Narradora (Juri Katou): personaje de la temporada Digimon Tamers. Es la amiga y compañera de clases del protagonista, Takato Matsuda. Una niña que, a pesar de haber sufrido la muerte de su madre y de su compañero digimon, mostro determinación y siguió adelante. Siempre se preocupa por los demás, en especial por Takato.

Temporada de Tamers: La palabra 'Tamer' hace referencia a dueño de un digimon salvaje. Ambos combinan sus fuerzas para crecer y alcanzar la digievolución. Tienen la habilidad de usar digi-card (cartas de digimon, hechas en base a un juego virtual) con el fin de darles nuevas herramientas de ataque a sus digimon. El final de esta temporada es uno de los más tristes. Después de derrotar al enemigo final, los digimon se ven forzados a despedirse de sus Tamers, sin la posibilidad de volver a verse. O al menos eso parecía. En la última escena de la serie se ve que una entrada al digimundo sigue abierta…

Solo me queda esperar (Juri)

Necesitaba decirle algo importante a Takato.

No tuve la oportunidad hasta el final de ese día. Ya habían terminado las horas de clase, y me encontraba esperando afuera del salón, con la esperanza de que todo mejorara para él.

La profesora Nami lo había castigado. Ella siempre nos daba diez minutos de tolerancia para entrar a su clase. Esa vez, tuvo clemencia y le dio a Takato diez minutos más. Se llega a tiempo o mejor no se llega, así funcionaba. Ni siquiera pudo decir una excusa clara cuando apareció, aunque no creo que hubiera servido. La profesora estaba furiosa.

- Espere veinte minutos afuera, ¡veinte! Ahora la clase de hoy estará perjudicada.

Pensaran que exagero al decir eso, pero no había sido la primera vez que Takato llegaba tarde. Era la sexta en ese mes. Y cuando estaba a tiempo no se concentraba. Ella se daba cuenta, y yo lo sabía. La razón era muy obvia: extrañaba a Guilmon.

Ahora mi amigo debía pagar penitencia en nuestro salón.

- Si fuiste el último en llegar serás el último en salir. - No se confundan, la profesora Nami era estricta pero lo apreciaba. Gracias a él había cambiado su forma de ver las cosas, entre ellas su trabajo. Fue la primera en saber de nuestra partida al Digimundo, para rescatar al pequeño Calumon. No lo tomo muy bien. Nos dijo que actuábamos de una forma irresponsable, sin decirle nada a nadie. El mismo Takato, un chico que ella consideraba tímido y holgazán, le aseguro que volveríamos con bien para retomar sus clases. Debió ser muy difícil para ella, y nuestras familias. Solo podían esperar, y yo conozco esa sensación.

Al terminar, lo que sería uno de los sermones más largos en ese salón, Takato salió con la cabeza baja, señal de que no le había ido muy bien en sus intentos de súplica. No quise preguntarle sobre eso.

Debía esperar en el recorrido a que se sintiera mejor y estuviéramos solos. ¡Ay, no! No piensen mal. Takato es para mí… un amigo, un buen amigo. Por lo general, íbamos acompañados del joven Lee, Hirokazu y Kenta. Pero el castigo se demoró más de la cuenta, y al terminar no los encontramos a la salida.

No me gustaba verlo así, tan desorientado. Sin esa inocencia y alegría que lo caracterizaban. Solo la presencia del lindo Guilmon lo reanimaría, aun así intente hacer algo.

- Guau, si Takato no llega a tiempo a clases la profesora lo reprobara. Guau, guau. – tuve que sacar mi pequeño títere y ponérselo justo en frente, mientras caminábamos por el parque. A pesar de todo el asunto, y esa horrible pesadilla, aun lo conservaba.

Con la muerte de mamá, no había reído en mucho tiempo. Fue una pequeña función ambulante, cerca de mi casa, lo que me devolvió la sonrisa, aunque sea por un momento. En ella, había un espectáculo para los más pequeños, donde vendían varios recuerdos. No contaba con mucho dinero en ese entonces, y debí tener una cara desastrosa, al borde de las lágrimas. Después de todo, era una pequeña de seis años. El vendedor se apiado de mí y me obsequio una pieza de su función, El Perro Maloso. Era el villano de su obra y, a pesar de todo, me había parecido muy gracioso.

Pese a todo mi esfuerzo, gastando bromas y modulando mi voz para aparentar ser el animal de tela, Takato solo respondió con una sonrisa fingida. Quizás lo estaba molestando en sus pensamientos y solo trataba de ser cortes conmigo. Deje las niñerías a un lado.

- No creo que haya sido tan malo.

- Eso lo dices porque no estuviste ahí, Kato. Debe detestarme.

- Lo digo porque la profesora nunca nos odiaría, mucho menos a ti. Ella te quiere. – Fue un erro decir eso. Mis palabras lo hicieron sentir peor por su falta. Ya me estaba incomodando. Era difícil, pero solo se me ocurría un consejo. - Deberías dejar de ir a ese lugar, al menos hasta el final de clases. ¿No crees?

Detuvo su caminar y me vio con cara seria pero triste, y es que no era nada alentador lo que sugería. Se le había hecho rutina visitar la madriguera, y antiguo escondite, de Guilmon. Ahí estaba lo único que le daba esperanzas: una puerta al Digimundo.

En teoría, todas las deformaciones y posibles accesos habían sido borradas por el sistema Shagai. Entonces, ¿cómo apareció? Aun hoy, contándoles todo esto, me hago esa pregunta. Quizás haya sido un milagro o el poder de nuestros sueños. Suena cursi, pero eso quiero creer.

Takato había sido el primero en descubrir la entrada y, por supuesto, no se quedó callado. Le conto al joven Lee y a Ruki-chan primero, después a mí en la escuela. Tanto él como Ruki, querían entrar y buscar a nuestros amigos. Yo también pensaba lo mismo. Los extrañaba, a todos. Pero Lee opto por analizar las cosas.

"No es seguro cruzar la puerta, al menos no en este momento". Un argumento muy válido, y es que él siempre reflexionaba antes de actuar. Debió estar ilusionado, igual que todos. Terriermon era su amigo y quería volver a verlo. Aun así, y no sé cómo, pudo convencernos de que no era prudente hacer algo todavía. Entrar era una cosa pero volver era lo difícil. El Digimundo consta de varios accesos y portales que te arrastraban y transportaban a zonas desconocidas. Debíamos relajarnos y mantenerlo en secreto. Como diría su pequeño amigo orejón, Momantai.

Ryo Akiyama, un chico que había vivido en el Digimundo por ocho meses, nos dijo que nunca había encontrado una ruta para regresar al mundo humano. Tuvo la suerte de volver con nosotros.

No se lo dijimos a la hermanita de Lee ni a los Tamers de Impmon, por temor a que no comprendieran nuestra decisión. Tampoco al señor Wong o al señor Yamaki. Existía la posibilidad de que cerraran la única entrada y, con ella, nuestras esperanzas. Todo por detener una posible anomalía en nuestro mundo, como lo fue el D-Reaper.

Solo nos quedaba esperar, y ver qué pasaba.

Otra anécdota importante es que ya no jugábamos con las digi-card. En ese entonces, nos pareció muy hiriente e inútil seguir practicando con ellas. Ver mi carta de Leomon aún me pone melancólica. Los demás debieron sentirse igual.

Habíamos llegado al parque y Takato se despidió de mí. Como lo supuse, se dirigía a esa madriguera. Todos los días se quedaba hasta muy tarde, acompañado de su Digivice inactivo y unas cuantas bolsas de pan en forma de Guilmon, en la espera de su inocente amigo. Sabía por su madre que llegaba muy tarde, con raspones y su ropa llena de tierra. No era sano desvelarse en lugares tan fríos y oscuros como ese, para después llegar tarde a clases y recibir un reclamo de la profesora. No quería que las cosas siguieran así. No quería que él siguiera así.

Antes de que se alejara tuve que decir lo que tenía que decirle en ese momento.

- En una semana será el cumpleaños de Ruki. – Muy directa. No había encontrado un buen momento para mencionarlo. Entre el Takato deprimido y mis intentos por animarlo, el camino a casa se hizo incómodo.

- ¿En serio? No me dijo nada.

- Es Ruki, no le gusta hablar de su vida. – Y era verdad. Ni siquiera me lo dijo a mí. Tuve que enterarme por su madre. Se lo que piensan, las madres de mis amigos me cuentan todo. ¿Qué puedo decir? Era la amiga en común. Siempre acudían a mí para tratar de animarlos, y créanme, eso intentaba. – Estamos invitados, será en su casa.

- No es común en ella. Por lo general es muy reservada. – Ahí es donde explicaba mi ingenioso plan: mi amiguita tampoco estaba muy contenta con toda esa situación. Extrañaba a Renamon, aunque no quisiera demostrarlo. Le dolía, y mucho.

Esa era mi forma de animarla, hacerle una fiesta sorpresa. Su abuela y su madre estaban encantadas y me pidieron ayudarlas en la cocina. También me tocaba repartir las invitaciones. Y para distraerlo un poco, se me ocurrió pedirle a Takato una mano. Era un plan brillante, pero él no pensó lo mismo.

– ¿Una sorpresa? Ósea que no está enterada de nada. No, no, no. - No entendí su reacción. Estaba alterado.

- ¿Qué tiene de malo?

- A Ruki no le agrada que le oculten cosas. Y si no menciono su cumpleaños entonces no quiere saber nada del tema. Al menos eso creo…

- Con mayor razón debemos festejar, para que no se sienta sola. Ya verás lo alegre que se pone al vernos todos juntos. – No lo convencí de lo contrario. ¿Acaso le tenía miedo? No entendía la razón. Ruki es adorable, a su modo. Si es eso, entonces no le iba a gustar lo que tenía planeado para él. – Y tú debes distraerla. Así nos darás tiempo a la señora Makino y a mí para preparar todo. No puedes negarte.

- ¡¿Debo mentir?!

- No es mentir, es… distraerla, como dije antes. Su madre la invitara al Hanabi pero no creo que sea suficiente. Debes llamarla a su celular y pedirle que vayan a… no se, a jugar por ahí o algo. La cosa es que nos des tiempo.

- ¿No podría hacerlo Lee o Ryo, o alguien que sepa mentir? – Buen punto. Takato era demasiado amable para eso. Se ponía nervioso y tartamudeaba con facilidad, en especial con Ruki. Pero ya había analizado mi plan.

El joven Ryo estaba de viaje con su padre y no sabíamos cuándo volvería. Lee tenía que cuidar a la pequeña Shiuchon, pero prometió que asistiría aunque tuviera que llevar a su hermanita acuestas. Tampoco se lo pedí a Hirokazu o a Kenta, por el simple hecho de evitar esas discusiones infantiles con mi amiga (otra razón más por la que no podía pedírselo a Ryo). Solo quedaba Takato, aunque fuera un riesgo.

- No, serás tú. Debes hacerlo. – Estaba por replicar. Sin duda tenía miedo a lo que Ruki podría llegar a hacerle si se enteraba de la supuesta conspiración en su contra.

Tuve que usar un movimiento que no realizaba hace tiempo: juntar mis manos y pedir el favor, con voz suplicante y dolida. La misma táctica que use para que me presentara a Guilmon. Sabía que no podía resistirse ante mí. No piensen que soy malvada o manipuladora. Solo usaba ese truco con Takato. Además, Ruki también tenía una técnica diferente con él: lo miraría a los ojos y fruncía el ceño para que hiciera lo que quisiera. Simple, pero con eso bastaba.

- Es… está bien, Kato. Lo hare, por tratarse de una amiga. – Dijo esto mirando cualquier cosa que lo distrajera de su estado nervioso, causado por mí. - Aunque es seguro que me mate. - A veces Takato podía ser tan tierno pero tan miedoso, en especial con el sexo opuesto. Corrección, en especial con mi amiga, la Reina Digimon. Ella también pensaba lo mismo de él, lo de tierno, pero jamás lo diría. Sería ir en contra de su orgullo. Por eso yo sabía que el miedo de Takato está mal fundado. Hay ocasiones en que se le escapa un 'Ruki-chan', pero ella no lo golpea como prometió que lo haría. Aun no se tenían total confianza. Ilógico, tomando en cuenta todo lo que pasaron esos dos.

- Muy bien, entonces ve a tu casa rápido. Te llamare para arreglar las cosas. - No pude entregarle su invitación en ese entonces. La había olvidado en casa. A veces puedo ser muy despistada. – Y ni se te ocurra llegar tarde. No me gustaría que atiendan tus padres y moleste en su negocio. – Con el mensaje entregado, me aleje con una sonrisa imposible de ocultar. Pude ver a lo lejos que tomaba otro rumbo, hacia su casa.

Mi plan había funcionado, al menos con eso lo distraería un poco. Yo aún debía cruzar mitad de parque. Se estaba haciendo tarde y mi padre me regañaría por las horas a cuestas.

En el trayecto encontré unas extrañas gafas de sol en medio del camino. Eran lindas, con lentes redondos y muy grandes, de tono rojizo.

Siempre me dio envidia las gafas que tenían Ruki y el joven Lee, de color azul y verde. Incluso Takato tenía sus googles. Algo infantiles pero le quedaban bien. Pensé que esta sería mi oportunidad. Busque en todas las direcciones para ver si le pertenecían a alguien pero yo era la única cerca, o al menos eso pensaba. Dude en tomarlas pero al final lo hice. Me sentí tentada en probarlas, y lo hubiera hecho de no ser por un ruido de ramas rompiéndose muy cerca de mí. Me asuste.

Justo en frente, había caído un hombre mayor. Estuvo arriba de un árbol todo ese tiempo y no me había dado cuenta. Sin importarme sus razones fui a auxiliarlo. Tenía miedo de que se hubiera lastimado de gravedad.

- ¿Está bien, señor? – Quise darle una mano para que se levantara pero se mostró recio al contacto. - Esa fue una fea caída.

-Ay… gracias jovencita. No te preocupes, estoy bien. – Eso decía a pesar de haber caído casi tres metros de altura. Me di cuenta que, por alguna razón, huía su mirada de mí. Estaba ocultando sus ojos ¿Por qué? Entonces lo recordé. – ¿Podrías devolverme mis gafas?, por favor.

En un acto torpe pero instantáneo lo hice. Esperaba no haber sido muy entrometida. Quizás quería ocultar algo muy personal, como una enfermedad en los ojos, y usaba esas gafas con enormes lentes para eso.

-Lo siento. –Tome su bastón, que había caído cerca, y se lo devolví. Nuevamente iba a ayudarlo a levantarse pero, para mi sorpresa, no se había lastimado. Se incorporó como si nada. - ¿Qué hacía en la copa de ese árbol? – Soy curiosa. No todos los días ves a un señor jugando en un árbol. Era cosa de niños.

- Solo buscaba.

- ¿Se le perdió algo, o esta extraviado?

- No exactamente. –Respuestas muy cortantes. No quería darme detalles.

- Entonces… déjeme ayudarlo. Lo buscaremos juntos y será más rápido. – Mi padre seguro se iba a molestar por llegar tarde, pero no podía dejar solo al abuelito.

- Gracias linda, pero creo que ya sé dónde puede estar. Será mejor que regreses a tu casa. Se hace tarde. – Dijo eso y se alejó de mí, en la misma dirección donde me había despedido de Takato.

No le di más importancia al tema. Debía volver rápido. Esa noche me tocaba ayudar en la taberna. También debía llamar a Takato, y a la mamá de Ruki para confirmarle su participación. Muchas cosas que hacer, pero estaba feliz de que podría ayudar a mis amigos, aunque sea un poco.

- Te confiaste, esa niña casi se da cuenta. Todo por no ponerte bien tus gafas.

- Si, lo sé, y lo siento. No esperaba encontrarme con nadie a estas horas, y menos con uno de ellos.

Este mundo es distinto a los anteriores. No puedo mostrarme como si nada y tú no puedes dejar que te descubran, aun no. – Aguantando los sermones de la misteriosa voz, proveniente de su saco, el ancianoestuvo recorriendo los rincones del parque de Shinjiuku, esperando encontrar 'el objeto perdido'. Después de varios tropiezos, y una huida de los policías, que lo vieron como un vagabundo buscando lugar para pasar la noche, dio con su objetivo.- ¿Es aquí?

- Así es, lo único que mantiene unido ambos mundos. – dijo, mientras sacaba de su saco un objeto metálico para expulsar una criatura, en forma de reloj.

- Ahora me toca a mí. No te preocupes, me asegurare de encontrarlos a todos. ¿Son nueve, verdad?

- Así es. – Dijo esto y se despidió de su pequeño amigo, que desaparecía en un rayo de luz, proveniente de un gran agujero, escarbado en el suelo lodoso hace tiempo. – Buena suerte, Clockmon.

Ese día me sentía muy satisfecha conmigo misma. No podía esperar a que sea fin de semana. Corrí por el parque en dirección a la escuela. Tenía las invitaciones en mi mochila, dispuesta a entregárselas a todos mis amigos, a excepción de Ruki, claro. Recuerden, era una sorpresa.

Y como si la hubiera invocado con el pensamiento, vi correr a mi amiga por un camino opuesto al que yo tomaba. No me vio, andaba con prisa. Me pareció extraño que no estuviera con su uniforme escolar o en dirección a su escuela privada, solo para niñas. Se veía agitada y con la cara de espanto, pero lo que más llamó mi atención fue que tenía su Digivice en su mano y la baraja de digi-cards en su cinturón. Algo había pasado.

Por supuesto, la seguí, incluso le grite para que se dirigiera a mí pero no me escucho. Ya me llevaba mucha ventaja. Tenía una buena condición física, sin mencionar que traía sus jeans para mayor comodidad. No le gustaba usar faldas o cosas muy femeninas, por lo que odiaba su uniforme escolar y la ropa que le regalaba su madre. Un desperdicio, teniendo en cuenta que su mamá es modelo y siempre elegía ropa de marca europea. Carísima.

Aunque la hubiera perdido de vista no me tomo mucho tiempo saber a dónde iba. Con su Digivices, solo había una opción: la puerta al Digimundo.

Al llegar y subir los peldaños del refugio, oculto entre los árboles y la vegetación descuidada, vi a Takato, Ruki y al joven Lee. Estaban hablando con alguien, que estaba en el interior del refugio. Me acerque dudosa.

Iba a ocultarme y espiarlos, para ver que se traían (un mal hábito que me contagiaron Hirokasu y Kenta). Ese era el plan pero reconocí la voz de su interlocutor. No pude ocultar mi asombro al encontrarme de nuevo con él.

- ¡Usted! – Dije levantándome de los arbustos y señalando al señor de las gafas rojas. Debí parecer una boba. Había llamado la atención de todos al salir de mi momentáneo escondite, compuesto por ramas y hojas secas.

- Hola pequeña. Me alegra verte otra vez. – A diferencia de mis amigos, él no se mostró sorprendido por mi intromisión. – Lamento haber sido grosero contigo la vez anterior. – Recuperándome de la vergüenza, acepte sus disculpas y mire a Takato, exigiendo una explicación.

Me dijo que recibió una llamada a su casa. Le había pedido que lleve su Digivices y su arsenal de cartas a "su lugar favorito de todos los dias", que algo grande iba a pasar. Debió ser una sorpresa para él, y es que nadie más fuera del grupo sabía sobre la supuesta entrada. A Ruki y al joven Lee también les llego la misma llamada.

Encontraron al pobre hombre dormitando cerca del agujero. Al parecer, había pasado toda la noche vigilando la entrada. Era eso su objeto perdido y que no quiso contarme el día anterior.

Al despertarlo, Ruki decidió hacer a un lado los saludos y paso a lo importante. Interrogo al señor de lo que les había hablado por teléfono. Es ahí donde hacía mi ridícula aparición. Llegue a tiempo para escuchar lo que tenía que decir.

- ¿Trajeron lo que les pedí? – dijo, ignorando las amenazas de Ruki de por qué tanto misterio. Mi amiguita estaba perdiendo la paciencia. Entendía su reacción. Era muy incómodo ir a ese lugar, ver la puerta y saber que no podíamos hacer nada al respecto. Solo Takato iba diariamente.

Todos, menos yo, extendieron sus Digivice y mostraron su arsenal de cartas. Dudosos, pero ya no vieron la necesidad de ocultar las cosas.

El hombre sonrió con satisfacción, en espacial cuando Takato le dio una bolsa llena de pan, que había ordenado en su charla telefónica. Se estaba muriendo de hambre y no dudo en comer el contenido antes de darnos explicaciones.

- Son 150 yens, señor. –Aunque todo haya sido un misterio para nosotros, Takato no olvidaba que debía atender el negocio familiar.

- No tengo dinero, pero te pagare con algo mejor. Solo espera… – Vio su reloj de bolsillo al decirle eso. - …unos minutos más. - No habíamos entendido lo que quiso decir. Se sentó en el suelo y quiso que le hagamos compañía mientras esperábamos, y aun no sabíamos qué.

En ese lapso, trate de tranquilizar a Ruki. Estaba por decir alguna maldición o lanzarse sobre el anciano para exigir respuestas. Takato y el joven Lee estaban hablando en susurros no muy lejos de nosotras, quizás preguntándose por lo extraño de la situación.

Una vez terminado lo que sería su almuerzo de pan, el señor nuevamente fijo la vista en su reloj. Se levantó, apoyándose de su bastón, y se dirigió adentro del refugio. Nos dijo que esperáramos afuera. Estaba segura de que no podría contener la ira de la Reina Digimon por mucho tiempo.

Era oscuro ahí adentro, por lo que no vimos que pasaba pero nuestra atención estaba en ese lugar. Un silencio incomodo se hizo presente.

De repente, vimos una intensa luz salir del refugio. Me dejo segada por unos minutos y puse mis brazos al frente para cubrirme del destello. Fue muy molesto, y un tanto doloroso. Terminado ese acto, trate de frotarme los ojos para recuperar la visión que me había sido arrebatada. Fue un error ver directamente ese lugar, y es que no nos esperábamos un flash segador. Tampoco esperábamos lo siguiente.

En un segundo, sentí algo extraño apoyándose en mi pecho. Me asuste pero instintivamente lo sujete. No lo veía pero lo sentía con mis manos. Era redondo y pequeño, con extremidades muy cortas, y se movían. Estaba a punto de arrojarlo del susto, hasta que escuche una inconfundible voz para mí y mis amigos. Tan adorable como siempre.

- Caluluuu. Juri, Calumon te extraño mucho, calu. – Eso había sido impactante para mis oídos. Cuando recupere el sentido, vi una carita redonda muy conocida. Me miraba con su par de ojos saltones, y mostraba una linda sonrisa, tan pura y alegre como la recordaba. Mi reacción fue muy torpe.

- Ca… ¿Calumon? – No salía de mi fascinación, y al poco tiempo mis amigos se acercaron viendo al pequeño digimon entre mis brazos, todos incrédulos. Podía sentir su respiración y su suave piel, tan blanca como la recordaba. Sus pequeños brazos se aferraban a mi vestido y sus pequeñas patitas pataleaban de felicidad. Esto definitivamente no era un sueño. - ¡Si, eres tú! – No tenía más que decir. Lo abrece con fuerza y él hizo lo mismo, hundiendo su pequeña cabeza en mi hombro para calmar sus sollozos. Las lágrimas eran inevitables, y los demás se alegraron sin comprender que había pasado.

- ¿Pero cómo…? – Fue lo único que atino a decir el joven Lee, antes de que una criatura en forma de conejo subiera por su cabeza. Calumon no era el único que regreso. - ¡Terriermon!

- Momantai, cuanto tiempo Len. – No vi exactamente sus reacciones. Aún estaba con los ojos húmedos. Pero pude escuchar las risas que Lee y Terriermon compartieron. Lopmon también estaba ahí. Había subido a su hombro, saludando educadamente al hermano mayor de su Tamer. Hubiera sido bueno que la pequeña Shiuchon estuviera presente. Le habría gustado ver a su pequeña doncella orejona.

Recuperando la cordura, mis amigos entendieron de qué se trataba todo esto. Nuestro sueño se había cumplido.

- ¡¿Y Renamon?! ¿También está aquí, verdad? – Después de quedarse al margen por la inmensa sorpresa, Ruki interrogo al par de conejos digimon que estaban en los hombros de Lee. No veía a su compañera cerca y la ansiedad la domino.

- Estoy aquí, Ruki. – Renamon apareció detrás de ella, como solía hacerlo cada vez que su Tamer la llamaba. – Te has olvidado de algunas cosas.

Describir la reacción de Ruki al ver a su camarada es demasiado triste para mí. Solo me limitare a decir que había olvidado esa barrera, tan fría y llena de orgullo que se empañaba en construir, para romper en llanto y abrazar a Renamon. Ella, por su parte, se veía incomoda por esa muestra de afecto. Pocas habían sido las veces que Ruki demostraba su sentir pero era inevitable. Solo alguien sin corazón no reaccionaria así. La mística zorra opto por poner una de sus patas en la cabeza de su Tamer. Reconfortarla era su tarea.

Guardromon, Marinangemon y Monodramon también aparecieron. Se habían atascado en la entrada del refugio y, con un poco de fuerza, lograron salir, cayendo al suelo. No fue una entrada muy impresionante pero era bueno que estuvieran con nosotros. Ese lugar no fue diseñado para contener a más de un digimon. Lo que me recordó a Takato.

Fije mi vista en él. Estaba inmóvil, sin poderse creer lo que sucedía. No lo culpo. Si no tuviera a Calumon entre mis brazos tampoco lo creería. La idea de reencontrarse con su pequeño dinosaurio era algo que había estado esperando.

- ¿Qué sucede? Él también debe estar ahí adentro. ¿No quieres ir y comprobarlo con tus propios ojos? – Una sonrisa de lado apareció por su rostro cuando le pregunte eso.

- Guilmon… - Tenia la mirada perdida en el suelo. Esto era demasiado para todos. - Era una promesa después de todo. Estaba seguro de que este momento llegaría. Estoy muy feliz, pero… - Se veía inquieto y asustado. Cerró fuerte sus puños y sus ojos, tratando de contener esas inevitables lágrimas. Quería confesarme lo que sentía. –…ahora, tengo miedo de entrar y ver que él no está ahí, como todos los días que he venido. Que todo esto sea un sueño.

Era comprensible. Las decepciones que debió pasar Takato todas las tardes. Al llegar y ver que nada había cambiado. Que Guilmon no aparecía, por mucho que lo llamara desde el otro lado. Pero aun así, seguía viniendo. Incluso cuando Lee, Ruki y yo le hayamos dicho que debería dejar de mortificarse. Esperar ahí solo le traería sufrimiento a su corazón.

- Juri… - Me llamo por mi nombre. Sin darme cuenta y saber la razón, Takato me estaba viendo con preocupación. No supe en que momento comencé a llorar silenciosamente, y él lo noto antes que yo. Siempre sentí mucha empatía por él. Eso se transformó en cariño, pero en ese entonces comenzaba a pensar que sentía algo más profundo.

No quería verlo así nunca más. Las cosas serían diferentes a partir de ahora.

Limpiándome esas traicioneras lágrimas, tome su mano y lo guie hacia el refugio. Guilmon se estaba tardando en salir por lo que debía ayudar a Takato a dar el primer paso.

- No debes preocuparte. Yo estoy aquí, para decirte que no es un sueño. - Vio la entrada, con una mirada más segura. Creo que logre transmitirle fuerzas en ese entonces. Me dio las gracias, y sin decir nada más entro por su cuenta.

Llamo un par de veces a su digimon, con la esperanza de que le respondiera. Nada pasaba. Tenía miedo de que Guilmon no haya podido regresar con los demás, y que Takato se llevará una muy mala decepción. Era una posibilidad.

Estuve a punto de preguntarle a Calumon si era así pero un sonido nos distrajo. Provenía del agujero. Parecia que alguien escarbaba la tierra. Takato se acercó con cautela, asomando su cabeza. Para nuestra sorpresa, otra ser apareció justo en frente de él, causando que mi amigo cayera de espaldas por la sorpresa.

Era Guilmon, pero su cabeza estaba en el interior de una bolsa de pan que Takato había dejado hace tiempo, en una de sus úsales visitas. Pobre, debió tener hambre. Una vez que dejo de hurgar dentro de esa bolsa de plástico, asomo sus ojos amarillos y nos reconoció al instante. Tuve que tapar mi boca con mi mano libre para evitar un nuevo llanto.

- ¡Takato! – Sin más que decir, se arrojó encima de su Tamer con la clara intención de abrazarlo. Entre tantos cariños y unas cuantas cosquillas de parte del digimon tipo virus, Takato recupero la compostura. – Guilmon olio el pan. Por eso sabía que Takato estaría aquí. Esperaste por Guilmon, ¿verdad?

- Espere amigo, y no tienes idea de cuánto… - él también lo abrazo, y se quedaron así por un momento. Me alegre por ellos. No era necesario que estuviera ahí, necesitaban estar solos.

Salí para celebrar con los demás. Al hacerlo, vi a algunos de los Digimon decepcionados. Supongo que esperaban ver a sus Tamers para darles la bienvenida. Si hubiera sabido que aparecerían ese día, habría llamado a Hirokazu y a Kenta. Es una lástima que el joven Ryo se haya ido de viaje por tiempo indefinido.

Si todos hubieran estado presentes, habría sido un momento perfecto.

A pesar de todo, la escena me pareció muy tierna pero aún faltaba alguien. Calumon también se había dado cuenta de eso y se separó de mí para ir atrás del refugio.

- ¿Qué sucede? ¿Por qué te escondes, calu?

- No me estoy escondiendo, tonto. ¡Y deja de molestar! – Una pequeña mano salió de las sombras para golpear en la cabeza a Calumon por su intromisión. Reconocí la voz, como olvidarme de él. Esperaba verlo otra vez.

- Impmon. – No necesitaba preguntar si era él, lo sabía. Me puse de cuclillas, esperando a que saliera de su escondite y saludarlo como debía ser. Él, por su parte, estuvo un poco indeciso, en especial por escuchar mi voz. Al salir, se rasco la mejilla con una mano, avergonzado por ser descubierto. – Me alegra verte otra vez.

- Si… - No era capaz de verme a los ojos. Saber por qué no me costó mucho. Aun se sentía culpable.

Leomon fue mi camarada y alguien muy importante para mí. Verlo morir a manos de él fue demasiado. Tuve ganas de morir ese día sin importarme lo demás. Él no regresaría e Impmon lo sabía.

"…porque ese es el destino". Había confundido las últimas palabras de Leomon, y por culpa de mi debilidad el D-Reaper tomo posesión de mi cuerpo, usándolo como medio de información. Pero, a pesar de todo, ya no guardaba rencor. Impmon no solo me pidió perdón. Había demostrado que estaba arrepentido, al tratar de salvarme a costa de su vida. Y Calumon me ayudo a comprender el verdadero significado de esas palabras. Se lo debía todo a esos dos.

Pude notar que Impmon miraba los alrededores. Buscaba algo, o a ciertas personitas que faltaban.

– Ai y Mako no están con nosotros. – Respondí a la pregunta silenciosa del pequeño diablillo de fuego. Me vio por primera vez a los ojos y pude notar cierta decepción en su mirada.

- Lo siento. No intente contactarme con ellos. – Fueron las palabras de ese señor, que había estado al margen todo ese tiempo. Por un momento me olvide que estaba con nosotros. – No creí que niños tan pequeños estuvieran listo para una misión como esta.

- ¿Quién es usted? – Sin duda debí preguntarle eso hace tiempo. Era obvio que se trataba más que un simple abuelo. Takato y Guilmon habían salido del refugio y se acercaron a nosotros con la clara intención de dar las gracias al señor y preguntar lo mismo. Los demás lo imitaron. Estábamos agradecidos, pero sabíamos que algo más había en todo esto.

Seré breve, porque lo que dijo era mucho pero a la vez muy increíble como para citarlo. Gracias a la ayuda de su Digimon, un pequeñín de nombre Clockmon, pudo hacer que nuestros amigos encontraran la entrada. Tenían un gran conocimiento de las rutas secretas del Digimundo. Se tomó la molestia de buscar y encontrar a cada uno de nuestros amigos.

El mejor regalo que nos podrían haber dado, pero había un precio, y no solo era una bolsa de pan. A cambio de su ayuda, nosotros, o mejor dicho, Takato, Lee y Ruki debían acompañarlo a otro mundo. Necesitaba de personas fuertes, con sus digimons, para enfrentar una amenaza de proporciones mayores.

Por desgracias, yo no tenía un compañero para ayudarlos, y aunque los demás Tamers estuvieran aquí, no estaban preparados para el nivel de pela del enemigo. Eso fue lo que nos dijo. El señor tampoco disponía de mucho tiempo, y la cantidad de personas que debía llevar debía ser calculada. Al parecer se trataba de un enemigo muy fuerte y peligroso. Dijo que ya había visitado otros mundos gracias a sus habilidades, y que éramos el último grupo que llevaría.

Debían ir y reunirse con sus aliados, mientras él tenía que regresar a uno de esos mundos, para recoger a cierta persona.

Lee y Ruki se mostraron dudosos por aceptar ir con él. En cambio, Takato dijo que era lo menos que podían hacer, por ayudarlos a cumplir nuestros sueños. Tan inocente y puro, a veces ingenuo, pero esa vez tenía razón. Gracias a ese señor pudo ver a Guilmon nuevamente, y nadie ponía en discusión eso.

Dispuestos a ir, dijo que aún faltaba alguien de nuestro grupo. No sabíamos de quien hablaba pero nos aseguró que si no llegaba a tiempo tendrían que irse sin él, aunque eso signifique una desventaja. Por suerte para nosotros, no nos tomó mucho tiempo la espera. Un viejo amigo había aparecido, corriendo escaleras arriba. Justo a tiempo para demostrar porque lo llamaban Tamer Legendario. Todos nos alegramos de verlo, y Ruki chasqueo su lengua enojada.

- ¡Ryo! – Monodramon grito de alegría y corrió hacia su Tamer, que había hecho su entrada sorpresa a los pocos segundos. El señor había logro contactarse con él por medio de sus trucos.

No sabía que amenazas les esperaban pero con Ryo Akiyama de su lado estuve más tranquila. Todos debieron pensar lo mismo, incluso Ruki, aunque no quisiera demostrarlo.

- Veo que llegue a tiempo. No pensaban hacer esto sin mí, ¿o sí? – dijo después de saludar a su compañero digimon. Se acercó a nosotros, tan amistoso como siempre.

- Claro que sí. Un poco más y nos habría ido mejor. – Tan obstinada, Ruki no dudo en atacar verbalmente al joven Akiyama. Es increíble que aun estuviera enojada por perder contra él, en ese torneo de cartas. Lo que más le debió doler fue que no se acordara de ella cuando se reencontraron en el Digimundo. Como si hubiera sido una principiante. Un golpe bajo a su orgullo.

Nos dimos el lujo de reírnos por la situación. ¿Alguna vez sintieron que justo antes de la hora de la verdad debían distraerse con cualquier cosa, para hacer el ambiente ligero? Yo sentí eso, y estoy segura que ellos también. Lo que les esperaba era algo grande.

Terminado los saludos, caminamos entre los árboles para evitar que alguien nos viera. Debíamos ir a un punto despejado y evitar testigos. Una vez ahí, el señor saco un objeto parecido a un Digivices y apunto a la nada. Al hacerlo, una especie de portal se abrió. Sí que tenía varios trucos bajo la manga, literalmente.

- Bien. Entren, ahí estarán sus nuevos compañeros de equipo. Traten de llevarse bien con ellos mientras no estoy. – Así que había más gente al otro lado. Pensé que se trataban de otros Tamers pero cuando volvieron, Takato me aclaro que no eran iguales a nosotros. Eran humanos, sí, y tenían digimons pero no se hacían llamar Tamers.

- ¡Esperen! – Grito Impmon. Se había acercado, con paso decidido, hacia los demás. – Yo también iré con ustedes. - Nos sorprendió su decisión. Por muy fuerte que haya sido no me pareció lo correcto, y no tarde en expresar mi desacuerdo.

- No debes. Recuerda que Ai y Mako no saben de tu llegada. Es mejor que estés a su lado. – No quería pensarlo, pero la idea de que no tuvieran éxito y no regresaran me estaba aterrando. - Si quieres, te llevo con ellos. Pero por favor, no vayas.

Con Takato y los muchachos era inevitable. Tenían a sus camaradas para cuidarlos. Pero Impmon siempre pudo pelear y llegar al nivel Mega solo. Me ponía a pensar en los pequeños hermanos. Perder a un ser querido es demasiado. Ya pase por eso dos veces, y no estaba dispuesta a que ellos sintieran lo mismo.

Impmon pareció dudar un poco por mis palabras. Aun así, su determinación fue mayor. Me dijo que al tratar de salvarme del D-Reaper no había podido hacer nada en realidad. Que solo había sido una carga para todos, y había lastimado a muchos por sus decisiones. Si tenía una oportunidad para redimirse, ese era. Debía ayudarlos, aunque eso signifique sacrificar su vida.

Entendía sus razones. Viéndolo bien, cualquier cosa era mejor que quedarse a esperar lo mejor, como yo.

- Si es así entonces… no me queda más que decir. Pero estas equivocado, Impmon. Te has redimido hace tiempo, aunque no lo veas así. Hay muchos que sufrirán si tu no estas. – Claro que estaba hablando de Ai y Mako, pero quería que supiera que ya no lo odiaba, que me preocupaba por él y que volviera con bien.

Las palabras se quedaron atoradas en mi garganta. No me hubiera sorprendido si empezaba a llorar. Las despedidas nunca me gustaron.

- Momantai, ya verás que todo se solucionara. – Terriermon trataba de animarme. – Cuidaremos de que Impmon no se lastime, como siempre.

No pude contener una pequeña risa por ese comentario, e Impmon inicio una discusión con el pequeño orejón. Por lo general no se llevaba bien, pero esa vez todos tuvieron un fuerte lazo.

El joven Lee, por otro lado, le encomendó a Lopmon cuidar a su hermana si algo llagaba a pasarles. No tuvo más opción que aceptar y ver como él, Terriermon e Impmon se adentraban al túnel.

Después fue Ryo quien decidió entrar. Naturalmente, no le había dicho nada a su padre. Ni siquiera debió saber que estaba en Shinjuku. Era el más seguro del grupo y no dudo de que tuvieran éxito. Nos hizo una señal de victoria y entro sin más, junto a Monodramon. Ojala yo tuviera esa confianza.

- Presumido. – Ruki se había parado a mi lado, insultando al joven Akiyama. Me llamo por sorpresa antes de entrar por el túnel. – Lamento pedirte esto, pero si algo me pasa dile a mi mamá que no podré ir con ella al Hanabi. No quería ir pero ahora la idea me parece tentadora. Sé que es tonto pero…

-No tiene nada de tonto, Ruki. – Recordé el plan y que yo le había propuesto a su madre llevarla a ver los pétalos de sakura caer. Con los digimon de vuelta ya no necesitaba de eso para alegrarla. Aun quería organizar su cumpleaños, pero con todo ese asunto de otro mundo parecía imposible. – Prometo que se lo diré, aunque eso sería lo menos importante para ella. Si quieres estar a su lado, da lo mejor. – Sonrió con mi respuesta. Era muy linda si se lo proponía. Me dio las gracias y Renamon se despidió de mí. Solo faltaban Takato y Guilmon.

- Cuídate mucho lindo Guilmon. Sé que es difícil para ti pero no te esfuerces demasiado. – Dije, mientras acariciaba su cabeza. Me gustaba como movía su cola al hacer eso, como un perro de verdad. No como mi títere. – Tu también Takato, debes volver. Recuerda que tienes que ayudarme para el cumpleaños de Ruki. - Trate de darle un poco de humor al ambiente. Dudaba de mi resistencia en esos momentos.

- Lo prometo. – Se veía triste. También me aseguraría de ir con sus padres por si pasaba lo peor, aunque no quería pensar en esa posibilidad.

Antes de que entrara al portal como los demás, sentí el impulso de abrazarlo. Y eso hice. Él se mostró sorprendido y nervioso.

No quería que se fuera pero no había otra opción. Debían ayudar a ese señor, que fue tan amable de traer a nuestros amigos. Una vez separados, no pude mirarlo a los ojos. Él tampoco lo hizo. Se despidió de mi con un hasta luego. Típico, nunca le gusto decir adiós.

Parece que nuestro destino siempre se resumía en una despedida forzosa. ¿Por qué no podíamos estar todos juntos? Era algo que siempre me había preguntado.

El portal se cerró a los pocos segundos que Takato y Guilmon lo traspasaran. El señor se quedó junto a mí y los demás digimon.

Con mi mirada aun puesta donde había estado el portal, le pregunte cuanto tardarían en volver. Un poco tonto, pero necesitaba saberlo.

– Pronto. Ni siquiera sentirás que se fueron. - No sabía si alegrarme o no por eso. Ese hombre tenía la costumbre de hablar en doble sentido.

Él también debía irse. Se despidió de nosotros diciendo que debía partir a otro mundo. Hizo lo mismo que la vez anterior: extendió su dispositivo y otra puerta se abrió. Entro junto con su digimon y desaparecieron de nuestra vista.

Me tomo un tiempo reaccionar. Sujete de nuevo al pequeño Calumon entre mis brazos y me dirigí a los tres digimons que aún me hacían compañía.

- Esperen aquí, llamare a los demás. – Debía avisarles a Hirokazu y a Kenta para que se hicieran cargo de Guardromon y Marinangemon. Pensé por un momento si debía llevar a Lopmon con la pequeña Shiuchon, pero descarte esa posibilidad. Era mejor mantener en secreto que su hermano y Terriermon se habían aventurado a una cruzada muy riesgosa. Sus padres se enterarían y armarían un escándalo.

Camine a la cabina telefónica más cercana. Calumon estaba conmigo. Siendo tan pequeño, cualquiera que lo viera pensaría que se trataba de un juguete de felpa.

No pude llegar a mi destino. En el camino, termine por sentarme en el refugio de Guilmon. Adentro podría dejar salir todo lo que me frustraba.

No me importo que Calumon me viera llorar, de hecho, quería que estuviera conmigo.

Era horrible, y es que no recordé haber sido útil para Takato y los demás. Llegue a pensar que si no me hubiera atrapado el D-Reaper, los digimon no tendrían que haber hecho un gran sacrificio, como regresar a su mundo.

La entrada al digimundo aún seguía abierta. No me importo. Solo quería llorar en silencio y que nadie me molestara. Pude sentir otra presencia junto a mí, y no era Calumon. Era un ser muy brillante que flotaba sobre mí.

- Diginomo. –Takato me conto sobre ellos y ya los había visto una vez, por lo que no fue difícil reconocer a ese pequeñín flotante. Se trataba de una inteligencia artificial que evolucionó de forma independiente a los digimon. Tenía la habilidad de cumplir deseos. No sabía que aun quedara alguno por ahí, y menos en el mundo humano.

Quizás haya sido gracia a esa criatura que la entrada al digimundo apareciera cuando más la necesitábamos.

Yo también tenía un deseo, y al parecer no fue necesario verbalizarlo. En el instante en que lo pensé, la pequeña criatura de luz desapareció. Siempre hacían eso, señal de que había escuchado mis oraciones.

"Por favor, quiero que Takato y los demás vuelvan con bien. Dales la ayuda que necesitan." – Quien diría que con ese deseo, Takato y Guilmon recibirían la ayuda de alguien muy cercano a ellos: Grani. Claro, en aquel entonces no lo sabía.

Bastante lógico, ahora que lo pienso. Originalmente, Grani cumplía la función de un arca. Una coraza protectora que nos sirvió en nuestro regreso del mundo digital, y ahora quería que mis amigos volvieran con bien. Era la personificación perfecta de mi deseo.

Al desaparecer el Diginomo, y sin más razón para seguir ahí sentada, retome mi camino. Solté un pequeño suspiro de resignación. No quería que Calumon, quien hasta ese momento se había mantenido silencioso por mi tristeza, compartiera mi dolor. Solo nos quedaba esperar.

- Y ni siquiera les di sus invitaciones…

Bueno, volví. No esperaba recibir review tan pronto, siendo mi primer fic. Me alegra ver que les intereso la historia. A mí me encanto esta idea desde un principio, y aunque requiera de muchos capítulos, tengo el entusiasmo para seguir por un buen tiempo.

Algunos se habrán dado cuenta, pero ubique los hechos de este capítulo justo una semana antes de los sucesos ocurridos en la película de D. Tamers: Runaway Digimon Express. Ahí se ve como los digimon ya están de vuelta, y como festejan el cumpleaños de Ruki. Lo quise así porque no me convencía ver el final de la serie con una 'posibilidad de volverse a ver' y que después estén todos juntos nuevamente, así de fácil. Algo tuvo que pasar en ese lapso de tiempo.

Gracias a Asodomar, Ani strife, Japific, Sybilla's song y a Neko-Sandie por sus review. Espero que este capítulo haya sido claro y entretenido para ustedes. Puede que alguno no hayan visto esta temporada, pero trate de ser muy específico en los detalles necesarios de la historia. Más que esto no necesitan saber.

También espero que me vaya bien en el próximo capítulo, de Frontiers. Me esforzare por ser más claro en las explicaciones. Nos leemos luego.