Capítulo 2: "Aniversario de la Derrota".

Disclaimer:

¿Es necesario que indique lo obvio? ¿Es necesario decir que El Señor de los Anillos no es de mi autoría? ¿Es necesario romperme el corazón para decir que el Legendarium al cual pertenece esa espléndida saga tampoco es de mi autoría?

Pues, hasta donde yo sé, no me llamo JRR Tolkien… tan sólo digo y prueba de eso es que soy mujer…

Capítulo dedicado a EliraP, quien ha añadido este loco fanfic a sus historias favoritas… ¡Mil gracias! Feliz Año Nuevo a todos vosotros.

Veinte años después…

La Ciudad Blanca se alzaba impertérrita y quizás algo escondida en medio del vacío que era la Tierra Media por aquellos años.

En resumidas cuentas, Endor había caído ante la negra magia del Señor Oscuro. Ya no había esperanzas. Mucho habían luchado los hombres, los elfos, los enanos e incluso los hobbits por poder salvar su hogar del poderío de Sauron que avanzaba cada día más y más.

Pero ya no había esperanzas… todas sus posibilidades de vencer a tan poderoso y peligroso enemigo recaían en destruir el Anillo Único, la base de toda su fuerza. Pero desde el minuto en que Frodo, el Portador, había sucumbido ante la capacidad hipnótica de dicho objeto, había desaparecido llevándose dicha joya con él.

Un oscuro telón había caído sobre el destino de Frodo y el Anillo Único. Cuantiosos rumores corrían por toda la Tierra Media. Algunos decían que se había suicidado (la cual era la teoría más aceptada por la gente), otros decían que había destruido el Anillo (lo cual no tenía técnicamente sentido), otros decían que había perdido la razón… Nadie sabía de cierto qué había sucedido con el Hobbit, pero si tenían conocimiento de buen recaudo de algo, era que no había podido destruir el Único, sino no estarían en tan oscura situación.

Hacía veinte años que los ejércitos de los hombres de Gondor y sus alianzas a lo largo de Endor habían sucumbido en su desesperado intento de vencer a Sauron en la Puerta Negra de Mordor. Hacía veinte años que la Tierra Media era un enorme criadero de esclavos para satisfacer al Señor Oscuro. Hacía veinte años que todos los bastiones de paz y libertad habían sucumbido menos los siete niveles de Minas Tirith.

Aragorn bajó las escaleras solo, en la penumbra. Aquella ciudad era un refugio secreto de los Pueblos Libres y él era su rey. Bajó sin la fanfarria ni los atavíos propios de un monarca de su talla. Más seguía pareciendo un vagabundo, un Montaraz.

Tras llegar al primer nivel de la ciudadela se encaminó al portón. Una serie de hombres de la guardia se cuadraron frente a él en señal de respeto, a lo cual Aragorn hizo caso omiso. Sólo un hombre de todos ellos le llamó particularmente la atención.

-¡Faramir!-exclamó, abrazando al susodicho casi como a un hermano, quien se debatía entre seguir en posición de firmes o corresponder al abrazo-. ¡Ven, acompáñame!-pidió, a lo cual Faramir no se pudo negar.

Caminaron juntos hasta el portón. Al cabo de un rato llamaron y grande fue la sorpresa de ambos de que al abrirlo se encontraron en el dintel con dos personas muy conocidas: Éowyn y Gandalf.

Éowyn y Faramir corrieron el uno al encuentro del otro hasta fundirse en un tierno abrazo.

-Te extrañaba-susurró ella, cobijándose en el pecho de su marido.

-Estaba preocupado-dijo él.

Ambos no se querían soltar. Era horrible estar separados y aún más ahora. Aún no se reponían de aquella pérdida, unos meses atrás Éowyn había sufrido un aborto espontáneo casi a los cinco meses de gestación y los sanadores de las Casas de Curación no habían podido hacer nada.

Por otra parte, Mithrandir y Elessar se fundieron en un amistoso abrazo, de veras felices de verse.

-¡Por lo poco nos dejas a merced de los Nâzgul y sus detestables dragones!-exclamó con un paternal tono de reproche.

-¿Nâzgul?-preguntó Aragorn.

-Siguen a merced de él. Sigue buscándolo-contestó el Istari.

Esa explicación casi del FBI fue suficiente para Aragorn para comprender que los Espectros del Anillo volvían a la cacería, que seguían a merced y servicio de Sauron, quien había vuelto a su malsana entretención de buscar el Anillo Único.

Cuando llegó el turno de Aragorn de saludar a Éowyn, no pudo evitar mirar a la mujer con un cierto hálito de tristeza y compasión. Optó por darle un fuerte abrazo y decirle cuán felices estarían Arwen y Eldarion de verla, a lo cual ella sonrió levemente.

Juntos se encaminaron hasta el séptimo nivel de la ciudad, exactamente hasta el Palacio Real.

Aquellas visitas se debían simplemente a que esa semana se conmemoraban veinte años de la derrota sufrida. Evidentemente, no iban a celebrar el hecho de haber perdido… los gondorianos celebraban el hecho de haber intentado hacer frente a una amenaza tan peligrosa. Y festejaban por la pseudo independencia de su país… país secreto, oculto entre las sombras.

Al resguardo del palacio esperaban Arwen y Eldarion, quienes efectivamente se alegraron mucho de volver a ver a la rohirrim. Especialmente Arwen, quien era su mejor amiga.

Poco a poco comenzaron a llegar todos: Boromir (quien no quería soltar a su hermano, dándole su pésame por lo de su hijo), Merry y Pippin (con sus acostumbradas bromas, subiendo el decaído ánimo aunque fuese un poco), Legolas (quien entabló una animosa conversación con Arwen, Éowyn y Gandalf), Gimli (quien arruinó las bromas de los hobbits con su acostumbrado mal humor), Elrond con sus gemelos (a cuál de los tres tuvieron que despegar con más fuerza de Arwen y Aragorn), la Dama de Lórien con su comitiva (robándose todas las miradas de las gentes de Minas Tirith).

El último en aparecerse fue Samwise Gamgee con la mirada triste y el ánimo decaído que adoptara desde que desapareciera Frodo hace veinte años. No podía evitar sentirse culpable por lo sucedido a su señor y por la caída de Endor.

Cuando estuvieron todos reunidos, Mithrandir anunció que tenía algo que decir, algo muy importante que había descubierto. Añadió, además, que tenía que comunicarlo en completo secreto. Sin más, todos los presentes se encaminaron al despacho del Rey de Gondor, el cual está de más decir que se les hizo pequeño para tamaña concurrencia.

El mago los miró a todos, uno por uno con ojos cansados, como diciendo "¿Qué se le va a hacer?". Y alzó su tronante voz.

Lo que dijo, los dejó a todos un tanto desorientados. Era imposible, pero cierto. Por la Tierra Media había un segundo Gollum vagando desesperado y, por qué no, perdido.

-Como si no tuviésemos suficiente con uno solo-fue el comentario emitido irónicamente por Boromir.

De inmediato supo que tenía que callarse, así se lo indicó la medianamente asesina mirada de Gandalf.

El Maiar siguió comentando lo crítica que era la situación. Día tras día salían más espectros y demás alimañas malignas a la casa de ambos Gollum.

La mirada de Sam se iluminó medianamente. Por una parte estaba seguro de que ese "segundo Gollum" era Frodo, que posiblemente podrían encontrarle, que estaba vivo. Pero de inmediato cayó en la cuenta de lo desalentador que era el panorama: los seres de Sauron estaban persiguiéndole y cada vez eran más los que intentaban darle caza desesperadamente.

-Señor Gandalf, ¿sería posible que esa criatura de la que usted habla fuese el señor Frodo?-preguntó Sam emocionadísimo a la espera de una respuesta.

-Es completamente imposible, Samwise Gamgee-le cortó toda esperanza-. Es sabido que la culpa hizo que Frodo se suicidase hace más de veinte años. El Anillo y su cuerpo se perdieron. Inclusive, me inclinaría a pensar que Gollum ha conseguido salir de Mordor, los Valar sepan cómo, y que ha ido a refugiarse nuevamente y que la gente piensa que es una nueva criatura.

Sam bajó la cabeza y no dijo más. Sentía cómo aquella pequeña luz comenzaba a desaparecer otra vez, dejando su alma completamente vacía.

-Dicen que de su cuello cuelga una cadena con algo que nadie consigue ver bien. Es de aspecto y carácter excepcionalmente fiero y huraño, cruel por decirlo menos. Nadie ha podido acercársele. La llaman Foruldum-completó el mago.

-No caben dudas entonces. Esa criatura no es más que Gollum-dijo Aragorn-. Ha conseguido escapar… ¿Dónde está?

-Erebor-dijo Gandalf.

-Erebor queda, después de todo, bastante cerca de las Montañas Nubladas, a no más de una quincena de viaje a pie-dijo Aragorn-. Es Gollum y busca su hogar. Ha sido acertado a tomar su camino, se ha alejado prudencialmente de Mordor. Probablemente de su cuello cuelga el Anillo. Posiblemente él causó la muerte de Frodo para robarle la cadena cuando él se alejó del grupo.

La teoría promovida por Aragorn y Mithrandir fue bastante aceptada entre las personas que estaban presentes.

-Hay que ir a buscar a esa criatura, Gollum, Foruldum… ¡Como se llame! Y quitarle el Anillo antes de que lo encuentre el enemigo-exclamó Gimli, alzando su hacha.

-No se puede. Ha sido rodeado por las gentes de Esgaroth. Si ellos no han podido quitársela, ¿tenemos nosotros esperanza alguna de poder hacerlo?-preguntó Gandalf.

-¿Y entonces qué hacemos?-preguntó Boromir con su clásico retintín burlón.

-Tenemos que esperar a que las gentes de Mordor le saquen de allí y seguirles para poder robarles el Anillo-fue el descabellado plan de Gandalf.

-¡¿No os dais cuenta?!-saltó Legolas-. Destruirán Esgaroth y mientras más sean en número, menores son nuestras posibilidades de obtener el Anillo y destruirlo.

-Esgaroth ya fue destruida en tiempos de mi padre Glóin y la Comunidad de Thorin Escudo de Roble, maese Legolas. Una segunda vez no les haría nada a esas gentes-fue la pasmosa respuesta de Gimli.

-No tenemos otra opción-respondió Gandalf, acostumbrado a los planes locos ese no le asombraba ni lo más mínimo.

El plan fue aceptado por todo. Se fijó incluso las guardias que custodiarían a Gollum. Sólo tres personas no se convencieron del todo: Sam, Éowyn y Arwen. De los cuales, sólo las últimas dos tuvieron la suficiente sangre fría como para mantener su idea al respecto y formular un plan coherente para salvar la Tierra Media de la Segunda Amenaza.