La historia aqui contada esta desarrollandose en mi imaginacion. Los personajes son de la maravillosa Sthephenie Meyer.
Fic de contenido adulto.
En la boca del León.
Edward Pov.
Capitulo 2
Sin remordimientos.
El reloj despertador de la mesiila de noche de mi cuarto había timbrado ya varias veces y otras tantas lo había apagado, farfullando improperios y maldiciendo aquella putas máquinas que reventaban mi precario descanso.
Abrí ceñudo uno de mis ojos y observé que la luz ténue de la tarde se estaba formando y el crepúsculo, poco a poco iba tomando forma. Era hora de despertarse y volver a la Masión.
Había tenido un fin de semana con la família. Después de tantas semanas sin saber nada de ellos y ellos por ende; nada de mí, me había aparecido por casa de mis padres para hacer acto de presencia y por lo menos pensaran que seguia estando vivo y saludable.
Pero la mierda me llegaba hasta los ojos, la falta de sueño y mi manera de vivir, no me dejó aprovechar aquellos dos dias al máximo...
El sonido de mi celular me acuchilló los oídos y forcejeando con mi propio cuerpo , hice un acopio de fuerzas para levantarme de aquella cama y arrastrarme hacia el aparato que emitia aquel sonido maldito.
Cuando por fin llegué a él , el maldito cabrón que me estaba llamando ,había colgado y busqué en el registro de llamadas quien habia osado pertorbar mi sueño.
Victoria.
Hum.
Apreté el botón de rellamada y ella contestó con su voz grave.
-¿Edward?
-¿Quién si no?.
Su risa gutural me hizo sonreir a mi tambien. Era una persona malvada y sin principios, pero ¿No era yo de aquel mismo modo?
-He estado averiguando sobre tu pròxima cita. – silenció un momento su información y luego respiró hondo.-Es rica, inmensamente rica . Su esposo trabaja en en Barclays y además es el director de esa gran mierda. Tiene cuarenta y cinco años, però el bótox y la cirugía hacen maravillas; però eso ya lo sabes, querido. Está interesada en tí.
-¿Como ha sabido que existimos?.- pregunté caminando hacia mi sinfonier y sacar del primer cajón una cajetilla de tabaco, busqué un encendedor y agarré un cigarro, para imnediatamente encerderlo con mi zippo de oro y diamantes.
-Alguien le habló de nuestra exclusividad, otra clienta: Angela Webber. ¿La recuerdas?
Recordé a Angela, e hice un mohín. Era un puta reprimida a la que le hice sacar los pulmones de la boca, cuando logré hacer que alcanzara un orgasmo. Era bonita y por supuesto tambien, podrida de millones. Dueña de una editoral con sedes en casi todo el mundo y esposa de un remilgado embajador de Los Estados Unidos , en Europa... pagó muy bien mis servicios e incluso me regaló un rolex de oro con incrustaciones de platino en la pulsera.
-Por supuesto que la recuerdo.-dije, monocorde.
-Bien. La señora està esperando que tú des tu veredicto, porque sabe que tú solo te follas tias que te atraen. Si no es de tu agrado Edward, ella ha firmado ya el documento y està pillada por los ovarios...
-Dame una hora. Ahora voy para allà,. ¿Tienes fotos?
-Por supuesto Edward. Si accedes, ella hará una transferència bancaria en nuestra cuenta...el resto ya es cuenta tuya.
-Bien.
-Hasta ahora, querido.
Colgué. Miré el telefono como si le hubiera salido un tercer ojo y sonreí de manera incipiente.
Caminé con paso arrastrado hacia el lavabo y me apoyé en el umbral de la puerta hastiado. Quería esta vida, la amaba, però había dias que no me sentia bien conmigo mismo. Me encantaba follar, yo había nacido para dar placer a las mujeres, de eso no tenia ninguna duda. Mi polla era bendecida por aquella punta roma grande y aquel tronco ancho y liso; mi rabo era mi major amigo y por supuesto mi major aliado.
Pasé al lavabo y encendí la luces para observar mi cuerpo desnudo delante del enorme espejo que adornaba de pared a pared. Aún en estado de relax, mi polla era inmensa. Sonreí acariciando a mi fiel compañero y encendí la regadera para bañarme con el último gel de baño de Prada. Regalo exclusivo de una de las ties mas buenas y calientes que me habia follado en mi jodida vida.
Después del baño, elegí un traje de Armani negro con raya diplomàtica y una camisa blanca, con los tres botones primeros sin anudar. Me gustaba enseñar aquella placa de oro que caía sobre mi cuello... el único recuerdo que me quedava de ella. El único.
Calcé los Martinelli con gusto y busqué entre mi armario de tocador, el maletín rectangular que me hacía parecer un hombre de negocios, en toda regla.
Caminé hacia la salida, no sin antes conectar la alarma y cerré la puerta con llave antes de salir a buscar mi volvo plateado al parking del edificio.
.
.
.
.
.
La Mansión era el centro de operaciones de nuestros negocios. En la noche era cuando había mas movimiento ; coches que bajaban hacia el parking y allí se perdían para no volver a salir, cuando nuestros clientes se marchaban satisfechos lo hacian por otro lado. La discrección era uno de nuestros buques insignias y eso habia hecho de nuestro negocio un caudal de dinero sin límites.
Llamé al portero electronico del parking y la lucecita se endendió, se abrieron las verjas y manejé mi coche hasta mi plaza dentro de aquel subterráneo.
Puse la alarma del automóvil y me metí las llaves en el bolsillo. Si era sincero conmigo mismo, mi vida era genial y disfrutaba de ello . Sin remordimientos.
Caminé hacia el ascensor y poco a poco las vistas se fueron haciendo mas fastuosas, comenzando por el ascensor, metalizado en plata con espejos en todas sus paredes y un panel de mandos que parecía la cabina de un avión.
Empujé mi dedo indice al botón primero y el elevador con un suave movimiento subió relativamente lento. Se abrieron las puertas y comencé a ver a los demas hombres que desempeñaban el mismo trabajo que hacía yo.
Conforme iba caminando hacia el despacho de Victoria, algunos fueron saludándome, otros evitaban mirarme, La envidia tambien existia en estos lugares y no era un buen sentimiento cuando querian metértela por el culo y joderte.
Arrastré los dedos por la puerta cuando llegué al despacho de Victoria y ella me dió paso rápidamente, al verme sonrió. Estaba sentada mirando la pantalla del ordenador y su melena naranja ondulada, aquella noche estaba semirecogida con algo parecido a un moño.
-Hola Chico.- dijo en tono neutro.- Eres rápido, me gusta. Ya lo sabes.
Sonreí y me acerqué a ella, dándole un beso en la mejilla.
.Lo sé.- Me acomodé en una silla enorme, frente a ella y el silencio se coló... se hizo dueño del ambiente, però tan sólo unos instantes, de repende giró el monitor del ordenador y me enseñó el rostro de la mujer que debía follar esta noche hasta reventarla.
Era bella y para nada parecia tener cuarenta y cinco años. Piel extremadamente blanca y ojos azules, me llevé una mano a la boca para sofocar una sonrisa. Tenia unas tetas de infarto y me importaba una mierda que fueran de silicona o no, me encantaban las tetas grandes, cuando mas grandes, mas probabilidades habia que pudiese meter mi enorme polla entre aquellas enormes berzas.
-¿Aceptas?.- Victoria elevó una ceja.-
-Por supuesto, me muero por tocar esas tetas...
-Eres impossible, Edward.- ella rió y giró de nuevo la pantalla del ordenador.- voy a enviarle un mensaje a su dirección de correo electrónico. ¿A la hora de siempre?
Asentí.
Ella agarró unas gafitas de Dior y se las puso en el Puente de su nariz, comenzó a teclear y terminó dando un fuerte suspiro.
Buscó entre toda la mierda que yacía en aquel escritorio una cajetilla de tabaco y como una posesa se puso uno en los labios, aspiró fuerte aquella mierda que fumaba y me miró con aquella mirada suya inteligente.
-Cinco mil dolares , Edward. Si acepta tiene que estar loca por que te la folles...
-No me importa el dinero; sabes que no lo quiero, ya sabes donde tienes que transferir mi parte.
Ella asintió y su mirada cambió a tierna y hasta maternal.
-Nunca podràs olvidar a Elizabeth. ¿No es cierto?, por eso te importa una mierda el jodido dinero...te conozco Edward, se ver dentro de tí, y si no fuera porque me gustan las tias , te hubiese ofrecido algo mas que ser simples socios en este proyecto...pero te estas destruyendo amigo, lo estas haciendo.
-No, me gusta hacer lo que hago, tengo una sed animal de sexo y lo sabes y no quiero dañar a nadie , ofrendiendo un amor que nunca voy a dar. Es mejor así, me gusta el sexo, las mujeres y además parte del dinero que recojo es para una buena causa.
Victoria volvió a mirar la pantalla del ordenador y leyó antentamente.
-Ya està, la dama ha ingresado la cantidad...prepárate Edward, llegarà en menos de una hora.
Paseé las palmas de mis manos por las solapes de mi traje y me levanté del sillón espléndido que Victoria había comprado en una casa de subastas.
Le guiñé un ojo y me dí media vuelta para marcharme.
-Haz que se olvide de su nombre, Edward...tiene contactos, muy influyentes, nos combiene dejarla satisfecha.
Sonreí muy pagado de mí mismo y susurré antes de salir.
-¿Lo dudas?
.
.
.
.
.
.
Jadeaba, susurraba y mordía mi hombro sin piedad ,la muy maldita. Se la metía hondamente y luego salía poco a poco, para comenzar a bombearla, perdiendo totalment la cordura en aquel baile de sexos, sin mirarle el rostro , admiré sus bien operadas tetas y aquel vientre plano y duro, seguramente diseñado por algun cirujano plástico. Mi polla estaba a punto de reventar. La cambié de posicion y la insté para que me cabalgara salvajemente, ella lo hizo y dándole cachetadas en su redondo y firme trasero, alcanzó el orgasmo por tercera vez aquella noche, yo seguí levantando mis caderas, pese que ella había relentizado el ritmo y farfullé lo buenorra que estaba mientras me corria como un semental saliendo inmediatamente de dentro de ella y vaciándome dentro del profiláctico. De rodillas , a espalda de ella y con mi mente en algun lugar lejano... su voz extraña me hizo girarme para mirarla.
-No es que me importe, però no te has corrido dentro de mí. ¿Porque?.- sonaba decepcionada.
Saqué el condón de mi polla, ahora casi en relax y me levanté para caminar hacia el pequeño lavabo. Me lavé cuidadosamente mi falo y volví hacia la cama.
-No lo hago nunca.- le acaricié el cabello áspero, seguramente teñido de aquel color rubio, siniestro.
Ella sonrió y bajó la mirada.
-Lo de los besos ya lo sabía, però esto...
Alcé su barbilla con mis dedos y la miré con hambre de nuevo.
-No eres diferente...sólo dedicate a sentir. ¿Ok? .- Ella asintió y volví a tumbarla para acariciarle el sexo con maestría...
.
.
.
.
.
.
Cuando llegué a casa eran las seis de la mañana . Arrojé las llaves encima del mueble del recibidor y caminé hacia el gran salón, estaba hecho un desastre, ropas, botellines de agua, ceniceros hasta arriba de colillas y un fuerte hedor a tabaco y suciedad que hizo que se me revolviesen las tripas. "Necesito ayuda", pensé interiormente.
Con despreocupación, fuí quitándome la ropa que llevava puesta sobre mi gran sofà de piel y me quedé completamente desnudo, que era como me gustaba dormir. Caminé hacia mi dormitorio y arrugué el ceño. La cama deshecha, tal y como la había dejado por la mañana... y ese fuerte aroma a tabaco impregnado en todas las malditas estancias. Al recostarme, pensé en llamar a Alice, sabia que ella tenia una persona de confianza que la ayudaba con las táreas del hogar. Refunfuñé antes de posar la cabeza en la almohade. Necesitaba ayuda, urgentemente...
Continuará.
Bien...¿Que les parece Edward? ¿Y la historia? Besos y mil gracias a esos treinta comentarios que me hicieron tan feliz en el primer capitulo.
