¡Hola! Sólo quiero decir que los personajes expuestos no me pertenecen, y si así fuera, habría Brittana y Faberry al por mayor.

Victorias y fracasos

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—No estoy celosa, Santana. Dejá de romperme los ovarios.

—Claro que sí, Fabray —hizo la contra sonriendo— Te re molesta que Pitufina esté charlando animadamente con esos ingleses rubios de ojos azules, cuerpos musculosos y sonrisas compradoras.

—¿Por qué tendría que molestarme?

—Porque se nota a leguas que te trae muerta. Basta ver cómo la mirás babeando cuando habla —se burló Santana.

Quinn hizo un gesto obsceno con la mano y se alejó del lugar molesta. La verdad sí estaba celosa, pero no iba a admitir delante de Santana, aún no, que le gustaba Rachel. Eso sería suficiente para que la morena siga burlándose por el resto de las vacaciones y de su vida. Miró por última vez a la judía, quien seguía hablando con los muchachos cerca de la piscina, y soltó un bufido.

—¡No soporto a Santana! —gritó la rubia de ojos verdes entrando a la habitación.

Brittany, quien acababa de salir de la ducha, se llevó un gran susto y dejó caer la toalla que la envolvía, quedando completamente desnuda a la vista de Quinn.

—¡Brittany! —gritó la de ojos verdes— ¡Cubrite que no quiero quedarme traumada!

La bailarina se sonrojó y rápidamente levantó la toalla. Se cubrió la anatomía y se vistió rápidamente, mientras Quinn permanecía con los ojos cerrados.

—Ya podés mirar, Quinnie —avisó dulcemente.

Fabray se destapó los ojos lentamente, porque a veces Brittany tenía la manía de jugarle bromas a la gente. Se dio cuenta que la otra rubia le decía la verdad, y le sonrió.

—¿Por qué no soportás a Santy? —inquirió curiosamente Brittany.

—Porque sí.

—Pero si ella es muy buena.

—Contigo es buena.

—¿Puedo ir a buscarla?

—Claro que sí Britt, no tenés que pedirme permiso.

—Gracias Quinnie —besó a su amiga en la mejilla y salió de la habitación.

Justo en el momento en que Brittany salió, Rachel entró a la habitación. Se saludaron brevemente, y la judía notó que Quinn estaba molesta.

—¿Santana? —preguntó para asegurarse.

—Sí —contestó fríamente la rubia.

Rachel frunció el ceño.

—¿Segura que no es otra cosa? No quiero ser metida, pero la verdad es que la curiosidad me puede. Te conozco Lucy Quinn Fabray y sé que te pasó algo, aparte de Santana. Ella te rompe los ovarios todos los días, pero jamás te comportás distante conmigo. Me debés una explicación y la quiero ahora.

Quinn se preguntó cómo Rachel podía decir tantas cosas tan rápido. Seguro tenía que ser algo de familia, porque sus padres también eran así.

—¿Y bien? —agregó la pequeña diva, sentándose al lado de Quinn, al borde la cama de la rubia.

—¿No tendrás otras cosas que hacer? Por ejemplo, hablar con esos ingleses —y agregó en un susurro— que la verdad están muy feos.

Rachel la miró seriamente durante unos segundos y luego rompió a reír.

—¿Qué rayos te pasa? —preguntó la rubia.

—No... —risa— puedo... —risa— creer... —risa— que... —risa— estés... —risa— celosa... —más risas.

Quinn se puso completamente roja y eso dio pie a Rachel para seguir riendo. La de ojos verdes la miró enojada, y entró al baño, cerrando la puerta de un golpe.

Rachel se percató de la gravedad del asunto, porque sabía que Quinn tenía un carácter fuerte, aunque no tanto como el de Santana.

—¡No te enojes, Quinn! —gritó golpeando la puerta— ¡Sólo estaba bromeando!

—¡Andate!

Rachel tomó fuerzas con un suspiro.

—Quinn, perdoname si te ofendí —suavizó la voz— Pero es que me parece algo... exagerado que estés celosa porque hablo con unos muchachos ingleses muy amables. No te puedo negar que son atractivos y que les arrancaría las camisas a mordidas...

—¿Enserio, Rachel? Estás empeorando las cosas.

—Perdón, perdón —se sonrojó— Lo que quería decirte, es que vos y yo tenemos... onda. Y jamás te cambiaría, ni por esos bombones con dulce de leche...

—Rachel —advirtió Quinn.

—Perdón.

—No te voy a negar que tenemos onda, pero ¿qué va a pasar si encontrás a alguien mejor y me dejás?

—No te voy a dejar, jamás.

—No te creo. Hay personas mejores que yo, los ingleses esos, por ejemplo —dijo con aspereza.

—¿Sabés qué Lucy? —Rachel la llamaba así cuando estaba frustrada o enojada— Podés meterte tus celos e inseguridades por el agujero donde mejor te quepa, y cuando se te pase el síndrome pre-menstrual que te cargás, hablamos, ¿okay?

Dicho esto, Rachel abandonó la habitación con un portazo. Quinn se recostó contra la puerta del baño, y suspiró.


Santana y Emily Fields charlaban animadamente, mientras la segunda estaba de turno en el bar del hotel. Como no había nadie más, por el hecho de que era una calurosa tarde y todos estaban en la playa, Santana estaba cómodamente sentada en la barra, con Emily a su lado, disfrutando de unas bebidas refrescantes.

—¿Cuándo podemos volver a repetir lo de las otras noches? —preguntó una ansiosa Emily.

La chica y Santana habían estado teniendo encuentros sexuales unas cuantas noches. A la latina le gustó, de cierta forma, cómo era Emily. Esta no exigía nada serio, sólo buscaba diversión y una buena chica con la cual pasar la noche. Justo lo que Santana quería.

—Cuando quieras —respondió Santana, con su mejor sonrisa.

Tomaron unos cuantos tragos más de sus bebidas, hasta que Emily habló de nuevo.

—Esta noche hay una fiesta, acá en el bar —dijo casualmente— Es privada, pero puedo conseguirte unos pases para vos y tus amigas. Las chicas que organizan todo son mis amigas de colegio, y seguro no van a tener problema con eso.

—Estaría genial —aprobó una emocionada Santana.

—Perfecto. ¿Cuántas me dijiste que son tus amigas?

—Tres, conmigo somos cuatro. ¿Te doy los nombres o así nomás?

—No hace falta —miró a la latina seductoramente— Tenemos el bar para nosotras solas, ¿no te dice algo?

—¿Me estás proponiendo algo sucio? —fingió pensar— Te dije que prefiero hacer "eso" a la noche...

Emily no la dejó continuar y se abalanzó sobre sus labios, en un beso salvaje y lleno de pasión. Santana la tomó del cuello para profundizar, y rápidamente estiró a Emily, para que esta quedara entre sus piernas.

—Jamás te saciás —susurró Santana sobre los labios de la otra morena.


Brittany bajó a buscar a Santana porque tenía ganas de pasar algo de tiempo con su amiga preferida. No podía negar que la morena se comportaba un poco más atenta con ella, y ya casi no tenía que lidiar con su mal humor, pero seguía desapareciéndose por largos lapsos de tiempo y eso la hacía sentirse mal.

En ese momento se acordó que Santana había mencionado unas cuantas veces que el bar era el mejor lugar de todo el hotel. Por lógica, Brittany supuso que su amiga estaba allí. El bar estaba justo al frente del comedor, así que no le fue muy difícil llegar hasta allí. Pero lo que no se imaginó fue que, al abrir la puerta, se iba a encontrar con una Santana sin remera besando desesperadamente a otra chica, quien tampoco tenía remera.

—¿Santy?

Santana se separó de la chica a la velocidad de la luz, y con los ojos muy abiertos, miró a la rubia.

—Eh... hola Britt-Britt —dijo avergonzada.

—¿Qué estaban haciendo? —preguntó la rubia inocentemente.

—No creo que es hora de dar clases de sexualidad y reproducción humana. Pero después podés preguntarle a Quinn —respondió Santana, entre sarcástica y nerviosamente.

Ahí fue cuando las morenas cayeron en la realidad de que estaban sin remera, así que rápidamente se la pusieron.

—¿Quién sos? —quiso saber Brittany, acercándose a Emily.

—Emily Fields... ¿mucho gusto? —respondió dudosamente.

Brittany, en su ternura y bondad para con todos, le tendió la mano sonriente.

—Yo soy Brittany S. Pierce —se presentó— La mejor amiga favorita de Santy.

Emily sonrió y miró a Santana, quien tenía un brillo especial en los ojos ante las palabras de Brittany.

—¿Qué hacés acá Britt-Britt? —preguntó la latina.

—Venía a buscarte para que vayamos a la playa.

—Pero si ya fuimos esta mañana...

—¡Dale Santy! —rogó la de ojos azules— Quiero ir a nadar un rato.

—Pero si podés hacerlo en la piscina del hotel... —rezongó Santana, quien quería continuar lo que dejó.

Brittany arrugó la cara y fingió que iba a llorar, porque sabía que así iba a lograr convencer a Santana. Después de todo, la rubia tenía sus trucos escondidos.

—Bueeeno —aceptó la morena.

—Nos vemos esta noche —se despidió una triste Emily, al ver que Brittany tenía comprada a Santana.

—Está bien —Santana dejó un beso muy cerca de su boca, y susurró en su oído: "lo siento".


Rachel salió enojada de la habitación, y corrió por los pasillos con la intención de ir a la playa. La judía no contaba con que otra chica venía corriendo en la dirección contraria, produciendo un choque frontal entre ambas.

—Lo siento —se disculpó Rachel.

—Fue mi culpa, estaba apurada porque tengo que ir a tomar mi turno en el bar.

Rachel levantó la cabeza y se encontró con una joven rubia, de ojos celestes y labios rosados, muy atractiva, por cierto.

—¿Trabajás acá? ¿Cómo te llamás?—dijo la judía.

—Soy Hanna Marin, y sí, trabajo acá —sonrió— Y ahora, si me disculpás, me voy a cumplir mis obligaciones.

—Dale —Rachel sonrió, y cuando la rubia se iba, gritó— ¡Yo soy Rachel Berry!

Hanna se volteó y se despidió con una sonrisa amable. Rachel le devolvió el gesto y siguió su camino.


Santana acompañó a Brittany a la playa, después de cambiarse la ropa. Quinn ya no estaba en la habitación y no había rastro de ella por los alrededores. Como las chicas no sabían de la pelea con Rachel, pensaron que estaban juntas en algún lugar dándose "dulces besos de señorita".

—¿Me podés atar la cuerdita del sujetador? —pidió amablemente Brittany a Santana.

La morena casi muere de nervios cuando sus dedos rozaron la blanca piel de la espalda de la rubia. Brittany sonreía gustosa, ya que el encantaba sentir el tacto de Santana.

—Listo —dijo la latina.

—Gracias Santy —besó la mejilla de la chica— ¡Ahora vamos a la playa!

Brittany agarró la mano de Santana y la llevó corriendo hasta dicho sitio. Como la morena apenas tenía un cuarto de la energía de la bailarina, cuando llegaron a la playa, la latina se tiró en la arena a descansar.

—¿No vas a nadar?

—No Brittany, me cansé.

—¿Estás enojada?

—¿Por qué habría de estarlo?

—Me dijiste Brittany, no Britt o Britt-Britt —hizo un puchero— ¿Te enojaste porque interrumpí tus "dulces besos de señorita" con Emily?

Santana estaba un poco molesta, sí, pero considerando que Brittany era tan adorable, no podría estarlo por mucho rato.

—No Britt-Britt —sonrió— Hablando de Emily... Nos invitó a una fiesta esta noche, ¿querés ir?

—¡Sí! ¿Rach y Quinnie también están invitadas?

—Sí, las cuatro lo estamos.

Permanecieron unos minutos en silencio. Brittany no quería dejar sola a Santana ahí, así que iba a esperar a que la latina se sienta mejor.

—¿San?

—¿Si?

—¿Sentiste celos alguna vez?

Brittany y sus malditas preguntas. Todos los días le salía con algo diferente, que dejaba a Santana mucho para pensar.

—¿De quién?

—No sé, de cualquier persona —contestó la rubia con una mirada significativa.

Santana pensó en la época en que Brittany y Artie Abrams, otro ex compañero, eran novios. Recordaba que siempre sentía el estómago pesado cada vez que los veía juntos, y sobre todo, odiaba verlos besuquearse por ahí. Ella tomó todas esas señales como su repulsión hacia la heterosexualidad, así que dejó de prestarle importancia. Pero ahora que Brittany hacía esa pregunta, no estaba segura si era eso o eran celos.

—No recuerdo —respondió muy poco segura.

Brittany la miró a los ojos, y Santana percibió la duda en esos hermosos ojos azules. Poco a poco, sin darse cuenta, sus rostros estaban a pocos centímetros. La morena desviaba la vista de los ojos de la rubia a los labios de esta, y viceversa.

—¡Brittany! !Santana! —llamó alguien.

Ambas se apartaron rápidamente y vieron a Rachel acercarse corriendo.

—Maldita enana —pensó Santana.


Quinn estaba acostada en su cama, cuando Santana, Brittany y Rachel irrumpieron en la habitación. La latina tenía cara de pocos amigos, la de ojos azules estaba más que feliz por haber ido a la playa (como siempre), y Rachel le dirigió apenas una breve mirada fría.

—Me voy a bañar —anunció Santana— Y después tenemos una fiesta, y ni se les ocurra decir que no van a ir porque Emily fue muy amable en conseguirnos entradas.

—No pensaba negarme —dijo Quinn.

—Yo me apunto —dijo al mismo tiempo Rachel.

Ambas se sonrojaron, y Santana entró al baño. Brittany sonrió a la morena, y Quinn no dejó de notarlo. Cuando el pestillo del sanitario fue echado por la latina, la de ojos verdes encaró a la de ojos azules.

—¿Qué hay entre San y vos?

—¿Aire? —contestó dudosa.

Rachel soltó una carcajada desde la cama de al lado, pero se calló bruscamente cuando Quinn volteó a mirarla.

—No me refiero a eso —pensó cómo explicarlo para que Brittany entienda— ¿Se dan besitos? ¿Se agarran de la mano?

—En la mejilla y nos agarramos de los meñiques, sabés que es nuestro símbolo de amistad —respondió la bailarina con una sonrisa.

—Ah.

Un silencio incómodo se hizo en la habitación. Más bien se sentía así para Rachel y Quinn, porque Brittany estaba entretenida eligiendo ropa para salir.

—¿Dónde es la fiesta? —preguntó Quinn.

—Santy me dijo que es en el bar —respondió.

Más silencio después de eso.

—¿Qué les pasa a ustedes? —inquirió Brittany— ¿Por qué no se hablan si ustedes se quieren tanto?

De nuevo ambas chicas se sonrojaron, y Rachel se apuró en contestar.

—Porque alguien es muy insegura.

Quinn miró a la diva sorprendida y agregó también.

—Pero es porque cierta persona no da garantías.

Las chicas entraron en una batalla de miradas, y Brittany no sabía qué hacer.

—Me perdí —dijo por fin la de ojos azules— ¿Quiénes son "alguien" y "cierta persona"?

En ese momento, Santana salió del baño y metió su cuchara en la sopa.

—Dejalas Britt, están peleadas —dijo maliciosamente.

—Callate —dijeron la judía y la de ojos verdes, al mismo tiempo.

Y otra vez, se pusieron rojas como un tomate.


Puntualmente a las 10:30 pm, las cuatro chicas ya estaban ubicadas en una de las mesas del bar. Rachel y Quinn seguían sin hablarse, el humor de Santana mejoró bastante, y Brittany estaba feliz como siempre.

—¡San! —saludó Emily, acercándose a la mesa de las chicas.

Santana se paró y abrazó a la chica efusivamente. Brittany miró ese gesto de cariño con el ceño fruncido.

—Rach, Quinn —llamó a las chicas— Esta es Emily. Aún no tuvieron la oportunidad de verse en persona.

—Hola Emily, un gusto conocer a la chica que secuestra a San por las noches —dijo Quinn irónicamente.

—Hola Emily —dijo Rachel secamente.

La judía y la de ojos verdes seguían enojadas, y al parecer, el mal humor de Santana se les habían contagiado.

—Traje a unas amigas, y las organizadoras de esta fiesta, para que las conozcan —anunció Emily.

Dos chicas aparecieron. Una era blanca, de cabello negro y ojos verdes. La otra era trigueña, ojos marrones y cabello castaño.

—Yo soy Aria Montgomery, mucho gusto —saludó la primera.

—Spencer Hastings —dijo la segunda.

Luego de los respectivos saludos y presentaciones, las chicas se retiraron. Inmediatamente, Emily tomó asiento en las piernas de Santana, y en un abrir y cerrar de ojos se estaban comiendo las bocas a vista de todo el mundo.

—Britt, no mires eso. Vas a quedar traumada —advirtió Quinn.

Brittany se paró rápidamente y se fue de ahí, con la excusa de ir al baño. No se sentía muy cómoda viendo a su mejor amiga compartir saliva con Emily.


Ante el hecho de que Santana estaba en medio de un intercambio de ADN con Emily, Rachel decidió ir a recorrer un poco. Como seguía molesta con Quinn por la discusión de la mañana, no se sentía cómoda estando a solas con ella. Además, había visto a Brittany salir rápidamente y quería averiguar si estaba bien.

—¿Rachel?

La judía se volteó y se encontró con una sonriente Hanna Marin, la chica con la que chocó esa tarde.

—¡Hanna, hola!

—No sabía que vendrías a la fiesta.

—Una amiga consiguió las entradas —respondió— ¿Estás trabajando?

—No, conseguí un pase gracias a un amigo. ¿Quieres tomar algo?

—Lo siento Hanna, estoy buscando a una amiga.

—¿Te puedo ayudar? —pidió la rubia— Casi no conozco a nadie, y me aburro.

Rachel asintió gustosa, ya que dos son mejor que uno. Describió físicamente a Brittany, y se metieron en la búsqueda. Recorrieron todo el bar, atestado de gente, e incluso miraron en el baño de hombres. Pero ni señal de la bailarina.

—Ella es un poco despistada, quizás se perdió —dijo Rachel.

—Busquémosla afuera —sugirió Hanna.

Después de varios minutos de búsqueda, por fin hallaron a la rubia sentada al lado de la piscina del hotel. Tenía una copa casi vacía de contenido en su mano derecha, y lágrimas corrían por sus mejillas.

—¡Britt! —la judía se acercó rápidamente a su amiga.

Hanna la siguió, y a pesar de que Brittany se percató de su presencia, se acurrucó en el pecho de la pequeña diva y siguió sollozando.

—¿Qué pasa Britt? —preguntó Rachel asustada.

—Quiero regresar a casa, eso —contestó entre lágrimas.

—¿Estás llorando por... lo de Santana y Emily? Ya sabés... el besuqueo asqueroso.

Hanna reaccionó al escuchar el nombre de Emily. Ella conocía a una sóla Emily en todo el hotel que tenía cierto gusto por las chicas, y eso porque ella era muy "perspicaz" y se enteraba de todo.

—Creo que también voy a llorar —dijo Hanna.

Rachel y Brittany la miraron sorprendidas, y Hanna se sonrojó.

—¿Por qué, Han? —quiso saber Rachel.

—Por lo mismo de la rubia acá presente —suspiró.

—Brittany, me llamo Brittany —habló por fin— ¿Vos también sentís celos por Santy?

Por más molesta y triste que podría llegar a estar, Brittany jamás perdería la costumbre de llamar así a su mejor amiga.

—Por "Santy" no, por Emily —admitió la de ojos celestes.

Rachel, que empezaba a entender lo que pasaba, soltó una gran cantidad de aire.

—No puede ser que todas tengamos problemas de celos...

Hanna y Brittany la miraron en busca de respuestas.

—Es que Quinn y yo nos peleamos esta mañana porque ella se puso celosa porque yo estaba hablando con unos ingleses —explicó.

—Esperá, ¿esa tal Quinn es tu novia?

—No —respondió, y quiso agregar "...aún".

Brittany sonrió al saber por fin la causa del distanciamento de sus amigas.

—¿Y vos por qué te ponés celosa por Emily? —cuestionó Rachel a Hanna.

La de ojos celestes se sonrojó aún más de lo que ya estaba, y procedió a la explicación.

—Es obvio, ¿no? Me gusta Emily, a pesar de que la conozco hace apenas semanas.

—¿Vos también sos libanesa como Santy? —preguntó Brittany.

—¿Libanesa?

—Sí, ella dijo que es libanesa porque le gustan los "dulces besos de señorita". Yo soy bicuriosa.

—Ah —sonrió Hanna— ¿Querés decir lesbiana y bisexual? —la bailarina asintió— Digamos que Emily es la primera chica que me gusta, no sé qué me hace eso.

Las tres chicas quedaron en silencio, sumidas en sus pensamientos. Ahí estaban las tres, admitiendo por primera vez ciertas cosas.

—Britt... ¿a vos te gusta Santana? —preguntó Rachel, en reacción tardía.

—¿No es obvio? —contestó Hanna.

Rachel se sonrojó y bajó la cabeza. No podía dejar de pensar en lo increíble que sería que las cosas entre las cuatro se arreglen. Iban a tener las mejores vacaciones de su vida, entre amigas y parejas.

—Tengo una idea —saltó Hanna de repente.

—¿Vas a hacer que Lord T deje de fumar?

—No sé quién ese Lord nosécuánto, Brittany —respondió Hanna— Pero tengo la cura para que nuestras chicas se fijen en nosotras. Y en el caso de Rach, que Quinn sepa lo que son celos de verdad.

—No me gusta para nada cómo suena eso… —dijo Rachel— Pero acepto.

—Yo me uno —aceptó Brittany con una sonrisa.

—Bien, esto vamos a hacer...


Santana tenía a Emily acorralada contra una de las oscuras esquinas del bar. La latina apenas dejaba que la otra morena respire, ya que la ahogaba con sus desesperados besos.

—Voy a hacer que todo el hotel se aprenda mi nombre esta noche, con tus gritos —susurró Santana.

—Si es que no aprenden el mío antes —contraatacó Emily.

—¿Me estás desafiando?

—Tomalo como quieras.

—Besame y cerrá la boca.

Unieron sus labios de nuevo, en otro apasionado beso. Emily acariciaba las piernas de la latina, mientras esta mantenía los brazos de Emily pegados contra la pared. De repente, Santana se separó bruscamente de la chica, dio media vuelta e hizo como si nada hubiera pasado tan sólo segundos atrás.

—¿Santana?

La aludida no respondió, entonces Emily tuvo que seguirla y agarrarla del brazo para que le prestara atención.

—¿Qué se supone que haces? —inquirió Emily.

—Nada, voy a tomar algo y charlar con mi amiga Quinn —respondió Santana.

—¿Vos me estás cargando? Hace apenas 30 segundos estabas besándome como loca, y así como así te vas y me dejás con las ganas.

Santana sonrió satisfecha y se acercó al oído de Emily.

—Te dije que vas a gritar mi nombre esta noche cuando me ruegues que continúe lo que dejé.

Dicho esto, Santana sonrió y se fue.


Quinn estaba sentada en la mesa, sola. Spencer se había acercado a ella un par de veces, ofreciéndose a presentarle a gente para socializar. La rubia se negó en todas las ocasiones, ya que no estaba con los ánimos suficientes como para soportar presentaciones y saludos.

—Fabray.

—Hey Santana —saludó a la morena, quien se sentaba a su derecha en ese momento.

Se detuvo a observar a su amiga y vio que tenía todo el labial corrido, e incluso el cabello despeinado. Pudo adivinar fácilmente lo que estaba haciendo, y sintió una chispa de envidia.

—¿Te estuviste divirtiendo? —preguntó la rubia sarcásticamente.

—Sí, ¿no ves la cara de felicidad que tengo? —respondió la morena, pasando por alto el sarcasmo— Al parecer la que no se está divirtiendo nada sos vos. ¿Querés hablar de eso?

—No.

—¿Tiene que ver con la enana?

—No.

—No te creo nada.

—Bueno, no lo hagas entonces.

—Tarde o temprano vas a admitir que te gusta Berry.

—Cuando vos admitas que te gusta Britt, y que te metés con todas las tipas del mundo porque sabés que ella no te va a dar piola, ahí hablamos.

—No me cambies el tema, Fabray.

—Entonces no te metas en lo que no te importa.

—Yo quería ayudarte nomás —alegó una ofendida Santana.

Quinn lamentaba tener que tratar así a Santana, pero no tenía de otra. Si aceptaba sus sentimientos por Rachel, la morena se pondría pesada y haría bromas e insinuaciones al por mayor. En cambio, si primero arreglaba las cosas con Rachel y le pedía otra oportunidad para ver si lo de ellas funcionaba, capaz que un futuro podrían contárselo todo, y con lujo de detalles, a Santana.

—Quinn…

—No quiero hablar más, Lopez. Calmate.

—No te hagas de la estúpida y mirá eso —dijo señalando a Rachel, quien estaba bailando sobre un parlante.


—¡Allá está Santy!

—Ya la vimos Britt, y también está Quinn —dijo Rachel.

—Y eso es mejor, porque así matamos dos pájaros de un tiro —agregó Hanna.

—Yo no quiero matar pájaros…

—No lo decía literal Brittany, era sólo una forma de decir. Concentrate en el plan, mejor.

—Hanna tiene razón —apoyó Rachel— Enfoquémonos en el objetivo.

Las chicas ocuparon tres asientos en la barra y empezaron a charlar animadamente. De vez en cuando, en los momentos en que Santana miraba, Hanna se acercaba significativamente al rostro de Brittany. La bailarina reía tontamente y Hanna miraba de reojo la reacción de la latina.

—¿Cuándo vas a hacer tu parte? —preguntó Hanna por lo bajo.

—No sé, Han —respondió Rachel— Dejá que me emborrache más, así pierdo vergüenza.

—¡Apurale a los tragos entonces!

Varios tragos y botellas después, Rachel se encontraba bailando sobre uno de los parlantes animadamente. Mientras tanto, Hanna y Brittany seguían con el coqueteo falso.

—¿Santy está mirando?

—Ahora no, pero las veces que lo hizo, te juro que casi me mata con los ojos.

Brittany sonrió satisfecha y bebió otro trago.

—¿Vos decís que después de esto va a dejar de darse "dulce besos de señorita" con todas?

—Seguro que sí, dar celos es la mejor receta —contestó una orgullosa Hanna.

Instantes después, cuando el baile de Rachel alcanzaba niveles inimaginables (desabrocharse la blusa, frotarse contra las partes privadas de un desconocido, etc.), Santana y Quinn abandonaron la mesa y se acercaron a la zona donde estaban las chicas.

—Ahí viene, es ahora o nunca.

—¿Segura que Santy no se va a enojar conmigo?

—No Brittany, tomá esto como el inicio de su relación.

—Bueno.

Hanna tomó a Brittany de la barbilla, justo cuando vieron venir a Santana hacia la barra, y le plantó un largo y profundo beso. Brittany intentó corresponderle como pudo, ya que no dejaba de pensar en la cara de la latina.

—¡Voy a mandar a toda Lima Heights sobre tu trasero si volvés a poner tus labios operados sobre los de mi chica! —gritó Santana, agarrando del brazo de Brittany y llevándosela de ahí.

Cuando la morena y la bailarina desaparecieron por la puerta del bar, camino a las habitaciones, Hanna sonrió satisfecha. Y eso no fue todo, lo que más placer le dio fue que Santana apartó de un manotazo a Emily de su camino, y ahora esta venía hacia la barra. Quizás, si el universo estaba a su favor, las cosas entre Hanna y Emily se pondrían interesantes.


Rachel despertó con un dolor de cabeza monumental, producto del alcohol y todas las emociones vividas la noche anterior. Apenas recordaba lo que había pasado, pero sí guardaba en su memoria el momento mágico en que Quinn la besó.

Después de sacarla del bar, específicamente de los brazos de un hombre más alcoholizado que la misma Rachel que la acompañaba en su baile sobre el parlante, Quinn la llevó a un pasillo vacío y le exigió una explicación.

—No tengo por qué dártela… —respondió la diva arrastrando las palabras a causa de la borrachera.

—¡Se supone que tenemos algo entre nosotras! —exclamó la rubia— ¡Vos misma lo dijiste esta mañana!

—Pero no sé si quiero tener ese "algo" contigo. No si sos así de celosa e insegura.

—Perdoname Rach… Es que el miedo de que otra persona pueda ofrecerte mejores cosas que yo es más fuerte… —admitió la rubia vulnerablemente.

—Nadie jamás va a poder darme lo que vos me das… No sabés lo mucho que significás para mí.

—¿Enserio?

Rachel asintió, con dificultad, pero lo hizo. Quinn no esperó otro segundo más, y se lanzó a sus labios, a pesar de correr el riesgo de que la judía lo olvidara todo al día siguiente, por el estado en que se encontraba.

Rachel se frotó la cabeza, intentando recordar cómo llegaron a la habitación y quién le puso el pijama, pero nada. Miró a las otras camas, y sólo vio a Santana que la miraba con aburrimiento.

—No sé si esperás una tarjeta de invitación o algo así, pero Fabray seguro está esperando que bajes a desayunar —dijo Santana.

—Ella… ¿te contó?

—Digamos que Britt y yo las vimos por casualidad, durante el proceso de compartición de saliva y ADN Berry-Fabray y viceversa.

Rachel enrojeció completamente, y rápidamente se dio una ducha y bajó a buscar a Quinn. En el momento en que ella salía de la habitación, Brittany venía entrando.

—Buenos días Rach, justo Quinny me mandó a ver si ya despertaste —saludó la rubia— Te está esperando en el comedor con un ramo de flores… —hizo una pausa— Eso no tenía que decirlo.

—No te preocupes, Britt —rió la judía— Ahora voy. Nos vemos.


Como había dicho Brittany, Quinn estaba esperando a Rachel en el comedor. Apenas se miraron, y ambas se pusieron totalmente rojas.

—¿Te acordás de algo de lo que pasó anoche? —preguntó la rubia.

—Me acuerdo del beso…

—¿Nada más?

—No… ¿qué más pasó?

—Nada —respondió Quinn— ¿Querés desayunar? Yo me levanté hace casi una hora y te estaba esperando para hacerlo juntas —le tendió el ramo de flores— Ah, y esto lo compré para vos. Brittany me ayudó a elegir.

Rachel tomó las flores y sonrió al aspirar el dulce aroma que despedían.

—¿Quinn?

La rubia la miró.

—¿El beso significa que…?

—Significa que de verdad quiero intentar algo contigo —completó la frase— O sea, si vos querés.

—Claro que quiero —sonrió la judía.

Quinn sonrió satisfecha. Si algo había aprendido después de todo lo del día anterior, era que los celos estaban de más en su vida.

En cambio, Rachel aprendió que, de vez en cuando, los celos hacen bien. Después de todo, a ellas les vino de maravillas, ¿no?


—Santy, todavía no me respondiste.

Santana fingió no escuchar lo que la rubia había dicho, porque no quería dar la bendita respuesta que Brittany pedía.

—Santy, haceme caso.

—¿Qué pasa, Britt? —bufó molesta.

—¿Por qué me sacaste así del bar anoche?

—¿Es necesario que responda?

—Sí —contestó una Brittany muy ilusionada por oír lo que su amiga diría.

La rubia esperaba que Santana dijera algo así como: "Porque me puse celosa" o "Porque yo te quiero a vos y no soporto que andes besándote con otras". Pero la morena la sorprendió con otra respuesta.

—Tu mamá me encargó que cuide de vos, y no es bueno que andes besándote por ahí con desconocidos. En este caso, desconocida.

Brittany iba a protestar, pero sabía que Santana se iba a enojar más y posiblemente le retire la palabra. Y lo que menos quería la rubia era pelear con su mejor amiga favorita.

—¿Y por qué vos hacés eso?

Santana no supo cómo responder eso, así que permaneció en silencio.

—¿Por qué le dijiste a Han que yo era tu chica?

—Encima le dice "Han" a la rubia oxigenada esa… —dijo por lo bajo Santana.

—¿Qué dijiste?

—Nada —Santana suspiró— Le dije eso porque… no me gustó que se haya aprovechado de tu pureza besándote de semejante forma, con lengua y todo. —se estremeció al recordarlo— Y eso que dije fue una excusa para que te deje en paz, se supone que sos mi mejor amiga y tengo que cuidarte.

—¿Tu mejor amiga? —preguntó la rubia decepcionada.

—Sí Britt-Britt, mi mejor amiga para siempre —Santana se acercó a la rubia y la abrazó— Me voy a desayunar, después hablamos.

La morena salió de la habitación y Britt quedó en la habitación con sus pensamientos. ¿Por qué Santana le había dicho días atrás que el beso que compartieron fue el mejor momento de su vida, si después iba a salir con el argumento de las mejores amigas y esas cosas? La morena enviaba mensajes confusos, y como hablamos de Brittany, se confundía fácilmente. Pero algo le decía que la latina no estaba siendo del todo sincera.

A final de cuentas, dar celos no funcionó. Pero si de algo estaba segura Brittany, era que en algún momento de esas vacaciones, Santana hablaría con la verdad.


Lo prometido es deuda, y acá estoy con el segundo capítulo. Ya se que al comienzo iba a ser una serie de one-shots, pero cambié todos mis planes cuando cierta personita me dio una idea :)

Ya tengo escritos varios capítulos más, y todo porque ayer me dio una sobredosis de energía cuando Naya me contestó un tweet :') Sigo como loca por eso, ay.

Ah, también quiero pedirles algo. Si tienen alguna idea o tema que les gustaría que se desarrolle en el fic, me gustaría que me las digan. Me encanta cuando sugieren cosas y eso. Gracias por anticipado.

Gracias por los reviews y favorites del primer capítulo. Espero que les haya gustado este, nos leemos el fin de semana. ¡Cumpleaños de Naya el sábado!