Disclaimer: Dragon Ball Z No me pertenece. Todos los derechos están reservados por Akira Toriyama.


El Otro Hijo

Capítulo 2: La decisión de Vegeta.

A la mañana siguiente Vegeta despertó a primera hora del día. Instintivamente buscó la presencia de Bulma a su lado y al no verla recordó todo lo que había sucedido el día anterior.

Mientras se ponía su ropa de entrenamiento miles de pensamientos llegaron a su mente; algo en su interior le decía que las cosas no iban a mejorar sin embargo como Bulma le había dicho él debía tomar una decisión, pero no tenía ganas de meditar nada ni de repasar opciones porque estas no existían. Él no iba a irse a ningún lado sólo porque un sujeto había aparecido vociferando ser su hijo… aunque por su puesto el parecido físico era considerable. Su hogar estaba con Bulma y Trunks y no quería dejar la vida que ya había construido por tonterías. Ese mal presentimiento que lo invadía lo estaba orillando a tomar las riendas del asunto develar de una vez por todas la verdad, porque Vegeta estaba convencido de que algo estaba muy raro, algo no encajaba pero no sabía qué.

Era claro que Tarlus no iba a quedarse ahí, no podía quedarse pero la idea de viajar a otro planeta y dejar sus comodidades se le antojaba ser un fastidio y aun no estaba más tiempo si Vegeta quería que hubiera tranquilidad en su casa, por lo cual estaba resuelto a sacarlo a patadas esa misma tarde. Pero algo de curiosidad lo asaltaba; y comenzaba a pensar que necesitaba conocer a la madre de Tarlus y aclarar el asunto. De resultar él su verdadero hijo entonces ya pensaría qué hacer. Pero no era tan sencillo, viajar a otro planeta y dejar sus comodidades se le antojaba ser un fastidio y aun no estaba muy seguro de su decisión.

— Necesito acabar con todo esto pero… ¡Maldita sea! —bramó Vegeta y salió de su cuarto en busca de su desayuno a la cocina.

Cuando el saiyajin llegó a la cocina se encontró con su mujer, que lavaba los trastes.

— Tú desayuno está preparado —comentó ella sin voltear a verlo. Vegeta se dio cuenta que en efecto su almuerzo estaba servido en la mesa.

Él se sentó y comenzó a comer. Pero después de algunos bocados se dio cuenta que el ambiente los hacía sentir incómodo; regularmente Bulma lo acompañaba a comer y platicaban de cosas triviales que a la terrícola se le ocurrían pero esta vez se notaba que ella lo estaba evitando.

— ¿Qué te pasa? —preguntó Vegeta molesto por tener que ser él quién iniciara el diálogo.

Bulma cerró el grifo del lavabo, secó sus manos y giró para encontrarse con los negros ojos de su esposo que esperaban una respuesta.

— Estaba esperando a escuchar la decisión que has tomado —compuso una sonrisa triste que Vegeta no pasó por desapercibido.

Vegeta se puso de pie dejando a un lado su desayuno lo que tomó por sorpresa a la ojiazul—. Voy a aclarar todo este asunto y te demostraré que tengo la razón. Tarlus no es mi hijo —dijo en tono de amenaza.

— ¿Una prueba de ADN quizás? Sería lo más rápido y fácil de hacer para salir de dudas, yo misma lo podría hacer.

— Exactamente tu lo has dicho, sería lo más fácil, sin embargo me conoces y ese calificativo no va conmigo —Bulma ya lo intuía desde el principio. Conocía a Vegeta y él iba a hacer las cosas a su manera—. Necesito una nave, la de Tarlus es muy pequeña para los dos y la necesito ahora mismo.

— ¿Qué tienes pensado hacer Vegeta?

— ¿Dónde demonios está ese insecto de Tarlus? —preguntó Vegeta ignorando completamente a Bulma. Aquel día no se había topado con el joven por lo que se concentró en buscar su Ki; al cabo de unos segundos lo sintió junto con el de Trunks—. Está con Trunks en la tercera planta —comentó Vegeta extrañándose de que esos dos estuvieran juntos.

Amos se dirigieron hacia donde provenía el ki de los dos chicos.

Tarlus compuso una sonrisa de malicia en su boca.

— Me parezco más yo a él que tú… —dijo con sarcasmo observando detenidamente a Trunks quién también era muy parecido a su padre, sin embargo tenía todo el sello Brief en el cabello y el color de sus ojos—. Mi madre es una saiyajin pura por eso mi cabello es de este color a diferencia del tuyo.

— Se supone que tienes 22 años pero en realidad pareces un mocoso de 10 —dijo Trunks apretando los puños y conteniendo su rabia.

— Y dime ¿nuestro padre es bueno contigo? —a Trunks le molestó que usara la expresión "nuestro padre" ¿qué se estaba creyendo?—. ¿Porqué te quedas callado? ¿Será porque nunca te ha dicho que te quiere?

Trunks no pudo contenerse más y se avalanzó encima de Tarlus furioso a los golpes. En ese momento Vegeta entró por la ventana de la habitación lo que hizo que los dos se separaran.

Vegeta los miró de forma severa imponiéndose ante esos dos jóvenes.

— Tú vienes conmigo, ahora —señaló Vegeta al mayor de los chicos. Tarlus sonrió esperanzado—. Vas a llevarme a tu planeta, con tu madre y aclararemos esto de una buena vez.

— ¡¿Qué?! —exclamaron al unísono Trunks y Bulma que acababa de entrar al cuarto.

— Trunks quédate con tu madre —ordenó Vegeta a su hijo.

— V-Vegeta… —susurró Bulma.

La decisión estaba tomada. Vegeta estaba harto por lo que no daría marcha atrás hasta llegar a las últimas consecuencias.

Bulma le dio el último vistazo al tablero de controles de la nave que llevaría a Vegeta y Tarlus a su destino. Todo estaba en orden, aquella nave era semi-nueva usada un par de veces por ella misma así que era casi imposible que presentara una falla. Como no sabía con exactitud cuanto tiempo se tardarían en ir y regresar había escogido una nave algo grande que contaba con cocina, dos cuartos y sobre todo una habitación de entrenamiento para el orgulloso Saiyajin.

La científica suspiró con pesar; se sentía muy culpable en primer lugar por haber reaccionado de una forma quizás tonta e inmadura ante el hecho de que su esposo pudiera tener un hijo más grande con otra mujer… si asi lo fuera todo había sucedido antes de que incluso llegara a la tierra así que no debería afectarle tanto Vegeta necesitaba su apoyo aunque no lo expresara, ella debía estar a su lado sin embargo la herida estaba demasiado fresca, dolía mucho. Por otro lado se acusaba a si misma porque quizás ella había empujado a que Vegeta tomara esa decisión, de la cual temía que él no regresara. Podían pasar miles de cosas en el trayecto y evidentemente también podían pasar a donde quiera que estuviera ese dichoso planeta.

¿Y si esa mujer termina convenciéndolo de quedarse? —Bulma movió la cabeza desechando ese pensamiento. No podía darse el lujo de dudar ni de tener miedo pero eso era casi imposible—. Creo que debo hablar con él antes de que se vaya —pensó la peliazul. Bulma fue directo al intercomunicador que había en la pared y pulsó una tecla—. La nave está lista —un silencio del otro lado de la línea le indicó que Vegeta la escuchaba con atención así que continuó—, pero antes de que se vayan quisiera hablar contigo… te espero en el patio.

Vegeta gruñó por lo bajo pero se encaminó hacia donde esa mujer le había dicho que estaría.

Cuando llegó al patio Bulma ya lo esperaba de pie al lado de la nave.

— ¿Qué quieres? —lanzó el cruzándose de brazos. Bulma ni se inmutó ante el tono de Vegeta pues ya estaba acostumbrada. No era que él la despreciara o estuviera molesto, simplemente con el tiempo ella aprendió que esa era la forma de ser del Saiyajin.

— Bueno yo — Bulma centró su mirada en los inexplorables ojos de Vegeta que en ese momento reflejaba suspicacia—, lamento haber reaccionado de esa forma ayer, no fue lo mejor disculpa. Es sólo que siento algo de miedo.

— ¿Porqué habrías de sentir miedo?

— Bueno es que… —comenzó Bulma rehuyendo la mirada—, de resultar Tarlus tu hijo quizás decidas quedarte en su planeta o bueno no sé…

— No seas tonta, esas son estupideces —exclamó enojado.

— Sabía que te lo tomarías de esa forma pero Vegeta escúchame —pidió ella—, existe un 50% de posibilidades de que Tarlus no sea tu hijo, pero existe otro 50% de que lo sea.

— Ya lo sé, por eso quiero hacer las cosas a mi manera y ahora escúchame bien tú —amenazó él acercándose a la mujer—. Deja de pensar idioteces, he pasado el suficiente tiempo viviendo en este maldito planeta como para que no me conozcas.

— Si pero, nunca dices lo que piensas tampoco puedo adivinar…

— Es suficiente, me largo. Dile a Tarlus que lo espero en la nave.

Vegeta entró a aquella nave y Bulma sólo pudo quedarse observándolo. Al cabo de pocos minutos llamó a la habitación que le había asignado a Tarlus y el joven no tardó en llegar.

— Vegeta te está esperando adentro —le informó—. Tarlus ¿A cuanto tiempo se encuentra tu planeta de aquí?

— A un día aproximadamente —contestó el joven ante la pregunta. Bulma se dio cuenta en esos momentos de proximidad que el chico era la versión joven de su esposo; su cabello un poco más abundante y espeso era igual de negro y brillante, sus ojos eran los mismos negros de Vegeta a diferencia que los de Tarlus eran un poco mas amigables y el porte era el mismo, erguido y altivo.

El joven estaba apunto de entrar a la nave cuando Bulma lanzó una última pregunta.

— Disculpa si es inoportuno pero tú mamá… ¿está muy enferma?

— Si — contestó el muchacho con expresión triste—, ella tiene una rara enfermedad desde que tengo memoria… casi todo el tiempo se siente débil y le cuesta trabajo hacer las cosas por ella misma. Algunos médicos la han tratado pero ninguno ha logrado descubrir a ciencia cierta lo que tiene ya que en el planeta en el que vivimos la medicina no está tan desarrollada.

— L-Lo siento mucho, pero en verdad espero que se recupere —dijo con sinceridad Bulma que en esos momentos se imaginaba la vida tan triste que aquel chico Tarlus debió haber estado llevando todos esos años.

— Seguramente ella se pondrá mejor al verme regresar con mi padre —dijo alegre—. ¡Nos vemos!

— Si… seguramente —susurró Bulma con un hilo de voz a causa del nudo que se le había formado en la garganta mientras veía como la puerta de la nave se cerraba.

El motor rugió y poco a poco la nave comenzó a despegar hasta tomar altura. Lo último que Bulma vio fue el semblante serio de Vegeta que la miraba con sus penetrantes ojos negros a través del cristal de la nave.

Bulma pasó todo el día encerrada en su laboratorio, apenas y pudo trabajar porque su mente estaba completamente en otro lugar.

La noche anterior en la que decidió irse a dormir a otro cuarto por cuenta propia no la había pasado bien pues estuvo a punto de arrepentirse; no logró conciliar el sueño sino después de llorar durante dos horas seguidas pero antes de ello, había sentido que la compañía, el simple peso del cuerpo de su esposo a su costado le faltaban.

Cuando cayó la noche en Capsule Corp, la científica decidió dejar su trabajo y fue a darle a un vistazo a su hijo a quién por sus preocupaciones había estado descuidando.

Sin embargo cuando entró al cuarto de Trunks éste ya había sucumbido al sueño y se encontraba envuelto entre las mantas sumido en un profundo sueño.

Bulma se sentó en la cama y acarició la frente de su hijo.

— A ti también te he estado preocupando, discúlpame hijo —depositó un beso en la mejilla de su adolescente primogénito. Lo observó dormir por un rato, escuchando sus respiraciones pausadas—. Haz crecido tanto hijo, parece que fue ayer cuando llegaste a mi vida…—Bulma pasó la mano por los mechones del lacio cabello de su hijo—, eres tan parecido a tu padre Trunks, tú eres lo mejor que él me ha dado. Te prometo que todo estará bien ya lo verás. Eras muy pequeño cuando tu padre comenzó a cambiar por lo que no notas la diferencia pero yo sí la veo, tu padre es otro ahora.

Bulma arropó con las mantas a su hijo y le echó una última mirada amorosa a aquel joven y se dirigió hacia su habitación. Sin embargo no tenía muchas ganas de dormir, así que salió a su balcón a observar las estrellas que se divisaban relucientes en el cielo. Hacía cerca de 8 horas que Vegeta y Tarlus habían partido a un planeta cuyo paradero le era desconocido. ¿Volvería pronto? ¿Tardaría horas, días o meses? Eso era un misterio. La científica se sentía muy abrumada por los recientes acontecimientos. No dejaba de pensar en Vegeta y en lo que le había dicho antes de partir; él tenía razón, llevaban años juntos y ella debía conocerlo bien y aunque solía guardarse muchas cosas ella ya sabía leerlo a la perfección.

La heredera de los Brief suspiró esta vez con resignación; confiaba plenamente en que Vegeta aclarara la situación y se prometió dejar su tonto miedo de perderlo a un lado. Puso su tristeza en segundo plano y decidió que no importaba lo que resultara, si Tarlus era o no hijo de Vegeta lo apoyaría plenamente.

El ha cambiado mucho en estos años —pensó Bulma con una sonrisa en los labios recordando a su esposo—. Ya no es el hombre mercenario hambriento de poder que yo conocí… no tengo de que preocuparme Vegeta es diferente ahora y seguramente regresará muy pronto. No sería capaz de abandonarnos a mi a Trunks porque aquí está todo lo que necesita, comida, un techo donde vivir, su cámara de gravedad y nosotros... la familia que él formó conmigo.

Hubiera querido poder expresarle su sentir a Vegeta antes de que él se fuera y como eso no fue posible ya que Vegeta se molestó un poco Bulma se hizo la promesa de que cuanto éste regresara se lo diría.

Otro agitado día había terminado en Capsule Corp, y con el corazón un poco más tranquilo, Bulma se refugió en su cama y pensando en Vegeta poco a poco el sueño la embargó.


Ñam ñam! Gracias a todos los que me han enviados sus reviews! ya los estoy contestando :P.

Seguimos con este segundo capítulo que ya tenía unos días terminado pero me gusta sufrir un poquito jaja, en fin no aguanté más y lo subí. Creo que aun puede haber otros dos capítulos... aún no lo sé bien de mientras espero que les guste este capítulo, ya que las intrigas están a la orden del día. seguimos por aquí pendientitos n.n espero que la inspiración con este fic no me abandone y espero también publicar prontito. Saludos!