-Eres mi invitada, no puedes limpiar. Yo me encargo de todo. Tú vete a la sala. –Kate asintió, no muy conforme y se dirigió al sofá. Tal vez este era un buen momento para hablar con él.

Segunda parte

Cuando Richard terminó de limpiar todo, con las dos copas de vino, unos de los mejores vinos que tenía, se encaminó hacia el sofá, encontrándose a Kate dormida.

Por unos segundos ponderó la idea de despertarla pero la rechazó enseguida. Ella le había dicho que no la esperaba nadie. Así que, no pasaba nada si se quedaba esa noche allí a dormir. Dejó las dos copas encima de la pequeña mesa y cogió a la detective en brazos. Inspiró el olor que desprendía Kate embriagándose con él. Seguía oliendo a cerezas.

Con pasos firmes caminó hasta su habitación. Tuvo que hacer malabares para destapar la cama sin despertarla. La acostó y suavemente le quitó los tacones y la chaqueta marrón que vestía. La tapó y con mucho cuidado besó la frente de Beckett.

Comprobó que Alex seguía durmiendo en la cuna, justo al lado de la cama, y salió a hurtadillas de la habitación. Subió a la planta superior por una almohada y unas mantas y se dispuso a dormir en el sofá.

Morfeo lo había abandonado. Saber que Kate dormía a escasos metros de él, lo ponía nervioso. Deseaba poder acostarse con ella y abrazarla. Se conformaría con poder hacerlo una noche, solo una sola noche. Amanecer a su lado y verla despertar. Eso tendría que ser una maravilla.

Rick bufó exasperado. Los minutos pasaban al igual que las vueltas que daba en el sofá. Al día siguiente, sin falta, iría a comprar un sofá más ancho y más cómodo. Uno de sus brazos no le cabía dentro. De pronto sintió calor. Se quitó la camiseta del pijama y se destapó hasta la cintura. Dos horas habían pasado y no había conseguido dormir. Volvió a bufar y se movió desesperado, con tan mala suerte que se cayó al suelo.

Kate se despertó por el ruido. Al principio estaba desorientada pero al ver la cuna, recordó que estaba en la casa de Rick pero ¿qué hacía en su cama? ¿Y acostada? Comprobó a su lado y vio que estaba sola, así que ese ruido debía de haberlo provocado Rick. Se levantó para ir a buscarlo y ver qué había pasado. Cuando cruzó la puerta de la habitación, vio cómo Castle se levantaba del suelo. Se acercó de prisa hasta él.

-¿Estás bien?

-Sí, sí, solo me he caído. –Richard se volvió a acostar en el sofá y Kate se fijó en que no cabía.

-¿Qué hago yo durmiendo en tu cama y tú en el sofá? –preguntó.

-Te quedaste dormida, cuando volví con el vino te vi que dormías y no quise despertarte. Te llevé a mi habitación y yo me acosté aquí. Por cierto, recuérdame que compre un sofá más grande. –Dijo mientras estiraba sus músculos adoloridos.

-¿Y las otras habitaciones? –inquirió

-No están preparadas y me daba pereza ponerme a hacerlo ahora, pero después de estar aquí dos horas, mejor hubiese sido que me hubiera preparado una. –Kate le tendió la mano- ¿Qué? preguntó desconcertado.

-Vamos a dormir, es demasiado tarde para preparar una habitación ya y ahí –señaló el sofá- no cabes. Tu cama es lo suficientemente grande para que durmamos los dos. –Rick la miró extrañado ¿lo estaba invitando a dormir con ella? –Y te aseguro que no muerdo –puntualizó, sonriendo por la cara de Rick.

-Yo no quiero incomodarte, Kate. Una noche pasa pronto…

-No me incomodas. Y, ahora, venga, vamos a dormir. –Y tomando su mano, tiró de él para que se levantase.

Castle no pudo evitar sonreír, después de todo iba a poder dormir con ella… por una noche.

-Si quieres puedo dejarte algo para que duermas, esa ropa no parece muy cómoda. –se ofreció cuando llegaron a su habitación.

-No, la verdad, es que dormir con vaqueros no es muy cómodo.

Rick se dirigió a su armario y lo abrió. –Escoge lo que quieras.-Beckett se decidió por una camiseta negra de pijama. Era lo suficientemente grande como para que la tapase y no se le viese nada. Fue a cambiarse al baño y cuando volvió, minutos después, se encontró con Castle acostado en la parte izquierda. Éste no pudo evitar observarla y fijarse en sus largas piernas. Y tuvo que contener el aliento. Kate sonrió. Al menos, aún lo atraía físicamente. Rodeó la cama y se acostó en el otro lado.

Rick suspiró, si antes estaba nervioso por estar a unos escasos pasos de ella, ahora lo estaba el doble.

Kate estaba de espaldas a él. Deseó poder acercarse y abrazarla y dormir así. Con las piernas entrelazadas y abrazados con sus manos unidas en el vientre de la detective. Pero no podía hacerlo. Kate huiría. Lo que él no sabía, es que Beckett tenía, exactamente, el mismo pensamiento.

Castle, se giró quedando de espaldas a ella también. Tal vez si no la tenía en su campo de visión y ocupaba su mente con otra cosa, conseguiría dormir. Y lo hizo, 45 minutos después.

Beckett se giró cuando notó la respiración acompasada del escritor. Ella lo había sentido moverse una y otra vez en la cama, aunque, se había hecho la dormida todo ese tiempo. Había estado despierta. Ella no había conseguido dormirse. Se acercó al escritor y se levantó lo suficiente para comprobar si, de verdad, dormía. Cuando se cercioró se pegó a su espalda y tras darle un dulce beso en el hombro desnudo, entrelazó sus piernas con las del escritor y, así, por fin, consiguió volver a dormirse. Abrazada a su escritor.

A las 6 de la mañana, algo hizo que se despertara. Castle tenía su mano posada en su vientre, por debajo de la camiseta que llevaba puesta y le hacía cosquillas. Kate sonrió ante el contacto. Ahora él era el que la abrazaba por la espalda. Se echó hacia atrás y se pegó más, si se podía, a Rick. Fácilmente, se podría acostumbrar a dormir entre sus brazos. Después de unos minutos, la inspectora, se dio la vuelta, quedando frente a frente. La mano de Rick quedo posada en su espalda, sobre su piel. Ésta, con mucho cuidado, comenzó a pasar su dedo índice por el rostro del escritor. Primero haciendo el contorno de sus cejar, luego de su nariz acabando en sus labios.

Richard comenzó a moverse al sentir las caricias. Kate se asustó y escondió su cara en el pecho desnudo de él. Rick abrió los ojos y cuando se dio cuenta que estaban abrazados sonrió. Finalmente, había dormida con ella y ¡abrazados! Se alegró de haberse despertado para poder disfrutar de ese momento. Vio por encima de Kate el reloj digital de su mesilla. Marcaba las 6 y media.

Ahora fue el turno del escritor de acariciarla, pensando que ella seguía dormida. Acarició toda la espalda de la detective, con la mano que tenía dentro de la camisa, rozando su piel tan solo con las yemas de sus dedos. Kate se estremeció por las caricias.

Lentamente, Beckett despegó su rostro del pecho del escritor y su mirada se encontró con la de Castle. Ninguno dijo nada. Tan solo se miraban intensamente.

-Kate… -dijo con miedo el escritor sin dejar de mirarla directamente a los ojos.

-¿Por qué te fuiste, Rick? ¿Por qué? –preguntó con media voz.

-Yo… yo sé que dije que quería escribir y viajar. Lo segundo sí que lo he hecho, pero lo primero no. La inspiración se me fue. Lo mío con Jacinda –Kate tomó aire al escuchar aquel nombre – no duró mucho, como te dije, era lo que necesitaba pero no lo que mi corazón quería. Y eso hizo que, por mucho que yo me esforzara porque saliese bien, no duráramos ni un mes.

-Entonces, ¿por qué no volviste? –inquirió en el mismo tono de voz.

-Porque no podía, Kate. Yo salí huyendo de allí. Necesitaba alejarme o me hubiese vuelto loco.

-Rick… -su voz tembló y no pudo continuar.

El escritor decidió ser sincero, ya no tenía nada que perder. –Yo te escuché, Kate, te escuché decirle al carterista que recordabas todo. "Me pegaron un tiro en el techo y recuerdo cada minuto de aquello" –recitó de memoria Castle.

-¡Oh, Dios! Castle, yo… -Richard la interrumpió.

-No hace falta que digas nada. Me quedó claro cuando lo escuché. –Castle respiró profundamente antes de continuar. –Cuando lo descubrí me sentí engañado, traicionado,… Me sentí como un tonto por haber estado esperando por tantos meses. Esperando una oportunidad que nunca llegaría porque tú, simplemente, no sentías lo mismo por mí. –Beckett intentó hablar pero Rick no la dejó. –Sé que tú, tal vez, no tienes la culpa de mis esperanzas, pero yo creí entender que querías que te esperara en aquellos columpios. Cuando viniste a buscarme a la firma de libros. –se explicó. –Pero solo fue una ilusión mía. Supongo que las ganas y lo que suponía pensar eso, me engañaron. Por eso cambié, por eso me comportaba como un imbécil, porque así era como lo hacía. Lo reconozco. Me era muy difícil estar a tu lado sabiendo la verdad. Sabiendo que, si no me habías dicho la verdad, era porque te daba pena. Te culpé, incluso, te odié.

-Castle… -Intentó hablar de nuevo con voz temblorosa y llorosa. No había podido contener las lágrimas cuando Rick dijo que ella no sentía lo mismo por él. Eso le había partido el alma.

-Pero, ahora, que te tengo aquí y estamos semi abrazados, todo eso, me da igual. Me da igual que me engañaras y que no me quieras. Yo solo quiero estar pegado a ti, toda mi vida. Me gustaría ser el padre de Alex y verlo crecer a tu lado. No me importa quién sea su padre, ni lo que pasó con él. Solo me importas tú y él. Me gustaría… me gustaría que me quisi… -Richard tuvo que parar. El nudo que se le había ido formando durante toda la conversación, no le permitía seguir. Y las lágrimas que habían luchado por salir, salieron recorriendo deprisa el rostro del escritor para terminar cayendo sobre la almohada.

Kate acercó sus labios a los del escritor, tan solo rozándolo en una simple caricia, tras unos segundos le dio un tímido beso en labio inferior y se separó para poder mirarlo a los ojos. Rick estaba sorprendido. No se esperaba para nada esa reacción y menos que le diese un beso. -¿Me dejas hablar ahora mí? –Rick que se había quedado sin habla, asintió moviendo la cabeza. –Castle, yo... yo te engañé pero no por lo que crees. Y sí, sí te pedí que me esperaras en los columpios. Pero tardé demasiado. El día que te iba a decir la verdad, apareciste en la escena del crimen con la tal Jacinda esa –dijo con desdén. –Yo necesitaba tiempo. Necesitaba estar lista para poder mantener una relación contigo. Necesita ser más de lo que era. Las terapias hacían efecto pero no era tan rápido como yo quería –Castle intentó hablar pero le puso dos dedos sobre los labios para que la dejase continuar a ella. –El disparo me destrozó más de lo que ya estaba por la muerte de mi madre. Yo no tenía nada que ofrecerte en ese momento. –Kate levantó su mano derecha y acarició la mejilla izquierda de Castle, limpiándole las lágrimas. Luego, la llevó hasta su pelo y enredó sus dedos en los mechones castaños de él. –Yo sí sentía lo mismo por ti –Beckett sintió cómo nuevas lágrimas volvían a recorrer sus mejillas y suspiró para poder seguir. –Yo me sentí morir cuando cambiaste. Cuando pensé que te habías cansado de esperarme. Cuando dijiste que te ibas. Te necesitaba a mi lado. Tú eras mi tierra firme, la mano que me sostenía y cuando te fuiste me sentí vacía, me sentí perdida.

-¡Oh, Kate! Yo no sabía nada –dijo quitando la mano de la espalda de Kate para retirar el mechón de pelo que había caído, en ese instante, sobre su cara.

Beckett se movió, quedando boca arriba, tendiese de espaldas sobre la cama. –Lo sé, Castle. Tal vez si te lo hubiese dicho… -Richard se irguió, apoyándose en su codo derecho. Así, podía seguir mirándola a los ojos. -¿Es demasiado tarde para ti? –preguntó con temor a saber la respuesta. Rick lo notó en su voz entrecortada.

El escritor no respondió, se acercó más a ella. Colocó su mano derecha en la cama, al lado derecho de Kate y se inclinó hasta que sus alientos se entremezclaban. –Te quiero –susurro sobre sus labios. Arrimó más sus labios a los de la detective y le sonrió, mirándola a los ojos. Kate sonrió de vuelta y Castle no pudo esperar más. Juntó sus labios a los de ella. Primero, haciendo lo mismo que ella, los acarició levemente. Besó su labio inferior con la misma ternura que lo había hecho Kate. Luego, besó su labio superior. Beckett, colocó su mano izquierda en la nuca del escritor para atraerlo más hacia ella y se besaron. El beso comenzó siendo tierno, dulce, pero las ganas de sentirse les ganó y, el beso, se tornó apasionado. Y así estuvieron, besándose, hasta que el aire comenzó a faltarle y tuvieron que parar por necesidad.

Castle descansó su frente en la de Kate y ambos sonrieron, respirando agitados por el beso. Después de unos segundos, Rick se levantó, llevándosela con él en un abrazo. –Somos unos idiotas –susurro en el oído de la inspectora.

-Absolutamente –respondió riendo. Y Rick la siguió, porque nunca antes se había sentido tan feliz y completo como en ese momento. Se quedaron abrazados durante varios minutos. Hasta que, Kate, se separó y lo besó. Luego, retiró los mechones de pelos de Castle de la frente de éste, despeinándolo más de lo que estaba. –Siempre, quise hacer esto –confesó sonriendo.

-¿Hacer el qué? ¿Despeinarme? –preguntó, esbozando una sonrisa.

-Mmm hmm –asintió.

Castle la atrajo hacia él y la sentó sobre sus piernas. –Y yo… siempre he querido hacer esto –le guiñó un ojo y la besó hasta que Kate gimió en su boca. Se separó y la miró sonriente. La detective lo golpeó suavemente en el hombro. Y luego, lo abrazó, hundiendo su cara en su cuello.

-Me encanta cómo hueles –confesó aspirando su aroma.

-Y a mí me encanta tu olor a cerezas. –Rick le dio un beso suave en el cuello. Kate hizo lo mismo y se separó. Su vista se posó en la cuna de Alex, que aún dormía. Y se tensó. Castle lo notó.

-Kate –la llamó. Ésta lo miró con miedo. –Ey, ¿qué pasa?

-Castle, yo ahora tengo un hijo y… -Kate volvió a desviar su vista hasta el bebé.

-Lo sé, Kate, y no me importa. Ya te lo dije antes. Yo solo quiero estar contigo y a ese pequeño de allí –lo señaló-le he cogido mucho cariño. –Rick le dio un beso en la frente. Los dos cerraron los ojos ante la leve caricia. –Y me encantaría verlo crecer a tu lado, me encantará jugar con él y enseñarlo a leer.

-¿Y te gustaría que te llamara papá? – preguntó con un deje de temor en la voz y los ojos inundados en lágrimas.

Castle acercó sus labios al oído de la detective y le susurró:

-Es lo que más deseo.

Kate sonrió y lo abrazó fuertemente. –Gracias, Rick, gracias.

El escritor la volvió a besar cuando se separaron. –Kate, -puso un mechón de su pelo detrás de su oreja. –No tienes que tener miedo, no me voy a ir. Nunca más. Ahora que sé que tú sientes lo mismo por mí no te voy a dejar escapar. –Rick le dio un beso dulce. –Siempre –susurró sobre sus labios.

-¿Siempre? –preguntó sobre los mismos.

-Siempre –aseguró y volvió a acortar la pequeña distancia y besó sus labios de nuevo. Pero esta vez el beso se vio interrumpido por los balbuceos del bebé que se había despertado.

Kate fue a levantarse pero, Rick, la frenó. –Voy yo, tenemos que empezar nuestra relación padre e hijo –dijo guiñándole un ojo. Beckett sonrió. Castle dio la vuelta a la cama y tomó a Alex en sus brazos, besó su frente y volvió a la cama con Kate. Nada más llegar el pequeño le echó los brazos a su madre, que lo cogió y le llenó la cara de sonoros besos, provocando que el bebé no parara de reír.

-¿De verdad, no me imaginabas de madre, Castle? –preguntó, mientras acomodaba a Alex en su regazo.

-¿La verdad? –repitió mientras se acercaba a ella y le robaba un beso. –La verdad, es que sí te imaginaba de mamá pero de mis hijos –dijo muy cerca de su rostro. –Y mi sueño se ha hecho realidad –Richard le mordió el labio inferior y se levantó de la cama cuando Kate fue a besarlo. –Voy a hacer el desayuno, quedaos en la cama. Ahora vuelvo.

-Castle –lo llamó.

-Ahora vuelvo, detective. –Dijo saliendo de la habitación.

Media horas más tardes, el escritor volvió con una bandeja con tortitas, cafés y la papilla para Alex. Cuando cruzó el umbral de la puerta se quedó, ahí, quieto. Observando como madre e hijo interactuaban.

Kate tenía a Alex tendido sobre sus piernas, cogidas sus manitas y a la vez que ella se inclinaba hacia él, flexionaba sus piernas hacia arriba para atraerlo. Terminando con un beso en la nariz del bebé. Los dos reían.

-¿No vienes, Castle? –le preguntó con una sonrisa, provocando que éste siguiese su cama hasta la cama.

Los tres desayunaron entre risas y besos. Kate estaba recostada sobre Castle, que estaba sentado con su espalda recalcada en el cabecero de la cama. El pequeño Alex estaba en los brazos de su madre jugando con un oso de peluche.

El escritor retiró el pelo del cuello de Kate y le dio un suave beso. Sin despegar sus labios de la piel de Beckett, que se estremecía por el roce de sus labios, besó su mejilla, muy cerca de sus labios. Kate ladeó su cabeza hasta poder capturar los labios del escritor y un beso que tuvieron que terminar porque se les estaba yendo de las manos y el pequeño estaba allí con ellos.

Beckett miró al pequeño jugar y se acordó que aún no le había dicho la verdad sobre él a Castle. Kate acarició la cabecita del bebé que seguía jugando. La detective cogió aire, llenando sus pulmones completamente. –Tengo que contarte algo sobre Alex –dijo sin pensárselo mucho.

El escritor se acomodó más en la cama. –Pues tú dirás, entonces.

-Cariño, -Kate no fue consciente de que lo había dicho hasta que Castle habló:

-Me gusta cómo suena de tus labios esa palabra, y más, si es para decírmela a mí. –Kate se ruborizó. –Ey, cariño, -dijo Rick aposta- no tienes porqué ruborizarte. Es algo normal en las parejas. Y a mí me encanta que me lo digas.- La besó en los labios. –Y ahora dime qué es eso que me tienes que decir de Alex.

-Alex, no es mi hijo biológico –soltó de prisa. Ante la cara de desconcierto de Castle siguió. –Hace casi seis meses, Alex no tenía ni un mes, recibí una llamada. Era un asesinato. Sus padres habían sido asesinados por la mafia china. Yo lo vi tan indefenso en aquella cunita que me ofrecí a cuidar de él mientras resolvíamos el caso y le encontrábamos una familia. No había nadie que pudiese hacerse cargo de él. Sus abuelos, tantos paternos como maternos, estaban muertos y sus padres no tenían ni hermanos ni primos. Al menos, no a nadie que quisiese hacerse cargo de un bebé. Durante todos esos días, me encariñé con él. Cuando resolvimos el caso, decidí adoptarlo. Él no tenía a nadie y necesitaba alguien que lo quisiese. Yo perdí a mi madre y, también, a mi padre durante unos años por el alcohol, sé lo que es estar sola en el mundo y no quería que este pequeño se sintiese así.

-Kate –dijo Castle apretando más el abrazo y besando su cabeza.

-Fue dos meses después de resolver el asesinato de mi madre. En ese momento a mí ya no me quedaba nada. No tenía nada por lo que seguir luchando. Mi vida estaba vacía y nada tenía sentido. Lo único que me tenía en pie y me hacía levantarme día tras día era la esperanza de resolver el asesinato de mi madre y ya lo había hecho. Alex llegó cuando más lo necesitaba. Fue mi salvavidas. Por eso le puse ese nombre, y porque sus ojitos azules me recordaban a ti, a mi gran amor –dijo sintiendo como sus mejillas se encendían –y Alexander era tu segundo nombre. Así, aunque no estuvieses a mi lado, te sentiría más cerca. –Kate suspiró.

-Lo siento mucho, Kate, siento no haber estado contigo cuando resolviste el caso de tu madre.

-No, Castle. A mí me hubiese encantado estar contigo en ese momento pero si logré meter en la cárcel al senador Bracken fue por tu ayuda. Por volver a abrir el caso. Así que, no me digas que lo sientes.

-¿Sabes? Me sentí tan orgulloso cuando vi en la televisión que habías logrado cerrar el caso de tu madre, pero tan, tan orgulloso de ti. Sabía que lo conseguirías, eres la mejor detective de todo Nueva York y podría decirse que del mundo también.

-Exagerado –lo llamó con una sonrisa en los labios y los ojos llenos de lágrimas.

El escritor se movió de su sitio para poder mirarla a los ojos. –Kate, siento que te sintieras así durante todos esos meses, tal vez si yo…

-Shhh –lo mandó a callar mientras ponía un dedo sobre sus labios. –No, Castle, ya está. Lo importante es que ahora estamos juntos y no nos vamos a volver a separar. –Rick la atrajo hacia él y la abrazó.

Se quedaron durante dos horas más jugando con el pequeño en la cama. Luego, se levantaron y, mientras, Alex veía los dibujos en la sala, los adultos preparaban el almuerzo entre besos y caricias.

Después de comer, Alex se quedó dormido, hora de la siesta. Kate y Rick bebían abrazados café en el sillón de la sala. Cuando ya habían casi acabado, Kate, puso su vaso encima de la mesita, le quitó a Castle el suyo y se sentó encima de él a horcajadas.

Sin darle tiempo a decir nada, lo besó, lo besó devorando sus labios, con ímpetu. Buscando su lengua. Consiguiendo lo que quería que, Rick, gimiera. Luego, pasó a su cuello.

-Kate, por favor, no seas malas –dijo con la respiración entrecortada.

-Podríamos aprovechar que Alex está dormido y…

Rick la agarró de los brazos y la separó. –No –al ver la decepción en los ojos de la detective, continuó –A ver, no me mal intérpretes. Yo quiero esto tanto como tú, te lo aseguro. Pero he soñado tanto con este momento que quiero que sea especial. Quiero que sea algo que ninguno de los dos pueda olvidar. Y sí –dijo adivinando las intenciones de Beckett –de todas formas será especial, porque será nuestra primera vez, pero yo quiero que sea algo mágico. Por favor, ¿podemos esperar hasta la noche? -le pidió.

Beckett no se pudo negar. –Está bien, esperaremos pero eso no quiere decir que no vaya a ser un poco mala –y riéndose con picardía le mordió el lóbulo de la oreja.

-Kate… -consiguió decir Castle.

Por suerte para el escritor, ese día, la siesta de Alex no duró mucho. Richard se levantó como un resorte cuando escuchó el llanto del niño a través del escucha bebés que había comprado la tarde antes provocando la risa de Kate, que no había dejado de "torturarlo".

"5 minutos más y no aguanto" se decía para sí mismo Rick, mientras se dirigía a toda a prisa a coger a Alex.

Pronto llegó la noche y después de una cena especial con velas y pétalos de rosa. Castle y Beckett sostenían una copa de vino. Kate sentada encima de Rick, de lado. El escritor le acarició la cara. -¿Sabes? Estuve más de 4 años, llevándote un vaso de tu café favorito solo para ver una sonrisa en tu cara. Y ese simple gesto por tu parte me hacía feliz, me hacía feliz ver que sonreías por mí y para mí –Kate sonrió. Rick siguió acariciando su mejilla-. Como me haces feliz ahora. –Castle sonrió. –Te puedo prometer, Kate, que nunca he sido más feliz que en este momento, solo es comparable con el día que nació Alexis. Me siento completo por primera vez en mi vida. Siento que podría morir ahora mismo y sería feliz. Si ayer mismo me hubiesen dicho que hoy iba a tenerte aquí, entre mis brazos, mientras nuestro hijo -ambos sonrieron cuando Rick pronunció "nuestro"- porque es nuestro, duerme a escasos metros, no me lo hubiese creído.

-Yo tampoco, Rick. Pensé que te había perdido para siempre y ahora, mírame, no puedo parar de sonreír como una tonta enamorada.

-¡Ey! enamorada sí, pero tonta no –la regañó. –Amor, mi amor, eres el amor de mi vida, Katherine Beckett. No sé qué me hiciste que te metiste dentro de mí, te tatuaste en mi piel. Y lo mejor de todo esto, es que me encanta. Me encantas tú porque eres la mujer más extraordinaria, valiente, testaruda, frustrante, enloquecedora y perseverante que jamás he conocido, e increíblemente hermosa. Y, oh, eres muy sexy –dijo mientras levantaba su camiseta de pijama, que aún llevaba puesta, para ver más sus piernas. Kate lo atrajo hacia ella y lo besó, agradeciéndole cada palabra. Rick le dio un tierno beso en la mejilla. –Kate, has sido mi musa, mi compañera, mi mejor amiga, mi confidente, mi novia ahora –aclaró- pero yo quiero algo más, quiero ir un paso más allá. A lo mejor es muy precipitado pero –Rick abrió si mano derecha y le enseñó un anillo, mirándola a los ojos –Kate, ¿quieres casarte conmigo? –ésta se quedó muda, no se esperaba una propuesta así tan pronto. –No tiene por qué ser ahora, ni tiene que ser pronto. Solo comprometernos en que nos casaremos, que seremos marido y mujer en un futuro. Cuando tú quieras. –La detective seguía callada y su rostro reflejaba algo difícil de descifrar. Castle cerró la mano desilusionado. Sabía que era algo precipitado pero había tenido esperanza de que dijese que sí. –Yo pensé que tener un hijo en común era algo más serio que…

-Rick, cariño, -dijo con voz dulce y respiró hondo- no te voy a negar que me ha sorprendido y es algo precipitado. No llevamos ni 24 horas de novio. No es algo normal, pero nosotros no hemos sido nunca normales, -sonrió- así que sí, Richard Alexander, sí quiero casarme contigo, no hay cosa que deseé más en el mundo. Y por mí nos podemos casar mañana mismo. Pero…

-¿Pero? –preguntó con lágrimas en los ojos por la emoción.

-Pero me tienes que prometer que esto será para siempre. Pase lo que pase estaremos juntos, siempre.

-Siempre –le prometió antes de posar sus labios en los de Kate, comenzando con una tierna caricia aquel beso que se prolongaría hasta hacerlos parar para coger aire.

Cuando se separaron, Rick, deslizó el anillo por el dedo de Kate. -¿De dónde has sacado el anillo? –preguntó curiosa.

-Unos meses después de nuestra conversación en los columpios, pasé por una tienda de joyas y lo vi. Y nada más mis ojos se posaron en él supe que tenía que ser tuyo. Que sería el anillo que usaría para comprometerme contigo.

-¿No te deshiciste de él después de todo?

-No, supongo que deshacerme de él, era decirte adiós para siempre y mi corazón se negaba a aceptar eso. No podía, por más que lo intenté. Siempre estuviste en mi mente.

-Como tú en la mía. –Kate le acarició el cabello.

-Vamos –dijo levantándose con ella en brazos para ir a la habitación.

Cuando Beckett vio la habitación, no podía creérselo. Estaba llena de pétalos y velas estratégicamente puestas para darle un toque romántico a la habitación.

-Ahora entiendo porque no me dejabas entrar –La detective no dejaba de contemplar todo a su alrededor.

-¿Te gusta? –inquirió aún con ella en sus brazos.

-Me encanta, Rick, es perfecto.

-Me alegro –con cuidado la puso en el suelo y sacó su móvil.

-¿Qué haces? –estaba confusa, ¿su móvil?

-Esto –dijo mientras una melodía inundó la habitación. Era una canción lenta, romántica. Castle pegó su cuerpo al de Kate, abrazándola por la cintura. -¿Bailamos? –le preguntó, susurrándole en el oído.

Kate rodeó su cuello con sus brazos. –Estás loco –siseó.

-Sí, pero loco por ti, no lo dudes.

Kate besó su cuello y éste le dio la vuelta, abrazándola por la espalda al mismo tiempo que se balanceaba al ritmo de la música. Beckett rio. Aún no habían hecho el amor y ya se alegra de haber aceptado esperar. Sin duda estaba siendo mágico. Y nunca en la vida podría olvidar esa noche.

La inspectora se dio la vuelta en el agarra y tras unos cuantos besos le quitó la camiseta de pijama a Rick. Éste sonrió y siguieron bailando. Minutos después fue la camiseta de Kate la que desapareció. Sin dejar de balancearse, el escritor besó húmedamente el cuello de ella, al igual que sus hombros y el centro de su pecho. Y así siguieron hasta que toda la ropa desapareció y entre caricias y besos dulces, tiernos y apasionados hicieron el amor. Entregándose completamente, como nunca antes. Sintiendo esa conexión que siempre los había acompañado.

Kate descansaba encima de Rick, con su rostro apoyado en su pecho, sobre su corazón. Todavía agitado. Se irguió un poco y vio como éste la miraba sonriente y con tanto amor que sintió cómo su corazón se encogía. –Te quiero, Rick –susurró sin poder callárselo más. Como si guardárselo, para sí, un minuto más, la quemara.

-Yo también te quiero, Kate.

XXX

2 meses después

Beckett corría por el parque, en el mismo donde se habían reencontrado, con Alex en brazos. Los dos iban riendo. El pequeño reía sin parar, no solo por el hecho de que su padre los estuviese siguiendo, sino por el trote de su madre, le hacía gracia.

-Os atrapé –les informó Castle, abrazándolos desde atrás. La detective se dio la vuelta, quedando frente a frente. –Me da igual lo rápido que corras, siempre, siempre te conseguiré atrapar. -Kate sonrió y cuando se iban a besar, Castle le quitó a su hijo de los brazos y salió corriendo. –Ahora te toca a ti, mami, atraparnos. –Kate sonrió sacudiendo la cabeza. Estaba completamente enamorada de ese hombre.

FIN


Como dije, aquí está la segunda y última parte, antes de que fuese las 12 en el país de mi amiga.

Espero que os haya gustado, sobre todo a ti, Hazel. Felicidades, again :)

Hace unos días le pregunté que cuál era su tipo de fic favorito y me dijo que de drama y romance, una mezcla entre los dos. He intentado hacer eso, ya si lo he conseguido es otra cosa...