Lesson 1


- ¡Acero! - el sonoro grito hizo que todos los presentes se diesen la vuelta. - ¿En qué demonios estás pensando? ¡NO puedes usar así la alquimia!

- ¡No me grites Coronel bastardo, se perfectamente lo que hago!- gritó él también con la misma rabia.

- No vuelvas a hablarme así, soy tu superior, como repitas este comportamiento, te mando de vuelta al campo-

Edward apretó los puños furioso y se dio la vuelta mascullando maldiciones.

- Coronel...¿No cree que se ha excedido un poco? - preguntó Hawkeye lo suficientemente alto para que él pudiera oírlo mientras se marchaba.

- Para nada, Teniente, ese mocoso es muy descuidado - gruño el idiota aquel.

Estaba muy enfadado, llevaba solo dos meses en East City ya habían pasado dos semanas desde que aprobase el examen de Alquimista del Estado y hiciese lo que hiciese tenía a la mosca cojonera del Coronel Mustang detrás suyo diciéndole lo que estaba bien o lo que estaba mal. Quizás sería mucho mejor darse la vuelta y volver a casa y buscar por él mismo la manera de devolverle el cuerpo a Al, aunque sin el dinero y los recursos de los militares sería mucho mas difícil. No tenía otra opción que quedarse y aguantar, tenía que lograrlo y aquella era la única manera. O la mas fácil.

- ¿ Puedo sentarme Acero? - preguntó parándose junto a él.

- Haz lo que quieras - murmuró entre dientes

Mustang respiró profundamente antes de sentarse a su lado.

- ¿ Sabes que yo también conseguí mi titulo de Alquimista del estado siendo muy joven?

Le dedico una mirada glacial, le importaba una mierda como el brillante Coronel idiota había conseguido su titulo.

- Claro, aunque no tan joven como tu - se rió pero no había ni una pizca de burla en su voz, solo nostalgia. - ¿Puedo contarte una historia?

- ¿Vas a hacerlo aunque te diga que no verdad?

-Calla y escucha Acero - refunfuño.

- Está bien, cuenta lo que quieras Coronel - replicó con retintín y con un gesto de disgusto en la cara a lo que Roy Mustang tuvo a bien responder con un buen capón.

- Mi maestro era un hombre muy severo, muy exigente, me examinaba cada semana, no me perdonaba un solo error, al primero que veía, aunque fuese ortográfico, dejaba de corregir y me suspendía.

- Que pesadilla - murmuró.

- Y claro si no aprobaba no avanzaba con la materia y me amenazaba con mandarme a casa.

- Eso lo has aprendido muy bien.

- Pero por suerte - continuó obviando por completo su malicioso comentario.- Soy una mente brillante. - Se rió con arrogancia y él lo miró con una mueca de desprecio. - Solo fallé dos veces, me pasaba horas estudiando cada detalle, cada formula, todo, no se me escapaba nada. Él solo gruñía malhumorado cada vez que aprobaba un examen, pero continuaba enseñándome todo lo que yo quería- dejó escapar un largo suspiro mientras se miraba las manos.- Cuando conseguí aprobar toda la teoría me dejó unos guantes parecidos a estos, solo que mas desgastados y me dijo "practica lo que sabes" no se molesto en enseñarme como se hacía, ni en decir nada.

- Menudo maestro - dijo volviendo a interrumpirle, de alguna manera estaba atrapado por aquel relato.

- Así que repasando todo lo que había aprendido, comencé a practicar, a repasar las equivalencias, todos y cada unos de los detalles que estaban grabados en mi memoria pero por mucho que chasquease mis dedos no conseguía nada, pasé mas de cuatro horas intentándolo, pero nada, estaba tan frustrado que creía que el maestro me había dado unos guantes que no funcionaban esperando que yo me diese cuenta de ello, así que volví a la casa. Estaba tan orgulloso de mi deducción que iba hinchado como un pavo, pero al pasar por el salón vi a la hija de mi maestro bailando, ella sola, feliz, dando vueltas, riéndose y allí me quede mirándola como un idiota. La musica era pegadiza y sin darme cuenta chasquee mis dedos y una perfecta y preciosa llama salió disparada y...

- ¡Oh no! - lo miró horrorizado cubriéndose la boca con las manos y el coronel le dedicó una sonrisa cómplice.

- Y golpeó de lleno una estantería llena de libros - dejó escapar todo el aire que había estado reteniendo y esperó a que continuase. - Fue un golpe perfecto, se carbonizaron todos y ningún mueble mas quedó afectado. - El coronel sonrío de nuevo con arrogancia.

- ¿Pretendes decirme que si te esfuerzas mucho consigues tus propósitos? - le interrumpió.

- Escucha Acero, fui corriendo donde mi maestro, emocionado, lo había conseguido ¿Sabes lo que hizo?

- ¿Gruñó?

- Me dio un puñetazo que me lanzó contra la pared, yo tenía 17 años y él era un hombre enfermo y aún así fue capaz de derribarme "no voy a volver a enseñarte nada" gritaba "no has aprendido nada" y yo no entendía nada, lo había conseguido - miró de nuevo sus manos. " No te das cuenta del poder que tienes" " De la responsabilidad" le conteste que había estudiado lo suficiente como para sofocar un pequeño incendio "Maldito estúpido arrogante ¿Si en vez de darle a los libros le hubieras dado a ella?" me quedé sin palabras, temblando, ni siquiera había pasado por mi cabeza esa posibilidad - no dejaba de mirarse las manos abatido.- Podría haberla matado, solo porque estaba distraído, solo porque no presté atención...

- ¿Que pasó?-

- Conseguí que mi maestro me perdonara, aún no se como, supongo que su hija le convenció.

-¿ Qué pasó con la hija?

- Se pasó meses sin hablarme, era su estantería, sus libros favoritos y créeme cuando te digo que eran muchos - se frotó la cara como si tratase de borrar aquel recuerdo de su cabeza. - Estaba furiosa... y aún sigo devolviéndoselos.

- Eres un idiota Mustang.

- Este poder, esta habilidad es para proteger al país, para proteger a la gente que queremos, pero es un poder que hace daño, que sirve para matar, no te olvides nunca de lo que eres capaz, para lo bueno y para lo malo. -

- No lo hago, Mustang, no lo hago.

- Por supuesto que no enano -

- ¡No me llames eso bastardo! -

- Volvamos dentro, te llevaré a casa. - dijo conteniendo una carcajada mientras se levantaba.

Subieron las escaleras del cuartel y se dio cuenta de que el coronel llevaba una pequeña bolsa con un paquete en el interior, al abrir la puerta se cruzaron con la teniente Hawkeye que salía de trabajar.

- ¿Se marcha a casa Teniente?

- Si, Coronel, he terminado mi trabajo ¿Necesita algo señor?

- No Teniente, puede marcharse.

- Hasta mañana Coronel, hasta mañana Edward - dijo ella sonriendole con amabilidad.

- Hasta mañana Hawkeye.

- Un momento , tenga - Mustang le ofreció el paquete que ella desenvolvió con sumo cuidado,sino no supiera que era imposible habría dicho que aquel idiota estaba nervioso, dentro había una edición con una encuadernación muy cuidada de "El viejo y el mar".

- Gracias Coronel - la teniente sonrió apretando el libro contra su pecho y bajó las escaleras sin volver la vista atrás.

- ¿ Quieres otro consejo Acero? Nunca hagas enfadar a la teniente Hawkeye. - sonrió sin apartar la vista de ella mientras se alejaba, algo hizo clic en su cabeza, le miró incrédulo y él solo se encogió de hombros.

- Vamos Acero se nos hace tarde.


A mi esto de escribir drables me gusta mucho así que os daré la lata cuando este inspirada.

Un beso, nos leemos.