Hoolaa!
Guest: ¡Muchas gracias por tu comentario!, de verdad, lo vi en día que no la estaba pasando muy bien y me hiciste muuuuuy feliz, espero que este capítulo te guste y no te sea un poco aburrido jeje. Todavía no me tengo mucha confianza al escribir pero tú me inspiraste para seguir
Bien… eh… debería decir que Naruto no me pertenece y los casos médicos son de Grey's Anatomy y otras series de medicina...
Capítulo 2
Se quitó los tenis negros y los colocó a un lado de la puerta, junto al bolso blanco que utilizaba para ir a las guardias, miró el reloj en su muñeca, 11:13 a.m., tres horas atrás había terminado su turno en el hospital y después de pasar un tiempo con Kai, como se lo había prometido, se dirigió a su casa, por suerte no era una hora tan transitada en el metro por lo que no le tomó mucho tiempo llegar al apartamento.
Sonriendo se dirigió a la cocina donde se preparó un sándwich, se sentó sobre el largo mesón en posición india (a pesar de tener tres sillas blancas en donde sentarse), y estaba dispuesta a darle un mordisco a su comida cuando escuchó el timbre de su teléfono, sus brazos se detuvieron en el aire, con pesar suspiró y volvió a colocar el alimento en el plato en el que había estado, se bajó y corrió hacia su bolso, su cabello negro se tambaleó de un lado para el otro amarrado todavía en una cola alta, hasta que se agachó para sacar su celular, cuando lo tuvo en la mano miró quien la llamaba: mamá.
- ¿hola? – sus ojos se cerraron muy fuerte, esperando una reprimenda.
- ¡Hinata!, ¿Dónde has estado? – Sí, su madre estaba molesta - ¡no he sabido nada de ti en dos días!
- Lo siento mamá, he tenido mucho trabajo – dijo con suavidad mientras apoyaba la espalda contra la puerta de madera
- Espero que no hayas olvidado la cena de esta noche – el tono de su madre fue acusatorio – y no quiero nada de escapadas al hospital, es el cumpleaños de tu hermana, Hinata
- No lo he olvidado, ahí estaré – dejó que su cuerpo se deslizara hasta el suelo y flexionó sus piernas – y no mamá, aún no he llamado a Hanabi, la felicitaré esta noche – se le adelantó a la preguntaba que sabía bien su madre iba hacerle
- está bien, te esperamos, adiós hija – dijo mientras cortaba la llamada
Miró su teléfono para tirarlo dentro del bolso, llevó sus manos a sus tobillos y los apretó sobre el uniforme azul oscuro, si había olvidado la cena y el cumpleaños de su hermana, Hanabi no vivía en la ciudad por lo que la veía pocas veces, tampoco la llamaba muy seguido o viceversa, además su relación siempre fue extraña, mordió sus labios mientras veía sus rodillas, su estómago gruñó ¿No se suponía que hoy descansaría hasta el día siguiente?
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Sintió un fuerte golpe en la espalda mientras revisaba unos historiales en la recepción, giró su cabeza hacia su derecha con el ceño fruncido, dispuesto a gritarle al idiota que se atrevió a golpearlo, sus ojos negros captaron a un rubio sonriente que corría hacia atrás para darle la cara, sus brillantes ojos azules lo miraban mientras un brazo de piel bronceada se agitaba en el aire saludándolo, las personas se apartaban de su camino y lo miraban con reprobación.
- ¡Vamos Sasuke, estás lento hoy! – le gritó mientras giraba su cuerpo para correr más rápido hacía emergencias.
Enseguida cerró la carpeta y corrió detrás del rubio maldiciendo, ¿Cómo alguien como Naruto llegó a convertirse en jefe de residentes? Cada vez que lo necesitaba en emergencias al ojiazul le daba por buscarlo y golpearlo para salir corriendo, justo como acababa de hacer en ese momento, en lugar de solo utilizar el buscapersonas, una vez en emergencias rápidamente buscó una bata quirúrgica y se la colocó para situarse junto a los otros residentes que el rubio había contactado. El ojiazul se volteó con una carpeta en mano para mirarlos, tres de segundo año y uno de tercero, más varios enfermeros ¿Qué no había llamado a más residentes?
- Bien, supongo que somos todos – dijo mientras cerraba los ojos y se rascaba una mejilla apenado – Ino y Shikamaru, ustedes se encargarán de la segunda ambulancia, Sai y Sasuke, ustedes vendrán conmigo a la primera, ¡A trabajar! – gritó mientras se escuchaban las sirenas de las ambulancias que llegaban al hospital.
Ino estaba amarrando su rubio cabello en una cola alta mientras corría cuando sus ojos azules divisaron a Shikamaru ya al pie de la ambulancia, los ojos negros de su compañero estaban fijos en el hombre que era bajado del transporte, su cabello castaño oscuro en la misma cola puntiaguda de siempre, llegó a su lado justo a tiempo para escuchar al paramédico.
- Varón, cuarenta años, sufrió una colisión frontal, presenta fractura de cráneo y lesiones internas múltiples, hace veinte minutos que estamos intentando revivirlo – decía mientras bajaban al hombre en la camilla – pero los bomberos también se llevaron un tiempo para sacarlo, es hombre muerto.
- Eso está por verse – dijo la rubia mientras ayudaba a empujar la camilla en dirección al hospital.
Ojos negros contra ojos negros, Sasuke observó a Sai detenidamente, mientras que el flequillo de su cabello negro le llegaba a la barbilla, el de Sai era más corto, ambos tenían pieles pálidas, podían pasarse por hermanos fácilmente, si no fuera porque siempre había sentido cierto recelo por el otro moreno, él había llegado primero que Sai al hospital Konoha, un año antes, y todavía se molestaba cuando a veces le llamaban por el nombre del otro, para su gusto el chico parecía odiarlo también, nunca se dirigía a él, incluso cuando Naruto lograba que algunos de los residentes salieran a comer y beber juntos, simplemente algo en él no le cuadraba. Sai desvió sus ojos, lo que lo obligó hacer lo mismo, Naruto ya estaba ayudando a bajar al paciente de la ambulancia.
- varón, 48 años, no tenía cinturón de seguridad, le colocamos dos litros de solución de ringer, distención abdominal severa, su historial dice que tiene problemas hepáticos, está esperando un trasplante – dijo el paramédico mientras entraban al hospital con el hombre en camilla.
Naruto quitó la sábana que cubría el torso del hombre – Abdomen rígido – dijo al verlo, las camillas que pasaron a su lado llamaron su atención, el hijo y la esposa del hombre – ¡prepararé el quirófano! Sasuke ve con el chico, Sai la mujer, quiero radiografías cuanto antes – ambos morenos asintieron ante la orden y desaparecieron por los pasillos junto a sus respectivos pacientes.
El rubio se quitó los guantes blancos enojado - ¡maldición!, ¡que alguien busque a Kakashi, lo necesito en el hospital! – gritó.
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Encendió la luz del negatoscopio luego de poner la imagen entre las placas, esas radiografías no se veían nada bien, Naruto cruzó los brazos sobre su pecho observándolas, si bien no eran de las peores que había visto si eran graves, en sus manos sostenía los historiales médicos de la familia que había leído hace unos momentos mientras esperaba las radiografías de la madre y el hijo.
- Hana, 45 años, fracturas múltiples en clavículas, húmero y dos costillas, gran hematoma amarillento en la zona del riñón izquierdo, necesita guardar cama y un psicólogo, tiene golpes en su cuerpo que no fueron causados por el accidente – dijo Sai mientras se paraba al izquierdo de Naruto, quien lo miró con el ceño fruncido, así que ese tipo… negó con la cabeza, y pensar que llamó a uno de sus mejores doctores para que lo atendiera en el quirófano.
Un carraspeo los hizo voltear hacia la entrada del cuarto de radiografías justo para ver a Sasuke pasar entre ellos, colocó las placas de su paciente en el negatoscopio con la luz ya encendida.
- Ryu, 19 años, tuvo suerte, no presenta lesiones serias ni tampoco hemorragias internas – el pelinegro se paró entre Sai y Naruto – una noche en observación bastará – de repente el cuarto se hundió en silencio, Naruto estaba por decir algo cuando una enfermera lo interrumpió tocando fuertemente la puerta, el rubio suspiró internamente y dejó los historiales sobre un escritorio, antes de voltear a ver a la mujer de ojos y cabello morado, su tranquilidad se esfumó.
- Dr. Uzumaki, el Dr. Hatake necesita hablar con usted y con la familia del hombre que tuvo el accidente esta mañana, dice que tienen 5 horas para encontrarle un trasplante al paciente, de lo contrario su hígado no resistirá – Su cuerpo estaba cubierto por una bata quirúrgica con un poco de sangre al nivel del abdomen, los guantes de sus manos también lo estaban, ¿Qué demonios estaba pasando en esa operación?
- Enseguida voy Anko – la chica asintió y se iba a retirar cuando el rubio la llamó nuevamente - ¿Podrías por favor quitarte eso para andar por el hospital?, es que no quiero que la gente se alarme – se carcajeó como siempre aunque con un toque de nerviosismo, de todas maneras, todos le temían a Anko Mitarashi.
- Están en un hospital tarado – su ceño se frunció mientras miraba a Naruto con enojo – es normal que vean este tipo de cosas – giró su cuerpo para irse pero miró sobre su hombro a los tres hombres – Además el rojo me sienta bien, ¿no les parece? – y sin más desapareció
Los tres soltaron una respiración que no sabían que estaban conteniendo
- Alguien debe encargarse de esa lunática – murmuró Sasuke
- En realidad, espero no ser yo – el rubio rascó su mejilla nervioso – bien, Sasuke habla con el chico, su historial decía que es candidato para el donante de su padre, puede que sepa que su madre es golpeada por su padre. Sai ven conmigo, Kakashi nos necesita – dijo más decidido saliendo de la habitación con Sai siguiéndole.
Sasuke hizo un sonido de frustración mientras cerraba los ojos.
- demonios – murmuró
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- Hace dos años que su hígado no está funcionando bien, dejó de beber y entró en una lista de trasplantes pero su sangre no es muy común por lo que no hay muchas opciones disponibles – sus ojos grises fijos en los zapatos deportivos del doctor parado a su izquierda, su cabello negro estaba revuelto sobre la almohada y resaltaba en la sábana blanca, su piel ligeramente bronceada tenía muchas heridas y moretones por todo su cuerpo, a pesar de todo, su voz era calmada.
- Señora – dijo el peligris mientras la miraba con sus ojos bicolor – creo que ya saben que su hijo Ryu es un posible donante, entiendo que no quiera presionar a su hijo, pero su esposo está en una situación delicada.
- Ya sabemos que su hijo ha ido al psicólogo por este motivo – sus ojos grises pasaron del peligris al rubio que entraba a la habitación seguido de un moreno - ¡hola Hana!, que bueno que te encuentras bien, soy Naruto, revise a tu esposo antes de entrar a cirugía, y ya conoces a Sai – dijo señalando al moreno a su izquierda, quien alzó su mano en saludo.
- mi hijo no… él no… esto no es tan sencillo, tienen que entenderlo – sus ojos se aguaron y miraron a cada uno de los doctores – Ryu es muy joven, mucho para cargar con esto… lo hemos… habíamos… solo denle un poco más de tiempo – Kakashi se incomodó cuando la mirada de la mujer se quedó fija en él.
- está bien, que se tome su tiempo – dijo para salir de la habitación, tiempo era lo que menos tenían pero debía ser cuidadoso con ella, si el chico se rehusaba ella sería la única oportunidad de convencerlo, lo mejor sería mantenerla de su lado y que no creyera que fuera un desalmado.
- Ryu debe entrar al quirófano si quiere salvar a su padre, no hay mucho tiempo Naruto – le dijo al rubio cuando este salía detrás de él.
- ya lo sé Kakashi, no es fácil para él – le respondió Naruto – el tipo nunca ha sido bueno con esa mujer, es mucho pedirle que acepte, no sé si logremos convencerlo a tiempo, iré a ver a Sasuke – kakashi vió como Naruto cruzaba por un pasillo para desaparecer, el peligris se quedó parado en su lugar unos minutos para después recostarse de una pared del pasillo.
De repente el cansancio lo golpeó, ese hombre tenía al menos 4 horas y media para recibir el donante antes de que fuera tarde. Él no había dormido en toda la noche y cuando estaba a punto de salir lo llamaron, no quiso escaparse como otras veces lo hacía al notar que era algo serio pero sinceramente el caso lo estaba sacando de quicio, él solo quería irse a casa y descansar.
- siempre puedo estar libre con Icha Icha – dijo para sí mismo sacaba un pequeño libro del bolsillo de su bata y sonreía.
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Hinata estaba sentada en el mesón de la cocina, esta vez sus pies colgaban mientras se balanceaban en un gesto infantil, sus ojos puestos en la luz anaranjada del sol que se filtraba por las transparentes cortinas de la gran ventana de la sala, en realidad su apartamento era muy cómodo, ni muy grande ni muy pequeño, tenía el tamaño perfecto, al entrar, a la izquierda se podía ver la cocina, la sala quedaba de frente junto a una gran ventana cubierta de cortinas blancas con pequeñas rosas rosadas, tres cuartos se encontraban a la derecha, contaba con dos baños, uno en el cuarto principal y otro entre los cuartos restantes, las paredes estaban pintadas de un morado muy claro, era relajante verlo con la luz de la madrugada, le deba una sensación de paz inigualable.
Sonrió mientras sentía como su falda azul con pelotitas blancas se balanceaba también al mover sus pies, un bolso cruzado marrón descansaba en una de las sillas blancas que tenía puestas alrededor del mesón, las cuales nunca usaba más que para poner cosas, siempre que Hanabi estaba en la ciudad, su madre la hacía quedarse en su casa por "los viejos tiempos", y ella no podía negarse a menos que tuviera guardia en el hospital, y si hubiera recordado ese pequeño detalle hubiera hecho un cambio para tener guardia ese día, suspiró bajándose del lugar, con paciencia y lo más lento que pudo se colocó los tacones marrones y el cinturón marrón en su cintura, para sujetar su falda y la camisa blanca de cuello v, con un suspiro tomó su bolso y lo paso sobre su cabeza para cruzarlo, se puso en camino hacia la casa de sus padres cerrando con llave la puerta de su apartamento.
Hanabi había dejado crecer su cabello castaño desde la última vez que la había visto, sus ojos blancos tenían la misma fuerza de siempre, y está vez su aptitud era más impertinente, Hanabi era una mujer de mucha presencia, siempre lo había sido, y todos parecían caer ante ella como el diente de león cedía ante el viento, su pequeña hermana era como un camaleón, siempre cambiaba para caerle en gracia a los demás, sonrió antes de meterse su último pedazo del teriyake que había preparado su madre a la boca, los dedos de sus pies se movieron en satisfacción debajo suyo, a pesar de que ya le estaba cansando estar sentada sobre sus rodillas en la forma tradicional Seiza. Cuando llegó a la casa de sus padres ya tenían un tenían un tiempo esperándola, se sintió un poco apenada y se disculpó, después de eso, los cuatro salieron hacía el patio trasero, donde había un pequeño porche con una mesa redonda y muy baja, el bajando dos escalones se encontraba un jardín lleno de hortensias blancas y rosadas, estaban sembradas de manera que hicieran tres grandes figuras de flores, un pequeño muro de piedras beige encerraba al jardín y limitaba el terreno trasero de la casa que había sido su hogar cuando era niña.
- …nata, tierra a Hinata, hermanita – la voz de Hanabi invadió sus oídos distrayéndola, su mirada recayó en su hermana mientras tragaba lo que había ingerido – dije ¿Qué tal tu trabajo?
- bien - ¿A dónde se habían ido sus padres? – supongo
- ¿supones? – Hanabi alzó una ceja – Hinata debes ser más decidida, salirte de ese mundo en el que vives, aquí en la tierra firme hay gente con la que puedes conversar y tener una vida normal. ¿Te has dado cuenta de eso?
- Hanabi tiene razón – su madre apareció por la puerta cargando una bandeja con un pastel de fresas – deberías contarnos más acerca de ti, tu padre y yo casi nunca te vemos a pesar de que vives aquí en Tokio, sé más de Hanabi que se la pasa viajando y vive en otro país que de ti. ¿Por qué no nos hablas de cómo es la residencia?
- quizás en otro momento – negó cortésmente - no creo que les agrade esa conversación mientras estemos cerca de la comida.
- Bien – Hanabi frunció el ceño - ¿Qué hay de tu vida amorosa? ¿Qué pasó con el chico que se te acercó el año pasado? ¿Qué hay de tus amigos? – su madre no dijo nada, solo la miró sonriendo, esperando con ansias su respuesta.
Oh, Hinata no quería, realmente, no quería sacar a ese chico en una conversación, era muy vergonzoso para ella. Sus manos se removieron incómodas en su regazo, sus ojos se fijaron otra vez en el jardín de su madre y un pequeño sonrojo apareció en sus mejillas. Lo había conocido el año pasado en el vagón de un tren mientras se dirigía al trabajo, a pesar de que ya no recordaba ni su nombre ni su rostro, cuando lo vio por primera vez… solo supo que sintió algún tipo de conexión que no podía recordar, el tiempo se detuvo por un instante para ella, ya no recordaba lo que ese chico le hizo sentir ese día, ni tampoco recordaba lo que había sentido cuando lo besó en aquella primera y única cita, tiempo después fue que se dio cuenta de que aquel chico nunca correspondió a su beso, después de sentirse un poco humillada y despreciada cuando el, ahora desconocido, no la había vuelto a buscar, sin embargo, ese sentimiento tampoco podía recordarlo, se dio cuenta de lo rápido que podía olvidar las emociones que sentía, por un momento se sintió como una piscina sin agua, tan… vacía. Hace mucho tiempo que no se había sentido así.
- ¡cuenta Hinata!, queremos detalles – su hermana le dedicó una mirada que no sabía cómo interpretar, los ojos violetas de su madre expresaban sorpresa mirándola atentamente - ¡rápido!, antes de que venga papá.
- no hay nada que contar Hanabi – su voz era suave mientras le dirigía una sonrisa a su hermana - simplemente no funcionó, pero seguimos siendo buenos amigos – mintió, la verdad es que no había vuelto hablar con ese chico para nada, se fue de su vida como había llegado, en silencio e inesperadamente.
- Hermana, eres demasiado aburrida – Hanabi cerró sus ojos mientras suspiraba - ¡eres médico, deberías saber vivir la vida! – Volvió a suspirar mientras su madre reía – papá se está tardando mucho con ese té, ya me quiero comer mi pastel.
Hinata fingió una sonrisa mientras se encogía de hombros, ya se estaba empezando a incomodar. Ella era la que siempre observaba, la que siempre se reía de las payasadas de otros, la que vivía a través de las experiencias de los demás, ella era muy ordinaria para que ese tipo de cosas le salieran bien, su vida era simple, claro, todo lo simple que a un residente de segundo año de medicina se le era permitido, pero ella estaba bien con su vida, hace mucho tiempo atrás había aceptado que algunas personas simplemente nacen para ser así, muy ordinarias para emociones tan complejas, y no le gustaba cuando criticaban su forma de vida, la hacían sentir mal consigo misma, como si fuera un experimento que fracasó y ahora no se puede limpiar el desastre para volverlo a intentar. Discretamente miró el reloj en su muñeca derecha, 7:00 p.m., solo una hora más y podría retirarse a dormir, necesitaré una charla con Kai después de esto.
- lamento la tardanza – su padre camino en sus medias blancas por el piso de madera del pequeño porche cargando con la bandeja de té – me distraje y el agua se secó, tuve que volver a poner más agua a hervir.
Luego de cantarle el cumpleaños a Hanabi, entregarle sus regalos, comer por obligación una pequeña rebanada de pastel de fresa (que odiaba pero que era el favorito de su hermana), y escuchar las historias sin fin que la menor de los Hyuuga tenía para contar sobre los diversos países en los que había estado durante todo ese tiempo, Hinata pidió permiso para retirarse de la mesa alegando que tenía que entrar muy temprano a trabajar al día siguiente, lo cual no era mentira, pero la verdad era que todo eso de la reunión familiar y las preguntas de su hermana la habían agotado, sumado a que no había podido descansar en la tarde por buscarle un regalo, una pequeña cadena dorada con el dije de una rosa dentro de un corazón.
Caminó por los pasillos de paredes marrón oscuro de su casa hasta llegar a su antiguo cuarto, la luz de luna entraba por la ventana, combinando a la perfección con el azul bebe que tenía la habitación, su madre había encendido el aire acondicionado antes de que ella llegara, hacía mucho frío y sonrío cuando vio que las cortinas danzaban a causa del mismo aire. Su cama se veía muy cómoda, sin intención de cambiarse se tiró en ella, desdobló el edredón de pequeños cuadritos en diversos tonos de azul, y se acomodó en posición fetal aprisionando la almohada entre su cabeza y su hombro izquierdo, no había nada mejor que dormir cansada, mañana tendría todo el tiempo del mundo para pensar en esa noche.
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Algo que aterrizó en su cara hizo que se despertara, pegó un brinco en la banca de los vestidores donde se había quedado dormido, sus ojos negros adormilados miraron el paquete en su mano, una bolsa de papas fritas, escuchó una fuerte risa muy familiar y sus ojos se alzaron para mirar al rubio de Naruto sentarse frente a él, imitando su postura, espalda recta y una pierna a cada lado de la banca, puso una botella de agua frente a él mientras que dejaba la propia en el suelo, también tenía una bolsa de papas fritas, cansado y hambriento destapó lo que le había pasado el rubio y empezó a comer.
- Día duro ¿eh idiota? – Dijo el rubio mientras mordía una papa – sé que no te gustan mucho estas cosas pero la comida de la cafetería se veía fatal, es muy tarde – miró con una sonrisa al pelinegro.
Sasuke se encogió de hombros restándole importancia, todo valía cuando tenía hambre, y si, había sido un día duro, ambos lo sabían, por eso no había respondido el insulto de Naruto como siempre lo hacía.
- cada vez que coma me acordaré del tipo de las muñecas – dijo el rubio para después tomar un poco de agua – que chico tan raro.
- Hm – en realidad a Sasuke le perturbaba un poco la idea de que un chico de 18 años se tragara 5 cabezas de muñecas, ni siquiera quiso preguntarle porque demonios lo había hecho, a él también lo perseguiría el recuerdo de ese tipo, sobre todo cuando ayudó a Naruto en la operación para sacar las estúpidas cabezas. Sentía la mirada del rubio en él, abrió los ojos solo para encontrarse con la boba sonrisa de Naruto - ¿Qué?
- buen trabajo, idiota – le dijo mientras reía
- siempre hago un buen trabajo, bastardo – su ceño se frunció mientras desviaba su vista del rubio
- ¡vamos Sasuke! – le gritó Naruto - sé que fuiste tú el que habló con el chico, Sai me dijo que los había encontrado dando un paseo por las afueras del hospital – lo apuntó con un dedo acusatorio mientras sostenía la bolsa de papas fritas con su otra mano – ¡Y no lo niegues!, yo mismo te vi desde la ventana de la habitación de Ryu. Tú lo convenciste de salvar a su padre.
El moreno no dijo nada y se limitó abrir la botella de agua para beber un poco, Naruto a veces podía ser tan molesto.
- Quería que su mamá dejara a su padre – la cara de Naruto fue de confusión - esa fue la condición que impuso para ser el donante – ambos se quedaron en silencio. El pelinegro se hundió en sus pensamientos.
- ¿lindo día? – Sasuke se recostó de la puerta de la blanca habitación, los ojos rojos del chico se despegaron de la ventana y voltearon a verlo con enojo - ¿Qué te parece si te saco por un poco de aire? – sus ojos se suavizaron y sus cabellos blancos se movieron cuando asintió con la cabeza.
Empujó la silla de ruedas en la que sentó a Ryu hasta las afueras del hospital, donde había una especie de jardín con árboles muy grandes que cubrían el sol, brindando sombra, el hospital a sus espaldas impedía que la brisa llegara por lo que todo estaba callado y tranquilo, entre los árboles había isoras rojas muy florecidas, se detuvo cuando un brazo de Ryu se estiró para tocar algunas, habló en un susurro que Sasuke no hubiera escuchado si el ambiente no hubiera estado tan calmado y lleno de silencio.
- Nunca las he entendido – Sasuke miró la espalda del chico, dejó que continuara – cuando era pequeño mamá tenía unas en el jardín, parecían tan caprichosas, mamá las regaba como debía ser, las cuidaba con tanto cariño, y sin embargo, nunca florecían, solo cuando ellas querían, aun así eran muy pocas flores y morían pronto – el chico paró por un momento, Sasuke esperó pacientemente - pero las de mamá eran amarillas.
- mi madre también tenía un jardín donde plantaba isoras amarillas – el pelinegro se paró delante de Ryu, quien lo miró con curiosidad haciendo una pregunta que Sasuke respondió con sus ojos negros – también eran caprichosas y morían rápido cuando florecían, mi hermano mayor y yo las arrancamos del jardín cuando crecimos y nos hicimos fuertes, ella nunca volvió a plantarlas, ni ninguna otra flor amarilla.
Ryu calló y miró las isoras a su lado, el amarillo era el color de la felicidad, esas isoras lo volvieron triste al escuchar la historia del médico. ¿Podría su madre continuar si él se atrevía arrancar las isoras amarillas del jardín? ¿Se enojaría con él? ¿Lo perdonaría? ¿No podría plantar otras flores menos caprichosas? No tenía que plantarlas sola esta vez, él podría ayudarle.
- ¿y ustedes? – Sus ojos rojos volvieron a mirar a Sasuke que le devolvió una mirada confusa – tú y tu hermano, ¿no se arrepintieron de arrancarlas? – su voz se quebró
- queriendo o no, eran parte de nuestro hogar – Sasuke nunca lo admitiría abiertamente, pero quería ayudar al chico, por eso tampoco lo negaría.
Ryu lo miró por un largo tiempo antes de responderle algo
- Lo haré, pero las isoras no se quedarán, la ayudaré a plantar nuevas flores – Sasuke lo miró no dejando ver su sorpresa, sintió culpa, su hermano y él habían sido un par de tontos.
El de ojos rojos le sonrió por primera vez, a Sasuke le pareció un conejo que había encontrado una rica zanahoria, sonrió internamente.
- Sasuke – la voz del rubio lo sacó de sus cavilaciones - ¿pasa algo malo? – Naruto lo miró preocupado, Sasuke pensó que sus ojos brillaban más de lo normal.
- No – el pelinegro lo observó con detenimiento mientras mordía un papa frita, el rubio ya había acabado con su bolsa y estaba tomando de su agua, algo dentro de su estómago se revolvió
- películas en tu casa mañana en la noche, idiota, ¡ja! – el rubio le golpeó el hombro fuertemente y salió corriendo de los vestidores.
- ¡ya no soy un niño Naruto! – le gritó pero sabía que no lo había escuchado, negó con la cabeza, él no le compraría ninguna porquería al rubio para que comiera en su sala y dejara todo sucio, como siempre lo hacía.
Naruto nunca cambiaría.
Y aunque no lo admitiera, él estaba agradecido por eso.
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Eso fue todo, la historia va ir un poco lenta porque todavía estoy pensando un poco en la trama, ya estoy escribiendo el próximo capítulo, en el que si se aparece Gaara, todavía dormido jeje no lo quiero despertar hasta que no sepa bien que va hacer de la historia, pero no se preocupen será pronto.
Espero que les haya gustado, si tienen preguntas o cualquier cosa que me quieran decir no duden en hacérmelo saber!
Gracias!
