— Un nuevo día… un nuevo loco que trata de conquistar al mundo… ¡vamos llevadle lejos de aquí!

La voz de Shina Gado se alzo por sobre el desorden que en el campo de batalla bullía; Por fin, después de seis meses de trabajo en África, habían logrado retener a uno de los más temidos terroristas del mundo.

—¡He, padre, le tenemos!... ¿padre?

Shina había entrado con una mueca satisfecha a la tienda que les servía de cuartel, esperando dar la buena noticia a su padre, que aunque retirado, había accedido a acompañarle a esta misión. El cuartel improvisado tenía todo lo necesario, cámaras, computadoras, equipo médico, y demás cosas que para la joven mercenaria pasaron desapercibidas, pues a lo único que prestó atención fue a la enorme figura de aquel al que llamaba con orgullo: Padre, un hombre noble, fuerte, valiente… una leyenda.

— Shina… esto no ha terminado —Aclamo Gado con un hilo de voz, mientras cruzaba sus musculosos brazos sobre su amplio pecho, por un momento Shina le vio como el mercenario frío y austero que de antaño había sido, y sin quererlo una sonrisa se formo en sus labios.

—¡Shina, esto no es juego!

La cara de Shina se congelo en una mueca indescifrable, mientras sus ojos azules trataban de indagar en el rostro de su padre, no recordaba haberle visto tan enojado, al menos no desde hace mucho tiempo.

Gado se relajo un poco al ver que disponía de la atención de su joven hija, dio un profundo suspiro, y dirigió su calculadora mirada hacia una abertura en la tienda/cuartel.

—Shina… ¿Qué sabes de la corporación NEON-G?

—¿NEON-G?... pues no mucho me temo, pero sé que son solo una de esas multiempresas que venden partes para autos… ¿Qué hay con ellos?

Gado suspiro de nuevo, y se encamino lentamente hacia la entrada de la tienda, cerro el cierre y volvió el rostro hacia su hija, quien le miraba expectante.

—padre

—Acabo de recibir un mensaje de Jenny…

Shina bufo ante el nombre sin siquiera dejar que su padre terminara de hablar, él le miro de forma severa, pero esta vez Shina respondió de igual forma, mientras sus brazos se cruzaban sobre su pecho. Gado sonrío en su fuero interno, mientras pensaba que a pesar de que aquella joven no era su hija de sangre, claramente tenían mucho en común, y un sentimiento de orgullo inundo su cuerpo, al recordar cómo era llamado por esa joven que ahora era toda su vida.

—Jane, sé que no puedo pedirte comprensión en cuanto a la relación que hay entre la señorita Burtory y yo, y mucho menos espero que la tengas ¿sabes?, pero esta vez… tendré que pedirte que escuches antes de opinar, hija mía.

Shina se paralizo por un momento al tiempo en que las últimas palabras de Gado resonaban en sus oídos, y una extraña sensación invadía su cuerpo. Ya le había llamado "hija" con anterioridad, pero hubo algo en esta ocasión que fue diferente, casi como si le reconociera a un nivel más que el terrenal, no pudo decir nada más, y sus ojos se llenaron de un profundo amor hacia el hombre que había cambiado su vida, su padre.

—Vale… tú ganas

Aclamo con una sonrisa en los labios, que por extraño que parezca, fue correspondida.

—Bueno, creo que ya es un poco tarde, así que te lo explicare en el avión… Hija, prepárate por que los Gado están en una nueva misión.