Parte II
"¿Qué es eso?" Arthur le pregunta, mirándola mientras ella lo observa en silencio moverse por su dormitorio. "No has hecho otra cosa que mirarme desde que me desperté. Sé que estás enamorada de mí, Morgana, pero una dama debe ser un poco más discreta, ¿no te parece?"
Imbécil arrogante.
Aunque le irritara bastante, todavía quiere besarle hasta perder el sentido.
El impulso la abruma, incluso a medida que intercambian púas y se burlan entre sí en una búsqueda incesante para restablecer la normalidad. Como si él no hubiera estado en la cama un día antes; como si ella no guardase un secreto que ahora la quemaba por dentro. Es algo más que un milagro que Arthur se recuperara, y ella lo sabe, contrariamente a las afirmaciones de Gaius, a ninguna medicina se le tiene que agradecer por ello.
"Me tengo que cambiar", dice. Ella levanta una ceja, y las orejas de él se ponen rojas. "Lo que significa que tienes que irte".
Ella sonríe cuando se levanta, y no puede dejar de tocarlo. Su brazo es sólido y fuerte bajo su mano abierta, y piensa que es como siempre debería ser. La imagen de aquel pálido y débil, postrado en la cama, todavía la atormenta.
Su voz es suave, casi sin poder evitarlo. "Me alegro de que estés bien, Arthur."
Parece que él no sabe qué hacer con eso, con ella, con esta vulnerabilidad expuesta. Arthur y Morgana han luchado siempre como niños pendencieros, negando el uno al otro cualquier tipo de atracción con cada respiración. Atracción que ella piensa que es bastante obvia hasta para un ciego. Ellos son niños a veces y está cansada de eso.
Ella ya no es una niña pequeña y ciertamente Arthur no es un chico.
Se apoya en la punta da los pies para darle un beso en los labios, uno suave que rápidamente se convierte en algo más exigente. Los labios de Arthur están secos y agrietados, pero saben tan dulce. Tan cálidos. Ella siente su sorpresa, pero él no titubea. Morgana piensa que sí, esta es, esta es la emoción que faltaba en su primer beso. Una euforia la atraviesa, y le saca un sonido a Arthur cuando se aleja.
"Buenas noches" le dice, antes de salir sin otra pausa.
Arthur sólo la mira.
Ella ve a Merlín venir por el otro pasillo. comparten una mirada y él se ralentiza para saludarla con una simple sonrisa. Pero puede reconocer el poder en él ahora, ¿cómo lo había pasado por alto antes? Hay tanta fuerza en él, que le llama como el de Mordred lo hizo. Magia.
Eso probablemente debería asustarla.
"Morgana", la saluda alegremente, con una bandeja llena de comida para Arthur en sus manos. "¿Acabas de venir de ver a Arthur?"
Ella asiente con la cabeza, y con un brillo en sus ojos. "Sí. Creo que está mucho mejor ahora."
Mientras tienen una conversación ociosa en el pasillo ella lo único que quiere hacer es decirle que lo sabe, que ella le entiende. Pero no quiere alarmarlo. Un secreto como el suyo es una sentencia de muerte. No sabe cómo él se las ha arreglado para ocultar tal poder de todo el mundo, pero ella no lo va a exponer. Es un buen hombre y valora demasiado su amistad para eso.
"Merlín" dice ella. "Gracias."
"Por qué?"
Por salvar la vida de Arthur, le quiere decir. "Por ser un buen amigo."
Cuando la primavera esta al caer, Morgana, Uther y Arthur visitan el gran mercado de la ciudad. Merlín y Gwen van detrás de ellos, llevando el montón de compras que Uther añade con gran generosidad y cantidad para preparar el banquete en honor al 18 cumpleaños de Morgana.
"No sé por qué tengo que estar aquí para esto", se queja Arthur, pateando una piedra suelta y enviándola a toda velocidad a un charco delante de ellos. "Gwen tiene mis medidas. Estoy seguro de que ustedes, señoras podrían haber hecho la compra de mi ropa. No es como si tuvierais algo mejor que hacer".
Morgana finge una sonrisa dulce. "¿Tú no tienes miedo que te vistiéramos como el tonto del pueblo? Ya sabes, para variar."
Arthur entorna los ojos. "Honestamente, ya tienes suficientes vestidos para vestir a la mitad de las mujeres de Camelot. ¿Qué más puedes pedir?"
"Joyería", Morgana le responde con rapidez. "Ah, y ropa interior."
La contestación de Arthur se pierde por un total de dos segundos y cuando ella se gira para verle descubre que el esta perdido en sus pensamientos. Cuando sus miradas se cruzan, su cara se enrojece y mira hacia otro lado. No han hablado del beso que compartieron desde que ocurrió, casi como si estuvieran de acuerdo en que fue un error de una sola vez y nada más. Pero Arthur se comporta diferente a su alrededor, sus comentarios sarcásticos son menos cáusticos y la mira cuando piensa que ella no está mirando.
"Morgana" Gwen llama desde abajo del camino. "¡He encontrado el material perfecto para tu vestido!"
Sin decir una palabra se escapa para unirse a Gwen en una pequeña tienda al extremo del mercado, buscando a través de telas de sedas y satenes ricos importados de los confines del reino. Gwen tiene un gusto impecable en la ropa, así que no es sorprendente que Morgana le deje seleccionar la pieza final.
Pero allí, una señora mayor ciega la detiene. "Usted", susurra, apuntando a Morgana.
"¿Qué?" Gwen pregunta por ella.
Morgana oye la voz de la anciana en la cabeza. Usted tiene el poder.
Alarmada y sacada de guardia por un momento mira hacia abajo para recuperar la compostura. Lanza un vistazo hacia Uther y Arthur de pie en medio de la calle y su corazón late de manera irregular.
Morgana levanta sus ojos hacia Gwen. "¿Puedes llevarle esta tela a Arthur y preguntale su opinión?"
Gwen levanta una ceja incrédula. "¿Hablas en serio?"
Morgana ofrece una sonrisa. "Le dará algo que hacer."
Gwen pone los ojos, pero hace lo que se le ha ordenada. Cuando Morgana está a solas con la anciana, se acerca con urgencia. "¿Quién eres tú?"
La ciega niega con la cabeza. "Eso no importa. He estado esperando a tu llegada."
Rápidamente acerca la mano de Morgana y deposita un pequeño libro. En la portada en el material de cuero gastado hay tallado un símbolo druida. Se da cuenta rápidamente que es un libro de hechizos, uno muy utilizado. Cuando levanta la vista la anciana la sorprende una vez más, no hay nadie a la vista. Se desvanecido en el aire.
"¿Morgana?" Gwen dice suspirando cuando regresa. "Arthur dice que prefiere verte en un saco de patatas".
Deslizando el libro bajo su manto, está tan perdida en sus pensamientos que no responde.
"Por mi protegida", Uther brinda en la celebración de su cumpleaños delante de todo el mundo. "No podría quererte más ni aunque fueras mi propia carne y sangre. Que todos tus sueños y aspiraciones se cumplan y si deseas cualquier cosa que este a mi alcance para poder darte, sólo tienes que pedirlo."
Morgana se encuentra en el centro de la multitud con una sonrisa amable fija en sus labios.
"Por Morgana", Uther termina. "Camelot nunca te olvidara."
Eso esta destinado.
Sus poderes de vidente son solo el principio y pronto, lentamente, Morgana descubrirá más habilidades. El poder de mover cosas con la mente, capacidad de hacer conjuros en Latín... hay tanta magia en su interior. Sin embargo debe tener mucho cuidado. Como un ladrón siendo invitado en la casa a la cual va robar, va con precaución.
"Encontramos otro hechicero en la aldea" Uther anuncia durante la misma cena. "Va a haber un ahorcamiento a finales de semana."
Morgana se mantiene en silencio.
En pleno invierno la Bestia de Bodmin ataca a las personas de Camelot.
Este fantasma gato salvaje ha sido visto cerca del ganado mutilado y de tres campesinos asesinados. Arthur y sus caballeros son enviados a tratar con él, pero Morgana sabe que ningún arma mortal va a acabar con este mal. Lo sabe porque lo encontró en su libro de hechizos, el que le dio la anciana en el mercado.
Ella espera, a ver si Merlín hace algo, ya que se ha dado cuenta que durante estos meses ha sido él el salvador silencioso de Camelot. Pero los días se hacen más largos. Con el tiempo va en busca de Merlín y lo encuentra con Gaius.
"Es una bestia desconocida" explica Gaius. "No creo que vayamos a tener mucho éxito en matarlo antes de que mate a más de nosotros".
"Arthur lo puede manejar," Merlín insiste.
Ella le lanza una mirada y ve incertidumbre en él. ¿No son conscientes de que la criatura es la Bestia de Bodmin? Sólo puede ser eliminada con un conjuro en Latín que consiste en tres frases de largo y una piedra común llamada Terrelus. Arthur no puede hacer nada en este asunto; la magia es requerida.
Sus palabras se detienen mientras ansiosamente delibera sus opciones. ¿Debería decirle Gaius y Merlín lo que sabe? Le harán preguntas y se vera forzada a revelar el libro de hechizos que esta en su poder. ¿Seguro que puede confiar en ellos? Merlín es como ella y ha demostrado ser amable y fiel una vez tras otra.
Morgana abre la boca pero las puertas laterales crujen al ser abiertas bruscamente. Dos caballeros se apresuran llevando a un tercero que estaba herido. Por un breve y aterrador momento Morgana piensa que es Arthur. Sólo respira de nuevo cuando el joven príncipe viene caminando por la puerta, cubierto de suciedad y empapado en sudor.
"Mondavi" explica Arthur. "La criatura llegó a él antes de que yo pudiera ahuyentarla. ¿Puedes ayudarlo Gaius?"
"Va a tomar trabajo" Gaius exclama: "Merlín, rápido ¡trae mis cosas!"
En el momento de excitación, Morgana se desliza fuera de la habitación pasando inadvertida por la multitud. Con un sabor amargo en la garganta, toma una respiración para calmarse mientras se pasea por el pasillo, todavía recuperándose de la sorpresa de ver la carne desgarrada del hombre. Podría haber sido fácilmente Arthur. Merlín y Gaius estarán demasiado preocupados por atender las heridas del hombre, y furiosamente se debate con ella mimas de camino a sus aposentos.
Ella corre hacia delante echando hacia atrás la alfombra cerca de su mesa y mueve algunas tablas sueltas del suelo. Sacando su libro de hechizos.
Morgana hará algo con esta criatura si nadie más puede.
Esa misma noche, empaca una bolsa con un cambio de ropa, la piedra Terrelus y el libro de hechizos. Se viste como una sirviente. Justo antes de que Gwen venga se escapa por el pasillo hacia la salida trasera. La noche es oscura y Uther ha puesto un toque de queda temprano. No hay una sola persona en la calle salvo los guardias del castillo que son sorprendentemente fáciles de evitar.
Morgana monta su caballo y toma las riendas. "Adelante" susurra. "Rápido".
La luz de la antorcha la guiá a través del misterioso, silencioso y oscuro bosque. La nieve es espesa y engorroso dificultando su camino, no por primera vez Morgana lamenta vestirse como una sirvienta. Los pantalones hubieran sido preferibles.
Se detiene en el centro de un claro, sus ojos viajan a lo largo del bosque y luego de vuelta hacia donde ella había venido. Habían pasado ya varias horas de búsqueda infructuosa y sospechaba que la bestia de Bodmin no saldría esa noche. Con un lago suspiro, de mala gana hace planes para volver.
Es entonces cuando ella lo oye, el crujido de unos pasos pesados en la nieve. Su sentidos se alertan, concentrándose en el sonido detrás de ella, se queda totalmente quieta. Cualquier movimiento brusco puede provocar un ataque inmediato, por lo que da la vuelta poco a poco. Se encuentra con un felino oscuro enfrente de ella, uno como nunca antes había visto. Negro, con pelaje espeso y dos cuernos en la cabeza. La bestia le gruñe y sus ojos se vuelven rojos en la oscuridad.
De repente otra bestia se revela a su lado y otra detrás de ella. Rápidamente, con creciente alarma, Morgana se da cuenta de que acaba de entrar en un hecho inesperado: una manada. Los rumores en Camelot sólo habían mencionado uno.
Gruñendo con bajos gruñidos la rodean dando vueltas alrededor de Morgana.
"Descendo Amano Levatius", susurra con voz tenue elevando la piedra Terrelus con mano temblorosa. "¡Amano Levan. Amano Levan!" Un rayo azul golpea contra una bestia. Otra se precipita hacia adelante haciéndole caer en la nieve cuando una garra rasga su brazo, ella grita y se alza de nuevo a cuatro patas "Leva-Descendo Amano"
La piedra se cae al suelo volando en el aire lejos de su alcance.
Acostada sobre su espalda indefensa se queda mirando a los animales restantes. El que está en su lado lame sus heridas gruñendo. Morgana piensa brevemente ¿así que esto es como termina? Instintivamente corre la mirada sobre el bosque en busca de ayuda. Tontamente ella desea que aparezca Arthur o Merlín, pero está sola. Completamente sola.
De alguna manera eso parece apropiado.
El pensamiento calma su pánico, aunque aun tiene miedo. Al igual que una creciente marea siente una calma extraña que la cubre. No, piensa con una fría furia. Nonecesito protección de nadie. Una bestia salta en el aire y Morgana extiende una mano, un relámpago sale hacia fuera con truenos, como de una tormenta que va creciendo. Las bestias atacan pero Morgana se rinde por completo a algo dentro de ella una fuente de energía sin límites que no conoce fronteras.
Pronto los animales comienzan a gimotear.
Luego uno por uno van muriendo.
Si encontráis algún fallo avisadme. Espero que lo disfruten.
XoXo
