CORTINA DE HUMO
CAPITULO II: Espías
Riza miró con disimulo hacía la derecha esperando que Roy no notara el sonrojo que logró provocarle. Cruzando sólo las palabras necesarias se encaminaron hacia los centros nocturnos del lugar.
El bar quedaba a veinte minutos caminando, entre calles poco transitadas durante el día pero por las noches la gente emergía de diferentes puntos de la ciudad; volviendo esos escasos kilómetros el centro de diversión nocturna para personas deseosas por terminar su día relajándose con un trago en algún establecimiento de la zona.
Roy condujo a Riza entre el bullicio de gente que comenzaba a llegar; en su mayoría hombres jóvenes deseosos de disfrutar y derrochar dinero. Dejaron atrás el sonido de música de diferentes estilos mezclada con las risas y gritos, la mujer miró sobre su hombro pensando que hacia alguno de esos lugares se dirigían; antes de que pudiera preguntar su acompañante se detuvo frente una casona, acondicionada para fungir en gran medida como bar.
Las puertas se abrieron dándoles la bienvenida música que iba acorde al sitió, el alquimista la invitó a pasar y habiendo avanzado unos metros Riza se encontró con que todas las miradas, al menos las femeninas se dirigían al hombre junto a ella.
Vanessa; una de las mujeres más hermosas del lugar, echó a correr a los brazos de Roy, iluminando su rostro una sonrisa de júbilo, mientras el vestido verde se movía al compas de su esbelto cuerpo.
Sus labios rojo carmín se quedaron con las ganas de dejar su huella en el recién llegado y su sonrisa desapareció bajó una mueca de sorpresa al ver a la joven rubia.
La mirada de ambas chocó por un instante, el suficiente para que el alquimista sintiera un sudor frío bajar por su espalda y para que ambas mujeres se escanearan.
Riza tuvo que admitir que se sintió abrumada por la belleza de la mujer, la estudio un momento y antes de pensar cuan tonta era la persona frente a ella, supo que su estilo era el que gustaba a cualquier hombre. Vanessa por su parte pensó algo similar, bastándole un minuto en saber quién era aquella mujer que Roy llevaba hasta su casa, admitió con un poco de su ego dolido que la militar poseía un tipo de belleza capaz de cautivar a muchos, también dedujo que si eso no era suficiente poseía una inteligencia que bastaba para seducirlos.
Estuvo a punto de saludarla, pero diferentes voces femeninas llamando al alquimista por su nombre volvió a los tres al presente.
-"Priscila querida es un gusto verte de nuevo. ¡Oh! Madisson hoy luces más deslumbrante"- Comenzó a saludar a cada una de las mujeres, llamando a todas por su nombre seguido de algún cumplido que provocaba que ellas sonrieran aún más o se sonrojaran.
Fue hasta que escucharon un carraspeo proveniente de detrás de la barra que las jóvenes se dispersaron regresando a sus actividades.
Vanessa los condujo hasta la barra, tomando la bolsa de las compras que aún llevaba Roy dejándola debajo del mostrador de vinos.
-"No te esperaba"- Soltó sin más la dueña del lugar.
-"Supongo que no. Pero fue algo que salió sin ser planeado"- Respondió instalándose en una de las altas sillas. –"¿Cómo has estado Madame?"-
-"Te interesas por mi o por todas esas chiquillas que corren como locas en cuanto te ven entrar por esa puerta"-Contraatacó con ese severo tono en su voz.
-"Parece que usted no cambia Coronel, su mala reputación es incluso más sonada en estos sitios"-
Roy le lanzó una mirada que le decía a su madre que lo estaba traicionado. Aunque de algún modo el comentario un tanto mordaz de la mujer logro divertirlo.
-"Conozco a todas ellas desde hace años, así que es natural que me preocupe"-Esperó la reacción de su Teniente, evitando no reír.
-"Ya lo creo, ahora empiezo a entender el porqué de mandar flores todas las semanas"-
-"Eso es verdad, al menos una vez por semana llega un mensajero entregando un arregló de flores"-Intervino Christma, colocando delante de ellos sus bebidas, un platón con cuartos de sándwich de roost beef, jamón serrano y quesos. –"Supongo que es tan tonto que de ese modo pretende limpiar alguna falta que cometió con sus hermanas"-
Roy casi se ahoga al escuchar cómo se refería su madre a él. Y Riza apenas sintió cuando una pesada carga se liberaba de su pecho, dejándola respirar por primera vez desde que pusiera un pie en ese lugar.
-"Madame Christmas, es hermana de mi fallecido padre y madre adoptiva. Todas ellas provienen de diferentes partes del país, algunas con un pasado que dejaron atrás cuando atravesaron esa puerta y otras simplemente se adaptaron al trabajo; crecí con muchas de ellas así que podríamos decir que son hermanas"-Le explicó a Riza, seguro que hace un instante había notado ciertos celos en ella antes de que pudiera relajarse.
-"Roy es tan cabeza hueca que muchas veces olvida el cumpleaños de alguna de nosotras, por eso no deja de mandarnos flores"- La mayor de sus hermanas se acerco a ellos, sentándose al lado de la rubia. –"Soy Vanessa. Tú debes ser la Teniente Hawkeye"-
De esa forma transcurrieron las primeras horas de la noche. Donde Riza poco participaba en la conversación que más bien parecía una competencia entre la madre y hermana postiza del alquimista para ver quien ponía en mayor evidencia al hombre, con todo la joven rubia parecía estarse divirtiendo.
-"¿Así qué hacía este lugar se dirige todos los fines de semana, Coronel?"- Quiso saber, divertida por como el hombre trataba en vano de defenderse contra las mofas y falsas acusaciones de ambas mujeres.
-"No creas que viene por gusto o porque está preocupado por nosotras. Tampoco viene tan seguido, sí lo hace es porque le interesa saber algo que en el cuartel nunca se diría"-Enfatizo Madame.
-"Madame Christmas y las chicas son excelentes obteniendo información que nadie más conoce, saben muchas de las cosas incluso antes de que pasen"-Roy aceptó de buen grado el cambio de platica, pues así él dejaba de ser el blanco.
-"No entiendo porque querrían ustedes esa clase de información, y como es que la obtienen"-Riza preguntó extrañada por el comportamiento espía de las mujeres.
-"Tal vez lo sepas, pero te sientes celosa por nuestros logros"- Bromeó Vanessa, lanzándole un gesto burlón, pero que no ofendía a la militar. –"Riza, debes saber que no hay nada que una mujer no pueda conseguir. La mayoría de nuestros clientes son hombres y un alto porcentaje pertenecen a la milicia; desde simples soldados rasos hasta militares que es mejor no nombrarlos"- Como había captado el interés de la rubia, siguió hablando después de jugar con una cereza en sus labios.
-"Nuestra madre nos enseño a desentrañar las cosas importantes de una conversación sin importancia, Madame tiene una especial amistad con un hombre adulto, así que desde siempre ha colaborado con él y puesto que Roy también necesita de nuestra ayuda nosotras sencillamente conseguimos lo que ellos necesitan. Es muy sencillo, mira y aprende"- Vacío su copa de un trago antes de ponerse de pie y dirigirse hacia la mesa de cuatro hombres que charlaban bajo el candor del alcohol.
Riza se giró para observar como la mujer se movía con gracia, el vestido verde acentuaba su figura y basto el suave toque sobre el hombro de uno de los hombres, para que los cuatro se desvivieran por atender a la mujer, cuando tendría que ser al contrario. Vio como Vanessa utilizaba su sensualidad de manera inteligente sonriendo a la par que asentía e interviniendo en la conversación en el justo momento. Llenó los vasos para iniciar una nueva ronda y mientras los militares bebían ella se alejaba con la información necesaria.
-"Parece que el General que comanda la región de Briggs se ha topado con algunas dificultades dentro de su cuartel. El incidente transcurrió sin mayor percance, pero como era de esperar la región del Norte y su General son noticia para los demás militares"-
-"El Mayor Mira Armstrong, es extraño escuchar su nombre en este lugar"-
Interrumpió la Teniente recordando a la mayor de los Armstrong; mujer tan temible como hermosa, misma razón por la que un escalofrío surco la espalda del hombre.
Pasaron algunas horas entre pláticas donde Riza empezaba a conocer más a su superior entre copas y cocteles que a lo largo de su vida; era agradable ver la forma en que Madame Christmas se dirigía a su compañero, sus conversaciones y la magnífica forma en que consumía alcohol y permanecía lucida.
Finalmente poco antes de las tres de la madrugada Roy decidió poner fin a la reunión.
-"Es tarde; tal vez lo mejor es que me quede en casa"-Trató de probar suerte.
-"Ningún militar va a poner un pie en esta casa"-Lo retó la propietaria del bar. –"Desde luego eso no aplica contigo, tú eres bienvenida a pasar la noche Hawkeye."-
-"Eso no será necesario Madame, yo acompañare a la Teniente Hawkeye de regreso"-Roy habló sin darle tiempo a Riza de abogar por ella misma.
-"Eso sería lo más correcto, nunca antes habías traído a una chica hasta acá así que ahora termina bien las cosas"-Soltó Christmas, conociendo la gran ventaja que llevaba sobre ambos militares, y su sonrisa se ensanchó más al ver los torpes movimientos de ambos.
Uno tomando la bolsa con los insumos que Riza había comprando, y ella poniéndose de pie mientras fingía importarle más la hora.
-"Riza-chan, asegúrate de regresar pronto y cuando lo hagas traigan consigo buenas noticias"- Se despidió la mayor de las hermanas adoptivas, agitando su brazo por sobre su cabeza, antes de regresar a sus actividades.
-"Parece que está noche conocí a una persona que poco tiene en común con el militar y alquimista"-
Roy observó extrañado a su compañera, curioso por si sus palabras eran algún efecto del alcohol.
-"¿Eso es bueno o malo?"-
-"¡Oh!, no lo malinterpretes. No es que tus actos sean falsos o algo similar; lo que quiero decir es que hoy fue la primera vez que te vi convivir con tu familia y que la conozco. Gracias a eso pude sentir que incluso nosotros que cargamos con demasiados pecados podemos llegar a tener una vida normal"-
Y la sonrisa del alquimista se borró por un segundo al comprender las palabras de Riza, porque conocía de sobra ese sentimiento de soledad y temor al sentir que perteneces a una dimensión completamente diferente, en donde las risas y las preocupaciones vánales son actos prohibidos para ellos.
-"Sí, así lo crees, eres bienvenida para visitar el bar cuando quieras"-
-"Tal vez lo haga; fue divertido enterarse de cosas de tu infancia y otras que desconocía completamente"-
Aunque ahí empezaba de nueva cuenta la mofa hacía su persona, Roy lo prefirió a ver el semblante sombrío de la mujer.
-"¡Ahh! Mujeres, es imposible ganarles en una discusión"-
La risa de ambos inundo el ambiente antes de prepararse para el adiós ahora que el departamento de la mujer se encontraba frente a ellos.
-"¡Riza!"-La llamó por su nombre, volteó al escucharlo, dejando la puerta entreabierta. "Era verdad cuando dije que te veías hermosa está noche"-
Sorprendida por sus palabras respondió. –"¿A cuántas mujeres se lo has dicho frente a su puerta?"-
-"A ninguna. Créelo, en el bar no se lo dije a nadie, aún cuando las conozco de años"-
-"Coronel será mejor que deje de usar mi nombre y me llame por mi rango"-
Fue lo mejor que pudo decir; porque no solo sus palabras eran ciertas, sino que además recordaba las palabras de Christmas diciendo que ella era la primera mujer que llevaba. Se apresuró a entrar a su casa, dejando tras de sí a un sonriente Roy.
Roy se echó sobre su hombro su chaqueta, vio como la luz en el departamento de Riza se encendía y agradeciéndole en silencio el haber roto al menos esa noche su rutina se encaminó a su casa, sin percibir el halo asesino que lo acechaba y vigilaba continuamente a la mujer, que ahora era la secretaria del homúnculo Wrath.
-Cont-
Segundo capítulo; que les digo, que por alguna extraña razón no sé como continuar la historia sin embargo ya escribí el final, suena extraño pero es la verdad. Bno, ideas tengo, es sólo que aún no las aterrizo bien, por lo pronto espero que les guste este chp.
Gracias por sus comentarios.
-Sherrice Adjani-
