Eran las 19:00 en la casa de los Berry y Rachel aún estaba recopilando partituras cuando el timbre sonó.

- Que puntual. – Dijo para sí, abriendo la puerta y encontrándose con un Puck distraído. – Pasa. Puedes subir a mi cuarto mientras cojo las películas del salón y comenzamos con nuestra sesión de musicales.

- Lo que sea… - Murmuró el chico con desgana, introduciéndose en la casa y dirigiéndose hacia las escaleras.

Mientras Rachel sacaba múltiples CDs y DVDs de las vitrinas y estanterías del salón, Puck abría la puerta de la rosada habitación de la chica. Todo estaba como la última vez que había visitado aquel sitio, aunque tampoco hacia tanto, solo una semana. En la habitación de él no se distinguían ni las paredes entre el desorden, sin embargo, tenía que admitir que Berry era ordenada… y exageradamente infantil, añadió en su mente, mirando con desagrado el radiocasete customizado en tonos rosados, aquella chica podía llegar a asustar…

- Ya estoy aquí. – Anunció Rachel, oculta tras una torre de material audiovisual. Al verla tan cargada, Puck le quitó la mitad de lo que llevaba y lo dejó sobre la cama, pensando que su compañera había perdido la cabeza.

- ¿En serio hay que revisar todo esto?

- Sí. – Respondió ella con seguridad. – No vamos a hacer un trabajo mediocre, YO no hago trabajos mediocres, nunca. Así que, aunque escucharme cantando "No llores por mí Argentina" sería un privilegio épico e inigualable para todos vosotros tendré que acatar las órdenes del Sr. Schue.

- ¿Y qué vamos a cantar? – Preguntó Puck ojeando la cantidad descomunal de material que tendrían que ver.

- Pues aún no lo he decidido aunque… creo que podríamos probar con "El fantasma de la ópera", desde luego yo puedo hacer el papel de Christtine a la perfección, conozco todos los diálogos y…

- ¿Ópera? – Preguntó Puck algo perdido.

- Sí… en este caso se refiere al edificio, pero es un género dramático. Es una obra impresionante, un clásico, a decir verdad. Trata del amor pasional y prohibido entre el fantasma y la protagonista.

- ¿Y por qué lleva este tío una máscara? – Inquirió el muchacho, al haber encontrado el DVD de la obra y haber visto la imagen de la portada. Berry no se vería mal con aquel vestido pero… ¿por qué tendría él que llevar máscara?

- Tiene parte de la cara deformada, ahí es donde radica toda la tragedia, que lo marcó desde que nació por no ser nunca…

- No pienso hacer de un tipo deforme. Estoy demasiado bueno como para taparme la cara. – Dicho aquello, abandonó la película y siguió buscando.

- Uf… ¿no sabes lo que conseguirías haciendo esa actuación? Ese hombre sufrió tanto, todo el personaje gira en torno al dolor del rechazo, si llegases a hacer una actuación digna el Sr. Schue se quedaría con la boca abierta y…

- No me importa Mr. Schue, yo no voy a rebajar mi sexappeal cubriéndome la cara. ¿Y este de qué va? – Preguntó mostrándole otro DVD.

- Ese es Spring Awakening. Va de homosexualidad, suicidio, abuso y sexo. – Ante la última palabra Puck se encaramó al pequeño disco.

- Quiero hacerlo. – Rachel lo miró con los ojos desorbitados. – El musical. – Aclaró él, aunque… si se daba la ocasión…

- Te había entendido, es solo que… no vamos a hacer ese, no, de ninguna manera. – Dictaminó ella, recordando una escena sumamente comprometedora.

- ¿Por qué? A mí me gusta este. El tío sale sin máscara y está encima de la chica, y si tú dices que hay sexo…

- Por eso precisamente.

- ¿No querías que sorprendiese a Mr. Schue? – Preguntó él, enarcando una ceja y aproximándose a ella para intimidarla.

- ¿Y tú no decías que te daba igual? – Contraatacó Rachel, alejándose de él.

- Es nuestro profesor… tendríamos que seguir sus indicaciones.

- ¡No vamos a hacer Spring Awakening, Puckerman!

- Pues yo no me voy a poner ninguna máscara.

- Buscaremos otro. – Sentenció Rachel, poniéndose a buscar por el extremo opuesto de la cama al lugar en el que él se encontraba. Pasaron 5, 10, 15 y hasta 20 minutos. – Exactamente, ¿qué quieres hacer?

- No sé… ¿este de que es?

- Ese es "El maravilloso Mago de Oz", y no tiene canciones que tú puedas cantar. – Confesó cansada, sentándose entre los discos.

- ¿Por qué no hacemos "Grease"? He visto la película.

- ¿Sí?

- Sí… Quinn la puso una vez mientras nos liábamos, la rubia se le parecía un poco. – Dijo Puck de pasada, mientras se apoyaba en el escritorio frente a la cama y miraba el techo.

- ¿Todavía te gusta? – Preguntó Rachel pensando que no era la única con traumas amorosos.

- Bueno… en realidad solo escuché las canciones, la historia…

- Me refiero a Quinn.

- Ah… no. Ya paso de ella.

- ¿Seguro?

- Que sí, Berry. Tú eres la única capaz de estar tanto tiempo detrás de alguien como Hudson. Quinn es como él, yo ya aprendí y no me interesa volver a aquello.

- ¿Qué quieres decir?

- Son líderes, Berry. Personas que nacen para mandar y que necesitan a alguien a quien mandar. Me cansé de servir a esa arpía rubia.

- ¿La querías?

- ¿A qué viene esto? Estábamos con los musicales, ¿no? – Ante la evasiva y la rapidez de Puck a la hora de volver a centrarse en los DVDs que llenaban la cama, Rachel supo que se había enamorado de Quinn y que, con una hija de por medio, habría sufrido incluso más que ella con Finn. Pero Puck había olvidado, o al menos eso parecía, ¿por qué demonios ella no podía olvidar? - ¿Y este de aquí?

- "Moulin Rouge"… tal vez… es como "Cabaret" pero más moderno.

- ¿Qué papel tendría?

- El de un joven poeta que cree que todo lo que se necesita en la vida es amor.

- ¿Un gay?

- No, él se queda con la chica… es… el chico bueno que todas desearíamos. – Miró a Puck de arriba abajo y se le escapó una carcajada. - No, creo que mejor hacemos otro.

- Dices que tengo que sorprender a Mr. Schue… si hago de tío decente sorprenderé a todo el mundo, ¿no?

- Sí, pero… no sé si podrás…

- ¿Hay que llevar máscara?

- No.

- Entonces hagamos este.

Los padres de Rachel no estaban en casa pues, como de costumbre, andaban de viaje (por las Antípodas o algún sitio semejante), así que los dos bajaron al salón, prepararon algo para cenar y pusieron la película de "Moulin Rouge". Con forme el filme avanzaba, Puck parecía más interesado en la historia, de vez en cuando, Rachel lo miraba de reojo y veía como entrecerraba los ojos en las escenas en las que el duque se mostraba posesivo y como se entretenía con los números musicales, lo que Rachel no esperaba es que la película llegase a afectarle tanto. Cuando el telón se cerró y Nicole Kidman cayó al suelo exhalando su último aliento los ojos de Rachel brillaron de emoción mientras que los de Puck eran auténticas cascadas que fluían al ritmo de los sollozos de Ewan Mcgregor. Los subtítulos comenzaron a salir y Puck intentó deshacerse de la angustia.

- Noah… ¿estás bien? – Le preguntó Rachel con cautela, sin querer mirarlo directamente, Puckerman no llora, nunca, él es insensible y esas cosas. Cuando la mascota de clase, Puchy (un hámster de pelaje pardo), murió, él solo fue capaz de aguantar la risa durante 30 segundos, después empezó a jactarse de que el bicho había pasado a mejor vida por una sobredosis de cacahuetes, ¿cómo era posible que ahora estuviese gimoteando como un bebé?

- Sí… - Respondió con la voz quebrada, tratando de limpiarse las lágrimas con la camiseta.

- Si hubiese sabido que te iba a afectar tanto me habría limitado a enseñarte los números musicales…

- Es que es tan cruel… cuando al fin se encuentran los dos y se dicen que se aman entonces… entonces ella… - No pudo continuar pues las lágrimas seguían ahogándolo.

- Tranquilo… - Rachel no sabía qué hacer ni que decir, jamás pensó que tuviese que consolar a Puckerman. – Y… ¿qué número te ha gustado más?

- El tango. – Respondió, aceptando el pañuelo que ella le tendía.

- Como no… - Susurró Rachel, en esa escena salían en corsé todas las bailarinas y, teniendo en cuenta el tipo de baile, el contacto físico era bastante elevado. - ¿Alguno más? Digo… pensando en que lo tenemos que hacer nosotros… en el tango solo canta el chico.

- También me gustó en el que sale ella en un columpio en mitad de la sala, con el cambio de vestuario y las plumas del vestido final… - Puck resurgía de entre sus húmedas cenizas con la misma mente sucia de siempre.

- En ese solo canta ella, piensa en los dúos.

- Mmmm… ¿cuántos había?

- Pues… solo dos… "Come what may" y el Medley del elefante…

- ¿Cuál crees que deberíamos hacer?

- Pienso que el primero es demasiado emocional, aunque visto lo visto… - Comentó, bajando el tono en la última parte, haciendo que Puck la mirase con suspicacia.

- Berry, de esto ni una palabra a nadie, ¿eh? Por tú bien mantén esa boca cerrada, ¿me entiendes?

- Tranquilo, solo quiero que el mundo conozca tu sensibilidad mediante una escena que sea evaluada, no me sirve de nada que todos sepan que eres un llorica sentimental. – Dijo ella mientras agrupaba los platos y se dirigía al fregadero.

- ¿Qué me has llamado? – Exigió él, pisándole los talones.

- Nada Noah, no te agobies. Mis labios están sellados. – Aseguró simulando que su boca era una cremallera y acababa de echarle el cierre.

- Mejor…

- Bueno, entonces… ¿hacemos el Medley?

- Vale, pero mañana, con la tontería de la película son cerca de las 10 y media de la noche y tengo que volver andando a casa, ya sabes cómo es mi madre con eso de la hora.

Claro que lo sabía, como que todos los fines de semana le contaba en la sinagoga las batallitas que tenía con Puck por las noches, cuando aparecía a horas intempestivas de la madrugada borracho, solo y, a veces, muy mal acompañado.

Ambos se acercaron a la puerta de salida, Puck tomó el pomo y lo giró, abriendo y encontrándose con la fría brisa nocturna. Sin querer se estremeció, iba en manga corta y no llevaba chaqueta, tampoco le importó, le gustaba sentir el frío de la noche en la piel.

- Te vas a congelar, ¿no quieres que yo te lleve? – Preguntó Rachel, arrebujándose en la rebeca que llevaba sobre una de esas camisetas de estampados de animales. Puck la miró de arriba abajo por primera vez en la tarde, llevaba una falda por encima de la rodilla y unos zapatos planos, además de su habitual parte superior… si Berry supiese vestir hasta estaría aceptable… pero no, eso jamás pasaría, sacudió la cabeza y dio un paso más, quedando fuera del lugar.

- No, prefiero andar. Ya nos vemos mañana.

La despidió de espaldas, alzando levemente la mano por encima de su cabeza. Ella esperó hasta perderlo de vista para cerrar la puerta y subir a su dormitorio. Cuando encendió la luz y se topó con todos los DVDs esparcidos en la cama no pudo más que suspirar hastiada, pensando que aún le quedaba un buen rato ordenando, sus padres se pondrían frenéticos si viesen que sus amados musicales no estaban debidamente colocados por orden alfabético, preferencia, color y tamaño, en las vitrinas del salón.