Hola, pues a cumplir con lo prometido, he aquí el segundo capítulo, perdón por la tardanzas pero prometo que no pasara otra vez, ya me organice un poco y voy a estar actualizando los viernes esta historia.
Advertencia: este pues Austria va a ser un poco diferente… Espero que les guste
Los personajes no me pertenecen son de Himaruya –sama yo solo los tomé prestados para hacer travesuras, entonces ahora si disfrútenla.
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En verdad no sabía porque seguía viniendo a las dichosas reuniones mundiales, estas iban siempre de lo mismo y terminaban en nada, justo ahora podría estar en su casa lejos de este alboroto, pero su educación lo mantenía en su posición esperando un milagro para que esto pudiera proseguir como Dios manda.
Lo que más le incomodaba de estas situaciones era reprimirse. Detener todas y cada una de las imágenes que se le venían en mente referentes a su vecino, a su ex amigo. Todas y cada una más provocativas que la anterior, un insano sentimiento le llenaba su cuerpo sin saber por qué.
No sabía que era exactamente lo que provocaba su excitación, si eran esos ojos verdes siempre tan altivos, los destellos de sus rubios cabellos o sus suaves labios siempre en una mueca de molestia, todo él lo encontraba terriblemente sensual, tanto que su cuerpo no dudaba en responder como a cualquier otro le pasaría. Pero no ahora, no ahí.
Un fuerte sonido lo trajo a la realidad, al parecer Prusia había molestado más de la cuenta a la húngara y esta lo golpeo con la sartén que llevaba siempre consigo, haciendo que el cuerpo inerte del albino cayera en seco sobre la mesa tirando sus documentos importantes.
Molesto se dispuso a recogerlos, encontrándose debajo de la mesa a la última persona que quisiera tener tan cerca; al parecer Vash buscaba una de sus armas escondidas en una de sus piernas. Él solo era capaz de distinguir la nuca del otro, pero la fragancia emanada de él era lo único que necesitaba para encender esas ansias. Si no volteara, pensaba, podre controlarlo.
Demasiado tarde. Sus ojos se encontraron, el ruido desapareció y el rostro de sorpresa de Vash se empezaba a colorear de un tenue rosa. El sonrojo de rubio se acrecentaba, mientras el castaño dejaba entrever un dejo de lujuria en sus violáceos ojos acercándose al insinuante, o lo era para él, rostro del suizo. Y pasó, sin poder saber quien había iniciado el movimiento pero las bocas unidas de ambos no parecía importarle tal tontería, sus labios se abrieron y se recibieron con mutuo placer, Roderich colocó su mano detrás de la cabeza del rubio acercándolo más sin detener en ningún momento la invasión de la cavidad suiza de una forma un tanto violenta pero no por ello menos placentera.
Lo incomodo de la posición hizo que el austriaco tomara medidas, bajándolo por completo de la silla y colocarlo de rodillas a sus pies, ante lo cual protestó el rubio con una mordida en el labio del más alto, de donde se escapaban un par de gotas carmesíes, más que dolor se le hacía una delicia. Lamió sus labios saboreando el espeso líquido volviéndolo a besar, mientras con las manos sostenía su rostro uno de sus pies fue colocado estratégicamente en la entrepierna del sumiso, cuyos gemidos empezaron a salir perdiéndose entre ruido exterior pero aun asi llegando a los oídos de Roderich.
La potente voz de Alemania al fin se hizo presente haciendo que las naciones se comportaran y volvieran a sus respectivos lugares, lo mismo para dos naciones centroeuropeas que se incorporaron. El suizo con su misma cara de indiferencia, pero con sus labios y corazón palpitantes. El austriaco serio pero con algo cambiado en su interior, algo cuyo despertar no podría ser bueno.
