no- corearon a la vez Thalía y Nico

Cierra el libro inmediatamente.

-No es tan fácil- dijeron Chris y los Stoll.

Créete la mentira que tu padre o tu madre te contaran sobre tu nacimiento, e intenta llevar una vida normal.

Ser mestizo es peligroso. Asusta. La mayor parte del tiempo solo sirve para que te maten de manera horrible y dolorosa

Los semidioses asintieron, mientras que los dioses los miraban preocupados.

Si eres un niño normal, que está leyendo esto porque cree que es ficción, fantástico. Sigue leyendo. Te envidio por ser capaz de creer que nada de esto es real. Pero si te reconoces en estas páginas – si sientes que algo se remueve en tu interior-, deja de leer al instante. Podrías ser uno de nosotros. Y en cuanto lo sepas, sólo es cuestión de tiempo que también ellos lo presientan, y entonces irán a por ti.

No digas que no os he avisado.

-No nos has avisado- dijeron Thalía, Nico, Los Stoll, Hermes y Apolo.

Mi nombre es Percy Jackson.

Tengo doce años.

Hasta hace unos meses estudiaba en interno en la academia Yancy, un colegio privado para niños con problemas, en el norte del estado de Nueva York.

¿Soy un niño con problemas?

-Si- corearon todos los semidioses de la sala.

Sí. Podríamos llamarlo así.

-Si hasta tú mismo lo admites sesos de algas- se burló Thalía

Podría empezar en cualquier punto de mi corta y triste vida para dar prueba de ello,

Pero las cosas comenzaron a ir realmente mal en mayo del año pasado, cuando los alumnos de sexto curso fuimos de excursión a Manhattan: veintiocho críos taraos y dos profesores en un autobús escolar amarillo, en dirección al Museo Metropolitano de Arte a ver cosas griegas y romanas.

-Suena interesante- dijo Atenea-.

-Suena a tortura- dijeron Poseidón, Teseo y Orión a la vez-.

Ya lo sé: suena a tortura.

La sala entera se empezó a reir por la igualdad del comentario, mientras que y Atenea y sus hijos fruncían el ceño.

La mayoría de excursiones de Yancy lo eran. Pero el señor Brunner, nuestro profesor de latín, dirigía la excursión, así que tenía esperanzas. El señor Brunner era un tipo de mediana edad que iba en silla de ruedas motorizada. Le clareaba el cabello, tenía una barba desaliñada y una chaqueta de tweed raída que siempre olía a café. Con ese aspecto, imposible adivinar que era guay, pero contaba historias y chistes y nos dejaba jugar en clase. También tenía una colección alucinante de armaduras y armas romanas, así que era el único profesor con el que no me dormía en clase.

Esperaba que el viaje saliera bien. Esperaba, por una vez, no meterme en problemas.

Anda que no estaba equivocado.

-Como no-ironizó Hazel-

Verás, en las excursiones me pasan cosas malas. Como cuando en quinto fui al campo de batalla de Saratoga, donde tuve aquel accidente con el cañón de la guerra de la Independencia americana. Yo no estaba apuntando al autobús del colegio, pero por supuesto me expulsaron igualmente.

-Fantástico- dijeron los Stoll.

Y antes de aquello, en cuarto curso, durante la visita a las instalaciones de la piscina para tiburones en Marine World, le di a la palanca equivocada en la pasarela y nuestra clase acabó dándose un chapuzón inesperado.

-Increíble- dijo Chris.

Y la anterior… Bueno, te haces una idea, ¿verdad?

-¡No pares ahora!- dijeron los hijos del dios de los ladrones.

-Tranquilos- dijo Nico- luego cuando venga le obligamos a que nos lo cuente todo- dijo Nico con una sonrisa de oreja a oreja, a la sonrisa se unieron todos los semidioses de la sala excepto las chicas, que pusieron los ojos en blanco.

En aquella excursión estaba decidido a portarme bien.

Durante todo el viaje a la ciudad soporte a Nancy Bobofit, la pelirroja pecosa y cleptómana que le lanzaba a mi mejor amigo, Grover, trocitos de sándwich de mantequilla de cacahuete y kétchup al cogote.

Los que conocían a Grover gruñeron por lo bajo.

Grover era un blanco fácil. Era canijo y lloraba cuando se sentía frustrado. Debía de haber repetido varios cursos, porque era el único en sexto con acné y una pelusilla incipiente en la barbilla. Además, estaba lisiado. Tenía un justificante que lo exculpaba en la clase de Educación Física durante el resto de su ida, ya que padecía una enfermedad muscular en las piernas. Caminaba raro, como si cada paso le doliera; pero que eso no te engañe: tendrías que verlo correr el día que tocaba enchilada en la cafetería.

-No hacía falta que me describieras tan bien- dijo Grover rojo de vergüenza, mientras el resto de la sala se reía.

En cualquier caso, Nancy Bobofit estaba tirándole trocitos de sándwich que se le quedaban pegados en el pelo castaño y rizado, y sabía que no podía hacer nada porque ya estaba en periodo de prueba. El director me había amenazado con expulsión temporal si algo malo, vergonzoso o siquiera medianamente entretenido sucedía en aquella salida.

-Voy a matarla- murmuré

-¡Hazlo!- suplicaron Ares y Clarisse al unísono, mientras Frank pensaba Que sus familiares tenían una decadente salud mental.

Grover intentó calmarme.

-No pasa nada. Me gusta la mantequilla de cacahuete.-

-Sí, pero no en el pelo, ¿verdad?- señalaron Nico y Thalía

Esquivó otro pedazo del almuerzo de Nancy.

-Hasta aquí hemos llegado. – empecé a ponerme en pie, pero Grover volvió a hundirme en mi asiento.

Ares y sus hijos miraron mal al sátiro.

-Ya estás en periodo de prueba- me recordó-. Sabes a quien van a culpar si pasa algo.

Echando la vista atrás, ojalá hubiera tumbado a Nancy Bobofit de un tortazo en aquel preciso instante. La expulsión no habría sido nada con el lío en el que estaba a punto de meterme.

El señor Brunner conducía la visita al museo.

Él iba delante, en su silla de ruedas, guiándonos por las enormes y resonantes galerías, a través de estatuas de mármol y vitrinas de cristal llenas de cerámica roja y negra súper vieja.

Me parecía flipante que todo aquello hubiese sobrevivido más de dos mil o tres mil años.

-Más, mucho más - dijeron varios dioses -.

Nos reunió alrededor de una columna de piedra de casi cuatro metros de altura, con una gran esfinge encima y empezó a contarnos que había sido un monumento mortuorio, una estela, de una chica de nuestra edad. Nos habló de los relieves de sus costados. Yo intentaba prestar atención, porque parecía realmente interesante,

-Increíble – dijo Thalía- es la primera vez que oigo que ha estado prestando atención, y encima en una visita al museo- Para constatar lo que Thalía había dicho todos asintieron-.

pero los demás hablaban sin parar, y cuando les decía que se callaran, la otra profesora acompañante, la señora Dodds, me miraba mal.

La señora Dodds era una profesora de matemáticas procedente de Georgia que siempre llevaba cazadora de cuero, aunque era menuda y rondaba los cincuenta años. Tenía un aspecto tan fiero que parecía dispuesta a plantarte la Harley en la taquilla.

En la sala todos se empezaron a reir por el último comentario hecho por el hijo del dios del mar, mientras que el señor de los muertos fruncía el ceño, ya que esa descripción le sonaba de algo.

Había llegado a Yancy a mitad de curso, cuando nuestra anterior profesora de matemáticas sufrió un ataque de nervios.

-Dándote clase a ti no me extraña Prissy- se burló Clarisse.

Desde el primer día, la señora Dodds adoró a Nancy Bobofit y a mí me clasificó como engendro del demonio. Me señalaba con un dedo retorcido y me decía"y ahora, cariño" súper dulce, y yo sabía que a continuación me castigaría a quedarme después de clase.

Una vez, tras haberme obligado a borrar respuestas de viejos libros de ejercicios de matemáticas hasta medianoche, le dije a Grover que no creía que la señora Dodds fuera humana. Se quedó mirándome, muy serio, y me respondió: "tienes toda la razón"

-Grover-regañó toda la sala.

El señor Brunner seguía hablando del arte funerario griego.

Al final, Nancy Bobofit se burló de una figura desnuda cincelada en la estela, y yo le espeté:

-¿Te quieres callar?- me salió más alto de lo que pretendía.

-¿Cómo no?- ironizó Talía.

El grupo entero soltó risitas y el profesor interrumpió su disertación.

-Señor Jackson- dijo-, ¿tiene algún comentario que hacer?

Me puse como un tomate y contesté:

-No, señor.

El señor Brunner señaló una de las imágenes de la estela.

-A lo mejor puede decirnos qué representa esa imagen

Miré al relieve y sentí alivio porque de hecho lo conocía.

-Increíble-dijo Nico

-Ese es Cronos devorando a sus hijos, ¿no?

En la sala los dioses que estuvieron en el estómago de su padre se pusieron verdes al recordarlo.

-Si – repuso él -. E hizo tal cosa por…

-Bueno…- escarbé en mi cerebro -. Cronos era el rey dios y…

- ¿Dios?- preguntó un enfadado Zeus-.

- Será corregido -aseguró Quirón-.

- Además, ya le gustaría al ser un dios, ¡Como nosotros!- canturrearon a la vez Apolo y Hermes

- ¿Dios?

- Titán –me corregí -. Y… y no confiaba en sus hijos, que eran los dioses. Así que cronos… esto… se los comió, ¿no? Pero su mujer escondió al pequeño Zeus y le dio a cambio una piedra. Y después, cuando Zeus creció, engañó a su padre para que vomitara a sus hermanos y hermanas…

- ¡Puaj! –dijo una chica a mis espaldas.

- Buena forma de resumirlo- admitió Piper.

-… así que hubo una gran lucha entre dioses y titanes- proseguí-, y los dioses ganaron.

Y resume una guerra que duró años en dos minutos- dijo una anonadada Artemisa.

-Es Percy- respondió Thalía como si eso lo explicara todo

Detrás de mí Nancy Bobofit cuchicheó con una amiga:

-Menudo rollo. ¿Para qué va a servirnos en la vida real? Ni que en nuestras solicitudes de empleo fuera a poner: "Por favor, explique por qué Cronos se comió a sus hijos."

-¿Y para que, señor Jackson- insistió Brunner, parafraseando la excelente pregunta de la señorita Bobofit-, hay que saber esto en la vida real?

- Te han pillado- murmuró Nico-.

- Te han pillado- murmuró Grover.

- ¡Aaaaaaaah!- exclamaron los Stoll - ¡Nico, piensas como una cabra!

- Mejor que no pensar, como vosotros- replicó Nico. Travis y Connor lo miraron con mala cara.

-Cierra el pico- siseó Nancy, con la cara más roja que su pelo.

Por lo menos habían pillado también a Nancy. El señor Brunner era el único que la sorprendía diciendo maldades. Tenía radares por orejas.

-En realidad tiene orejas de caballo- dijo Leo-.

Pensé en su pregunta y me encogí de hombros.

-No lo sé, señor.

-Ya veo. –Brunner pareció decepcionado-. Bueno, señor Jackson, ha salido medio airoso. Es cierto que Zeus le dio a Cronos una mezcla de mostaza y vino que le hizo expulsar a sus otros cinco hijos, que al ser dioses inmortales habían estado viviendo y creciendo sin ser digeridos en el estómago del titán. Los dioses derrotaron a su padre, lo cortaron en pedazos con su propia hoz y desperdigaron los restos por el Tártaro, la parte más oscura del inframundo. Bien, ya es hora del almuerzo. Señora Dodds, ¿podría conducirnos a la salida?

La clase empezó a salir, las chicas conteniéndose el estómago, y los chicos a empujones y actuando como merluzos.

-Como siempre hacen- susurró Zoë-.

Grover y yo nos disponíamos a seguirlos cuando el profesor exclamó:

-¡Señor Jackson!

Lo sabía.

Le dije a Grover que se fuera y me volví hacia Brunner.

-¿Señor? – tenía una mirada que no te dejaba escapar: ojos castaño intenso que podrían tener mil años y haberlo visto todo.

-No todo, pero si muchas cosas- dijo Quirón

-Debes aprender la respuesta a mi pregunta- me dijo-.

-¿La de los titanes?

-La d la vida real. Y también cómo se aplican a ella tus estudios

-Ah

-Lo que vas a aprender de mí es de importancia vital. Espero que lo trates como se merece. Sólo voy a aceptar de ti lo mejor, Percy Jackson

- No por nada es mi favorito- señaló Quirón. Los héroes antiguos, que conocían bien al centauro miraron lo miraron fijamente, mientras que Hércules refunfuñaba y planeaba algo contra ese semidiós de pacotilla.

Quería enfadarme, pues aquel tipo sabía cómo presionarme de verdad. Verás, quiero decir que sí, que molaban los días de competición, esos en que se disfrazaba con una armadura romana y gritaba "Adelante", y vos desafiaba, espada contra tiza, a que corriéramos a la pizarra a todas las personas griegas y romanas que vieron alguna vez, a sus madres y a los dioses que adoraban. Pero Brunner esperaba que lo hiciera tan bien como los demás, a pesar de que soy disléxico y poseo un trastorno por déficit de atención y jamás he pasado de un aprobado…

Atenea chasqueo la lengua, al igual que sus hijos.

No; no esperaba que fuera tan bueno como los demás; esperaba que fuera mejor

-Y lo es- dijeron todos los que conocían a Percy.

Y yo simplemente no podía aprenderme todos aquellos nombres y hechos, y mucho menos deletrearlos correctamente

-A todos nos pasa- dijeron varios en la sala.

Murmuré algo acerca de esforzarme más mientras el dedicaba una triste mirada a la estela, como si hubiera estado en el funeral de la chica.

-Y lo estuve- murmuró el centauro algo apenado-.

Me dijo que saliera y tomase mi almuerzo

La clase se reunió en la escalinata de la fachada, desde donde se podía ver el tráfico de la Quinta Avenida. Se avecinaba una enorme tormenta, con las nubes más negras que había visto nunca sobre la ciudad. Supuse que sería efecto del calentamiento global o algo así, porque el tiempo en Nueva York había sido más bien rarito desde Navidad. Habíamos sufrido brutales tormentas de nieve, inundaciones e incendios provocados por rayos. No me habría sorprendido que fuese un huracán

Los dioses miraron a Zeus y Poseidón, ya que parecía una de sus peleas pero mucho más fuerte de las habituales.

Nadie más pareció reparar en ello

-La niebla- dijo Piper

Algunos chicos apedreaban palomas con trocitos de galletas. Nancy Bobofit intentaba robar algo del monedero de una mujer

-No es tu hija papa- dijeron Chris y los Stoll al ver la mirada que les había dado su padre.

y, evidentemente, la señora Dodds hacía la vista gorda.

Grover y yo estábamos sentados en el borde de una fuente, alejados de los demás. Pensábamos que así no todo el mundo sabría que pertenecíamos a aquella escuela: la escuela de los pringados y los raritos que no encajaban en ningún otro sitio.

-¿Castigado?- me preguntó Grover.

- Que va. Brunner no me castiga. Pero me gustaría que aflojara de vez en cuando. Quiero decir… no soy ningún genio.

Grover guardó silencio. Entonces, cuando pensé que iba a soltarme algún reconfortante comentario filosófico, me preguntó:

-¿Puedo comerme tu manzana?

Grover se puso colorado, mientras la sala reía

Tampoco tenía demasiado apetito, así que se la di.

Observé la corriente de taxis que bajaban por la Quinta Avenida y pensé en el apartamento de mi madre, a solo unas calles de allí.

No la veía desde navidad. Me entraron ganas de subir a un taxi que me llevara a casa.

Las cazadoras pusieron los ojos en blanco mientras pensaban que todos los hombres eran iguales.

Me abrazaría y se alegraría de verme, pero también se sentiría decepcionada y me miraría de aquella manera. Me devolvería directamente a Yancy, me recordaría que tenía que esforzarme más, aunque aquélla era mi sexta escuela en seis años y probablemente fueran a expulsarme otra vez. Era incapaz de volver a soportar esa mirada.

En ese momento las cazadoras miraron el libro perplejas.

"Puede que sea un chico diferente"-pensó Zoë-"No, todos son iguale"-volvió a pensar descartando la idea anterior.

El señor Brunner aparcó su silla de ruedas al final de la rampa para paralíticos. Masticaba apio leía una novela. En la parte trasera de la silla tenía encajada una sombrilla roja, lo que le hacía parecer una mesita de terraza motorizada.

-Estaría bastante bien construirlo- Dijo Leo-.

Me disponía a abrir mi sándwich cuando Nancy Bobofit apareció con sus desagradables –supongo que se había cansado de desplumar a los turistas-, y tiró la mitad de su almuerzo a medio comer sobre el regazo de Grover.

Todos los amigos del apretaron los dientes y lanzaron miradas de odio profundo al libro. Hestia se sintió tan cohibida por la fuerza de las miradas, que se escondió detrás del libro.

-Vaya mira quien está aquí. – me sonrió con los dientes torcidos. Tenía pecas naranjas, como si alguien le hubiese pintado las mejillas con espray.

Afrodita y sus hijas hicieron una mueca ante esta descripción.

Intenté mantener la calma. El consejero de la escuela me había dicho un millón de veces: "Cuenta hasta diez, controla tu mal genio". Pero yo estaba tan cabreado que me quedé en blanco. Y a continuación oí un revuelo y estrépito de agua.

No recuerdo haberla tocado, pero lo siguiente que vi fue a Nancy sentada de culo en medio de la fuente, gritando:

-¡Percy me ha empujado! ¡Ha sido él!

La señora Dodds se materializó a nuestro lado.

Algunos chicos cuchicheaban:

-¿Has visto…?

-…el agua…

-…la ha arrastrado…

-¡POSEIDÓN, HAS ROTO EL JURAMENTO! –vociferó Zeus levantándose de su trono y cogiendo su rayo maestro.

-No seas hipócrita hermano, tú también lo has roto- le contesto Poseidón. Zeus se sentó de nuevo en su trono, porque sabía que tenía razón

No sabía de qué hablaban, pero sí sabía que había vuelto a meterme en problemas.

En cuanto la profesora se aseguró que la pobrecita de Nancy

Estaba bien y le hubo prometido una camiseta nueva en la tienda del museo, se centró en mí. Había un resplandor triunfal en sus ojos, como si por fin yo hubiese hecho algo que llevaba esperando todo el trimestre.

-Seguro que estaba esperando algo así- dijo Frank-.

-Y ahora, cariño…

-Lo sé- musité-. Un mes borrando libros de ejercicios.

-¡No!-exclamaron Hermes y sus hijos (incluso Luke, porque aunque estuviese resentido con el Hermes seguía siendo su hijo).

-Norma número veintiuno: no intentes adivinar el castigo, o será aún peor-dijeron otra vez al unísono.

Pero no acerté.

Hermes y sus hijos asintieron.

-Ven conmigo – ordenó la mujer.

-¡Espere! –intervino Grover – He sido yo. Yo la he empujado.

Me quedé mirándolo, perplejo. No podía creer que intentara encubrirme.

-Es mi trabajo –dijo Grover, añorando la compañía de su amigo.

A Grover la señora Dodds le daba un miedo de muerte. Ella lo miró con tanto desdén que a Grover le tembló la barbilla.

-Me parece que no, señor Underwood- replicó

-Pero…

-Us-ted-se-que-da-aquí.

Grover me miró con desesperación.

-No te preocupes –le dije-. Gracias por intentarlo.

-Bien cariño- ladró la profesora -. ¡En marcha!

Nancy Bobofit dejó escapar una risita.

Yo le lancé mi mirada de luego-te-asesino

Todos los semidioses de la sala se estremecieron

-Vamos, no será tan mala-dijo Ares-.

-Sí que lo es- respondieron todos los de la sala a coro, recordando cuando Percy se enfadaba y te lanzaba esa mirada que mata. Los que más estaban acostumbrados eran los Stoll, ya que desde que Percy le había estado enseñando a luchar a Katie, cada vez que la hacían una broma Percy defendía a su "hermana", era aterrador.

y me volví dispuesto a enfrentarme a aquella bruja, pero ya no estaba allí. Se hallaba en la entrada del museo, en lo alto de la escalinata, dándome prisas con gestos de impaciencia.

¿Cómo había llegado allí tan rápido?

-Monstruo-corearon casi todos en la sala, haciendo que Poseidón se pusiese más tenso de lo que ya estaba.

Suelo tener momentos como ése, cuando mi cerebro parece quedarse dormido, y lo siguiente que ocurre es que me he perdido algo, como si una pieza de puzle se hubiera caído del universo y me dejara mirando el vacío detrás. El consejero del colegio me dijo que era una consecuencia del THDA Trastorno Hiperactivo por Déficit de Atención: mi cerebro malinterpretando las cosas.

-No creo que sea eso- dijo Teseo-.

Yo no estaba tan seguro

Teseo sonrió.

Me dirigí hacia la señora Dodds.

A mitad de camino me volví para mirar a Grover. Estaba pálido, dejándose los ojos entre el señor Brunner y yo, como si quisiera que este reparara en lo que estaba sucediendo, pero el señor Brunner seguía absorto en su novela.

-Quirón- regañaron algunos-.

-Era un buen libro- murmuró el centauro totalmente rojo de vergüenza.

Miré de nuevo hacia arriba. La muy bruja había vuelto a desaparecer. Ya estaba dentro del edificio, al final del edificio. "vale- pensé -. Me obligará a comprarle a Nancy una camiseta en la tienda de regalos"

-¡No!- gritó Travis-

-La norma veintiuno- dijo Connor –

Pero al parecer no era ése el plan.

Nos adentramos en el museo. Cuando por fin la alcancé, estábamos de nuevo en la sección grecorromana. Salvo nosotros, la galería estaba desierta.

-No- gimió Hazel, preocupada por su amigo

Ella permanecía de brazos cruzados frente a un enorme friso de mármol de los dioses griegos. Hacía un ruido muy raro con la garganta, como si gruñera. Pero incluso sin ese ruido yo habría estado nervioso. Ya era bastante malo quedarse a solas con un profesor, no digamos con la señora Dodds. Había algo en la manera que miraba el friso, como si quisiera pulverizarlo…

-Has estado dándonos problemas, cariño- dijo.

Opté por la opción segura y respondí:

-Sí, señora.

-¿Qué?- dijo asombrado Nico.

-Le tiene respeto a un monstruo, pero no le tiene ni a los gigantes, ni a los titanes ni a los dioses- dijo Talía-.

-¿QUÉ?- rugió Zeus levantándose de su sitio-. ¿CÓMO QUE NO NOS TIENES RESPETO?

Hestia siguió leyendo para evitar el dramatismo de su hermano

Se estiró los puños de la cazadora de cuero.

-¿Creías realmente que te saldrías con la tuya? –Su mirada iba más allá del enfado. Era perversa.

"Es una profesora –pensé nervioso-m así que no puede hacerme daño"

-Me…me esforzaré más señora-dije-.

Un trueno sacudió el edificio.

-No somos idiotas, Percy Jackson –prosiguió ella-. Descubrirte sólo era cuestión de tiempo. Confiesa y sufrirás menos dolor.

¿De que hablaba? Quizá los profesores habían encontrado el alijo ilegal de caramelos que vendía en mi dormitorio.

-¿Seguro que no es mi hijo? – dijo Hermes-.

O quizá se habían dado cuenta de que había sacado la redacción sobre Tom Sawyer de internet sin leerme siquiera el libro y ahora me iban a quitar la nota. O peor aún, me harían leer el libro.

-Es un buen libro- dijo Atenea-.

-¿Y bien?- insistió.

-Señora, yo no…

-Se te ha acabado el tiempo –siseó entre dientes-.

Entonces ocurrió la cosa más rara del mundo: los ojos empezaron a brillarle como carbones de barbacoa, se le alargaron los dedos y se transformaron en garras, su cazadora se derritió hasta convertirse en enormes alas coriáceas…

-¡Alecto!- dijo Hades sorprendido.

-¡¿Has mandado una furia contra mi hijo?!- rugió el dios del mar a su hermano, este solo se encogió de hombros.

-¿Por qué nadie me dijo que el primer monstruo al que se enfrentó mi primo fue una furia?-preguntaron un tanto nerviosos Thalía y Nico.

Me quedé estupefacto. Aquella mujer no era humana. Era una criatura horripilante con las alas de murciélago, zarpas y la boca llena de colmillos amarillentos, y quería hacerme trizas…

Y de pronto las cosas se tornaron aún más extrañas:

-¿Cómo se pueden poner más extrañas? –preguntó Leo

-Es Percy –respondió Chris-.

el señor Brunner, que un minuto antes estaba fura del museo, apareció en la galería y me lanzó un bolígrafo.

-¿Un bolígrafo? –se mofó Hércules -.

-Cállate Tóntules –le espetó Thalía

-¡Agárralo, Percy! –gritó.

La señora Dodds se abalanzó sobre mí.

Con un gemido la esquivé y sentí sus garras rasgar el aire junto a mi oreja. Atrapé el bolígrafo al vuelo y en ese momento se convirtió en una espada. Era la espada de bronce del señor Brunner, la que usaba el día de las competiciones.

La señora Dodds se volvió hacia mí con una mirada asesina.

Mis rodillas parecían de gelatina y las manos me temblaron tanto que casi se me cae la espada.

-Debilucho –dijo Ares, que al instante fue bañado por el océano Pacífico.

- ¡Muere, cariño! –rugió, y voló directamente hacia mí.

Me invadió el pánico e instintivamente blandí la espada.

-¿Y eso es instintivo? –preguntó Apolo-.

- Hacía mucho que no nacía un guerrero nato –dijo Ares empezando a mostrar más interés por el libro-.

La hoja de metal le dio en el hombro y atravesó su cuerpo como si estuviera relleno de aire. ¡Chsss! La señora Dodds explotó en una nube de polvo amarillo y se volatilizó en el acto, sin dejar nada a parte de un intenso olor a azufre, un alarido moribundo y un frío malvado alrededor, como si sus ojos encendidos siguieran observándome.

Los semidioses se estremecieron, después de todo, nunca se olvida al primer monstruo.

Estaba solo. Y en mi mano solo tenía un bolígrafo.

El señor Brunner había desaparecido. No había nadie excepto yo. Aún me temblaban las manos. Mi almuerzo debía estar contaminado con hongos alucinógenos o algo así.

¿Me lo había imaginado todo?

-Solo a ti se te ocurriría eso, sesos de algas –dijo Nico-.

Regresé fuera.

Había empezado a lloviznar.

Grover seguía sentado junto a la fuente, con un mapa del museo extendido sobre su cabeza. Nancy Bobofit también estaba allí, aún empapada por el bañito en la fuente, cuchicheando con sus compinches. Cuando me vio, me dijo:

-Espero que la señora Kerr te haya dado unos buenos azotes en el culo.

-¿Quién? –preguntaron Thalía y Nico.

- ¿Quién? –pregunté-.

Talía y Nico se quedaron mirando el libro en estado de shock

-¡Pensamos como el sesos de algas! –gritaron los dos a la vez con una mueca de horror dibujada en la cara.

-Nuestra profesora, lumbrera.

Parpadeé. N o teníamos ninguna profesora que se llamara así. Le dije de qué estaba hablando, pero ella se limitó a poner los ojos en blanco y darse la vuelta. Le pregunté a Grover por la señora Dodds.

-¿Quién? –preguntó, y como vaciló un instante y no me miró a los ojos, pensé que pretendía tomarme el pelo.

-Chicos –dijo Hermes a sus hijos- quiero que le deis clases de mentir a Grover.

- De acuerdo –dijo Travis- el lunes a las once en punto de la mañana en nuestra cabaña.

Grover asintió un poco temeroso de que lo utilizasen como conejillo de indias para sus bromas.

-No es gracioso, tío –le dije-. Esto es grave.

Resonaron truenos sobre nuestras cabezas.

El señor Brunner seguía sentado bajo su sombrilla roja, leyendo su libro, como si no se hubiera movido. Me acerqué a él. Levantó la mirada, algo distraído.

-Ah, mi bolígrafo. Le agradecería, señor Jackson, que en el futuro trajera su propio utensilio de escritura.

-¡Tú sí que sabes mentir Quirón! –dijo Hermes secándose una falsa lágrima de orgullo.

Se lo tendí. Ni siquiera había reparado en que seguía sosteniéndolo.

-Señor –dije-, ¿dónde está la señora Dodds?

Él me miró con aire inexpresivo.

-¿Quién?

- La otra acompañante. L señora Dodds, la profesora de introducción al algebra.

Frunció el entrecejo y se inclinó hacia delante, con gesto de ligera preocupación

-Percy, no hay ninguna señora Dodds en esta excursión. Que yo sepa, jamás ha habido ninguna señora Dodds en la academia Yancy. ¿Te encuentras bien?

- Pues claro, solo e ha intentado matar una furia, pero por lo demás todo bien –dijo sarcásticamente Apolo.

- Aquí acaba el capítulo –informó Hestia.

Entonces apareció de nuevo la luz, y cuando esta cesó había…


Puntos a aclarar:

*Todos los semidioses (excepto Luke, que viene del mismo día que se disponía a robar el rayo) vienen del final de La Marca de Atenea, cuando se enteran de que Percy y Annabeth han caído al Tártaro

*La historia está narrada en 3ª persona, he incluye los pensamientos de todos.

Bueno con esto acaba el capitulo, espero que os guste.