Capítulo 2-El mundo de Picoro
Todo comenzó cuando aquellos navegantes del Gran Imperio desembarcaron y pusieron pie en la playa, aunque los habitantes autóctonos los recibieron amablemente, estos exploradores reclamaron las tierras para el Gran Freezer.
Los navegantes vieron a los habitantes autóctonos como seres atrasados y no civilizados, del cual no dudaron en imponer la civilización sobre ellos.
Por su esplendorosa vegetación y su hermoso paisaje, no tardaron en fundar la colonia, del cual prepararon flotas enteras para poder construirla casa por casa.
Los primeros gobernantes mantenían buenas relaciones con algunos pueblos próximos a la ciudad, pero las tribus belicosas como los caníbales fueron vencidos y los sobrevivientes obligados a trabajar la tierra. De ahí, surgieron el sistema de encomiendas, que aunque trabajaban para los colonos, a cambio de ser civilizados, los indígenas tenían deudas que podría durar por el resto de su existencia.
Después de haber descubierto parte el continente, los súbditos de Freezer se limitaron a explorar el territorio costero y colonizarlo, del cual ha surgido la segunda colonia más al norte. La primera exportaba materia prima y la segunda exportaba metales preciosos de la gran mina hallada en las cercanías, del cual la hizo la más rica.
Más alejado de las colonias, estaban los pueblos, que según se decía, eran civilizaciones más avanzadas que las pequeñas tribus, ya que han formado urbes y comunidades; aunque se decía que ahí estaban las riquezas que el Gran Freezer anhelaba.
Pero hubo un hombre de piel color verde que provenía de uno de aquellos pueblos, y se llamaba Picoro. Serio y de poco sonreír, y con un carácter duro, fue criado en la colonia, aunque no se adaptó del todo, ya que era poco social; pero lo que aprendió era a usar las armas blancas y de fuego, además de conocer algo de la forma de vida de los colonos.
Su padre había huido de su pueblo, porque ocurrió una gran tormenta que asolo las tierras, del cual muchos indígenas huyeron, pero muchos se quedaron y reconstruyeron sus pueblos y ciudades, aunque algunas desaparecieron. Pero no llego a conocerlo bien, ya que murió de bebe y lo crio un monje, que le enseño a leer. Al morir el clérigo, lo crio un armero, del cual aprendió a usar las armas. Aunque ya crecido, lo abandono y decidió volver a su pueblo, aunque tenía su propia casa alejada del pueblo.
Namek como se llamaba la tierra natal de Picoro, se ubicaba alrededor de unos canales y el centro era una urbe sencilla con casas circulares hechas de piedra y cal, alrededor de esa ciudad había una muralla que servía para protegerse del enemigo.
Los habitantes, que eran seres asexuales, tenían una vida sencilla. Muchos eran campesinos que trabajaban la tierra y plantaban muchos vegetales para consumo alimenticio como las mazorcas entre otros cultivos; y también se cultivaban en las chinampas para aprovechar el agua del canal. Mientras que otros vivían en la urbe en donde ejercían de obreros.
Era una especie de sociedad socialista, que se dividía en ancianos, sacerdotes, obreros, campesinos, niños y estaban aquellos que tenían el rol de guerreros, cuya función era defender la ciudad de las fuerzas enemigas; muchos eran jóvenes y hombres maduros.
A veces comerciaban con otras tribus del cual intercambiaban productos que eran vegetales hasta metales para algunos usos.
Los sacerdotes, cuyo rol lo tenían la mayoría de los ancianos, eran la clase más respetada, y también eran astrónomos y veían los movimientos de las estrellas en busca de presagios.
Los ritos eran de suma importancia, y mucha gente asistía a los rituales de los sacerdotes, y siempre se preparaban para una celebración. Las celebraciones eran danzas en donde los bailarines se pintaban y usaban máscaras y trajes con plumas. A veces había luchas cuerpo a cuerpo entre los guerreros.
La máxima autoridad de la ciudad era el Gran Patriarca, una persona justa y de buen corazón, que era descendiente de los habitantes más antiguos, y también, uno de los sobrevivientes de la gran tormenta.
En la zona de los campesinos, vivía Dende y su hermano Scargo que solían ayudar a los ancianos, como Moori que era su mejor amigo, y también de Nail, un joven que estaba dispuesto a ser guerrero porque solía practicar las artes de la guerra.
Mientras Picoro se la pasaba meditando cuando no hacia ninguna tarea en su hogar, apareció un sujeto encapuchado que toco su puerta, él se sorprendió y al abrirle le dijo de modo amenazante:
-¿Qué quieres aquí extraño?
-Hola, mucho gusto, soy un visitante de la colonia y quisiera saber de su pueblo para escribirlo en mis crónicas-Le respondió el encapuchado.
-Pues ve al pueblo, aquí no hay nada que saber-Le respondió y le cerró la puerta.
-Pero que carácter-Dijo enojado.
Siguiendo con su camino, el visitante llego al pueblo y les dijo a los campesinos:
-Hola, vengo de la colonia y quisiera saber de su pueblo.
-Sea bienvenido-Le saludo uno de los namekianos.
Así, amablemente, los ancianos los guiaron en la visita a la pequeña urbe, aunque los verdosos habitantes lo miraban con extrañeza.
Aquel visitante se sentía fascinado por la cultura de los namekianos, como su forma de vida y de la urbe, y cualquier detalle lo escribía en su libreta.
Sin embargo, fue a visitar el gran castillo, que era de forma piramidal y el templo, y al visitar al Gran Patriarca, quedo fascinado por los objetos de oro que había, que solo eran adornos para los namekianos:
-Debo decir que son un gran pueblo-Dijo el cronista.
-Muchísimas gracias, cualquier cosa que deseen se las daremos-Dijo el Patriarca.
-Bueno, quisiera una de esas estatuillas.
-Pues adelante, tómela, nos gusta hacer objetos de oro, porque es un metal muy precioso-Le dijo el cacique.
-Sí, muy precioso-Le respondió fascinado.
Así, el cronista se despidió amablemente de los namekianos, aunque a Nail y a Moori les pareció sospechoso aquel sujeto:
-Me parece muy extraño ese hombre-Dijo el anciano.
-También yo, no me fio de los hombres que vinieron del otro mundo-Dijo Nail.
Después de despedirse, el cronista se introdujo en la selva y continúo su camino, aunque acariciando el hermoso regalo que le dieron.
Sin embargo, a Picoro le disgustaban los de la colonia, ya que veía a sus habitantes como seres crueles y ambiciosos.
