¡Hola a todos! Aquí traigo el segundo capítulo, ya algo más larguito, tal como dije. ^^

Quería agradecer los favoritos a autor e historia, las alertas a autor e historia y los reviews que he recibido, de veras, ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS! *_* me han animado muchísimo y DEBÍA escribir el siguente capítulo y subirlo. ^^ En serio, todas ésas muestras de interés y ver que gusta lo son TODO y hacen que quiera hacer un fic de 100 capítulos, de veras. ^^ (No será el caso, por eso, son demasiados. xD).

Por cierto, he de añadir que he corregido el primer chapter ya que no sé en qué estaba pensando pero puse que la medicina de Peeta la envía Haymitch gracias a los patrocinadores y eso fue el jarabe, la medicina salió del banquete de la Cornucopia, así que mis disculpas por la confusión. *se da un latigazo* *_* xDDD

Bueno, espero que guste el capítulo y muchas gracias como siempre por leer y por todo, ¡saludos! ^^


El anuncio de Claudius Templesmith sobre el banquete en la Cornucopia me otorgó una nueva oportunidad de demostrar mi afán por proteger a Peeta, pero eso no es mi garantía de que saldrá vivo de aquí...

Me despierto con el corte de mi frente ligeramente dolorido, y noto que Peeta no está a mi lado, sino que está mirándome como quien admira algo de otro mundo, y siento sus cálidos dedos rozar mi mejilla para después sentir la suave presión de sus labios sobre los míos.

No puedo evitar que, pese a las circunstancias en las que nos encontramos, es un despertar muy dulce...

Se separa de mí con mirada compungida, como si le doliese romper el contacto de nuestros labios, y me sorprende con otra de sus rebanadas de pan con queso de cabra y rodajitas de manzana... Diría que debe ser la última que puede prepararse ya con nuestras reservas.

- Su desayuno, su alteza - me dice, sonriente mientras lleva la rebanada a mis labios, esperando que le dé un mordisco.

- Espera... - le digo, dubitativa. No lo hace, y acabo con los labios y la punta de la nariz manchados ligeramente por el suave queso de cabra.

Lo veo aguantándose la carcajada, pero no lo logra y entre risas se disculpa.

- Quería preguntarte si era la última que se podía hacer y si tú habías comido algo... - le digo con un tono de fastidio algo fingido.

- He comido unas cuantas bayas, así que no te preocupes. Tú eres la cazadora y también estás herida, así que necesitas reponer fuerzas más que yo. - Me responde, mirando pícaramente las manchitas de queso que me ha provocado.

Por un momento pienso en lo que me diría Haymitch y en lo que le gustaría ver ahora mismo al Capitolio entero, pero la verdad es que, por algún motivo, en el fondo es algo que me apetece, así que sin pensármelo mucho, dejo que las palabras fluyan de mis labios, notando cómo mis mejillas arden:

- Lo que no necesitaba era que me ensuciases con el queso, así que espero que vayas a remediar eso... - lo miro de soslayo mientras lo digo, para terminar bajando la mirada, muerta de la vergüenza por lo que acabo de ser capaz de decir.

Veo a Peeta enrojecer hasta la punta de su nariz. Sé que no se esperaba algo así por mi parte, a pesar de notar cómo se le había pasado por la cabeza remediar su "incidente" con el queso. Supongo que es tan caballeroso que no se quería lanzar a hacer algo así por temor a ofenderme, y ése pensamiento hace que se me acelere el corazón, aunque nada en comparación cuando noto como después de tragar saliva ruidosamente, se acerca a mí hasta posar sus labios sobre la punta de mi nariz y puedo notar muy ligeramente su lengua llevándose el queso.

Debo haber enrojecido tanto como el pelo de la Comadreja...

No tengo tiempo a procesar eso cuando noto la lengua de Peeta relamiendo mis labios, para luego comenzar a besarme, de una forma bastante más... sugerente que las anteriores.

Noto sus labios moviéndose al ritmo de los míos y para entonces, ya he cerrado los ojos y he enredado mis brazos alrededor de su cuello, atrayéndolo más hacia mí, y jugueteando con mis dedos entre su rubio cabello. Él tiene sus fornidos brazos alrededor de mi cintura, y de repente, uno de ellos sube y noto su mano recorrer mi espalda, lo cuál me provoca un escalofrío de lo más agradable...

Súbitamente, noto su lengua intentando entrar entre mis labios... Como acto reflejo, intento morderme los labios, fallando y mordiendo ligeramente su labio inferior, lo cual le termina dando acceso al interior de mi boca, y como si fuese magia, mi lengua termina moviéndose al ritmo de la suya, y nos besamos de ésa forma, respirando cada vez más entrecortadamente.

Noto que Peeta me pega hacia su cuerpo como si su vida fuese en ello, y de golpe, rompe el beso emitiendo un quejido: su pierna.

Me separo de inmediato para examinar su pierna, y compruebo que, al hacer fuerza pegándome hacia él, sin querer había apoyado mi pierna encima...

- Lo siento muchísimo, Peeta... - le digo, entre angustiada y atolondrada por ése beso - voy a volver a ponerte la medicina ahora mismo...

- No podrías haberme dado mejor medicina que la que yo sin pretenderlo he interrumpido... - dice, echando hacia atrás la cabeza, y soltando un suspiro.

No sé demasiado de éstos temas, pero diría que ahora mismo Peeta está bastante acalorado...

... y sólo puedo saberlo porque ahora mismo estoy experimentando ésa misma sensación...