Disclaimer: Harry Potter no me pertence.

Vale, no tengo perdón, debería haber actualizado antes y no justo en el aniversario del fic, pero es que no se me ocurría nada, así que decidí escribirlo para el segundo regalo de Reyes de Miss Lefroy (viva la originalidad) porque es amor y siempre me apoya en mis decisiones aunque no esté de acuerdo, es una de las mejores personas que he conocido gracias a esta página y me hacía ilusión hacerle un regalo y bueno, continuar este fic, así que dos en uno (?)


Problema de convivencia

Katie se aplastó el pelo que esa mañana parecía haber decidido que era el mejor día para rebelarse contra ella, normalmente le daría igual porque para algo servían las gomillas, pero ese día justamente no. Por más que le costase admitirlo se había acostumbrado a salir con Leanne y Oliver, bueno, con este segundo no es que se hubiese acostumbrado, es que estaba siendo obligada. Su amiga había decidido tras su primer encuentro tras años, algo incómodo para ambos, que eran una pareja en proceso de formación y que ella misma se haría cargo de juntarlos. Obviamente se había encargado de diseñar trampas para cada ocasión en la que estuviesen los tres juntos, cuyo fin era que terminasen confesándose sus sentimientos.

Sobraba decir que ninguna de sus artimañas había servido, ya que Katie había descubierto que seguía estando obsesionado con el Quiddicht y aunque a ella le gustaba, no le sentaba muy bien que se encontrase cada poco restregándole como él estaba en un equipo profesional y ella no lo había conseguido. Seguro que no lo hacía a posta, pero eso no quitaba que fastidiase bastante. Aún con esos inconvenientes, como tener a una amiga con espíritu de celestina, la joven se seguía divirtiendo en esas quedadas porque le hacían refrescarse y hablar con otra gente, ya que por mucho que quisiese a su hermano, Jack Bell solo es capaz de hablar de dos temas al año y son estudios y comida, el resto suena a chino para él.

Salió de la casa de su hermano llevando el móvil en la mano cuando este empezó a sonar y a vibrar tanto que casi se le cae de la mano. Miró la pantalla, era Leanne, se suponía que habían quedado en cinco minutos, ella ya llegaba tarde, como era habitual, así que imaginando la razón de la llamada, pero aún así lo cogió.

¡Katie! ¿Sabes cuánto te quiero y te adoro en este momento?― preguntó su amiga, la chica casi la vio sonreir al otro lado de la linea.

―No, eso no lo sé, pero sé cuando quieres algo y las técnicas que utilizas, y esta es tu favorita, ¿qué quieres?

Pues, es que, a ver― vale, eso era algo grave, Leanne nunca se trababa al hablar―, es que esta tarde me ha salido un contratiempo y me parece que no voy a poder quedar, pero tampoco puedo dejar a Oliver plantado así que se me había ocurrido que no te importaría quedar sola con él.

―No―se negó Katie―, tú estás de coña ¿no? A ver, los planes de Celestina déjalos a parte, en serio, no voy a poder quedar con él sola.

¿Porque a lo mejor esto desentierra tus escondidos sentimientos por el apuesto Oliver Wood?― elucubró Leanne.

―No, porque a lo mejor el apuesto Oliver Wood se queda sin pelo porque una muy enfadada chica le lanza una llamarada con su varita por hablar de Quiddicht todo el tiempo.

Escuchó una carcajada al otro lado de la linea, eso era el colmo, su mejor amiga no la tomaba en serio.

Exageras, pero mucho, conmigo no solo habla de Quiddicht― intentó tranquilizarla Leanne.

―Vaya, pues seré yo que tengo cara de quaffle, o a lo mejor es lo de tener el pelo azul, debería pensarmelo.

No, es que lo único que él cree que tenéis en común es el Quiddicht y por eso habla de eso, además de que está un poco obsesionado con eso― aceptó la joven.

―Vale, gracias, empezaba a creer que solo era percepción mía. Ah, por cierto, una aclaración, en realidad el Quiddicht era lo que teníamos en común, ya ni eso― razonó Katie, ella ya había dejado atrás el deporte, bueno, casi había sido obligada a olvidarlo.

Es verdad, ya no tenéis en común eso― la joven iba a saltar de la alegría, por fin su amiga lo entendía―. Pero ahora mismo tenéis en común muchísimas cosas más.

―¿Ah, sí?― preguntó la chica, en realidad no encontraba nada que pudiesen tener ambos parecidos.

Sí, lo primero es el gran amor que os profesáis y después...

―No, Leanne, no, o sea, te prometo que te adoro, pero eso no es verdad, no me gusta Oliver Wood y no voy a quedar sola con él―aclaró Katie.

―Hola, Katie― buen momento para la llegada del muchacho, el mejor momento que podía haber pensado.

―Leanne, tengo que colgar, ha sido un placer hablar contigo― exclamó Katie colgando rapidamente sin esperar la respuesta de su amiga y girándose para encontrarse de cara con el chico al que acababa de criticar por teléfono.

―Oliver― dijo como saludo―, Leanne me ha dicho que no puede venir porque tiene cosas que hacer, y había pensado en avisarte para cancelar la quedada y hacerla otro día― al segundo se acordó de que no tenía modo de contactar con él de todas maneras.

―Bueno, yo iba hacia allá, ¿vives cerca?― preguntó el chico, pero extrañamente no parecía incómodo, como si no hubiese escuchado la conversación.

A lo mejor no lo había hecho, que ella fuese una cotilla sin remedio y que en su situación se hubiese acercado a cotillear no significaba que el chico hubiese hecho lo mismo. En ese momento, Oliver Wood le caía bastante mejor.

―Sí, a un par de calles, en realidad no es mi apartamento, es el de mi hermano, pero me deja quedarme por esto de que me adora y de que no tengo ni un sickle― explicó la mujer rapidamente.

Oliver sonrió.

Espera, ¿le hacía gracia que tuviese que vivir en el apartamento de su hermano porque no tuviese donde caerse muerta o simplemente era un sonrisa por cumplir?

―Y bueno― intentó Katie empezar una conversación, visiblemente incómoda―, ¿tú dónde vives?

―Vivo un poco lejos, en una pequeña casa en el campo, en realidad fue la herencia que me dejaron mis padres cuando, ya sabes, murieron.

Mierda, le había obligado a decir una información que le resultaba desagradable; y esa era la razón por la que Katie no tenía muchos más amigos, tenía el tacto en el culo.

―Oh, lo siento.

―No, da igual, de todas maneras no podías saberlo, quiero decir, te separaste del mundo después de la Batalla― intentó disculparla, pero sonaba más a reproche que a ayuda.

―Espera, ¿me lo estás reprochando?

―No, bueno, a lo mejor sí, es que te fuiste cuando la gente más te necesitaba, intentabamos apoyarnos entre todos y tú te largaste así que quedó un hueco, otro más― se justificó Oliver rascándose la cabeza.

―A lo mejor es que yo prefería apoyarme solo en mi misma―contestó Katie.

―Sí, veo que te ha ido a la perfección― ironizó el chico.

―Vete a la mierda, Oliver Wood, en serio, a ver, lo que me ha podido pasar después de Hogwarts que yo sepa no es incumbencia tuya, es más, no sé ni porque lo sabes― exclamó la chica, ni siquiera su hermano se atrevía a tocar el tema de su desastrosa carrera deportiva y mucho menos, la de sanadora.

―Porque me interesaba por una amiga, aunque veo que el sentimiento no era compartido― contestó el chico elevando la voz.

―Pues no, siento haber roto tu corazón, pero es que, ¿realmente piensas que por llegar y ponerte a hablar de Quiddicht como hacíamos en Hogwarts volveríamos a tener la misma confianza? Ya te doy yo la respuesta, no― exclamó girándose dirección a su casa, sabía que eso había sido una mala idea, una horrible idea.

―Porque ni siquiera me has dado una oportunidad y lo sabes― Oliver avanzó intentando alcanzarla.

―Lo siento, no me gusta perder el tiempo, ¿sabes?

―A mí tampoco por eso le dije a Leanne que me gustaría hablar otra vez contigo, esperaba que fueses igual que antes.

―Pues sorpresa, ahora soy más malhumorada y borde, que mala suerte―ironizó la chica yéndose definitivamente y dejando al chico cabizbajo.

O―O

―Te dije que no era buena idea, Leanne, ahora Katie me odia― aseguró Oliver sentado en una cafetería muggle con una chica de pelo azul.

―Tonterías, no te odia, simplemente es como un perro rabioso, siempre lo está y al primero que le toque la fibra sensible, le suelta toda su mierda, no te preocupes― le aconsejó Leanne bebiendo un poco de su té.

―Cualquiera lo diría― iba a decir algo, pero la joven que tenía en frente lo cortó.

―Tú fuiste quien me llamaste porque querías recuperar a Katie, ahí la tienes, el resto te toca a ti.