Disclaimer. Digimon no me pertenece y lloro todos los días debido a eso.

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Sora y ella llevaban treinta minutos sentadas en la cafetería de la escuela. Sus profesores habían faltado y tomaron la oportunidad para reunirse.

Mimi ya llevaba dos semanas y media en la preparatoria y, fuera del hecho de que eran un poco más exigentes, todo parecía igual que antes. Volvía a compartir salón con Koushiro, y los descansos con la mayoría de sus otros amigos, los que faltaban eran los más chicos, pues ellos aún permanecían en secundaria.

Al tercer día de su llegada fue cuando su pelirroja amiga le contó de su reciente relación con el castaño. Había sido algo inesperado hasta para ella, según sus palabras. La chica llevaba años teniendo extraños sentimientos por el castaño, pero nunca logró descifrarlos correctamente. No fue hasta que comenzó a salir con el rubio que se dio cuenta de la verdadera diferencia entre la amistad y el amor, aunque Sora no clasificaba sus sentimientos con esa palabra, era demasiado fuerte. Le contó que casi al mismo tiempo que ella, Tai se dio cuenta de los suyos. Detestaba ver a su amiga con Yamato, y esos sentimientos lo destruían por dentro, no podía entender como no celebraba la felicidad de su amigo, sino que quería quitársela. Después de varios meses, Matt terminó la relación con Sora, no soportaba ver a su amiga en el estado que estaba y sabía que ninguno sería feliz en esa relación si las cosas continuaban así. Aún con esto la ahora pareja no pudo estar inmediatamente juntos, se sentían culpables por haber mentido y lastimado a su mejor amigo por su indecisión. Así que, años después, fue cuando se lograron perdonar y estar juntos, como tanto tiempo atrás quisieron.

Ahora ninguno se imaginaba estando sin el otro, no en el sentido de no poderse separar y ser una pareja melosa, tampoco significaba que no lo eran, pero sabían que los sentimientos que tenían no iban a terminar.

Minutos después llegaron Taichi, Yamato y Koushiro.

Los chicos de ambos salones se habían juntado a jugar un partido de futbol. Matt no era un aficionado a los deportes, pero no le molestaba seguir a su amigo castaño algunas veces, mientras que Koushiro, aun cuando no era extremadamente malo, disfrutaba en mayor medida vigilar el marcador, y todos confiaban en él para mantener los números justos.

"Sigo diciendo que contaste mal, ese punto era para nosotros" Tai reclamaba con su amigo de cabello rojizo sobre la puntuación final del partido.

"Tai, de igual manera terminaron ganando. Y no me equivoqué" Koushiro hablaba sin prestarle atención a su amigo, sus pensamientos estaban muy lejos de ahí.

"En serio, supéralo" ahora era Yamato el que hablaba.

Al verlos acercarse, la castaña encontró increíblemente complicado separar sus ojos de su castaño amigo. Aún cansado y sudoroso le resultaba más impresionante que la mayoría de los chicos que conocía. Pero no entendía como Sora se le acercaba y lo besaba con lo sucio que se encontraba Taichi. Ella nunca podría hacer algo así, tal vez por eso el chico había preferido a su amiga.

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Cuatro meses después la navidad se acercaba. Todos se encontraban emocionadas por ser la primera que volverían a estar juntos.

A Mimi le encantaba hacer las compras navideñas, consideraba que escoger el regalo perfecto era primordial. Por eso las últimas semanas se las había pasado buscando regalos para sus padres y su amigo secreto.

Para festejar esa navidad, los chicos habían decidido hacer un intercambio de regalos, así que todos se habían inundado con espíritu e intentaban buscar lo mejor para el dueño de su regalo.

A la castaña le había tocado Miyako. En esa parte tan dentro de ella que no se atrevía a mirar más de una vez al día, sabía que hubiera preferido regalarle a el castaño, era el único pretexto que encontraba para obsequiarle algo especial.

Pero Mimi no podía cambiar de persona, así que en ese momento se encontraba en el centro comercial, buscando maquillaje para su amiga obsesionada con los colores centellantes.

Al detenerse a descansar en un puesto de repostería, distinguió una cabellera rubia que definitivamente resaltaba por sobre las demás.

Aún era consciente de que su relación con el rubio no era la mejor, pero creía que ya era el momento de superar esa barrera que los separaba cuando niños.

Yamato estaba viendo bolsos de mujer frente a un aparador cuando la castaña se le acercó.

"Sabes Yamato, nunca te considere la clase de persona que usara bolsos de mano" al voltearse el chico se encontró con una sonrisa simpática y apaciguadora. Era como si intentara decir estamos en paz.

"No sabes nada de mi, mis favoritas son las rosas"

"Hey, con mi color no se juega" la chica intentó mantener su ceño fruncido, pero no logro conservarlo más de cuatro segundos antes de comenzar a reír. "¿Para quién buscas, tu amigo secreto?"

"En realidad es para mi mamá" la joven no sabía que contestar, sentía que hablar de la familia de Matt era terreno peligroso. Según había escuchado, sus padres estaban intentando rehacer su relación pero seguían viviendo separados, no había pensado en que seguramente querrían pasar la navidad juntos.

Intentó que su incomodidad no se reflejara en su expresión y, después de lo que le pareció el silencio más largo que había experimentado en su vida, habló.

"Sabes, tu mamá no parece la clase de mujer que coleccione bolsas"

Estuvieron recorriendo diferentes tiendas y eligiendo lo que ellos consideraban el mejor regalo. No conseguían ponerse de acuerdo y ambos encontraban argumentos de cualquier parte solo para que su idea fuera la ganadora.

Tuvo que pasar otros cuarenta minutos y tres tiendas más para que encontraran, lo que ellos consideraron, el regalo perfecto. Una pluma estilográfica, dorada con detalles en negro.

Después de eso el muchacho acompañó a la castaña en su búsqueda. La chica ya tenía el regalo para Miyako, pero ahora buscaba los ingredientes que le faltaban para el pastel que tenía pensado llevar a la fiesta. Cuando lo tuvieron todo fueron a comer a un restaurante italiano.

"No entiendo como no te cansas Mimi" el joven había ordenado unos ravioles y la castaña spaghetti Alfredo.

"Es un don" la conversación entre ambos se había ido desenvolviendo más naturalmente con el pasar de las horas.

La conversación siguió fluyendo mientras ambos comían, hasta que llegaron a hablar de sus compañeros digimon.

"Extraño horrores a Palmon. Desde que ocurrió la última batalla no he podido volver a verla, las puertas permanecen cerradas y cada día me estreso más. Sé que no debo estar preocupada, es solo, tengo miedo de que algo le pase. A cualquiera de ellos"

"Te entiendo, hemos estado buscando la manera de abrir las puertas, pero es como si nos quisieran mantener fuera"

Al terminar pagaron la cuenta, aún después de que Yamato insistió en que él debía hacerlo.

Al salir del centro comercial Yamato acompañó a Mimi a donde había guardado su bicicleta, mientras estaban comiendo la castaña le había hablado de lo relajante que encontraba pedalear, era una mejor forma de observar la naturaleza, y eso la hacía recordar a su antigua compañera.

"Mimi, ¿Cómo estás?"

"Bien, ¿No me has visto?" la castaña intentaba esquivar el verdadero sentido de la pregunta, pero los ojos de el rubio parecían tener una especie de llave que la hacía hablar sin pensar.

"No lo sé. Algunas veces siento que ya todo pasó, pero después lo vuelvo a ver y algo dentro de mi pasa, no sé qué es" no sintió que las lágrimas se comenzaban a formar en sus ojos hasta que Yamato estiro la mano y las recogió.

En ese momento solo pensó en como ese gesto resultaba tan extraño viniendo de él, el chico rubio normalmente era distante o poco afectivo, claro que con los años y al haber salido con Sora y cuidado a su hermano lo habían hecho más abierto, pero nunca pensó que esos cambios se aplicaban para ella.

Esa fue la primera vez, desde que lo volvió a ver, que nuevamente cruzó por su cabeza el recuerdo de aquella última noche, ya tan lejana, en Odaiba. ¿El rubio lo recordaría? Así fue como descubrió que Matt en realidad no era distante o sin sentimientos, Yamato se sentía extraño expresándolos o viéndolos, pero eso no significaba que no ayudaría a alguien, si esa persona lo necesitara. Yamato era una gran persona.

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Los antiguos niños elegidos habían decidido pasar juntos el 23 de Diciembre, ya que todos deseaban pasar la navidad con sus familias. Pero eso no significaba que no seguirían despiertos hasta las cinco de la mañana. Taichi se encargaría de eso.

La reunión se llevó a cabo en casa de Koushiro, sus padres saldrían a visitar a unos parientes y les permitieron, si querían, dormir ahí. Así que poco a poco las personas fueron llegando.

El primero en llegar fue Ken, el muchacho quería platicar con Koushiro sobre un nuevo programa que estaban experimentando en el salón de cómputo. Casi una hora después llegó Joe, excusándose sin cesar hasta que vio que en realidad no llegaba tarde. De él fueron llegando Miyako, Mimi, Sora, Yamato, T.K, Davis y Cody. Hikari normalmente era extremadamente puntual, incluso algunas veces llegando a ser molesto, pero al tener que llegar con su hermano, que aparentemente siempre decidía arreglarse dos horas después de la hora acordada, falló en el horario.

Lo primero que hicieron, por sugerencia de Tai, fue repartir bebidas, alcohólicas y no alcohólicas, y la comida acomodarla sobre la mesa.

Las horas fueron pasando, y la cordura de ciertas personas, empezaba a desaparecer. A pesar de lo que recatada que Sora llegaba a parecer, dejaba a su novio cometer las más irracionales locuras, pero cuando fue momento de estar serios y comenzar a repartir sus regalos, lo tomo fuertemente de la oreja y lo hizo entrar en razón, o lo más cercano a eso que pudo lograr.

Mimi fue la primera en entregar su obsequio. Una paleta de sombras para Miyako. La chica de cabello morado fue la siguiente en entregar.

Los regalos continuaron fluyendo. Playeras de futbol, libros, juegos.

Hasta que llegó el momento de Yamato, que, siendo Mimi la única que faltaba de regalo, era obvio a quien se dirigía.

Mimi le dio un ligero abrazo, no sabía cual era exactamente su relación con el rubio, no eran grandes amigos, pero habían superado una barrera que los separaba, él conocía partes de ella que no le confiaba a nadie, aunque en realidad ni siquiera estaba segura de porque se lo confiaba a él. En cambio Yamato nunca hablaba de ella sobre temas secretos, simplemente se concentraba en escuchar.

Así que cuando se separaron y la castaña abrió la pequeña caja bronce, un suspiro escapó de sus labios. Dentro del empaque se encontraba un collar plateado, con un prendedor de flor que le recordaba en gran medida a Palmon.

Quiso volver a agradecerle al ojiazul, pero Taichi ya se lo había llevado al otro lado de la estancia, para continuar bebiendo.

"Mimi, Mimi por favor, tienes que ayudarme" El pelirrojo se le acercó de sorpresa mientras la castaña llegaba con su bebida a sentarse cómodamente en el sillón.

"Koushiro, creo que has bebido suficiente por hoy" El poseedor del emblema del conocimiento la veía sin mirarla, repasando sus palabras en su cabeza para encontrarles significado. Mimi aprovechó el momento para tomar el vaso rojo de su amigo y alejarlo lo más posible.

"¡Miyako! ¡Hikari! ¡… La pelirroja!" los nombres se enredaban en su lengua.

"¿Quién dejó que Koushiro bebiera tanto?" Sora se acercaba molesta, ella era la que más resentía el comportamiento del pelirrojo, "Taichi era tu turno de vigilarlo" gritó a su novio que para ese momento estaba huyendo del lugar.

"Culpable, cariño" Lo último que se vio fue el final de su cabellera castaña, antes de desaparecer por completo.

"Sora, tienes que ayudarme"

"¿Ahora qué pasó?"

El chico les habló de una compañera de clases, a la que Mimi apenas lograba recordar, pero en lugar de mencionar un problema, se llevó todo su tiempo hablando de su bella sonrisa y lo brillantes que eran sus ojos castaños.

"Pero, ¿Cuál es el problema?" Hikari se atrevió a preguntar en voz alta lo que todas pensaban.

"No sé qué me pasa, cuando la veo mi mente hace boom y…y, tengo sueño"

Se necesitó de las cuatro chicas para trasladar a el pelirrojo a su habitación, proceso que hubiera sido más sencillo si alguno de los hombres se hubiera dignado a aparecer. Pero cuando lo acostaron en su cama, o lo más cercano que llegaron a ella, las chicas no pudieron evitar sentirse un poco mal por su amigo, tarde pero seguro le había llegado ese pequeño remolino de sentimientos.

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"No tenías que acompañarme"

Mimi continuaba repitiendo, cuando todos comenzaron a despedirse, o en el caso de Taichi quedarse dormido en la bañera, la chica decidió que era un buen momento para marcharse. Era tarde, pero sus padres ya estaban advertidos que a esas horas podría regresar. Pero Matt, al ver que se iría sola, nuevamente sacaba su carta de la caballerosidad y la acompañó a su casa.

"Claro que si, no podría vivir con el remordimiento de que secuestraran a la princesa" una pequeña sonrisa se asomó en la comisura de sus labios.

"Oh Dios, no otra vez, ¿Sabes lo difícil que fue conseguir que Tai me dejara de llamar así?"

"Diría que un ojo de la cara"

"Casi, dos meses de pasteles"

Ambos sonrieron, desde la tarde pareciera que habían creado una especie de tregua, aunque no era como si se detestaran antes de eso, pero siempre habían mantenido una amplia brecha entre ellos, ahora parecía que podrían llegar a tener una relación tan buena como la tenían con los demás.

"A Koushiro le gusta alguien" no supo porque sacó el tema, no era como si se propusiera contar lo sucedido, pero sentía la necesidad de hablar de eso "A Koushiro le gusta alguien y no soy yo. No me malentiendas, seré feliz si mi amigo tiene novia, la chica es muy linda y agradable, pero… durante años las chicas me han dicho que ambos seríamos una bonita pareja. Nunca dejan de bromear sobre lo felices que seríamos juntos, a veces pienso que todas esperan que salgamos"

Se detuvo un momento antes de continuar.

"Pero a Koushiro le gusta alguien y a mí no me gusta Koushiro. Es solo que, si todos nos veían juntos debe ser por una razón ¿No? Tal vez el que yo sienta algo por alguien como Tai está mal, tal vez debería de sentirme así por alguien como Kou, y eso me hace sentir como una tonta, porque ni siquiera enamorarme sé hacerlo bien" no se dio cuenta cuando sus ojos comenzaron a lagrimear, pero fue en ese momento cuando comprendió que nuevamente se abría frente al rubio.

"Mimi, no tiene nada de malo con que te guste alguien poco convencional. Ellos no son los que ven como te sientes, si estar junto a esa persona te hace feliz, entonces no tiene nada de malo"

"Pero me duele Matt, me duele. Me duele verlo con Sora, y me duele aún más querer alejarlo de mi mejor amiga. Me hace sentir como la persona más despreciable del mundo. Tú pudiste hacerte a un lado, ¿Por qué yo no?"

No volvieron a hablar. Llegaron a la casa de la castaña, se despidieron y Mimi intentó prometerse no volver a mencionar al castaño frente a Yamato, él ya había pasado por su problema, probablemente solo, ahora le tocaba a ella superarlo sola.

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Perdón por no haber subido el capítulo antes, pero quería terminar uno que ya tenía avanzado antes de publicar este, es la única manera en la que si avanzo.

Espero les haya gustado, la historia se va a desarrollar algo lento pero espero que también más realista. Y les tengo una pregunta ¿De qué otra pareja les gustaría que escribiera en un fic? Aquella que nadie ama como ustedes, o que se les hace demasiado raras pero tienen algo que las hace amarlas.

Déjenme en un comentario que les pareció recuerden que de eso vivo para escribir, casi literal.

Nos vemos pronto, espero.