Bueno, en primer lugar quería aclarar algunos detalles sueltos de este fic ya que en el prólogo no pude dar ninguna información, un fallo por mi parte, así que empiezo ahora^^
No me voy guiar por la historia hecha de MK, los personajes son los mismos y demás, pero en esta Kaito y Aoko no se habían visto nunca anteriormente, dado que él tiene un par de años más que ella. El padre de Aoko es un policía retirado, y ella ha comenzado en la policía con la intención de seguir sus pasos (sé que es muy típico pero no se me ocurría mejor forma de comenzar!). Por otra parte, una parte de la historia estará inspirada en Romeo y Julieta, ya que es en lo que lo basara mi prima al contarme la historia, aunque, como bien he dicho en el resumen, la he cambiado lo suficiente como para adaptarla a ranking T y añadirle gran parte de ideas propias.
Por último quiero agradecer a todos los que buscaron un momento para poder leer mi historia, sobre todo a Aoko, a Marhaya, a Isuei y a 66ButterflyOfDarkness99 , muchísimas gracias por vuestros reviews chicas! ;) me animaron muchísimo a continuarla, además de que siempre quise comenzarla. Sin más, espero que os guste!
Inspiración: Aerosmith – dream on
Capítulo 1. Ladrón de media noche
La estancia estaba abarrotada, no cabía un alma entre aquellas múltiples paredes que rodeaban un profundo alo de misterio y caro bienestar. Escaleras que subían hasta pisos secundarios y cuadros de incalculable valor adornaban la habitación iluminada por una inmensa lámpara de la que colgaban miles de piedrecillas diminutas que brillaban refulgentes al reflectarse en la pálida luz blanquiazul. Sería relativamente sencillo deducir si se trataban de diamantes si todas las miradas del portentoso salón no estuvieran fijas en mi persona. Cientos de miradas, y todas reflejaban el mismo sentimiento de desconfianza y pura inquisición que hacía que mi confianza se resquebrajase; más que nunca, me arrepentí de haber aceptado aquel encargo, ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? El único consuelo que me quedaba era saber que no tenía nada que perder, tan solo hacer sufrir a mi padre podría romper aquella fachada de fría indiferencia que mostraba.
La antesala por la que acababa de entrar –De un lujo inimaginable- también era el salón en el que recibía a sus invitados; una mesa que se extendía todo lo largo de la habitación y numerosas bandejas que la adornaban hacía que el techo, a unos cuantos metros de altura, pareciese mucho más lejano ante mis ojos. Al ala oeste de la sala, se extendía una pista completamente desocupada, tan solo decorada con dos inmensos cuadros y un gran ventanal que se dirigía de nuevo hacia la parte frontal de la mansión. Se asemejaba a una especie de pista de baile, lo que esperaba que mi pobre deducción no reflejara la realidad, ya que el baile nunca había sido mi fuerte.
''Demasiado femenino para ti'' habría dicho Saguru si me llegara a ver en aquella situación. En ese momento hubiera dado cualquier cosa porque estuviera a mi lado. Necesitaba un poco de apoyo y él siempre había estado ahí en los peores momentos.
Aunque sabía perfectamente que no era el momento ni el lugar para añorar a nadie, no pude evitar rememorar recuerdos de la infancia, momentos más felices y, de alguna manera, inalcanzables. ¡Basta ya! ¡Concéntrate! Me reprendí a mi misma. Necesitaba plena concentración y todos mis sentidos puestos en lo que ocurría a mi alrededor.
- Por aquí, por favor –Señaló el mayordomo conduciéndome hacia una silla desocupada ante la atenta mirada de todos los asistentes, los cuales comenzaban a cuchichear unos con otros sin dejar de observarme, con la duda brillando en sus ojos.
Me ruboricé al instante y tuve que respirar unas cuantas veces recordando lo que había venido a hacer allí antes de que mis piernas reaccionaran ante aquel suplicio y comenzara a correr despavorida.
- ¿Y tú eres…? –Pegué un pequeño respingo ante la pregunta, girándome hacia la voz atiplada y estridente proveniente de mi izquierda.
Me giré para ver a la encanada aunque elegante mujer que me miraba con escepticismo revisando desde mis pronunciados tacones de aguja hasta los pendientes de diamante que lucía.
- Aok… digo, Demetria, Demetria Kiname –tonta tonta tonta tonta y tonta! Calma!
- Kiname… -Se sumergió un momento en sus pensamientos antes de volverme a responder- ¿Demetria Kiname? –Su fría mirada se convirtió en una inundada por una sospecha completamente ajena a la que podría sentir cualquiera rodeada de los suyos. Oh no, ¿De verdad que podía tener tan mala suerte de ser pillada nada más comenzar?- ¿La misma que se suicidó segundos antes de ser capturada por la policía tirándose por un acantilado?
- No exactamente –Tragué saliva- Soy su hija, vengo en representación de ella.
- Interesante… -Suspiré, tranquila por un instante, esperaba que mi intento de engañar a una de las personas más astutas del planeta diera sus frutos- ¿Y qué has hecho últimamente para honrar la memoria de tu madre, Kiname?
- Pues, yo…
Las luces se apagaron súbitamente prendiendo a su paso todas las velas que adornaban la alargada mesa donde se encontraban todos los presentes y provocando una reacción de sorpresa entre el confiado público; hasta mi irritante interrogadora tuvo que interrumpir su cuestionario sustituyéndolo por una mueca de perturbada admiración.
Un ruido llenó completamente la estancia, doce campanadas marcaban el compás de media noche, donde el ladrón haría acto de presencia.
Primera campanada.
Solté todo el aire que había contenido sin darme cuenta de ello de golpe, respirando entrecortadamente y observando cualquier movimiento extraño a mi alrededor. No podía negar que estaba agradecida por la repentina interrupción, aunque no era comparado con la angustia que luchaba por adueñarse de mí, ya que el ambiente comenzó a tensarse cada vez más, provocándome un escalofrío que me recorrió toda la espalda.
Sexta campanada.
La gente empezaba a reflejar desconfianza en sus rostros, revestida por la elegante capa de hipocresía y elegancia que les caracterizaba, sin dejar de mirar para todos lados con evidente preocupación.
Novena campanada.
Estaba asustada, completamente aterrada ¿Y si todo era un engaño del astuto ladrón, adivinando los planes que tenía la policía para capturarle? No lo podía creer.
Doceava campanada.
Silencio.
- Buenas noches a todos los presentes –Resonó una suave pero clara voz a lo largo de toda la estancia- Espero que disfruten de la velada y que el personal les haya tratado como se merecen.
Numerosas sombras aparecieron por las paredes deslizándose juguetonas por la mesa volviendo a provocar ovaciones en todos los invitados.
En medio de la barahúnda, unos pasos resonaron captando la atención del público, como si el salón se hubiera convertido por arte de magia en un escenario el cual el actor principal conocía y manejaba a su antojo.
Una silueta diferente al resto apareció tras la silla principal, situada en el extremo izquierdo de la gran mesa.
De un impecable traje negro y una sonrisa iluminando su rostro, el ladrón Kaito Kid hizo acto de presencia ante la sorprendida multitud. No llevaba ni su habitual atuendo de mago que tanto le caracterizaba ni aquellos extraños objetos ocultando su rostro ¿Dónde estaba el monóculo… y el sombrero? Varios de los presentes sonrieron con comodidad, al reconocer al hombre que acababa de aparecer. Claro ¿Por qué me extrañaba? Estaba en el mismo centro de los ladrones más buscados, era lógico que existiese una cierta confianza en cada uno de los presentes, dado que no llegarían a los cuarenta.
Mi corazón reaccionó con un inesperado temblor, fruto de la emoción contenida y de los nervios traicioneros que me llevaban acuciando desde bien entrada la tarde.
El ladrón recorrió con unos ojos azul zafiro a todos y cada uno de sus invitados. Era increíblemente guapo, por eso no pude controlar mi expresión todo lo que me hubiese gustado cuando sus impresionantes ojos cayeron sobre mí analizándome con deliberada lentitud y una curiosidad infinita. Además ¿Cómo podía ser tan joven? Tuve la impresión de que una de las comisuras de sus labios se elevaba levemente mostrando una irresistible sonrisa que me dejó sin aliento.
Cuando todo el peso de su mirada volvió a recaer sobre el resto de sus invitados me di cuenta de mi inapropiada expresión, boquiabierta y con los ojos totalmente desorbitados. Me ruboricé en seguida apartando inmediatamente la mirada. El nerviosismo inicial fue substituido por puro odio.
Decidí volcar toda mi atención hacia la misión que tenía que realizar, dado que mi prioridad ya se sentara en su respectivo asiento. Una sonrisa burlona jugueteaba entre las comisuras de su boca cuando dirigió sus ojos hacia mi posición ¿Estaba vigilándome o eran imaginaciones mías?
El corazón volvió a reaccionarme con dolor. Le fulminé con la mirada esperando a que él apartase la suya como era costumbre, pero en vez de eso se dedicó a observarme con curiosidad.
Idiota… -Suspiré.
Aparté de nuevo mi rostro de forma pueril decidida a ignorarle el resto de la cena hasta que llegase el momento oportuno en el que tendría que engatusarlo y atraparle…
Solo pensarlo hizo que el estómago se me encogiese.
Son los nervios, son los nervios… Eso fue a lo que me dediqué a pensar durante el resto de la velada mientras intentaba por todos los medios olvidarme de su presencia.
- ¿Qué clase relación te une con Kaito Kid? –Preguntó la pesada de mi izquierda instantes después de que la cena finalizara. Aún no entendía como podía haberse estado callada toda la comida.
La miré con incredulidad.
- ¿Que… qué?
- Pues eso, no te ha dejado de mirar en toda la noche y…
Respiré hondo con la cara totalmente roja y descolocada. ¿Cómo se podía imaginar aquella… locura? Sabía que no me lo preguntara por lo que mi sucia mente se imaginaba, pero el rechazo a aquellas palabras había sido inmediato. Solo pensarlo me ponía el vello de punta.
- Primero –Comencé, enfatizando cada palabra e interrumpiendo el discurso con el que continuaba- YO no tengo ninguna relación con ese ladrón y en cualquier caso, si la tuviera, NO sería asunto tuyo.
La mueca que se dibujó en su rostro fue lo mejor que me podía haber ocurrido en aquel día de pesadilla. La incredulidad se iba haciendo más patente a medida que pasaban los segundos.
Me levanté con petulancia sin devolverle la mirada, pero no eran solamente sus ojos los que notaba sobre mí.
- Si me disculpas…
Varios de los presentes comenzaron a levantarse con lentitud hasta colocarse en el centro del gran salón. Una suave música inundó la estancia, los ladrones empezaron a mover sus cuerpos con gracia al compás de ella mostrando todas sus cualidades como maestros del engaño.
Para saber burlar a la policía no hace falta más que conocer unos cuantos trucos, Ese fuera el tema principal de la mayoría de las conversaciones en la cena. No hacía falta ni suponer que aquel clásico baile era una sonora burla hacia la policía de todo el planeta.
- ¿Usted no baila señorita?
Se me cortó la respiración cuando noté una suave voz en mi oído desequilibrando todos mis sentidos. Un jadeo se escapó de entre mis labios cuando me di la vuelta para identificar a la persona de la que había salido.
- Lo siento –Se disculpó, aunque no parecía para nada arrepentido- No debería de haberla asustado así.
Me sorprendió la proximidad en la que sus ojos azules me contemplaban, esta vez con interés.
Aún esperaba mi contestación, con esa sonrisa suya jugueteando en sus labios.
- Yo… -Reaccioné intentando acordarme de la pregunta que me formulara- No me gusta bailar, no lo guardo como un buen recuerdo –Y no era mentira, nunca me gustara bailar, sobre todo desde la última vez que alguien me invitara a un baile… Deseché ese pensamiento rápidamente de mi cabeza. Saguru había disfrutado lo suyo aquel día.
El ladrón levantó una ceja con incredulidad revisándome de arriba a abajo de una forma totalmente descarada.
- Pero por una mala experiencia no va a arruinar una costumbre que debería coger con años de práctica…
En menos de dos segundos me encontré en medio de la pista girando entre los brazos de aquel extraño que me seguía mirando con la sonrisa pintada en su rostro.
- …Además, todo conocimiento es bien recibido a la hora de cometer un robo, para engañar al cuerpo de policía es muy útil saber ciertos pasos.
Le volví a mirar con incredulidad intentando relajar el ritmo acelerado de mi respiración, no me podía permitir aquel tipo de reacciones ni que me volviera a pillar por sorpresa. Culpé de estas inseguridades al estupor que me había provocado ver su rostro por primera vez, ahora sólo necesitaba datos y ya sería mío.
No le contesté, así que nos limitamos a dar vueltas y a hacer sencillos pasos pasando alrededor de diferentes ladrones que nos echaban miradas curiosas.
La canción finalizó y nos detuvimos. Me separé inmediatamente de él pero su mano siguió sujeta a mi cintura con delicadeza, quedando un espacio mínimo entre su rostro y el mío. Me faltaba el aire, sus ojos recorrían cada parte de mi rostro y su respiración obnubilaba todos mis sentidos, olvidándome por un momento de todas las miradas inquisidoras que seguían clavadas en nosotros.
- Aún no sé su nombre –Susurró cerca de mi oído evitando oír a posibles curiosos.
- Me llamo Demi Kiname, la hija de…
- …de la difunta Demetria Yuruki, no sabía que tenía una hija.
Le sonreí con inocencia, aparentando más calma de la que en realidad sentía.
- Pues sí… A mi madre no le gustaba demasiado hablar de sus asuntos privados –Me arrepentí al instante de haberle dicho eso ¿Y si aquella señora era igual que la que me hablara durante la cena? Ni siquiera la conocía…
- No, la verdad es que no –Sonrió.
- ¿Y cómo debo llamar al señor de la mansión? –Le pregunté intentando que pareciera una broma, poco a poco conseguiría que aquel ladrón me contase todo lo que necesitaba- Porque tendrás un nombre… ¿No?
Se rió entre dientes enigmáticamente acercándose más a mi rostro y levantándolo levemente con la mano libre por mi mentón. Contuve un jadeo.
- Vamos a dejarlo en Kaito, cuando tú me desveles tu verdadero nombre yo me pensaré si debo decirte el mío –Me quedé helada, todo se congeló. Juego terminado. Y nada más comenzar. Maldita sea mi suerte, tan solo me observaba de aquella manera porque me había descubierto, y, como no, yo había caído ante su vil engaño. De todos modos, el plan había estado destinado al fracaso desde el principio.
- ¿Qué…?
- Sé que para un ladrón no es fácil confiar en otra persona y más cuando estamos tan aislados de la civilización sin siquiera saber si hay aquí algún… invitado no deseado. La policía no es tan tonta como la hacemos parecer.
Deslizó su mano otra vez hacia él apartándola de mi rostro, aún congelado, pero sin separarse más de la poca distancia a la que nos encontrábamos.
- No te estoy engañando –Insistí reaccionando de repente- Yo soy…
- Sé quien eres –Volví a quedarme de piedra- Eres la hija de Demetria Yuruki, la ladrona, solo que sé que Demi no es tu verdadero nombre; aquí todos utilizamos nombres falsos –Sonrió- aunque te parezca una tontería es bastante valioso contra la policía, sobre todo para alguien como yo.
Suspiré de puro alivio. Aún no me podía creer que estuviera a punto de confesar ante una confusión tan estúpida, y todo se lo debía a él, a él y a aquella mirada que lo caracterizaba, a su rostro, que provocaba en mí sensaciones más allá de las debidas. Por una vez pude comprender a mi padre, aquella sensación de frustración que se hacía patente al tenerlo delante y no poder hacer nada para capturarlo.
Fuera, ruidos de coches con un alto valor monetario comenzaban a sentirse al deslizarse por la húmeda calzada hasta detenerse delante de la gran mansión.
- Vamos –Tiró suavemente de mi mano- Te acompaño hasta la puerta.
Llegamos a la parte exterior de la casa y una vez más me quedé maravillada con los inmensos y verdes jardines que la bordeaban.
- ¿Te irás pronto? –Su voz sonaba reticente, y, por primera vez, vi como esa sonrisa característica en él desapareciera por completo de su rostro.
- No estoy segura… -Contesté intentando parecer sincera, sabía que la limusina que me había traído no regresaría, como mínimo, hasta que consiguiera algo de valiosa información- Esa limusina la alquilé hoy durante unas horas para que la policía no pudiese seguir mi rastro, ni siquiera sé si volverá a venir –Le sonreí- Pero tranquilo, no me tendrás que aguantar mucho tiempo más… Aquí tengo algún amigo que estará encantado de llevarme si se lo pido –Sonreí en mi fuero interno echándole una mirada descarada a mi compañera de mesa que me volvía a mirar con ira mientras entraba en su llamativo porche.
Aún sentía mi mano agarrada a la del ladrón.
- No tienes por qué irte.
Le miré de soslayo mientras él contemplaba el cielo estrellado como si encontrase interesante algo que había en él. Como un motivo oculto a sus palabras.
- Dentro de unos días tendré que irme de aquí antes de que la policía vuelva a molestarme con sus persecuciones. Te llevaré a donde quieras ir.
- No sé si debería…
- Lo siento, supongo que alguien te espera –Preguntó, con una mirada plagada de curiosidad.
- No exactamente… pero no me gustaría molestar.
Alcancé a ver como ponía teatralmente sus ojos en blanco. Aún no me podía creer lo fácil que me estaba siendo la misión… tan fácil que casi llegaba a ser aburrida. Tendría que esperar a los siguientes días para ver lo que pasaba.
En mi mente aparecieron imágenes de Kaito apresado por la policía en una pequeña celda mientras sus impresionantes ojos zafiro miraban con dolor hacia la nada. Deseché con rapidez ese pensamiento cuando noté unos retortijones ocupar mi estómago. Maldito estafador.
- Si te invito será porque no me molestas. Todo lo contrario, creo que necesito un poco de compañía… llevo demasiado tiempo ocupado solamente en mi trabajo. Tendré que reunirme con algún invitado en los próximos días, pero no me ausentaré demasiado.
Perfecto, ¿Sería tan desconsiderado como para dejarme sola en su casa? ¿O tan desconsiderado como para guardar alguna valiosa información en algún lugar de la mansión?
La gente se fue marchando lentamente mientras se despedían con elogios al anfitrión. Solté estratégicamente mi mano de la suya para que pudiera despedirse de sus invitados.
Los hombres me saludaban educadamente al pasar y las mujeres sonreían con timidez. No me di cuenta hasta más tarde de que actuaban así porque pensaban que su querido Kid tenía algún tipo de relación conmigo. Algunos de los invitados más allegados le observaban con picardía, pero ningún signo de duda asomaba en sus rostros, más bien, parecía como si les pareciera completamente normal que una desconocida pasara la noche en la mansión. Tendría que analizar este detalle más lentamente en cuanto encontrara un rato a solas.
Volví a enrojecer de ira mientras otra pareja pasaba haciéndome el mismo gesto que la mayoría de los presentes. Esto no iba a ser tan fácil como pensaba.
Tal y como pude comprobar momentos después, no era la única que dormiría allí aquella noche. Entre los invitados estaban dos hombres completamente idénticos, rubios, ojos tostados, y con un aire de superioridad en sus rostros; el tercer presente era un hombre que no llegaría a los cuarenta, con una expresión indescifrable en su rostro y la arrogancia asomando en cada parte de su anatomía, portaba una sabiduría en sus ojos verdes de quien conoce mucho de los misterios de este mundo. Y, por último, la que más me desquiciaba de todos, una mujer que no tendría más de 26 años, con un cuerpo de infarto, marcado notablemente por el vestido rojo fuego que llevaba, haciendo juego con su melena oscura y sus ojos de un color misterioso, parecido al plateado.
El ladrón nos observaba a cada uno con evidente calma, analizando con aire calculador la situación.
- Ji, ¿podrías conducir a nuestros invitados a sus respectivas habitaciones?
El mayordomo del ladrón indicó con un asentimiento de cabeza que le siguiéramos, marcando el camino a través de las interminables escaleras de madera. Todos le seguimos con obediencia, contemplando cada recodo de la casa por el que pasábamos.
Nos dirigimos hacia el ala oeste, donde cada uno de los presentes se acomodó en el dormitorio indicado. El mío resultó ser el más próximo a las escaleras, donde comenzaba el ala este de la mansión. Me imaginaba que por esa zona estaría la habitación de nuestro huésped, lo que venía perfecto dadas las intenciones que tenía.
Me entretuve lo suficiente como para ver como el ladrón se dirigía hacia su habitación. Notó mi presencia y se acercó a mi de nuevo, tal y como hiciera en la pista de baile.
- Buenas noches –Le sonreí de nuevo ignorando la calidez que sentí en mi pecho cuando él tomó mi mano besándola suavemente mientras una sonrisa burlona se extendía por todo su rostro.
Entré en el cuarto que ahora me pertenecía, intentando olvidarme de lo sucedido y sin esperar realmente encontrarme con tal escena. Contuve un jadeo de sorpresa al encender la luz, si aquel era el de los invitados no me quería ni imagina como sería el principal.
Toda la estancia estaba adornada con un gusto exquisito al igual que el resto de la casa; las paredes, de un blanco tostado, estaban adornadas de cuatro cuadros de incalculable valor. Me acerqué por curiosidad a ellos comprobando mis sospechas: falsificaciones.
Nadie era tan estúpido como para guardar aquellas valiosas piezas en un lugar donde sabías que dormirían tus invitados, y más, si estos eran los mejores ladrones de todo el mundo.
Sabía que aquellos asuntos pendientes de los que Kaito me hablara tenían relación con la mitad de los invitados de esta noche, no era lógico invitar a varios de los ladrones más inalcanzables del momento solo para tener una agradable velada.
Por un instante me distraje de mis pensamientos imaginando lo que me pondría los días siguientes. No trajera absolutamente nada, ni una triste muda de ropa…
Un pensamiento loco y fugaz atravesó mi mente a una velocidad inesperada.
¿Y sí…?
No podía ser.
Con unos cuantos pasos me adelanté hacia el armario escrupulosamente colocado enfrente del gran lecho con sábanas de terciopelo rojo; estaba hecho de una madera oscura, entre el ébano y el roble; tenía unos adornos dorados que serpenteaban a cada lado de las dos puertas dándole un toque clásico, como el resto de la habitación.
Abrí cuidadosamente sus puertas, no me quería ni imaginar lo caro que debería ser un armario como aquellos…
Mis pensamientos se congelaron en el mismo momento en el que su interior dejó de estar oculto para mí.
Decenas de finas prendas descansaban dobladas cuidadosamente en cada uno de sus estantes esperando ser utilizadas por alguno de los inesperados inquilinos de aquella noche; pero lo que más me extrañó fue que toda aquella ropa era exactamente de mi talla.
- ¿Cómo…? –Me formulé la pregunta en voz alta ensimismada ante tal espectáculo. No me había separado de él ni un instante en toda la noche, ¿Cómo podía haber comprado toda aquella ropa de mi misma talla siendo la primera vez que nos habíamos visto?
Sacudí la cabeza intentando olvidar el asunto. Imposible…
Un bostezo se escapó inesperadamente de entre mis labios; ya habría tiempo mañana para pensar y solucionar todas las dudas, ahora lo que realmente necesitaba era sentir a mi cuerpo entre las sábanas.
Aquel pensamiento casi parecía un sueño.
Encontré entre toda la ropa un vestido corto más parecido a un camisón que a otra cosa y bastante más cómodo que muchas de las prendas que allí estaban.
No me lo pensé dos veces y cambié mi aparatoso vestido y los vertiginosos tacones por aquel de suave seda y por mis pies descalzos.
Ahora solo quedaba relajarse, relajarse y descansar, sabía que los próximos días no serían demasiado agradables y necesitaba estar preparada…
Mientras que mi subconsciente comenzó a vagar entre pensamientos fugaces mi mente ya cerraba sus puertas volviendo a perderse en la tranquila oscuridad, donde alguien esperaba apaciblemente mientras una sonrisa malévola se esculpía en su rostro.
Fin del primer capítulo
Aquí el primer capítulo, espero que os gustara, sé que quedaron varios detalles sueltos pero poco a poco prometo que los iré desvelando ^^' Espero reviews con opiniones de todo tipo, que me ayudan a mejorar!
Sin más, un saludoo ;)
