Give me your…

Hola de nuevo! Vuelvo con un nuevo capítulo de este fic, que está dedicado enteramente a Kao-chan, sin la cual no habría podido terminarlo nunca! :D kaa-san, gracias por inspirarme e_e (xD) Mucas gracias a todos loq ue me dejaron review en el primer capítulo *_* no me esperaba tantos~

Disclaimer: Hetalia no me pertenece, ni a mí ni a nadie más que a su creador~

Rated: T

Notas:

1. Arthur punk y Alfred puritano. Edades entre los 17 y 18. Ah, y Lea es Seychelles.

2. Personajes ligeramente (o muy) OoC, depende de cómo se mire.

3. Fic de varios capítulos (pocos, espero).

4. Lenguaje un poco bruto… como ya sabréis después de leer el Summary.

5. Por obvios motivos, no voy a referirme a Gilbert como "el prusiano", sino como "el alemán".


Capitulo 2: …body!

Alfred se sentía en la cima, capaz de cualquier cosa. A finales de curso pasado, y con solo un año de entrenamiento, había llegado a ser el quarterback del equipo del futbol americano del instituto; había conseguido fama y respeto, era imparable. El héroe del instituto. Y justo esa mañana había salido sintiéndose con fuerzas para salvar el mundo, como si pudiera alzar los pies del suelo y volar hacia dónde quisiera; era el primer día de su segundo curso en el Bentley, y Lea Monreaux iba a ser su novia. Solo faltaba que ella lo supiera.

La gente le miraba cuando andaba por la calle, algo a lo que se había acostumbrado desde que tenía alrededor de trece años y se convirtió en un niño alegre de sonrisa brillante y chispeantes ojos azules, que lo alborotaba todo a su alrededor allá donde iba. Y esa mañana no iba a ser diferente, sobretodo contando con que estaba radiante. Llegó al instituto mucho más temprano que de costumbre, saludando a todo el mundo que le saludaba, hablando con quien se paraba a hablar con él. Era popular, oh, sí que lo era, y esa era la prueba definitiva. Cada chica con la que se cruzaba le lanzaba miradas coquetas y los profesores le trataban con simpatía sin necesidad de ser un nerd…

Y allí, al final del pasillo, junto a las taquillas, la vio; el pelo castaño recogido en dos coletas por sendas cintas rojas, a juego con su perfectamente entallado uniforme de las animadoras. Lea charlaba animadamente con otras dos compañeras de equipo, una húngara y otra belga, bastante monas pero nada comparado con la perfección de su futura novia.

Se dirigió hacia las chicas con paso firme y una sonrisa deslumbrante, no podía fallar si creía en su éxito, y el americano lo creía firmemente. Antes de llegar notó como la belga y la húngara le daban u no muy disimulado codazo a Lea y señalaban en la dirección del rubio, soltando una risita por lo bajo. La morena les hizo un gesto y las otras dos se fueron, al tiempo que Alfred llegaba a su altura y se apoyaba en la taquilla junto a la chica, la cual se volvió a mirarlo con media sonrisa.

-Good morning, Lea! -la saludó efusivamente, jugando un poco- ¿Cómo te ha ido el verano?

La chica sonrió divertida.

-Lo sabes de sobra… - Alfred sonrió más ante la contestación; era cierto, habían pasado todo el verano viéndose de vez en cuando y hablando por las redes sociales, lanzándose indirectas mutuamente.- Como solo hayas venido a preguntarme eso estaré bastante decepcionada.

Alfred rió un poco antes de contestar, lanzándole su sonrisa más brillante.

-Cenemos juntos.-se inclinó ligeramente hacia ella, dando énfasis a su petición- ¿Esta tarde, a las ocho?

Lea hizo como si se lo pensara, pero eso no puso nervioso al americano ni un ápice; sabía de sobra que la respuesta iba a ser "sí".

-Bueno…si no me surgen otros planes...-contestó al final, cogiendo sus libros y dándose la vuelta, para ir con sus amigas.

El americano se dio la vuelta también, sonriendo triunfante. Eso era un Sí en toda regla, camuflado un poco del modo en que las chicas camuflaban el "¡Sí que quiero! ¡Sí, sí, sí!" para hacerse las desinteresadas. Lo había conseguido, ahora solo tenía que jugar bien sus cartas esa noche… Alfred volvió sobre sus pasos, siguiendo la línea de taquillas, con ganas de ponerse a saltar. ¡Todo era tan perfecto! Su vida era perfecta. Sentía que nada podría bajarlo de las nubes ese día…

-Damn institute, damn teachers! Fucking damn locker that doesn't open!

Alfred se paró en seco antes de ser arrollado por un chico malhumorado, más bajo que él y con aspecto de punk antisocial que se peleaba con su taquilla a golpes, maldiciendo con un marcado acento británico.

-Bloody hell!-con un último golpe, la taquilla cedió y se abrió, casi tanto como estaban los ojos del americano al toparse con un personaje tan peculiar. El otro chico notó su presencia y le miró con curiosidad, probablemente alzando las cejas ocultas tras su pelo. Alfred se quedó clavado en el sitio cuando unos raros ojos verdes le enfrentaron.- ¿Y tú que miras, arsehole?

Habría sido bonito poder decir que Alfred le respondió con una respuesta ingeniosa que dejó al británico sin palabras, pero simplemente se quedó mirándolo con cara de imbécil. El otro chico pareció aburrirse de esperar una contestación, pues agarro algunos libros y cerró la taquilla.

-Espero que esa elocuencia no sea hereditaria, o tus hijos lo pasarán mal…-comentó mientras se daba la vuelta y se iba.

Solo cuando el inglés estuvo lo suficientemente lejos como para perderse entre la multitud, Alfred pudo reaccionar. Sacudió la cabeza, librándose de ese extraño atontamiento sin sentido en el que prefirió no pensar, y se fue a buscar a su hermano Mathew, recuperando la alegría por el camino, para contarle el éxito de su charla con Lea.


En menos de dos días, todo el instituto sabía que Alfred F. Jones salía oficialmente con Lea Monreaux. Él quarterback, ella capitana del equipo de las animadoras, eran la pareja más popular del instituto. Se les podía ver juntos casa vez que podían, entre clases y después de los entrenamientos de ambos equipos.

El curso empezaba tal y como Alfred lo había planeado…bueno, solo en parte. Había un pequeño detalle agregado que le causaba un dolor de cabeza constante al americano, de lo que había comenzado a ser consciente hacía poco. Cuando me nos se lo esperaba, y sin motivo aparente, se descubría a sí mismo mirando fijamente a cierto británico de ojos verdes. No lo hacía a propósito, simplemente desconectaba y cuando volvía a conectar lo estaba buscando con la mirada. Podía pasarse los minutos repasando con la vista las facciones del chico, intentando contar cuantos piercings llevaba en las orejas, o pensando en cómo podía llevar el pelo tan revuelto antes de darse cuenta de lo que hacía y mirar a otro sitio.
Alfred había llegado a plantearse seriamente si estaba enfermo o algo así; es decir, él nunca se había concentrado en nada tanto como lo hacía cada vez que escaneaba al inglés. Ya era demasiado raro que se quedara callado más de cinco minutos.

No fue hasta ese jueves, en la cafetería, cuando se desató la alarma en la mente del americano. Como tantas otras veces, Lea había estado hablándole por más de diez minutos y él no se había enterado de una palabra. Su cerebro estaba enfocado en preguntarse cómo podía Arthur, pues así se llamaba el otro, comer, hablar con el alemán de ojos rojos y golpear al francés, todo al mismo tiempo y sin descuidar ninguna de las tareas.

Alfred salió de su trance cuando Lea le pasó una mano frente a los ojos de manera no muy amable.

-¿Hola? ¿Tierra llamando a Alfred?

El rubio se volvió con una sonrisa avergonzada a su novia, la cual le miraba con el ceño ligeramente fruncido.

-Lo siento Lea, me había quedado traspuesto, ¡Ahahaha~!-rió para quitarle importancia, pero por dentro estaba nervioso. El americano no sabía por qué, si no estaba haciendo nada malo…

-No me mientas, estabas mirando a esos chicos.- Lea esbozó una sonrisa traviesa, mientras señalaba en la dirección en la que miraba, donde los cuatro –contando a un español que no paraba de reír- montaban un buen jale- Se que quieres ser el héroe del instituto, pero desconecta un poco. –se agarró a su brazo, apoyando la cabeza en su hombro- Se notan las ganas que tienes de regañarles por montar alboroto en la cafetería.

Alfred se relajó un poco al saber que Lea pensaba que estaba mirando al grupo con reproche. Se sintió como si acabara de cometer una fechoría y viera que podía salir impune; sin embargo, eso no le gustó.

-Ahaha, I'm sorry…- sonrió de forma encantadora, y Lea se derritió.

-No importa. –Sonrió ampliamente- Simplemente no mires a otros más que a mí, o me voy a poner celosa…-y con una última risa, la seychellense se giró a hablar con Elizabetha, su amiga húngara, dejando la mente de Alfred hecha un caos.

Antes de ese momento no se había parado a pensar porqué miraba al británico más de lo debido, rozando el límite del acoso. No había pensado que fuera necesario, Alfred no era una persona que pensara mucho en el porqué de sus actos, sin embargo, cuando Lea lo había pillado mirando al inglés se había sentido como un delincuente descubierto con las manos en la masa.
En teoría, no debería haberse sentido de esa manera, no estaba haciendo nada malo, simplemente lo miraba por curiosidad, ¿no? La curiosidad no era mala… Dejó que sus ojos volvieran al inglés, buscando esta vez un motivo. Conocía su cara casi a la perfección, distinguía su voz marcada fuertemente con un acento británico desde donde se encontraba, a pesar del jaleo que había en la cafetería en plena hora de la comida. Lo examinó a conciencia, esperando que la respuesta le llegara, si era posible, en forma de un letrero bien grande e iluminado en neón.
Sin embargo la respuesta no llegara, y Alfred volvió a quedarse abstraído, mirándole por puro placer.

y entonces una pequeña certeza se asomó a la mente del americano: le gustaba mirarle. Simplemente eso, le gustaba mirar al británico, observar lo que hacía y como lo hacía, sus reacciones, sus expresiones faciales, todo. Alfred tardó unos minutos en darse cuenta de lo que ello significaba, y cuando eso pasó clavó la vista en la mesa con una expresión de puro horror en el rostro.

Oh. Dios. Le GUSTABA. Del verbo gustar. No, no, no, eso no podía ser…estaba mal que te gustara mirar a un chico siendo hombre. ¡Era casi pecado! Omitiendo el casi… ¿¡iba a ir al infierno! ¿Y Lea? ¡Era su novia! ¿Se consideraría infidelidad mirar a un chico? Pero él no era homox…homo… ¡si siquiera podía pensarlo! Estaba entrando en crisis, ya notaba su estómago revolverse, como si estuviese a punto de vomitar.
Sacudió la cabeza y respiró hondo, no entraría en crisis. Que le gustara mirar Arthur no significaba nada. ¡Absolutamente nada! No iba a permitir que eso le arruinara la vida en el instituto, que echara a perder todo lo que tanto esfuerzo le había costado conseguir.

Alfred desvió la vista a la conversación que mantenía su novia, comenzando a hablar él mismo con un muchacho australiano de su equipo que solía comer con ellos. Obstinado, se prometió a si mismo que a partir de ese preciso instante no le iba a mirar más, ni aunque lo tuviese justo enfrente y fuera el último habitante del planeta después de una invasión zombi. Y como era un héroe, cumpliría su promesa.

xXx

Arthur exhaló el humo hacia el cielo, recostando la cabeza sobre el tronco del árbol bajo el cual descansaba, en el jardín trasero del instituto. Hacía demasiado calor, el sol y la humedad del aire hacían un contraste asfixiante y pegajoso, y en esos momentos echaba de menos el clima frío y lluvioso de su Londres natal; la humedad allí era hasta cierto punto soportable, no como en la costa estadounidense. Y tener un francés pegajoso encima tampoco ayudaba.

-¡Auch! ¡Tampoco tenías que darme un puñetazo en la cara, anglaise crétin!- le recriminó Francis, cuando el británico le estampó el puño en la cara por haber estado intentando sobarle el culo.

-¿Suenan todos los insultos en francés tan afeminados?- preguntó Arthur, como si lo de hacía unos segundos no hubiera pasado, fumando en actitud relajada junto al alemán-Cuando insultas pareces indignado en vez de enfadado, como si atentara contra tu honor. ¡Sacrebleu!-imitó el acento francés exageradamente- Creo que he oído decir eso alguna vez a la heroína de una novela francesa.

- ¡No suenan afeminados!- exclamó el francés, ofendido- ¡Es que no estaba insultando enserio!

-¡Ssh!-susurró Gilbert- Callaos los dos de una vez, ¿o queréis despertar a Antonio?

Ambos rubios se miraron para luego desviar la vista hasta un dormido español, que usaba las piernas del albino de almohada. No tuvo que decir nada más para que se callaran, bien sabido era que Antonio no tenía buen despertar si se le molestaba en su siesta.

Francis hizo una mueca de fastidio y se apoyó en el árbol junto al británico, encendiéndose también un cigarro.

-Ya no se puede ni pelear en condiciones en este instituto, mon ami. -aspiró el humo y lo expulsó al modo francés.- En fin, todo sea para que mon petit espagnol esté de buen humor.

-Quieres que esté medio grogui para meterle mano, perverser.-le contradijo el albino, y el francés hizo un puchero.

Arthur desconectó de la conversación para dedicarse a mirar la fachada del edificio que tenía justo en frente, concretamente una puerta donde ponía "vestuarios masculinos". Aunque eso en su idioma significaba "Plan de Arthur parte II". Simplemente esperaba que este saliera tan bien como el primero, y si era posible sin agregar un labio partido. Había que reconocer que el holandés pegaba jodidamente fuerte.

-¿Pensando en tu rubio americano, petit anglaise? –la voz melosa del francés hizo que se volviera a mirarlo, levantando una ceja. –Ah~ l'amour es tan bello…

-Para el carro, frog. –el inglés dio otra calada despreocupada a su cigarro medio consumido- De amor nada.

-¿Eh? –el alemán parecía sorprendido- No me creo que estés liando todo esto solo por un polvo…

-¿Como que solo un polvo?-Arthur usó un tono ofendido, como si Gilbert acabara de decirle que Sex Pistols tocaba country.- ¿Pero tú lo has visto? Es tan inocente, tan puro, tan…niño bonito que siempre sigue las normas. ¿No te da ganas de corromperlo?

-Ah, ya lo entiendo. –intervino Francis, asintiendo- Esta es una de esas veces en las que ves a una persona y piensas: "Joder, mataría por ser yo quien la desvirgara".

Gilbert miraba como ambos chicos asentían, compartiendo uno de esos pocos momentos en los que estaban de acuerdo. Él personalmente no entendía muy bien ese afán de pervertir todo lo que tocaban de ambos rubios; el alemán no era como ellos en esos temas, su forma de tratar los asuntos amorosos rozaba tanto a timidez que resultaría un buen motivo de burla si alguien se enteraba. Sin darse cuenta, comenzó a jugar cuidadosamente con algunos mechones de pelo del español.

Arthur dio una última calada al cigarro, despegándose del tronco del árbol con un gesto perezoso; ya era la hora, dentro de unos pocos segundos cierto americano se dirigiría a tomar una ducha en el vestuario, mientras el resto de su equipo de futbol americano acaba de correr las vueltas de rigor. Ese era el momento que Arthur había estado esperando. Y… ahí, justamente ahí estaba Alfred, andando tranquilamente, ajeno a que era observado. Al tiempo que este entraba a los vestuarios, Arthur lanzó su cigarro al suelo, apagándolo con la bota.

-Deseadme suerte.- sonrió de lado, y sin esperar respuesta echó a andar hacia su objetivo.


Había podido fingir que no le había visto. Sí, era genial, se merecía un helado por haber podido ignorarlo a pesar de que estaba ahí, justo enfrente de los vestuarios, fumando con los delincuentes de sus amigos. Alfred sonrió para sí mismo mientras se quitaba la sudada equipación de futbol americano y la dejaba sobre uno de los bancos de madera de los vestuarios, yendo en ropa interior a coger una toalla limpia para ducharse. No era tan difícil volver a la situación anterior, y eso le daba ánimos. ¡Ningún demonio británico iba a poder con él! ¡No iba a caer, no señor!
Aún perdido en sus pensamientos de un héroe parecido a Superman, pero con una A en el pecho, enfrentándose a una especie de Hulk rubio y de pantalones con cadenas , se despojó de la ropa interior rodeándose la cintura con la toalla, girándose de nuevo hacia su taquilla para coger su champú e irse a la ducha.

Alfred nunca supo como hizo el inglés para entrar en los vestuarios sin hacer chirriar la puerta como si estuvieran matando un gato, pero el caso es que lo hizo. Solo que él no se dio cuenta de que alguien más había entrado allí hasta que no sintió un par de brazos rodeando su torso desde atrás, haciendo sutiles caricias en su pecho. Alfred dejó caer el bote de champú al suelo del susto.

-¿No vas a agacharte a recogerlo? –ronroneó una voz con un marcado acento británico en su oído.-Yo te sujeto la toalla.

El americano buscaba su voz para contestar, pero alguien debía haberla escondido en laguna parte, o simplemente no le daba la gana de salir de su garganta. Arthur soltó una risa baja, que le erizó la piel del cuello donde chocó su respiración.

-¿Te ha comido la lengua el gato?- comentó, mientras paseaba las manos por el pecho del americano a su antojo, palpando los músculos de su pecho- Qué fastidio, prefería hacerlo yo, ¿tú no?-siguió delineando sus abdominales, que aunque no estaban muy marcados, existían.- Vaya, no estás nada mal, ¿eh? Me imaginaba un poco más de grasa después de ver lo que te zampas en la cafetería todos los días…

Alfred enrojeció de repente; por fin su cuerpo reaccionaba y su cerebro volvía a procesar información, pero aun estaba pensando qué hacer. Decidió decir algo para ganar tiempo.

-¿C-como has entrado?- Vaya pregunta estúpida. Bravo, Alfred, además has conseguido un precioso temblor en la voz…

-Por la puerta. ¿No es ahí por dónde suele entrar la gente normal? –a pesar del tono sarcástico de su voz, era obvio que trataba de aguantar la risa- Al menos en Inglaterra se hace así.

-¿Porqué me persigues?-inquirió esta vez el americano con más fuerza, pero aun así no hacía nada para quitarse al inglés de encima. Quería pensar que era para evitar una pelea. Necesitaba pensar eso.- What do you want…?

La risa que soltó el inglés ante esa pregunta le hizo cosquillas en la piel desnuda de los hombros y la nuca, erizándole el vello. No era una sensación desagradable en absoluto. En un movimiento sinuoso, Arthur descendió las manos por su pecho hasta alcanzar el borde de la toalla, colando los pulgares unos centímetros por debajo de la tela y acariciando la piel no expuesta.

-¿Acaso no es obvio?- sonrió el británico en su oído. Alfred soltó un gemido involuntario cuando el británico deslizó su mano hasta agarrar cierta zona por encima de la tela, haciendo una ligera presión.- I want your virginity.

Las voces de los miembros del resto del equipo se empezaron a escuchar cada vez más cerca, haciendo que el inglés se separara de un mortalmente sonrojado americano.

-Siento dejar esto a medias, pero se nos ha acabado el tiempo.- Alfred escuchó los pasos de Arthur alejándose- Yo que tú me metería en la ducha pronto…

Tras decir eso, no se escuchó nada más, ni la puerta abrirse, ni nada. Simplemente el británico había salido tan sigilosamente como había entrado, como si nunca hubiera estado allí. O así habría sido si no hubiese dejado a un agitado americano tras de sí, respirando como si el aire no le llegara bien a los pulmones debido al exceso de sangre que se concentraba en su cara y en otra parte de su cuerpo en la cual no debería estar.

Antes de que el halfback australiano pisara el suelo del vestuario, Alfred ya había corrido a encerrase en las duchas y accionado el agua fría.


Fin del capitulo e_e aquí dejo el diccionario, aunque solo he puesto algunas expresiones, porque la mayoría se sobreentienden... creo ._.

Mini diccionario:

Damn institute, damn teachers! Fucking damn locker that doesn't open!: ¡Maldito instituto, malditos profesores! ¡Jodida maldita taquilla que no se abre!

Arsehole: (forma británica de "asshole") Gilipollas.

Anglaise crétin: Ingés idiota.

Sacrebleu: maldita sea.

Halfback: en el futbol americano,es el corredor que recibe la mayoría de los balones y que lleva todo el peso del juego de carrera. De todos los hombres en el backfield suelen ser quienes se ubican al fondo y son útiles para carreras largas ya que al recibir el balón varias yardas detrás de la línea de golpeo tienen mejor visión del campo y más fuerza en su carrera. Físicamente tienden a ser jugadores de corta estatura pero muy rápidos y ágiles.

Por cierto, el club de castidad (alguien me preguntó sobre ello) es un club que se crea en la mayoría de los institutos americanos en los cuales los adolescentes se comprometen a permanecer virgenes hasta el matrimonio. Se supone que los padres que, por decirlo de alguna manera, son muy creyentes (o religiosos) consideran un "orgullo" que sus hijos pertenezcan al club. También tengo entendido que se hacen "fiestas de la castidad´" o nosequé. Si alguien sabe explicarlo mejor, please, que me eche un cable xD

¿Review bonito?

:)