Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer… la trama es mía.


Capítulo betado por Konnyxa, Betas FFAD
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Hola! Espero que estén bien! Quier darle las gracias a Konnyxa por betearme tan rápido el capitulo ;)


Estaba paralizada, no sabía qué hacer. La secuencia fotográfica ya había terminado y ambos estábamos en shock.

Pasaron los segundos y Edward se empezó a mover, bajé mi cámara lentamente y la puse a mi lado. Edward se pasó la mano por su cabello cobrizo repetidas veces, gesto que hacía cuando estaba nervioso. Se comenzó a mover lentamente hasta quedar en frente de mí, sobre sus rodillas totalmente desnudo. Miré nerviosa sus orbes esmeraldas, que poco a poco iban cambiando de tono; sentí su aliento más cerca de mi boca, hasta que sus cálidos labios se posaron en los míos.

El beso comenzó lento, una caricia que jamás olvidaría; tomó mi cintura entre sus dos grandes manos y comenzó a acariciarla hasta llegar a uno de mis senos, podía sentir la tibieza de ésta a través de mi camiseta de algodón, poco a poco mis pezones se fueron endureciendo y un gemido salió de mis labios. El beso fue cobrando intensidad y en unos segundos ambos nos devorábamos, nuestras lenguas se frotaban y la humedad se estaba infiltrando en mis braguitas.

Tomó mi camiseta y la comenzó a jalar hacia arriba; cuando ya estuvo fuera de mi cuerpo Edward llevó su boca a mis pechos, tomó un pezón entre sus labios y comenzó a lamer y succionar, mis bragas cada vez estaban más mojadas. Con su boca aún en mis cimas comenzó a deslizar el short por mi trasero, levanté un poco las piernas para que pudiera salir de una vez de mi cuerpo.

Edward me atrajo hacia sí y me senté a horcajadas en su regazo. Sus manos envolvieron mi cintura y sentí su miembro erguido presionando contra mi sexo todavía cubierto con unas pequeñas braguitas de encaje. Gemí contra sus labios y él me acompañó segundos después.

Su mano se fue hasta mis braguitas y tanteó con sus dedos sobre éstas. —Bella —dijo cuando tocó sobre éstas. En un movimiento rápido apartó mis braguitas a un lado y tanteó mi sexo hasta introducir dos dedos en mi interior. Mi espalda se arqueó y Edward aprovechó para mordisquear uno de mis pezones.

Tomó mis bragas y les dio un solo tirón para arrancarlas; despacio me empujó hasta que quedé acostada en la cama y él se subió sobre mí, su mano tocó todo mi cuerpo hasta que llegó a mi entrepierna, su dedo pasó por toda mi intimidad. —Estás muy empapada Bella ¿Quieres algo? —Preguntó sonriendo ladinamente. Intenté encontrar mi voz pero fallé estrepitosamente, de modo que solo asentí— ¿Quieres que te penetre? ¿Qué te haga gritar? ¿Quieres que lo haga ahora? —Edward preguntaba, y absorta de deseo solo asentía. —Quiero que me lo digas —dijo besando rudamente mis labios. —Quiero oírlo Bella.

—Si. Si quiero —dije frotándome contra su dedo. Mi voz salió ronca y muy desconocida para mí.

Edward sacó su dedo y se acomodó mejor sobre mí, nuestros sexos se rozaron y ambos gemimos nuestros nombres; tomó mi pierna derecha y la pasó sobre su hombro, la otra la enrolló alrededor de su cintura. Bajó su mano y de pronto sentí que su miembro pasaba por mis pliegues hasta encontrarse con mi clítoris, lo movió sobre él y empujó, cosa que me hizo gritar su nombre. Miró hacia un lado de mi cabeza y su sonrisa se hizo más grande. —Tenemos que inmortalizar este momento —dijo. Tomó la cámara, la alzó para luego apretar clic, varios flashes llegaban hasta nuestro cuerpo. Edward movió la cámara para que ésta diera a nuestro cuerpo de varios ángulos, cuando por fin dejó de fotografiarnos la lanzó hasta las almohadas. Sin previo aviso colocó su miembro en mi entrada y sujetándome por las caderas me penetró lentamente. Yo en ese momento estaba más que mojada, así que su intrusión me provocó una oleada de calor indescifrable.

Las embestidas comenzaron lentas, los gemidos y gruñidos salían de nuestros pechos. Pasé mis manos por sus hombros hasta llegar a su nuca y de ahí me afirmé; cada vez Edward arremetía contra mi interior con más fuerza, los gemidos se convirtieron en gritos, y podía sentir mis ojos aguarse ante tal fuerza de placer.

—Edward más rápido —dije. Las embestidas se volvieron veloces, la vista comenzó a nublarse y mis pulmones ardían por la falta de aire.

Edward mantenía los ojos cerrados y sus labios entreabiertos, sus mejillas estaban sonrojadas; de pronto sus ojos se abrieron y su mano bajó la pierna que estaba en su hombro, las embestidas bajaron de velocidad. — ¿Edward qué…? —Traté de preguntar pero me cortó.

—Date la vuelta, a lo perrito —dijo separándose de mi cuerpo. Me giré rápidamente; Edward se posicionó tras de mí, corrió mi cabello hacia mi hombro izquierdo y empezó a dejar besos húmedos por toda mi columna vertebral hasta llegar a mi trasero. Su lengua jugó con mi clítoris y no pude hacer otra cosa que gritar su nombre, recorrió todo mi sexo con su caliente lengua, hasta que me penetró con ella, sentí que el mundo se iba y quedaba sola en ese cuarto. Aún no bajaba del séptimo cielo cuando de una estocada Edward me penetró, así conduciendo a mi segundo orgasmo. Mis brazos temblaban y me dejé caer en la cama con mi mejilla derecha pegada a ésta, Edward levantó mis caderas y siguió penetrándome velozmente. Sus embestidas llenaban todo mi interior, cada vez más fuerte que la anterior lo que hacía una perfecta combinación dolor y placer, mis paredes comenzaron a contraerse nuevamente y sentía a Edward palpitar en mi interior, dos embestidas más y llegamos al orgasmo.

Edward cayó sobre mí para luego dejarse caer a mi lado arrastrándome en el proceso, sacó su miembro –ahora flácido– de mi interior; podía sentir como su corazón latía desbocadamente en mi espalda.

Pasaron los minutos y seguíamos en la misma posición. Nuestras respiraciones ahora eran clamadas.

—Bella —susurró Edward. —Tenemos que hablar —asentí con la cabeza. Se paró de la cama, buscó su ropa que estaba regada por la habitación y llegó a mi lado, tomó mi pijama y me lo pasó. —Vístete para que podamos hablar, no necesito una distracción —dijo vistiéndose. Me puse rápidamente mi pijama.

—Verás Bella, tú eres una niña muy linda y te quiero mucho —dijo.

—Edward, yo…

—Déjame hablar a mí —se pasó una mano por el cabello, —yo… te deseo, pero… no te amo. Lamento si haz mal interpretado lo que acaba de ocurrir entre nosotros, pero no voy a negar que me pones duro siempre que haces o dices algo. Sí, fue mi primera vez y no estuvo mal, estuvo excelente, espero que encuentres a alguien que te pueda amar de verdad y no sea una calentura como lo ha sido entre nosotros; yo te quiero pero como a una hermana. Además eres amiga de mi hermana —dijo mirándome seriamente.

Sentí que mi corazón se rompía en billones de pedacitos. —No importa —dije. En el fondo me alegré de que mi voz sonara normal y no como me sentía, como si estuviera agonizando.

—Bueno, me voy, ha sido un placer estar contigo esta noche pequeña —dijo besando mi frente. Caminó hasta llegar a la puerta y al abrirla se giró. —Espero que te estés cuidando Isabella Swan. ¿Sabes? Eres muy niña para ser mamá aún —dicho esto salió de la habitación.

Dos lágrimas solitarias bajaron por mis mejillas; miré el reloj de mi buró, las cinco con cuarenta y ocho de la mañana.

Bajé las escaleras lentamente y fui a la cocina a buscar una fruta, luego de comerme la manzana lo más lento que pude subí a mi habitación, al llegar a ésta un fuerte olor a sexo inundaba el cuarto, caminé y abrí una ventana para luego echar perfume al aire.

Los minutos pasaban y estaba parada sin hacer nada, caminé hasta mi closet y saqué un nuevo pijama blanco.

No podía estar ahí. Este lugar me traería recuerdos que sería mejor olvidar.

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5 horas más tarde.

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Me removí incómoda y comencé a abrir los ojos lentamente, la luz de la ventana del sótano llegaba a mis ojos. Mi cuello me dolía; en aquel lugar no había nada más que un par de pisos plegables y un sillón de dos cuerpos en el cual yo me encontraba.

Después de vestirme nuevamente con un pijama nuevo –recién sacado del closet– bajé a mi sótano donde tenía mi equipamiento de arte y fotografía, y ahí me entregué a los brazos de Morfeo.

Éste sería el nuevo lugar donde dormiría, no sería capaz de aguantar esa habitación por más de unos minutos, los recuerdos estarían siempre latentes en mi mente y corazón.

Sentí mis ojos aguarse, y parpadee rápidamente.

No voy a llorar.

No voy a llorar.

No voy a llorar.

No voy a llorar.

Repetía en mi mente como una mantra.

No voy a llorar.

No voy a llorar.

No voy a llorar.

No voy a llorar.

La frase llegó a mi cabeza como un flash de segundos.

Espero que te estés cuidando Isabella Swan. ¿Sabes? Eres muy niña para ser mamá aún.

En estos momentos me quería morir.

Me paré de golpe del sillón y me mareé. – ¡Mierda! –pensé. Todo lo malo me tiene que pasar a mí. Tomé la laptop de encima del escritorio y la encendí… miré el reloj de la pared y los segundos estaban estancados ¿Por qué mierda no avanza nunca la maldita hora cuando uno está apurada? —Me pregunté.

Isabella, no está bien maldecir tanto en las últimas veinticuatro, lo haz hecho más que en toda tu miserable vida —me reprendí mentalmente.

Al fin el maldito sonido indicó que la computadora estaba encendida. Busqué el navegador y Google apareció ante mí.

Como prevenir el embarazo –tecleé.

Miles de opciones aparecieron ante mí.

Dispositivo intrauterino (DIU)*

Métodos Anticonceptivos Irreversibles: Vasectomía y Ligadura de trompas. –Para qué mierda me haría una ligadura de trompas, ¡si ni siquiera tengo una docena hijos!

Métodos Químicos:Espermicidas

Métodos de Barrera:Preservativo masculino y femenino – ¡Puf! Un poco tarde llegó la información –pensé con ironía.

Métodos Hormonales:Píldora anticonceptiva, Píldora De Emergencia

— ¡Bingo! —Grité.

Pinché Píldora De Emergencia:

"…La anticoncepción de emergencia es el uso de ciertos métodos después de un acto sexual sin protección para prevenir el embarazo. Estos medicamentos se utilizan para prevenir los embarazos no deseados, entre ellos los embarazos adolescentes, desde las primeras horas y hasta los tres a cinco días (setenta y dos a ciento veinte horas) después de haber tenido relaciones sexuales sin protección. Su eficacia es del 75% al 89%. Es el método que solo usa la progesterona Levonorgestrel, se prescribe actualmente una sola dosis de 1,5 mg (1 pastilla de 1,5 mg o 2 de 0,75 mg), aunque puede tomarse en dos dosis de 0,75 mg en un intervalo de 12 horas de diferencia. Está disponible en la mayoría de los países del mundo. En y Canadá se conoce como Plan B en Argentina como…

El Levonorgestrel es una…. Actualmente no requiere prescripción para su adquisición por mujeres u hombres de 17 años y mayores. Las mujeres de 16 años y menores necesitan prescripción. La primera versión de Plan B (con 2 píldoras o pastillas) todavía se sigue comercializando en algunas farmacias…"*

Listo, ahora que me había informado tenía que ir a una farmacia ya que –aún era muy niña para ser mamá– ¡Maldito hijo de p…! —No, Esme no se merecía ese calificativo tan inapropiado.

Subí las escaleras para coger algo de ropa.

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Saqué del closet un vestido strapless azul con flores rosadas hasta la mitad del muslo, un fino cinturón marrón a la cintura, un chaleco de hilo manga tres cuartos color crema, unos tacones del mismo color que el chaleco con la punta del tacón abierta y se abrochaban con unas cintas. Fui al tocador y me puse un prendedor de caracol a un lado del cabello recogiéndomelo un poco, me maquillé los ojos –un poco de rímel y delineador no le hacen daño a nadie– pensé. Tomé el joyero y saqué un anillo que era adornado con una piedra; tomé un bolso que se usaba cruzado color marrón con una pequeña hebilla para cerrarlo, y lo único e inseparable de mí, mis anteojos de sol café.

Salí al garaje donde tenía estacionado su automóvil, tenía que correr a la farmacia, no se podía quedar así. Él –ni siquiera podía pensar su nombre ya que me dolía como el puto infierno– no me amaba. ¡Me quería como su hermana! Su infantil hermana…

Estúpidamente Isabella Swan creía que el hermoso niño cobrizo sentía algo por ella más que por una amistad. –Eres amiga de mi hermana. – ¡Ni siquiera me consideraba su amiga! No podía quedar embarazada de alguien que ni siquiera me amaba. ¡Era estúpido!

Al salir me encontré con unos pares de ojos mirándome fijamente.

— ¿Dónde vas Bellie? —Preguntó Alice mirándome fijamente.

—Al centro comercial —Dije encogiéndome de hombros.

¡Mierda!

— ¡Al centro comercial! —Gritó Alice, — ¿y no nos llamaste? eres una mala amiga.

Rosalie miraba en silencio a Alice.

Negué con la cabeza. —Es algo de último momento, no quería importunar —dije susurrando.

—No se hable más —dijo Rosalie. —Vamos Bella, mi auto esta aquí.

Caminamos en silencio hasta subir al dichoso automóvil.

El camino al Centro Comercial se acortó gracias a la alta velocidad de Rose.

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2 horas más tarde.

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—Chicas, les propongo que el fin de semana que viene vayamos a bailar a algún lado —las chicas asintieron sonrientes. —Tomen —saqué doscientos dólares de mi bolso, —compren ropa para mí y vean algo para ustedes… para la fiesta, yo iré por mientras a la librería.

Salí de la tienda y caminé hasta encontrar la farmacia. Estaba casi desierta, solo había una señora comprando cepillo de dientes y una niña en la sección de productos higiénicos.

Me acerqué al vendedor.

—Buenas tardes —dije. —Quisiera saber si tenían la píldora de emergencia. —El señor que estaba tras el muestrario me miró fijamente para luego alzar una ceja.

—Si la tenemos, pero necesito ver su identificación —bendito Emmett; gracias a él, teníamos todos nuestras identificaciones falsas. Tomé mi bolso y la saqué.

—Tome —dije observando cómo su cabello comenzaba a faltar en la frente.

Miró por unos segundos la identificación para luego perderse por una puerta del local, pasaron los minutos y apareció con la bendita caja entre las manos. —Son cincuenta dólares —dijo echando la cajita a una bolsa.

Pague y luego salí lo más rápido que pude del local.

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Las semanas pasaron y mañana se cumplirían dos meses desde que había ocurrido todo. Al llegar a casa me había tomado las benditas pastillas y dormido toda la tarde. Los domingos en la tarde me iba al colegio de mojas junto con Alice y Rosalie mientras los chicos iban a la escuela común de Forks, quizá ahí estaba la enamorada de Edward y nadie lo sabía, los chicos –Emmett y Jasper– lo molestaban con una tal Bree Tanner, supongo que esa era su enamorada.

Yo iba todos los fines de semana a casa de Alice, pasábamos el rato conversando, viendo películas, hablando de chismes; pero con él era indiferente, igual que antes, solo que hablábamos menos, y con eso me refiero que solo nos saludábamos y preguntábamos como estábamos. En eso las chicas me veían raro pero no preguntaban nada, cuando nos hallábamos en el convento salía a caminar por el parque y recordaba los momentos de aquella noche, pero al tiempo de recordar sus palabras me hacía la fuerte.

No había llorado. Y No iba a llorar.

Llorar era de débiles y yo no lo era.

Solo me había equivocado en la persona de la cual enamorarme, solo eso. Después de esa noche solo dos lágrimas habían salido de mis ojos, aunque no me había roto.

Ya no tomaba fotografías a todo lo que veía, me parecía todo frío, sin brillo y ya nada era especial.

En este último mes mi padre me llamaba todos los días, lo cual era raro ya que solo hablaba con mi madre; me preguntaba los quehaceres de cada día, la escuela y si tenía novio.

¡Puf!

Novio.

El único chico que había llegado a captar en mi vida me había dicho que era la amiga de su hermana. El primer amor es el más difícil y no se olvida.

Había conocido a un chico, se llamaba Paul, tenía dieciocho años y vivía cerca del parque; era muy gracioso y simpático, su cabello corto negro y lustroso, su piel morena y ojos como la miel, era cálido y hacia que mi penas se fueran de mi corazón. Me llamaba cada noche despidiéndose de mí, decía que nadie sabría que podía pasar a media noche así que tenía que despedirse.

Se me hacía bastante raro, ya que no estaba acostumbrada a que me dijeran cosas lindas como lo hacía el.

Tampoco quería que me lo dijera otra persona, solo quería escuchar esas palabras de su boca, quería que me dijera te amo y que no podía vivir sin mí.

Le había prohibido a Dorotea que limpiara mi habitación, quería dejar todo como estaba; la cama estaba toda sin hacer, las sábanas casi en el suelo, mi ropa, todo estaba tal cual a como lo habíamos dejado.

Había comprado nueva ropa y la tenía en mi estudio.

Me alejaba de todo lo que me recordara a esa noche.

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Dos Días Después.

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Eran las 11 de la mañana, con Alice y Rosalie veníamos llegando a mi casa a pasar una tarde de chicas.

Organizaríamos el closet, faciales, nos haríamos la uñas y pintaríamos, para luego sacarnos fotografías.

Las chicas comenzaron a subir las escaleras y yo me desvié hacia la cocina a buscar algo de comer.

—Chicas, ¿quieren algo de comer? —Grité a las chicas.

—Quiero un jugo —gritó Alice.

—Yo una manzana —gritó también Rosalie.

Me concentré en hacer un jugo de naranja para Alice y lavar la manzana de Rosalie, mientras que para mí cogía una bolsa de papitas.

Tomé todo y empecé a caminar hacia la escalera, subí despacio ya que no quería saludar el suelo con la boca. Cuando ya casi llegaba a la habitación me tropecé, pero gracias a mi escasa suerte no caí.

Al entrar a mi habitación varias de mis prendas de vestir estaban esparcidas por el suelo y Alice entre medio de ellas.

— ¿Qué hacéis? —Pregunté a Alice.

—Nada amiga, tan solo veo tus gustos de moda.

Rosalie miró hacia nosotras y sonrió, ella estaba sentada en el escritorio frente a mi computadora, con la cámara fotográfica conectada a ella. —Bellie ¿Por qué no vas por la otra cámara? Quiero hacerme fotos de distintos ángulos.

Asentí con la cabeza y bajé las escaleras lo más rápido que pude, al llegar a mi nueva habitación que resultaba ser el sótano, tomé varias cámaras y sus respectivos cables.

Cuando llegue a mi habitación nuevamente vi a mis amigas sentadas en el escritorio viendo algo fijamente y no pestañaban… En sus boca se formaba una pequeña "O" y parpadeaban lentamente como tratando de asimilar lo que veían.

Carraspeé, las chicas me miraron y algo había en sus miradas, Rosalie me llamó con su dedo y caminé lentamente hacia ellas. Al ver lo que estaba en el monitor me congelé y un jadeo salió de mi pecho.

¡Mierda! –Pensé.

¡Eran las fotografías! Las que Edward nos había tomado a ambos cuando recién me había penetrado, la mueca de placer que teníamos eran inimaginables.

— ¿Me puedes decir qué mierda es esto? Estás saliendo con mi hermano y no nos lo habían dicho, ¿te acostaste con él? Joder, que estúpida, es más que obvio —gritó Alice.

—Alice, verás… yo…

La pequeña Cullen me interrumpió.

— ¡Ah, somos cuñadas! No, somos hermanas. Dios ¿Cuánto llevan juntos? ¿Entonces era mentira que estaba saliendo con Bree? ¿Bella Swan, porque no nos dijiste que ya no eras virgen? —Gritaba Alice mientras me abrazada fuertemente, gesto que no correspondí, mis brazos estaban congelados a mis costados y no podía moverme.

Alice me soltó y me miró. — ¿Por qué no celebras conmigo? —Preguntó.

Me giré y caminé hacia la ventana, el cielo se veía tan claro hacia un rato y ahora estaba de un feo gris. —Porque no hay nada que celebrar Alice. No somos cuñadas, ni hermanas, ni mucho menos soy su novia, solo soy… —respiré profundamente— "la amiga de mi hermana"… él lo dejó muy en claro Alice.

Sentía una opresión en el pecho, me costaba respirar y sentía que mi garganta se apretaba, me escocían los ojos, los cerré fuertemente y sentí como las lágrimas resbalaban por mis mejillas.

Un jadeo salió del pecho de Alice, quien estaba a mi lado ahora.

— ¿Qué…? ¿Qué quieres decir con lo de "la amiga de mi hermana"? —Preguntó Alice tomándome de la mano y guiándome hacia la cama donde nos sentamos. Rosalie seguía frente al escritorio y de vez en cuando miraba.

—El día que mi madre llamó, y nos gritamos a través del móvil, se me había quedado el móvil en tu casa, llamé y Edward me lo trajo. Me duché y cuando salí él estaba acostado en mi cama… —seguí contando lo que había ocurrido. Me permití llorar todo lo que más pude y las chicas me sostuvieron, no dijeron nada, tampoco me reprocharon… solo se quedaron ahí y me vieron hundirme en mi propia mierda.

Después de tanto llorar me encontré sola en mi habitación, tapada con el edredón; miré hacia la ventana y el crepúsculo estaba dando lugar a la solitaria y fría noche.

Te necesito –pensé.

Para poder curar las heridas que hay en mi corazón tendré que cortar todo lazo que nos une. Solo lo lamento por los demás.

Un suspiro salió de mi pecho, ya estaba todo decidido.

Tenía que alejarme de aquí.

Así tuviera que poner tierra y mar, lo haría.

Mis mejillas se volvieron a inundar de lágrimas, me cubrí con el edredón dejando hasta el último cabello cubierto. Tenía que llamar a Charlie.

No lo puedo soportar.

Mi corazón se encoje.

Un grito ahogado sale de mi pecho.

Al otro segundo, me encuentro trancando la llamada.

Voy a comenzar de nuevo… lejos de ti… es lo mejor.


Espero les haya gustado el capitulo!

Nos vemos en el próximo!

Gracias por leer ;)