Capítulo II.

Dejó caer todo su peso en la pared, le daba vueltas la cabeza… ¿Qué hacía allí ÉL? El nudo en la garganta se formo de manera inmediata y su pulso se disparo sintiendo a su corazón desbocarse, sus ojos definieron esos labios que se movían lentamente en su cabeza, esos labios que habían atrapado los suyos en muchas ocasiones, al levantar la mirada se encontró con los ojos azules vacíos.

—…Ah. — dejo escapar Kagome mientras se daba vuelta directo a su habitación.

—Kagome, sé educada. — resongo su tía.

Se detuvo paralizada, su corazón estaba en una loca carrera contra el tiempo que transcurría como eternidad, ese bullicio emocional estaba asfixiándola, volteó a ver la escena poco alentadora que tenía detrás de ella; esos ojos azules infernales, esos ojos dorados que la intimidaron y que en ese momento ni siquiera le veían y la mueca no muy agradable de Kagura.

—Soy…—

—Bien, realmente no importa. — espeto el albino desesperado, lo único que quería era largarse de ahí.

—Kagome. — se presentó levantando la voz furiosa y humillada, ella también se encontraba ahí, no era un fantasma, y no tenían porque pisotearla de esa forma.

Para Inuyasha aquel tono de voz no paso desapercibido, y levantó una ceja de forma retadora, ¿así que aquella mocosa tenía un carácter oculto?

—Kagura, aquí Kouga es de quien te hable. — cortó apuntando a su compañero, de forma directa deteniendo por unos segundos el corazón de la pelinegra.

Kagome entreabrió los labios, sujetando su camisa, ¿de qué estaban hablando? ¿Kouga sería…?

—Por supuesto Inu. — aceptó con voz pastosa Kagura.

Kouga no despegaba la mirada de Kagome, ¿Qué significaba encontrarla en ese lugar? ¿En ese momento? Furioso de la situación volteó con la mujer de cabello corto que tenía delante de él.

El hombre de ojos azules carraspeó y llamo la atención de los presentes.

—Estoy esperando muy ansioso nuestro encuentro esta noche. — recalcó al final con cierta acidez inusual en él. Kagura sonrió de forma coqueta pasando su brazo por la cintura del hombre; pero Kagome sentía revolver todo su ser… Se fue a su habitación mirando la nada.

Entró, se sentó en el suelo, y sintió el escozor en su garganta.

—Corazón tan idiota, ¿no reconoces al maldito quien te destruyo? — se pregunto a punto de llorar, esa frase, "muy ansioso", ella esperaría toda la maldita noche, en su habitación que aquel momento solo fuera una estúpida pesadilla.

Soledad.

Vacío.

Dolor.

Dolía tanto… Kagura, Kouga, se recargo en su colchón, esperando escuchar algo proveniente de la sala, hasta que una carcajada intensa la sacó de sus pensamientos.

Ella en verdad aún lo quería muchísimo, su corazón se había estrujado, la había traicionado, lo sentía agitarse, significaba para ella más de lo que podría esperar, y sintió rabia de si misma, ¡el muy idiota solo se había excusado para dejarla sola cuando más lo necesitaba!

.

En la sala se despedía el par de hombres de aquella mujer exuberante, al salir del departamento, Inuyasha se detuvo a mirar una ventana que no había visto por la noche, si no se equivocaba daba al baño de Kagura, vaya noche había pasado con ella, paso sus dedos por su cabello mientras suspiraba.

— ¿Pasa algo camarada? — cuestionó Kouga.

—Tremenda noche. — contestó con una sonrisa de lado.

— ¡Vaya que lo creo! — dijo riendo.

— ¿Miraste bien a Kagura? — preguntó Inuyasha distraídamente.

—Sí, parece un poco difícil de complacer. —

—Así es…—

Y un silencio incómodo creció entre los dos, el albino mantenía sus pensamientos en su ajetreada vida. Hasta que pensó en cierta pelinegra que acaba de conocer y empezó a desvariar entre algunas posibilidades.

—Hey Kouga. — llamó antes de subir a su vehículo.

— ¿Qué pasa? — preguntó levantando la vista.

¿Qué pasaba? No lo sabía verdaderamente, sentía como si algo faltase aún para poder comenzar el día, esa mujer que antes había visto de pelo negro lo había llenado de curiosidad. Vivía con Kagura, tal vez sería una de sus amigas, o tal vez trabajaría para él…

—No, olvídalo. — bufó y entró al auto.

.

Kagome espió desde su ventana si los vehículos se habían ido, pero no alcanzó a vislumbrar nada, sabía que al salir de su habitación tendría que entrarse a Kagura, por el montón de interrupciones y molestias que probablemente le dio. Pero alguien irrumpió en su cuarto.

—Eres una malagradecida, toda la noche trabajando. — reprochó su tía mientras Kagome cerraba los ojos. —Hago lo necesario para mantener esta casa, y lo primero que te prohíbo que hagas, lo haces. ¡Malicia Kagome! Ahora estas bajo mi techo. — sermoneó Kagura furibunda mientras salía de la habitación.

—No me esperes despierta, ¡hoy no llegaré a casa! — gritó la mujer desde la sala, mientras Kagome abrazaba a su almohada, escuchaba a la pequeña mujer salir y la casa quedaba en silencio total. Se recostó en su almohada, y no supo cuanto tiempo paso.

.

Escucha Kagome, el negocio no esta funcionando tan bien como quisiera. — extendió su preocupación el chico de ojos color azul.

Kouga no te preocupes por eso, hay una solución. — comentó con una sonrisa. —Mi padre me dará un financiamiento para ayudar a tu negocio. — confesó sonrojada, mientras sentía como las manos de él apretaban con suavidad sus brazos.

¡Eres esplendida Kagome! — lanzó eufórico su novio mientras la abrazaba.

Sonrió emocionada mientras lo abrazaba, todo se pondría mejor, no quebraría, podían saltar un obstáculo más en su relación, pero escucho el sonido incesante de un… ¿teléfono?

.

— ¡Teléfono! — gritó su mente mientras Kagome abrió los ojos con rapidez, alguien estaba llamando a la casa.

Corrió hasta la habitación de Kagura que quedaba más cerca, y levantó el auricular con rapidez.

— ¿Aló? —

— ¿Kagura? — preguntó del otro lado una voz masculina.

—No, no se encuentra. — contestó un poco nerviosa, esa voz… No, no podía ser, estaba aun adormilada, debía de ser eso.

—Así que eres la morocha. — dedujo la voz.

—Kagome. —

—Sí, Kagome. — convino.

— ¿Quién eres? — preguntó sintiéndose estúpida segundos después, ¿por qué la había echo? A ella que Kagura le había prohibido cualquier tipo de contacto con sus clientes.

—Creía que Kagura tenía reglas. — escuchó Kagome más alerta.

— ¿Gustas dejar algún recado?— preguntó rechinando los dientes, odiaba a la gente tan prepotente como esa.

— ¿Es qué eres su secretaria? — cuestionó con una voz burlona. — Creía que tratabas con los mismos negocios, cariño. —

Y Kagome se paralizó por el auricular, ese idiota estaba diciendo de forma directa que ella era una prostituta, ¡Quien se creía que era!

—No es de tu incumbencia. — contestó alterada.

—He detectado voz de santurrona. — inquirió fingiendo decepción. —Pensé que tal vez eras más interesante. —

¿Qué hacia ella siguiendo la conversación con ese tipo? Era momento indiscutible de colgar.

—Le diré que llamaste. — cortó mientras tragaba con fuerza y colgó.

.

Inuyasha veía el auricular, y entonces empezó a rascarse la barbilla, voz de chica joven, apariencia de cría, pero carácter, definitivamente algo no concordaba con la imagen y la actitud de esa mocosa.

—A la mierda, hoy es noche de bar. — se dijo.

Se levantó de su cama e iba a su sala de estar cuando encontró a una mujer de cabello largo negro en uno de sus sofás.

—Inuyasha. — llamó mordiéndose el labio. — ¿Dónde estuviste anoche? — preguntó con la voz ácida.

—Salí con unos amigos y el tiempo se me vino encima. —

— ¿Toda la noche? — interrogó enojada.

—Si Kikyō, ¿alguna duda más? — contestó mientras se daba ligeros golpes en los hombros.

— ¿Me seguirás evadiendo? — preguntó mientras miraba sus finos dedos.

—Si es lo necesitas para entender que lo nuestro termino, si lo seguiré haciendo. — respondió hastiado.

Ella se levantó del sillón en una rabieta y golpeó con su tacón la cara alfombra que cubría su sala. No comprendía a Inuyasha ni un poco, ni tampoco sus afanes de salir por las noches. Miró con la mirada dura a aquellos ojos color ámbar, y frunció el ceño.

—Aquí princesas caprichosas no quiero. —

—Inuyasha. —

—Me voy, tengo asuntos importantes que tratar hoy con Miroku. — dijo cortante y salió de la sala. —Por cierto, te quiero fuera de mi propiedad ahora mismo. —

Y salió mientras miraba su anillo, si tal vez eso le daría una lección, una lección imposible de olvidar, y le daría uno a una cierta mocosa impetuosa.

Tarde o temprano.

.

Aquí sigue mi proyecto, tal vez un poco corto, venus mil gracias por tu comentario, saber que hay gente leyendo aunque sea el dedicar un poco a leerlo, me motiva.

Y aquí un capitulo más, díganme que les parece.