Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

Capítulo dos

Edward

«Aquí voy otra vez».

Fue lo primero que llegó a mi mente en cuanto Jasper abrió la puerta de su residencia. Él apareció vestido en ropa deportiva con rostro despreocupado, servicial y tan sonriente como siempre, después de su evidente saludo, me indicó que lo siguiera.

La estancia se veía bastante amplia con ese concepto semiabierto y la isla en medio, era un lugar ordenado y con todo lo necesario para vivir, a parte de muy silencioso.

― ¿Qué te parece? ―indagó Jasper después de recorrer un corto pasillo, señaló desde la puerta del que sería mi nuevo dormitorio.

Una habitación completa me recibió, pero mis ojos no podían ver otra cosa que no fuera la cama.

― Justo lo que necesito ―respondí, aún con mi equipaje en mano.

― La habitación cuenta con baño propio ―añadió―, también tiene un escritorio que quizá te sea útil. Solo tendrás que armarlo, porque nunca tuve tiempo para hacerlo, y se fue quedando arrumbado entre las cosas olvidadas, por cierto, está en el closet.

Asentí.

― Sé que no tienes coche ―mencionó en voz baja―. He pensado en que podemos compartir mi auto cada que vayamos a la oficina o, cuando te sea necesario. Las llaves siempre están en la entrada, allí, donde se ponen las llaves de todas las cosas.

Reí por sus torpes indicaciones.

― Acepto la oferta ―dije―, y gracias por esto.

― Bien, pues ponte cómodo ―animó.

Antes de que se fuera le estreché en un abrazo sincero cargado de agradecimiento, que él correspondió con unas fuertes palmadas a mi espalda.

― Edward ―me llamó antes de salir―. No te preocupes, así empezamos todos. Hace mucho yo también estuve en tu lugar y mírame ―se encogió de hombros―, ahora tengo mi propio coche, que no es último modelo, pero funciona cómo si lo fuera.

Solté una carcajada cuando cerró la puerta tras de sí. Era un buen tipo, no cabía duda.

De un gran salto me dejé caer sobre la cama.

Esto era mil veces mejor que un colchón lleno de ácaros de un mal hotel. No tenía nada contra los hoteles económicos, simplemente, no se podía comparar con la suavidad y comodidad de una confortable cama.

Tendría que agradecer el resto de mi vida haber aceptado ayuda de Jasper. Gracias a su imperiosa oferta a compartir gastos de su apartamento, me resultaba mil veces más cómodo residir en un lugar limpio y espacioso. Aunque después de andar viviendo de hotel en hotel y hallar cada habitación más microscópica que otra por dos meses, cualquier cosa siempre sería mejor.

Un bostezo profundo me hizo cerrar los ojos.

Mi llegada a Miami había sido intensa; aún no lograba adaptarme al ritmo de vida de mi nueva residencia, de pronto me llegaba la melancolía y extrañaba la tranquilidad de mi pequeño pueblo natal, empezaba a echar de menos los días nublados y lluviosos.

Apenas gradué de ingeniería en finanzas de la Universidad de Seattle y había hecho mi pasantía en una prestigiosa institución bancaria de esa misma ciudad. Por un lado siempre me mantuve exultante de poder estudiar y trabajar en el mismo Estado, esto me daba mayor posibilidad de viajar seguido a Forks y visitar a mi familia.

Desde mis quince años resolví lo que deseaba estudiar, de ese modo fue menos complicado planear cada paso después de culminar la Universidad, pensé en hacerme de experiencia en mi primer empleo, y por supuesto aspire mucho más.

Lo que nunca imaginé, que mi nombre fuese elegido para formar parte de Swan's Corporation. Trabajar para Swan era un sueño, algo que en muchos años hubiese podido imaginar, pero que una enajenada realidad me tenía trabajando desde hace dos meses para el hombre más exitoso en el mundo financiero.

En un principio me costó aceptar una oferta laboral en dicha corporación y no porque no me interesara sino por lo que implicaba aceptar vivir lejos de casa. Estaba acostumbrado a pasar tiempo de calidad con mamá y Bree, mi hermana menor. Entre los tres teníamos una buena relación y por ser el único hombre, era un tanto sobreprotector y consentidor con ellas.

Apreté mis párpados con fuerza; no quería evocar malos recuerdos.

Esme dice muy a menudo que debo soltar el pasado. Mamá a veces suele decir mucho y actuar poco. Ella nunca olvidó a Carlisle, era más que comprobado el porqué nunca rehizo su vida con alguien más. En el fondo le sigue queriendo, aunque se niegue a aceptarlo.

Es que a mis veintidós años, aún me era difícil volver al pasado. El abandono de Carlisle continuaba siendo un tema difícil para mí. Principalmente cuando mis recuerdos infantiles se filtran en mi mente sin querer, tan solo para rememorar que nunca fuimos importante en su vida.

Si continuaba en lo mismo; era capaz de ralentizar cada imágen de aquella noche donde nos dejó. En aquel tiempo era angustiante mirar a Esme y ser testigo presencial de su rostro anegado en lágrimas, me dolía, y que mi pequeña hermana preguntara por él cada día sin comprender porque no regresaba, pesó aún más.

Froté mi rostro con mis palmas, desanimado.

Si me ponía a analizar; a Bree le fue más rápido eludir todo lo ocurrido, ella tenía tres años, era realmente pequeña y después de un año entero de llorar en espera de él, simplemente olvidó. No puedo confirmar que haya eliminado por completo a nuestro progenitor, quizá en algún viejo recuerdo existe aún en su memoria, pero siempre se ha mantenido discreta al hablar del tema.

Sin embargo, en mi caso no fue lo mismo. En ese entonces tenía nueve años, mi padre era una especie de superhéroe para mí. Por ser el hijo mayor fui criado en mis primeros años por él, lo que me hizo admirar más su persona y desee, en ese entonces, ser una copia exacta de él. Pero, todo eso pasó a segundo término cuando no volvió a casa, y después de meses de incertidumbre mamá nos reveló que Carlisle no regresaría más.

Al ser un crío no presté suficiente atención de las posibles causas; recuerdo que a veces llegué a imaginar que yo fuese la razón principal, porque nunca me gustó quitar sus zapatos cuando llegaba a casa. Por supuesto que con los años la infidelidad de Carlisle fue el claro motivo de su desinterés para con nosotros, pues los cotilleos se extendieron rápidamente y supimos que él compartía su vida con alguien más.

Así fue como empecé a guardar resentimientos por el hombre que me dio la vida. Esta mal que lo dijese de una forma tan despectiva, mas, era lo cierto. Desde muy niño había intentado quitar este tipo de emociones sobre él, pero había fallado. Nada bueno podía venir a mi memoria cada que lo recordaba.

― Oye, ¿estás dormido?

La voz de Jasper del otro lado de la habitación me hizo salir de mis cavilaciones.

― Puedes entrar ―anuncié, con mis codos apoyados en el mullido colchón.

― Iré por unas cervezas ―explicó, asomado tras de la puerta―. Tal vez, me tarde mas de la cuenta. Es sábado y no pretendo quedarme encerrado, ¿quieres ir?

Tomar unas cervezas con Jasper sería un buen comienzo, puede que empiece a mirarlo como un buen amigo. Solo que estaba en la espera de algo más importante de hacer un sábado por la noche, hablar por horas con mi novia.

Así que, definitivamente, no iría con él.

― Estoy esperando una llamada de mi novia ―respondí con evidente emoción.

Él solo rodó los ojos.

― Bien, como yo estoy soltero, me divertire por ti ―aclaró, antes de desaparecer.

Miré la pantalla de mi móvil con ansiedad.

Echaba de menos a Kate.

Llevábamos dos largos meses sin vernos y cada día era completamente una tortura estar lejos. Ambos sabíamos cuán complicado sería nuestra relación a distancia, sin embargo, llegamos a un acuerdo después de mucho dialogar, concluimos que nuestros seis años de noviazgo eran capaz de soportar un tiempo sin contacto físico, así que, decidimos confiar en la tenacidad de nuestro amor.

Por supuesto que confiaba en ella, ciegamente.

Nos conocíamos desde niños y nuestra sincera amistad con el paso de los años se transformó en amor. La había amado desde que se convirtió en una hermosa adolescente y me hallé suspirando y pensando en ella todo el tiempo. Para nosotros no había secretos que no conociéramos del otro. Incluso, a pesar de la distancia territorial nos manteníamos tan unidos gracias a la bendita tecnología que muchas de las veces nos permitía desfogar nuestro desenfreno emocional.

Sonreí tontamente cuando el móvil se iluminó mostrando una hermosa chica rubia en la pantalla.

No cabía duda que tenerla, me volvía plenamente feliz...


Muchísimas gracias por leer.