Hola! Vengo con el primer capitulo de "En medio del caos"
Mis gracias van para: Simi, Valkyria y Violet rose´s dreams. Este capitulo es para vosotras.
Sé que los fans de esta pareja tan especial somos realmente pocos, así que yo quería deciros que si os gusta la historia la apoyéis dejándome vuestros comentarios (Un intento de escritor se siente alagado y con fuerza de continuar la historia) así que espero que si leéis y queréis más capitulos no os cuesta trabajo decir lo que pensáis, lo que os gusta, lo que os disgusta, alguna idea, alguna suposición... un simple continua!
Aunque han sido tres comentarios me he sentido muy agradecida, dado que mi expectativa era uno, así que este viaje espero cuatro. (Cruzo los dedos)
La historia va un poco lenta pero espero que entendáis que es difícil cuando sabes poco de lo que ese año transcurrió y todo tienes que inventarlo pero mantenerlo intacto.
¡Sin más que lo disfrutéis y me digáis que os ha parecido!
CAPITULO UNO: El árbol de Theodore Nott.
-Theodore Nott me salvó.
Contestó de aquella forma despreocupada tan usual en ella.
El silencio reinó en la sala y de repente millones de murmullos estallaron recreando un ambiente propio del gran comedor en sus mejores años.
Sus grandes orbes azulinos contemplaban sin entender aquellos rostros desencajados y desdeñosos de sus compañeros, incluso logró escuchar las palabras mal sonantes que comenzaban a arremeter contra ella, pero su desconcierto por aquel bochorno duro apenas unos segundos, se volvió a ver inmersa en observar el techo y buscar algo que juró a ver visto revolotear allí minutos atrás.
-¡Callaos!- Espetó Ginny.- Theodore Nott no es alguien del que debamos preocuparnos.
Luna sonrió, escuchar aquel nombre le hacía cosquillas en la punta de los pies.
Había observado antes a Nott, años anteriores, si bien nunca llamó su atención como en aquel momento, siempre sintió una infinita curiosidad por su comportamiento tan poco Slytherin.
Nunca se jactaba de su posición social ni de sangre, siempre le había visto caminar solo por los terrenos, sentado a la sombra de un viejo roble leyendo o en el lugar más recóndito de la biblioteca. Pocas veces se le había visto acompañado de alguna presencia, era como si todo lo que hubiera a su alrededor le molestara, como si su diversión fuera pasar inadvertido.
Sabía que era un muchacho aplicado e inteligente, había oído a varios profesores adular su gran talento mágico, incluso Snape había recalcado y alabado muy por encima las habilidades mágicas de Nott que del mismísimo Draco Malfoy, pero Theodore parecía pasar por alto aquellos honrosos cumplidos. Para Luna, Theodore Nott era un bicho peculiarmente extraño.
-He de irme.- Dijo saltando de la silla, como si estuviera a una distancia abismal del suelo.- No quiero retrasarme para transformaciones.
Todos los ojos volvieron a recaer en ella, observando cada par de diferente manera a la pequeña Luna que ya cruzaba el umbral.
Caminaba tambaleante sobre la línea que separaba las dos piedras, como si se saliera fuera a caer a un pozo sin fondo, aquel era uno de sus juegos matutinos favoritos.
Iba tan concentrada en no caer que no observó como se aproximaba a ella con paso seguro y altanero Alecto Carrow, la profesora de estudios muggles.
-¡Lovegood!
Aquella voz rasgada hizo que momentáneamente perdiera el equilibrio pero volvió a colocar sus pies en la línea.
-Buenos días profesora.
-Anoche fui informada de tu escapada nocturna.
Luna contempló de cerca aquellos pómulos tan marcados y su prominente nariz dotada de unos orificios muy abiertos, le daban un aspecto casi cadavérico.
-Es imposible profesora, anoche estuve en mi torre.
La mano de Alecto se posó en su mentón, casi hincando aquellas uñas negras en su carne, y sus ojos miraron duros como piedras aquellos dos pozos de agua clara.
Luna no demostraba miedo, apenas mostraba algo que no fuera aquella hilera de dientes tan blancos como su piel, cosa que enfurecía demasiado a la señorita Carrow.
Estampó su mano con fuerza contra la mejilla de la chica que trastabilló y dio con sus posaderas en el frío suelo encontrándose aturdida por el acontecimiento.
Abrió y cerró sus ojos algo descolocada, hasta que se dio cuenta de que su juego había terminado.
-No me gustan las mentiras Lovegood. Espero que usted y sus amiguitos no se metan en más problemas.
Observó como se iba alejando, llevándose consigo aquella aura tétrica que había conseguido abordar un poco el alma de Luna. Miró su mano izquierda, estaba corroída por un líquido carmín que afloraba en su dedo índice y había llegado a salpicar su camisa blanca, Alecto la había pisado.
Se incorporó de un ligero brinco y volvió a caminar como si aquel encuentro jamás hubiera sucedido, apresurándose por llegar a tiempo.
Miró las caras de sus compañeros, lánguidas y mustias, como si aquello fuera el peor castigo, algunos de ellos eran acosados por los slytherin más soberbios que se burlaban por los castigos a los que estaban sometidos. Al parecer ella ya no era el objeto de burla más codiciado.
Incluso la siempre severa y correcta McGonagall se veía triste y gris, su clase reflejaba a la perfección aquello, pero Luna prefería ignorar el comportamiento de casi todos aquellos que la rodeaban con esa aura tan desolador, parecían dementores. Ella adoraba a la gente sonriente y feliz, y sí, aquella época no acompañaba para llevar una sonrisa pintada en el rostro pero Luna Lovegood sabía que cuando la gente la veía así tenía menos miedo.
Todas las clases tenían el mismo significado, nunca se imagino que aquello fuera a ocurrir en algún momento, que el mundo se sumiría en una oscuridad tal.
Cuando su día escolar había acabado y el sol se iba acurrucando entre las montañas y el lago, corrió todo lo que sus pies dieron de si. Necesitaba ver el último vestigio de luz aquel día.
Sus pies hicieron contacto con el suave verde que cubría los densos terrenos de Hogwarts, y se apresuró por la ladera, meciendo sus hebras doradas entre el viento que comenzaba a suscitar la noche. Divisó el lago con su agua calma, escuchó su dulce murmullo, y se sometió a la tranquilidad que le daba ver como nacían nuevos colores en la puesta de sol.
El cielo mezclaba aquellos colores cálidos y luego parecía suprimirlos con pequeñas pinceladas moradas que surcaban su espumoso color.
Se acercó decidida hasta que sintió el frío agua envolver sus pies, fue un dolor agradable que pronto se desvaneció, caminó lentamente hasta que cubrió sus rodillas y los dedos de sus pies fueron sepultados por una fina capa de arenilla.
Se quedó abstraída mirando como todo moría y horas después renacería, era un espectáculo digno de contemplar y allí estaba Luna observándolo, perdida en los colores hasta que pensó que quizás lo ultimo que quedaba de tarde podría buscar plimpys de agua dulce.
Se adentró más hasta mojar un poco su falda y cogió aire para después sumergir su cabeza en las aguas. En un principio fue desagradable sentir como cada músculo de su cara se tensaba, también la poca iluminación bajo el agua, de aquel modo jamás los encontraría. Miró ofuscada hacía ningún punto en particular, sintiendo como las gotas de agua resbalaban por su cara y luego se perdían en algún punto de su anatomía, se adentró un poco más, hasta que su vista volvió hacía atrás y pudo contemplar una silueta tendida sobre el césped, bajo un árbol, leyendo. Supo inmediatamente que era Theodore Nott.
Salió corriendo del agua, mojándose más si era posible, quería observar a aquel muchacho tan extraño.
Caminó lentamente hacía él, con miedo de asustarle quizá, y cuando estuvo justo enfrente se puso de cunclillas y le escrutó con la mirada.
Theodore la había visto llegar, había sentido su risa cantarina cuando tocó el agua la primera vez, le había distraído de la lectura momentáneamente pero había sido molesto. La había visto casi sumergirse en el lago, como si los seis grados que hacía fueran una invitación a pegarse un chapuzón, lo mínimo que podría coger sería una pulmonía, y ahora estaba allí delante de él en cunclillas y con los puños pegados al césped, como un simio, observándole como si fuera una baratija en exposición.
-Eres muy raro Theodore Nott.
Bien, ella, Luna Lovegood, le había llamado raro, ¿El mundo carecía de sesera?
Tuvo que observarla, con una ceja enarcada, como si intentara que ella se diera cuenta de que sus palabras poco sentido tenían cuando ella era la cosa más extraña que había por allí. No surtió efecto.
-No me digas Lovegood.
- Sí deberás que eres raro.
Comentó ella sin entender el sarcasmo del cual el muchacho hizo uso. Cerró el libro, ahora si que la lectura había acabado, ella no iba a dejarle en paz.
-¿Y eso por qué?
-Tú no me llamas lunática, tú no pareces malo, tú no pareces un slytherin.
-Tu nombre es Luna Lovegood, no entiendo porqué motivo habría de utilizar otro. No me considero mala persona y Slytherin tiene también buenas cualidades.
Volvió a abrir el libro dando por finiquitada la explicación, creyendo que ella tomaría un nuevo rumbo, pero siguió allí sin mediar palabra, solo contemplándole, hasta que él subió su mirada para pedirla con buenas maneras que se marchara pero nunca espero toparse con aquellas palabras.
-Me gustas Nott.
¿Qué cojones había dicho? Su corazón latió velozmente, tanto, que se llevó la mano al pecho intentando estabilizarlo. Quizás no había oído bien o simplemente realmente ella sí que estaba loca.
Ella parecía segura y tranquila, mientras que él no sabía bien que sucedía y eso se reflejaba en el gesto contradictorio de su cara.
-¿Disculpa?
-Disculpado.
-No, no, yo me refería a que dijeras ya sabes eso.
-¿El qué?
-Lo de antes
-Oh, que me gustas.
Se puso de pie como un resorte y la miró realmente ofuscado.
-¿Cómo voy a gustarte? No sabes lo que dices.
- ¿A ti no te gustan las personas?
Él suspiro, sintiéndose casi idiota, quizás había adelantado y dado por supuesto cosas que no eran. Lovegood le decía que él le gustaba como persona, no como algo meramente romántico.
Miró hacía bajo avergonzado, sin mirarla, manteniendo sus ojos en el libro que le había mantenido parcialmente entretenido aquella tarde.
"Criaturas mágicas extrañas"
-Lovegood quizás quieras leer este libro.
Sí, era una forma de decir "Lo siento" sabía perfectamente que ella lo entendería.
-Es muy caro y antiguo Theodore Nott yo no sé…
-Vamos llévatelo.
Luna observó la carcasa verde desgastada y las letras en oro, sabía de qué libro se trataba, era un ejemplar caro del que posiblemente solo quedaran cien tomos y del cual nunca había tenido el placer de leer. Era todo un detalle.
-¡Esta bien Theodore Nott! si quieres yo puedo enseñarte a cazar plimpys de agua dulce.
- Oh sería un detalle pero creo…
-Bien te veré mañana en la entrada del bosque prohibido.
Se marchó de allí corriendo, con el pesado libro entre sus brazos, y de repente la perdió de vista entre el forraje. Solo quedaron sus zapatillas junto al lago.
¿Qué tal llevo las personalidades de los personajes? Es algo me preocupa bastante...
Hoy hemos visto en escena a Alecto y no será la ultima vez, esto es el reinado del caos.
Parece que Lunita le va a enseñar a cazar pimplys, ¿Irá theodore?
