CAPITULO 2

Nadie iba a negar que la situación era cuanto menos incómoda.

Ino había invitado a Neji a subir a su casa y Neji la había seguido porque le parecía más agradable que ponerse a hablar en la calle.

La casa donde vivía Ino no era muy grande pero aun así era más grande que la de Neji y estaba muy ordenada y limpia.

- ¿Quieres tomar algo? ¿Un refresco o un zumo? – se interesó Ino cuando llegaron al salón.

- Si me voy a ira ya mismo. Tienes que disculpar a mi madre, no lo ha hecho por molestarte, ni tampoco para que saliésemos juntos.

- ¿Crees que he pensado que tu madre quería que saliésemos?

- Reconoce que lo ha parecido.

- Un poco, si - sonrió - Pero siéntate, por favor, te voy a traer algo, es lo mínimo por haberme rescatado de la lluvia.

- Aun así estás empapada.

- Es cierto. Anda, siéntate, voy a cambiarme, no tardo nada. Toma, el mando de la tele, - dijo al mismo tiempo que la encendía - Ponte lo que quieras. Ah, dame tú cazadora, voy a ponerla en un radiador que se seque un poco.

- Si me voy a ir.

- Ay pero que prisas que tienes. Dame la cazadora y siéntate que ahora mismo vuelvo.

Antes de que Neji pudiera contestar Ino ya había desaparecido del salón con su cazadora en las manos.

Se sentó en el sofá y tomo el mando, aunque en realidad le daba igual lo que hubiera en la televisión. Respiró hondo, sí que era una situación extraña pero si lo pensaba tampoco tenía por qué estar tan tenso, Ino era su amiga, no una amiga íntima pero la conocía, habían salido en grupo alguna vez e incluso en una ocasión fueron al cine, tampoco es que fuera una desconocida.

Se relajaría, tomaría algo y se marcharía y se acabó el asunto.

El teléfono sonó sorprendiendo un poco a Neji que estaba sumido en sus pensamientos. Al momento apareció Ino, envuelta en un albornoz, con el pelo suelto y mojado, se notaba que había estado dándose una ducha, cosa que no extrañaba a Neji, la chica debía estar completamente empapada y con frio.

Por lo que podía escuchar quien había llamado era su madre. Cuando terminó de hablar Ino se giró, procurando que el albornoz no se abriera.

- Era mi madre - explicó - Por lo visto ha terminado antes de lo que esperaba y cree que podrá regresar hoy, bueno, esta noche. Voy a vestirme.

Ahora la situación se había vuelto incómoda de otra manera.

Ino tardó muy poco en regresar al salón. Se sentó al lado de Neji, aún tenía el pelo húmedo y el aroma a fresas del champú llegó hasta el chico que la miró curioso. Era una chica muy bonita, ahora que se fijaba en ella podía ver que sus ojos eran realmente hermosos.

- Siento…– comenzó a hablar Ino – El espectáculo que he dado antes en el cementerio.

- La verdad es que no lo he visto raro. Sé cómo te sientes.

- Es cierto. Tu… tu padre también…

- Falleció, si, puedes decirlo, ya lo he aceptado.

- ¿Es que eso se supera?

- No, no se supera, pero lo aceptas.

- ¡A final no te he traído nada de beber! ¿Qué es lo que quieres?

Neji volvió a mirarla y entonces se dio cuenta de lo que su madre quería decir con que tenía la mirada de alguien que necesitaba que la escuchasen.

- Un zumo – dijo al fin.

- ¿De naranja? Esta mañana exprimí yo misma unas naranjas.

- Si, vale.

A Neji no le gustaban mucho las naranjas pero tampoco se atrevía a decirlo, no tenía tanta confianza con la chica.

Ino regresó con una bandeja en la que llevaba dos vasos largos de zumo de naranja y un plato con patatas fritas.

- Veras que rico que está, eran unas naranjas muy dulces – se sentó de nuevo al lado de Neji – Oye ¿Te puedo preguntar una cosa? A lo mejor piensas que soy una cotilla.

- Tu pregunta y ya veremos.

- Es sobre… tu padre ¿Te acuerdas mucho de él?

- Bastante – contestó con tristeza – Le hecho mucho de menos.

- Yo estaba muy unida a mi padre. Él decía que yo era su ojito derecho.

- Mi padre siempre decía que estaba muy orgulloso de mi. Supongo que por lo general los padres siempre están orgullosos de sus hijos.

Estuvieron hablando durante más tiempo del que pensaban que podrían hablar e Ino se sorprendió al ver la hora que era.

- ¡Ay que te vas a quedar sin comer por mi culpa! – exclamó al mirar su reloj.

- No pasa nada – dijo Neji levantándose – Siempre habrá un burguer abierto.

Un trueno. Ino de nuevo se encogió asustada.

- ¿Por qué no te quedas a comer aquí? – ella misma se sorprendió al decir aquello, no sabía si había sido una reacción presa del pánico que le tenía a las tormentas o porque le estaba gustando mucho hablar con el chico – Quiero decir que… yo también tengo que comer y… está lloviendo mucho… puedo hacer espaguetis ¿No te gustan los espaguetis? A mí me salen unos espaguetis a la carbonara para chuparse los dedos y no se tarda mucho en hacer.

Otro trueno. La tormenta estaba muy cerca. Neji miró los ojos de Ino y tampoco supo si era porque nunca se había fijado en ese color tan bonito que tenían o porque la notó asustada que también se sorprendió a si mismo al contestar.

- De acuerdo. Pero me tienes que dejar que te ayude. A mí se me da muy bien la cocina.

- ¿Ah sí? Pues no me lo imaginaba. Vamos a la cocina ¿Y cómo es eso? ¿Es que eres un cocinillas?

- Es por el trabajo de mi madre. Tiene cambios de turnos continuamente y la mayoría de las veces me preparaba la comida por las noches y luego yo la recalentaba. Me harté de comida recalentada o fría o comer bocadillos, así que comencé a hacerme yo la comida.

- Es verdad, que tu madre trabaja. Al principio yo pensaba que tú eras rico, como tu prima Hinata.

- La riqueza de los Hyuuga no es muy equitativa, yo pertenezco a la rama "pobre". Cuando mi padre falleció a mi madre le quedó una pensión más bien escasita y tuvo que ponerse a trabajar.

- ¿En que trabaja?

- En una residencia de ancianos. ¿Tu familia sigue con el vivero y la floristería?

- Si, de momento si, parece que nos apañamos.

Hicieron la comida sin parar de hablar de sus familias y de los trabajos de sus madres. Comieron y tampoco dejaron de hablar, esta vez de sus deseos para el futuro, de lo que esperaban conseguir y como se imaginaban que iban a ser. Terminaron de comer y mientras lavaban los platos y recogían la cocina continuaron hablando sobre lo que les gustaba y lo que no.

Y la conversación continuó de nuevo en el salón, frente a un televisor que no veían.

Hablaron y hablaron. No había tema que no les resultase interesante, parecía que cuanto más descubrían uno del otro más cosas querían saber. Lloraron contando como echaban de menos a quienes les faltaban y esos pequeños detalles que al final son los más importantes. Pero también rieron al narrar esas anécdotas que nunca iban a olvidar. Se pusieron nostálgicos hablando de recuerdos de Navidades y cumpleaños, de cuentos y de canciones, incluso se atrevieron a cantarlas.

Todo parecía tan fácil con Neji.

Todo parecía tan sencillo con Ino.

Y de recordar a sus padres pasaron a hablar solo de ellos mismos, de sus manías, de sus miedos, de lo que no soportaban y de lo que les fascinaba y así empezó a hacerse de noche.

La luz fue disminuyendo gradualmente pero a ellos les dio igual.

De nuevo, sin pensarlo ninguno de los dos, Neji se recostó en el sofá e Ino se apoyó en su pecho. Fue un gesto hecho como si llevasen años de confianza y se sentían tan bien, era tan agradable la sensación que ambos cerraron los ojos y así estuvieron hasta que un sonido proveniente del móvil de Neji que indicaba que le había llegado un mensaje, rompió el hechizo.

- Es mi madre - explicó el chico - Ya va para casa y esta noche preparará ella la cena. Bueno, pues será mejor que me marche ya.

- Al final hemos pasado aquí toda la tarde. Espero no haberte fastidiado los planes.

- No tenía ninguno en particular. Hoy no iba a salir, iba a estudiar para el examen del miércoles.

- Y yo te he fastidiado.

- Que no, que va. Aún hay tiempo, además creo que lo tengo bien preparado, pero ¿Y tú? Seguro que habías quedado con tus amigas.

- Que va. Hoy pensaba pasar el día meditando, iba a ir a hablar con mi padre, luego a comer y a comprar un libro para volver a leerlo como si se lo leyese a él. Es que era su libro favorito, en una mudanza lo perdimos y siempre se lamentaba de no tenerlo.

- ¿Qué libro?

- "El retrato de Dorian Gray". Le encantaba. ¿Te parezco tonta por querer leerlo?

- Al contrario.

Se habían acercado a la puerta, Ino ya la había abierto y Neji, antes de salir, volvió a mirar a Ino.

No sabían cómo despedirse, ahora se sentían distintos, eran los mismos pero no era igual.

- Pues... - Neji levantó la mano para hacer un gesto de despedida e inmediatamente Ino la atrapó.

Se quedaron mirando sin saber que decir y con miedo a soltarse, como si la cadena invisible que se había creado esa tarde entre ellos se fuera a romper.

- Viene mi madre - habló de improviso Ino al oír pasos que se acercaban.

Se separaron e Ino encendió la luz porque se acababa de dar cuenta de la penumbra que les envolvía.

La puerta se abrió.

- ¡Mamá! - exclamó Ino - ¡Qué bien que ya hayas llegado!

- ¿Qué hacéis en la puerta? - se extrañó la madre al ver justo allí, en la puerta, sin dejarle entrar, a su hija con ese chico.

- Es que Neji ya se iba. Nos has pillado en la puerta.

- Buenas noches, señora Yamanaka.

- ¿Y tú quién eres y que haces con mi hija a solas?

- Ay mamá no seas paranoica, es un amigo, es el primo de Hinata. Me lo he encontrado en el cementerio, con su madre, estaba lloviendo y yo no llevaba paraguas y ellos han sido tan amables de traerme a casa y le he invitado a tomar algo para agradecérselo.

- Ah - la madre miró interrogativo a Neji y después a la mesita del sofá donde había dos vasos.

- Pero ya me iba - añadió Neji - Gracias por todo, Ino, nos vemos mañana en el instituto.

- OK, pero gracias a tu madre por traerme en coche y a ti por quedarte mientras estaba la tormenta.

Una vez que Neji se hubo marchado, Ino cerró la puerta y miró a su madre como si esperase una de esas charlas de madre.

- Mamá, de veras, no ha pasado nada, nada de nada, así que no te preocupes, ni me eches ninguna charla.

- ¿Yo? Vengo demasiado cansada para charlas, aunque reconozco que es un chico muy guapo, pero no quiero que piense que tienes que agradecérselo como tú ya sabes.

- Que mal pensada eres.

- Piensa mal y acertarás, todos los chicos, sobre todo a su edad, solo piensan en una cosa.

- Pues que sepas que solo me ha acompañado, no ha intentado absolutamente nada y ha sido muy amable. Ya sabes el miedo que me dan las tormentas.

- Anda, toma – abrió su bolso y sacó un sobre - El tipo al que le hemos vendido las tierras parece que es dueño de las boleras esas a las que te gusta tanto ir y me ha dado unas entradas. Para que veas si me acuerdo de ti.

- ¿De verdad? ¡Qué ilusión! - exclamó abriendo el sobre y comprobando cuantas entradas había - Ya se con quién voy a ir.

Continua...