Y este es el capítulo 2. La batalla contra Saga. En el manga no ocurre así que quise meter este pedazo desde el POV del anime para darle un poco de acción a esto. El cabello del Saga malvado es negro en el manga. Yo lo mantuve así porque con cabello gris parece un viejo xD No me gusta para nada. He cambiado algunas líneas que me parecen algo "raras" por culpa del doblaje de la serie, que es nefasto xD
En fin, basta de palabrería. Lean ustedes ^^
Capítulo 2: Συγχώρεση : Perdón
Marin corría a través de los doce templos, como si se le fuera la vida en ello. Al llegar a Escorpio, ralentizó el paso. Conocía el carácter del santo que guardaba la casa y sabía que sería mejor ser cautelosa. Al entrar al templo no encontró a Milo por ninguna parte y se extrañó. Él no era de los que abandonaban su deber...a no ser...que la muerte de Camus lo hubiera afectado.
Conforme se acercaba a la salida fue capaz de percibir el cosmos del escorpión y lo distinguió en las escaleras que conducían a la novena casa. Aceleró. Si conseguía pasar por el templo, antes de que se diera cuenta...Desafortunadamente, vio cómo el muchacho daba media vuelta y regresaba a Escorpio. Al tenerlo cerca, frenó en seco
-Déjame pasar, Milo.
Él esbozó una sonrisa sardónica.
- Nada de eso. Ya han pasado demasiadas personas por este templo hoy.
- Tengo que salvar a Seiya, ¡por favor, déjame pasar!, el tono de Marin se volvió apremiante
-¿Salvar a Pegaso?, dijo él, sorprendido. Hacía rato que no se distinguía su cosmos, por lo que dio por sentado que había muerto.
- Sí. Afrodita llenó el sendero de Piscis al salón del sumo sacerdote con su malditas rosas. Seiya..., la voz de Marin se apagó. -Si no lo salvo..., terminó.
- No te dejaré pasar, repitió Milo, terco.
-No seas terco, esto no es sólo por Seiya. ¿Qué pasará con Athena?, repuso ella, mientras se cruzaba de brazos.
- No me importa. Por mí, que se vaya al..., una bofetada cortó su frase. Cogió a una enfurecida Marin por el brazo.-¿cómo te atreves?, murmuró, en un furioso susurro.
-¿Cómo te atreves tú? Mira Milo, sé que estás dolido, pero no es momento para ponerse a lloriquear como un niñito. Eres un santo de Athena. ¡Debes luchar por ella!, lo apremió la chica.
Automáticamente, el guardián del octavo templo la soltó.
-Ya lárgate, dijo sin ganas. A continuación dio media vuelta y se sentó en el suelo apoyando la espalda en una columna. Al rato, volvió a oír pasos y se dio la vuelta justo para ver a la amazona de Ofiuco cruzando el templo a la carrera. El escorpión se encogió de hombros. ¿Qué más daba dejarlas pasar? De Escorpio para arriba ya no había nadie.
De repente, sintió una fuerte expresión de energía psíquica en la casa de Aries.
-Mu, ¿qué demonios...?, la pregunta murió en sus labios al sentir el fuerte cosmos de Shaka de Virgo regresando a su templo trayendo consigo al fénix. Mientras, Pegaso peleaba contra el sacerdote, que al parecer no era tal sino...no, no podía ser. Saga de Géminis había desaparecido hace trece años, ¿cómo iba a regresar sin que lo supieran? Ya era la segunda vez que sentía el cosmos del geminiano en doce horas. El estrés debía estarle jugando malas pasadas.
Aunque...el sacerdote no era el mismo desde hace algún tiempo...¿Podía ser que Saga...? Se apresuró hasta la entrada del templo y se cruzó con Ikki que iba en sentido contrario. Lo ignoró y fijó su mirada en el reloj de fuego.
-El fuego de Piscis está por extinguirse. Si Seiya no lo logra ya..., musitó.
A los pocos minutos, un haz de luz inundó las doce casas y se desplazó errático, por el Santuario. Se posó unos segundos en el sitio donde debía yacer Saori Kido justo un segundo después de que el último fuego se extinguiera y desapareció. Justo un segundo después, un haz de luz mucho más fuerte se elevó desde ése lugar. ¿Lo habrían logrado?
Inmediatamente percibió un cosmos que intuyó, era poderoso pero que venía de muy lejos.
"Escuchen...santos dorados de las doce casas"
"Ése es el maestro de Libra..." les explicó Mu a los demás, mediante el uso del cosmos.
"Como todos ustedes lo saben, Athena ha sido salvada", continuó Dohko
Milo sintió desconcierto. El anciano había rehúsado aparecerse en el Santuario por trece años y ahora...
"Pero maestro...tú has renunciado a Libra durante trece años, ¿qué tienes que decirnos ahora?", inquirió.
"Ha llegado el momento de contarles todo, porque Seiya y los otros demostraron que mi idea era la correcta"
"¿Qué quiere decir con "todo"?", dijo Aldebarán.
"Hace trece años, el hermano de Aioria, Aioros de Sagitario, se llevó un bebé, siendo acusado de traidor. Ya todos están enterados de eso, ¿no es cierto? El bebé era Saori Kido, que no era nadie más que Athena...Había un hombre más que sabía la verdad en aquel tiempo..."
Pese a que estaban hablando mediante el cosmos, el ambiente podría haberse cortado con un cuchillo.
"...Ése hombre no sólo mató al sacerdote, sino que él mismo se convirtió en sacerdote. Además...trató de matar a la bebé Athena. Ése hombre es el santo dorado de Géminis...¡El nombre de ese hombre es Saga! Aioros estaba en ése sitio...y Saga mandó a matar a Aioros diciendo que lo había castigado por rebelde"
"¿Entonces Saga...asesinó al maestro y mandó a matar a mi hermano Aioros?", preguntó Aioria
"Pero maestro, decía ahora Milo, conozco todo acerca de Saga, y no puedo creer que hiciera tal cosa"
"Saga tiene dos caras, intervino Shaka, la cara buena y la cara mala"
"Lamento decir que, con su ambición, lo malo superó a lo bueno, es un pobre hombre", confirmó el antiguo maestro, "sea como sea, no permitió que corriera más sangre en el sagrado Santuario. Ahora vayamos con Athena lo más pronto posible. Nosotros no hicimos nada, sólo Seiya y otros caballeros sufrieron mucho, pero nosotros también somos caballeros de Athena"
Milo prestó atención. Pudo sentir el cosmos de Géminis mientras éste le daba una paliza a un malherido Seiya. Presenció cómo Fénix volvía para salvar a Pegaso y como Dohko se dirigía ahora a la joven Saori, que ascendía hasta el templo de Athena.
Luego se puso a cavilar acerca de lo que le acababan de comunicar. Si Saga era el sacerdote, eso explicaba porqué su cosmos se sintió de repente en la Tercera Casa. Nunca había abandonado el Santuario, sólo le bastó proyectar unas cuantas ilusiones desde el templo del sacerdote. No necesitaba elevar su cosmos siendo el sacerdote por lo que no había forma de descubrir que no era quién debía ser. Y si Aioros había muerto tratando de salvar a Athena había sido más fiel que todos ellos juntos.
"Fuimos vilmente engañados", pensó con amargura.
Mientras caminaba hacia la entrada del templo para recibir a la diosa, se dio cuenta de todo lo que podía cambiar el mundo en 12 horas. Vio a la diosa ascender por las escaleras de Libra acompañada por otros santos de bronce y por sus compañeros de oro. Al tenerla cerca, automáticamente posó una rodilla en tierra y bajó la mirada en señal de respeto. La muchacha emanaba un suave cosmos que de todas formas resultaba intimidante.
Al llegar a Sagitario, se encontraron con la armadura abandonada y con unas palabras escritas en la pared:
Τα παιδια ηρθαν εδο αφηνο την Αθηνα σε σενα
ΑΙΟΡΟΣ
"A los que han llegado aquí, les encomiendo a Athena
AIOROS"
Por el rabillo del ojo, Milo vio cómo los ojos de Aioria se humedecían. El santo de Leo tragó en seco, suspiró y se secó los ojos con la mano antes de seguir adelante.
La casa de Capricornio estaba hecha escombros. Entre los escombros había un resplandor dorado. Al acercarse distinguieron al santo de Dragón inconsciente al lado de la armadura de Capricornio. Athena se acercó al joven y le tocó la frente mientras le transmitía su cosmos. Shiryu abrió los ojos.
Conforme subían hacia Acuario, el corazón de Milo latía cada vez más rápido. Quería llegar pero a la vez temía lo que pudiera encontrar.
-No, se dijo a sí mismo,-necesito verlo, necesito verlo para aceptarlo.
Acuario parecía una tumba de hielo. El choque de las dos Ejecuciones había sido tan fuerte que había congelado cada centímetro de la casa. Al fondo de la sala había dos cuerpos tendidos en el suelo. Uno emanaba todavía un debilísimo cosmos. Era el santo del Cisne.
A su pesar, Milo admiró la resistencia de los jóvenes de bronce. ¿Cómo el dragón y el cisne habían resistido semejantes batallas en las condiciones en las que estaban? Ahora que sabía que ellos sólo intentaron proteger a la verdadera diosa, sólo podía desear que no fuera demasiado tarde para Andrómeda y Pegaso.
Athena había reanimado a Hyoga y continuaba su camino hacia arriba. Milo fijó su atención en el santo de Acuario.
"Lo entrenaste bien, Camus. Tu discípulo es un gran santo y logrará grandes cosas. Siguió firme en sus creencias hasta el final, sin importarle las apariencias. Igual que tú. Descansa, amigo mío. Te lo mereces", pensó con un nudo en la garganta.
Mientras caminaba se acordó del testamento de Sagitario.
"Cuidaré de Hyoga. Te lo prometo" Creyó sentir una corriente de aire frío a su alrededor, como si el cosmos del acuariano le agradeciera que cuidara a su discípulo.
En Piscis, la misma escena. Shun tenía una rosa roja en su pecho. Milo abrió los ojos sorprendido.
-¿Una Rosa Sangrienta? ¿Tuvo que llegar a ese extremo para librarse de Andrómeda?, dijo.
-Al parecer, le contestó Mu.
-No es de extrañar. Estos muchachos demostraron una gran determinación y fe entre ellos y hacia Athena. No cualquier cosa los detendría. Al parecer..., contestó Virgo, mientras veían cómo Jabu cargaba a Shun y seguían avanzando,-...al parecer, no somos tan invencibles cómo creíamos.
A medio camino entre Piscis y el Salón del Sumo Sacerdote se encontraron con las dos amazonas, Shaina sosteniendo entre brazos a una inconsciente Marin.
Al llegar al salón, se encontraron con el salón hecho pedazos. Tras superar los escombros escucharon el ruido de la pelea. ¿Acaso Saga todavía estaba peleando contra Seiya?
Al enfilar el último tramo de escaleras, vieron caer a un desarmado Ikki. Éste, aún malherido intentó levantarse de nuevo llamando al Pegaso.
-¡Aguarda!, detuvo Saori al geminiano que estaba a punto de rematar al fénix.
-¿¡Qué ocurre!?, exclamó el guardián del tercer templo.
-Saga, tu derrota es irremediable. Si te consideras un santo dorado, admite tu pecado, aconsejó Saori
-¿Ustedes qué están viendo?, murmuró Saga a los santos detrás de Athena.
-¡Seiya!, exclamaron Shiryu y Shun extendiendo sus temblorosos brazos hacia un inconsciente Seiya.
-Lo lograste. Muy bien Seiya, terminó Hyoga.
-¿Qué?, dijo Saga, retrocediendo,-¿Cómo es que ustedes están..?
- Cuando nuestras vidas estaban a punto de llegar a su fin...dijo Shiryu
-¡El cosmos de Athena nos ha dado nuevas fuerzas, caballeros! ¡Ahora podemos pelear!, los exhortó Hyoga
- Seiya...Ikki, ahora podremos luchar juntos para defender a la diosa Athena, dijo Shun
Saga se mordió los labios e hizo ademán de retroceder.
Milo pensó que eran cosas suyas o el santo de Géminis trataba de escapar.
¡Aguarda!, tronó Aldebarán, dando un paso al frente. Milo y Aioria lo imitaron.-¡No te dejaremos ir!
-¡Quietos!, los detuvo Mu,-¡ahora ya nada puede detenerlos!
-De acuerdo! Entonces ahora mismo a todos ustedes los enviaré al infierno! ¡Para que ni la diosa Athena pueda revivirlos!, gritó Saga.
Los bronceados encendieron sus cosmos. Los dorados quedaron pasmados. ¿Después de todo lo que habían pasado...?
-¡No parece que hayan pasado por duras batallas! ¡Miren el poderoso cosmos!, dijo Aldebarán.
Sin embargo, los ataques de los bronceados pasaron a través de Saga y éste se los devolvió.
-¿¡Los has visto, Athena!? ¡Los caballeros de bronce, quienes dijeron que te protegerían, son así todos ellos! Hahahaha!
-Escuchen atentamente, santos dorados, si alguna vez vuelven a enfrentarse a mí será lo mismo!, les advirtió Saga. Éstos se pusieron en guardia.
-¿Qué has dicho?, cuestionó Aldebarán
-¡E...Espera!
Milo no podía creerlo! ¿Seiya aún...? Por lo visto, Saga tampoco.
-Pegaso, aún estás...?!, la incredulidad era palpable en su rostro y en su voz.
-Te lo he dicho antes...aunque haya perdido mis cinco sentidos, mientras perdure encendido el fuego de mi vida, yo combatiré...!
-¡Seiya!, gritó Saori.
-Verdaderamente no entiendo de donde sacas tanta energía para pelear conmigo, ¡Mírate! Ni siquiera puedes estar en pie,murmuró Saga rabiado. Seiya debía de resultarle tan molesto como una mosca que insiste en posarse en la comida.
"Tan metido está en sus ambiciones, que sigue subestimando a Seiya", pensó el guardián del octavo templo, "esto le costará caro"
-¡Seiya!, trató de ayudarle Aldebarán, pero Aioria lo detuvo.
-Aguarda. Ya deberías saber mejor que nadie, que Seiya no es un hombre que se rinda fácilmente. Quiero creer en él, y estoy seguro que se pondrá de pie, dijo el santo de Leo.
El santo de Géminis retrocedió al ver cómo Pegaso se levantaba trabajosamente y le plantaba cara de nuevo. Los bronceados hicieron un último esfuerzo para ponerse de pie. Los cinco rodearon a Saga. Éste se volvió alternativamente hacia cada uno. Estaba asustado. Pegaso recuperó la vista. Los cosmos de Seiya y los demás se fusionaron en uno solo.
-¡Dame tu fuerza...Pegaso!, la fuerza del golpe rompió lo poco que quedaba de la parte superior de la armadura de Seiya.
El golpe surgió no como la forma de meteoros como solía suceder, sino como si fuera un cometa.
- ¡El meteoro de Seiya se ha convertido en un solo rayo de luz!, exclamó Aioria.
-No puede ser! ¡Más bien parece...!, alcanzó a decir Saga, antes de ser alcanzado por el poderoso impacto y ser lanzado hacia los cielos.
-¡El Ken de Seiya ha desencadenado un fuerte golpe!, exclamó Milo mientras veían a Saga ser catapultado hacia arriba.
Después de ese último esfuerzo los santos se derrumbaron. ¿Habrían muerto por fin?
-Maravilloso Seiya. Lo mismo que ustedes, Shiryu, Hyoga, Shun. Y tú también, Ikki. Unidos todos han vencido a Saga, dijo Milo
-Seiya, has protegido a Athena hasta el final y yo soy fiel testigo de eso, dijo Aioria, solemnemente.
-¡No es cierto!, gritó Saga, al que, al parecer, el golpe de Seiya no le había hecho mucho daño, mientras caía del cielo. Aterrizó limpiamente frente a los santos de oro.
-¡No voy a morir tan fácilmente como ustedes creen! Soy el único hombre capaz que debería gobernar este mundo, alardeó Saga
-¡No me hagas reír! ¡Todos sabemos muy bien lo que has hecho Saga!, le aclaró Aldebarán
- ¡Primero trataste de matar a la infanta Athena! ¡Y luego mandaste a matar a mi hermano Aioros!, le reclamó Aioria.
- Y además, mataste al sacerdote, ¿¡cómo podría un hombre como tú gobernar este mundo!?, cuestionó Milo.
Saga hizo una mueca.
-Escuchen bien santos de oro: Aunque sea maligno, no hay nadie que pueda proteger este mundo de los que tienen planes para él. Sería una tontería reunirse con esa joven creyendo que es Athena, ¿no les importa si el mundo se arruina?, cuestionó Géminis
Milo no daba crédito a sus oídos. ¿Que los santos no deberían unirse a Athena? Definitivamente, Saga estaba completamente loco. ¿Cómo se atrevía a insinuar que los santos no deberían hacer lo que les daba la razón de existir? Ahora que lo miraba bien, no parecía el mismo: sus cabellos se habían vuelto negros como el ala de un cuervo y sus ojos estaban enrojecidos. Además, había cometido actos deplorables. ¿Era esta la "cara mala" de la que había hablado Shaka?
-Géminis, intervino ahora Saori,-si tienes razón y si este mundo no tiene amor ni justicia y está bajo el control del más fuerte y el más malvado, me atrevería a decir esto: creo que debería ser destruido.
-¿Qué?, dijo el guardián del tercer templo.
-No tiene ningún caso vivir en un mundo de odio. Pero creo que en tanto las personas se amen unas a otras y deseen la paz, el mundo nunca será destruido porque estará lleno de amor y compasión. Por eso hemos peleado, y seguiremos haciéndolo de hoy en adelante, se explicó la joven diosa.
-No tiene caso que escuchen tales mentiras. Ahora les demostraré en este momento, con mi poder, que tengo razón y que Athena está equivocada, dijo Saga
-¡Géminis!, intervino Aldebarán,-¿vas a luchar contra Athena?
La muchacha lo detuvo con un ademán.
-Hasta ahora, Seiya y los otros han luchado para salvarme, arriesgando sus vidas. Ahora tengo que aceptar este desafío. ¡Adelante, Géminis!
Saga adelantó el puño, y en ese momento la armadura dejó su cuerpo.
-¿Qué pasa?, se aturdió Saga,- ¡Mi armadura! ¡Ha renunciado a mí por su propia voluntad!
-Saga..¿aún no lo entiendes?, le aclaró Saori,- el cosmos de Seiya no te hizo mucho daño pero envió un golpe fatal al cosmos que dominaba tu mente, ¡un golpe fatal!
¿El...el golpe de Seiya dañó mi cosmos mental?
-Ahora estás volviendo al bien aunque poco a poco...la armadura no ha renunciado a tí, pero ha decidido ver cuál será tu reacción...Ahora Saga, conviértete en un ser humano y retira tu poder.
-¡Cállate!, gritó Saga dirigiendo el puño hacia Saori.
-¡Señorita Saori!, exclamó Ban de León Menor.
-¡Athena!, le siguió Mu
El santo de Géminis se había detenido en el último segundo y había cambiado la trayectoria del golpe. Su puño pasó rozando a Saori.
-Athena, perdóname, murmuró. Seguidamente, se enterró su propio puño en el pecho.
-¡Saga!, exclamó consternada Saori,-¿qué has...?
La sorpresa recorrió el grupo de santos como un balde de agua fría.
-¡Saga!, exclamó Milo. Mientras veía al santo de Géminis agonizar en el regazo de la diosa sintió, de nuevo, aquel sentimiento de pérdida. La expresión de Saga era tranquila, como si se hubiera quitado un gran peso de encima.
Seguidamente, tomó a Hyoga en sus brazos mientras el resto de sus compañeros hacía lo propio con los demás. Sorprendido, se dio cuenta que el ruso todavía estaba vivo. Miró alrededor. Sus compañeros tenían la misma expresión en el rostro. Pegaso, en el suelo, en brazos de Athena, también parecía estar vivo...
-Dejémoslos aquí, decidió Mu,-no están como para que los movamos demasiado. Cuando se recuperen, veremos qué hacemos con ellos.
El santo de Escorpio fijó su rostro en el inconsciente de Hyoga.
-He jurado protegerte, Hyoga, murmuró.-Trataré de hacerlo lo mejor que pueda.
Saga ha muerto y Milo ha jurado proteger al discípulo de su amigo. ¿Podrá hacerlo?
Y sí, en la serie Saga se suicida con el báculo y no con su puño. Pero siempre me pareció más dramático que se enterrara la mano en el pecho.
Ya el tercer capítulo está. Originalmente, iba a ser solo uno, pero la musa me inspiró xD Por ahora el plan es dejarlo en cinco o seis capítulos. Depende de mi musa y de cómo se porte.
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