The Wedding

Capitulo dos: Tentaciones

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Los dos se maldijeron mentalmente al verse de nuevo a las caras.

Se suponía que aquella sensación que sintieron la primera vez que se conocieron, no volvería ocurrir jamás. Pero ahí estaba de nuevo ese escalofrío, que comenzaba desde su nuca hasta donde la espalda pierde su nombre. No podían negar que era una sensación muy agradable, pero tampoco podían darse el gusto de disfrutarla.

¿Por qué? Porque era incorrecto.

Porque esa sensación, no era más que atracción.

Sí, atracción que debería ser bloqueada.

-Ohayo –dijeron al mismo tiempo.

De nuevo estaban en aquella habitación espaciosa y bien iluminada. De nuevo se encontraban solos.

Lo cual resultaba muy incómodo, demasiado, más si aquel escalofrío no desaparecía.

Ella miró su reloj, impaciente. Había llegado temprano a la condenada cita como para que Mary se retrasara. Además no había amanecido de humor. Odiaba levantarse temprano, odiaba el tráfico, odia esperar, pero, lo que más había empezado a odiar, era esperar a solas con aquel castaño.

Aquel castaño que invadió su cabeza desde la primera vez que lo vio.

Y él, por su parte, no le importaba el retraso de la diseñadora, pero tampoco se lo agradecía. Esa rubia lo ponía muy nervioso, tanto que no podía mantenerse en un sólo lugar. Caminaba de aquí a allá desesperado, nervioso, incómodo. ¿Cómo no estarlo si frente a él se encontraba la mujer que lo había hipnotizado? Porque sí, lo había hecho, aunque lo negara.

Se calmó y se sentó en uno de lo sillones, así quedando frente a ella. Tomó una revista y simuló leerla. Mejor eso que a perderse en su piernas, porque aquella mañana había llevado una falda bastante provocativa que le robaba la mirada.

Ella hacía lo mismo, leía. Al menos trataba de hacerlo, ya que el hombre frente a ella era demasiado como para ser ignorado.

-¡GOMEN! –se escuchó de repente, rompiendo el incómodo silencio de la habitación. La joven rubia de ojos verdes había entrado, bastante agitada –Tuve algunos problemas saliendo de casa y…- sintió una fría mirada sobre ella -Bueno lo siento, pero ya estoy aquí –sonrió.

Yoh y Anna suspiraron aliviados.

Ya no estaban solos.

Mary, con una gran sonrisa, prosiguió a tomarles las medidas. Primero a Anna, luego a Yoh.

-Listo –dijo la diseñadora. No le había tomado mucho tiempo –Sé que ya hemos terminado, pero, ¿me podrían hacer un favor? –dijo con aire de súplica.

-¿Cuál? –preguntaron al unísono. No se miraron.

-Hace una semana terminé unos trajes –explicaba Mary –Y pues son de la misma talla que ustedes y quería que por favor se los probaran para ver si hay algún desperfecto

Los dos lo pensaron por unos momentos. Eso quería decir que tenían que quedarse un poco más de tiempo, pero al ver el puchero de la mujer frente a ellos, no tuvieron más alternativa que aceptar.

Mary, que soltó un gritó de felicidad, salió a toda prisa de la habitación en busca de los trajes.

De nuevo silencio.

Regresó un par de minutos después con dos grandes cajas, una negra y una blanca. Ella, emocionada, les entregó los trajes luego de sacarlos de las cajas. Ellos, sin emoción alguna, se los probaron. Cada uno entró a su respectivo probador.

Cuando salieron de éstos, Mary sonrió ampliamente. Los trajes eran perfectos, a ellos le quedaban perfectos.

Él con un elegante traje negro, moderno, con algunos toques en rojo y una corbata del mismo color.

Ella con un vestido blanco, largo. Poseía un corsette con un bordado de flores que hacía que el pecho de la chica sobresaliera. La parte inferior del vestido era esponjado, con mucho volumen y con unos estampados de flores de cerezo.

Yoh se petrífico ante la imagen. Nunca creyó que hubiera una mujer tan deslumbrante. Además de que el pequeño escote le estaba robando el aliento al castaño.

-¡Lucen perfectos! –chilló fascina la mujer –Colóquense aquí –dijo apuntando dos pequeñas plataformas frente a un gran espejo que abarcaba casi toda la pared –Regresaré enseguida. Iré por mi cámara y mi libreta de apuntes –Y como había dicho, se había marchado.

Los dos hicieron lo que ella les pidió.

Yoh se subió en la pequeña plataforma y se miró al espejo. La verdad que es no se veía nada mal, al contrario, el traje era perfecto para él.

Anna de igual manera se subió, pero el vestido era tan voluminoso y tan pesado que al tratar de subirse por completo a la plataforma, la rubia había pisado parte del vestido haciéndola balancearse de un lado a otro. Tratando de mantener el equilibrio, jaló el vestido para acomodarlo, pero fue en vano. Lo único que pudo sentir en esos momentos era como se iba de lado y como unas varoniles manos la sostenían.

Sí, Yoh la sostuvo por la cintura para evitar su caída, pero de igual manera fue en vano. El vestido era demasiado, así que los dos jóvenes cayeron al suelo. Yoh la jaló hacía él para que no se lastimara. Ella no hizo fuerza alguna y cayó sobre él.

-¿Estás bien? –preguntó el castaño haciendo una mueca de dolor.

-Sí –contestó ella, apartando el rostro del cuello del castaño.

Sus rostros quedaron muy juntos, tanto que podían sentir la cálida respiración de cada uno. El cabello rubio de ella cubría el rostro de los dos, dejándolos en una escasa oscuridad. Sus penetrantes miradas se encontraron y luego se desviaron a los labios ajenos.

Los dos se mordieron el labio inferior.

Tentador.

Pero no podía ocurrir nada. Apenas y se conocían, apenas y era la segunda vez en su vida que se veían, apenas y sabían sus nombres. Pero era tentador. Se miraron una vez más, como buscando el desprecio en sus ojos para poder separarse, pero no encontraron nada. Lo único que había era un brillo lleno de deseo.

De tentación.

Y, a pesar de que no podía ocurrir nada, ocurrió.

El deseo era mucho más fuerte que la razón. Sus labios pedían a gritos un beso, un mordisco, una lamida por parte del otro. Deseaban ser poseídos uno por el otro, ser mordidos, ser tocados, ser amados.

Y eso fue lo que pasó.

Se besaron.

No fue un beso tímido de adolescentes sintiendo mariposas en el estómago, sino fue un beso lleno de pasión y lujuria. Un beso tan profundo y completo que los llenó. Uno que les robó el aliento y les obligó a separarse más de una vez para poder seguir viviendo.

Él, sin pena alguna, bajó su lengua hasta el cuello de ella.

Anna se estremeció y sonrojó. Nunca había sentido tanto placer con sólo un par de besos. Nunca. Eso la hizo temer.

Para Yoh, ella sabía a gloria. Desplazó sus labios por los blancos y frágiles hombros de la mujer sobre él. Ella gimió y eso le hizo sentir demasiadas emociones. En su vida había sentido algo parecido.

La rubia alzó de nuevo su rostro y posó sus labios sobre los de él. En esos momentos no había culpa, no había nervios, no había nada. Besó la perfecta mandíbula del moreno, sus traviesas manos tocaban su bien formado pecho sobre la ropa, y sus labios sonreían. Subió de nuevo y mordió con sensualidad el lóbulo de la oreja del hombre.

Él sintió de nuevo ese escalofrío por toda la espalda y esta vez le encantó.

Siguieron besándose con una pasión que quemaba. Sus carisias y lamidas subieron de intensidad. En esos momentos no pensaban en nada, ni siquiera les venía en la mente que en cualquier momento podía entrar Mary. Pero es que aquel deseo, esa pasión, esa lujuria que quemaba nunca la habían sentido, ni siquiera con sus propias parejas, nunca.

Ni siquiera con sus parejas…

Se mordieron los labios mutuamente, causándoles una excitante sensación.

Aquel pensamiento invadió sus ocupadas mentes. ¿Parejas? Ahora que recordaban, ellos estaban comprometidos y no uno con el otro, sino con terceros. Terceros que no se merecían esto.

Inmediatamente se separaron.

Fue demasiado difícil hacerlo. Ella se apartó, sentándose a un lado mientras se tocaba los labios con una expresión de sorpresa combinada con confusión. Él se incorporó en su lugar y, al igual que ella, no podía creerlo.

-Yo… -dijeron al mismo tiempo.

-Me voy a casar en un mes –dijo él, serio.

-¿Y tu por qué crees que estoy aquí? –preguntó, enfadada -¿Para comprar un vestido de novia para usarlo del diario? ¡Pues no!

-No es para que grites –dijo frunciendo el ceño.

-¡Como que no! ¡Si lo que ha ocurrido aquí ha sido un gran error!

-Ya lo sé –se cruzó de brazos y frunció los labios al igual que ella –Sólo nos dejamos llevar.

-Pues no creo que un mes antes de mi boda me permitan dejarme llevar por otros.

-Disculpa, -reclamó ofendido el chico ante el tono de voz acusador de ella –pero que yo sepa tu participaste igual en esto.

-Porque me has obligado.

-¡Ah! ¡No es cierto! –dijo, alterado. No quería toda la culpa. –Fue mutuo, tu igual metiste tu lengua a mi garganta –sonrió con ligera malicia.

-¡Va! Ni me lo recuerdes –se pus de pie (le costó un poco de trabajo) –Hagamos como si esto nunca hubiera ocurrido.

-Ya lo sé.

-Ni siquiera te conozco, será fácil de olvidar.

Sería de todo, menos fácil. Habían sentido tantas cosas con esos besos que no podrían jamás olvidar. Había sido un error, un error fatal. Un error que lo habían atribuido a la locura del maldito momento de la caída. Ni ellos mismos podían creer lo que había sucedido. Nunca habían cometido semejante actos, menos con personas que apenas y conocían.

Pero esos escalofríos que sentían eran difíciles de ignorar.

Minutos después, Mary regresó y de nuevo el silenció los invadió a los dos.

Continuará…

Nota: Ojala les haya gustado este capitulo. Etto, se que piensan que talvez vaya terminar pues como… casi como mi fic de una Noche, pero no. Será un final inesperado, bueno con esto ya les adelante el final jejeje.

GRACIAS POR LOS REVIEWS!

ESPERO Y ME DEJEN ESTA VEZ REVIEWS SI QUIEREN QUE CONTINUE!