NI UNA PALABRA

By: K.G.Á.É.

DEDICADO A: Quien lo lea ¡Gracias por su apoyo en las historias de Prison Love! : D

Aldnoah Zero no me pertenece.

NI UNA PALABRA

Fue un sueño…

Un día…

Dos días…

Cinco días…

Y el tiempo siguió pasando…

La silla frente a Slaine se mantuvo vacía…

Hasta desaparecer de su vista, dejando nada, al otro lado de la mesa.

Cuando abrió sus ojos, notó que no era un simple sueño:

La verdad era que estaba solo.

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El deseo de alguien al cuidado de otro, sería llevado a cabo hasta donde fuera conveniente. O hasta donde fuera suficiente, después ya no importaría. De igual modo, Inaho cumpliría con el de la princesa hasta que fuera un inconveniente en su vida.

Slaine era un inconveniente por sí mismo.

Ese pensamiento clavó el tenedor en su muñeca, y lo arrastró, lacerando la piel.

Dolía. Pero más dolía ser una carga.

El dolor había estado con él desde incluso antes que su padre muriera…

Nunca tuvo permitido gritar y en ese momento también se contuvo.

Un gemido de dolor escapó de su garganta, sin llegar a ser audible, sin alcanzar a hacer eco en los solitarios pasillos.

Dolía más de lo que pensó.

El dolor había estado con él gran parte de su vida: físico, psicológico, del que fuera. Un poco más no importaría. Porque quiso pensar: que duraría un momento, apenas un instante. Y después… ya no sentiría nada.

Porque esperaba en un futuro cercano dejar de sentir. Sentir su cuerpo ligero, mientras su alma abandonaba ese cuerpo que desde hace mucho había dejado de pertenecerle, que desde hace mucho había puesto al servicio de alguien más; alguien que nunca le necesitó, alguien que le había puesto en otras manos; unas que le habían atrapado, pero que tarde o temprano le dejarían también.

Porque aunque le conocía, no había conectado con él.

No era su obligación. Y de ese modo las cosas serían más fáciles.

Un zumbido le atacó.

No estando más en pie, el espacio hasta el suelo era menor. Su alrededor le parecía ajeno, del mismo modo que el golpe de su cuerpo contra la fría piedra de su celda. Su conciencia alcanzó a percibir el techo sobre él, y lo cubrió con la memoria de un sol distante, iluminando a través de un gran ventanal; antes de que en un parpadeo, fuera tragado por la oscuridad.

Sus fuerzas no le habían alcanzado, para tomar en sus manos el más preciado de sus objetos. El único de sus objetos. Sin embargo, habían bastado para que una expresión tranquila se posara en su rostro. Alcanzando una paz, que había estado ausente por tanto tiempo…

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Cuando abrió los ojos.

El infierno olía a pulcritud y era frío.

Un ambiente esterilizado le dio la bienvenida, junto al sonido de una máquina que marcaba su ritmo cardíaco, casi tan débil, como las gotas de suero y sangre que caían desde la bolsa conectada a su cuerpo por intravenosa…

Si no siguiera débil, le hubiera gustado soltar una sonrisa irónica y romper en una risotada, porque incluso el gusto de abrazar la muerte le había sido arrebatado, de nuevo…

Sus ojos se cerraron. En su vaga conciencia:

El deseo de no despertar de nuevo le pareció maravilloso.

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Preguntas, preguntas.

Respuestas, respuestas.

Escuchaba su ronca voz mezclarse con la de los doctores, a través de un cuestionario. La sensación de lejanía seguía presente. Incluso luego de ver a los doctores salir de la habitación.

Cuando levantaba sus manos, le parecían las de alguien más.

Una venda cuidadosamente acomodada en su muñeca izquierda, era prueba de que eran suyas.

Quiso llevar su mano derecha hasta el lugar donde un diminuto círculo rojo se formaba, no consiguiendo su objetivo, cuando una mano le detuvo; tomando su muñeca sana mientras otra mano tomaba con cuidado el brazo herido.

Aunque reconoció a la persona, se mantuvo cayado sin entender sus acciones, ni por qué su mirada estaba fuertemente concentrada en la suya. Tampoco entendía por qué la presión en su brazo sano incrementaba.

—Soy responsable de ti…—más que preocupación, aquello que ondeaba en su voz era parecido a la voz del Conde Cruhteo queriendo que aprenda su lugar. Una fría cortesía, que implica autoridad sin gritar.

—Sí…—sus palabras salieron más que resignadas con dejadez, indiferentes.

Le era obvio quién le había alargado la vida y, como si se tratara del sello de un contrato, aprovechó el agarre de sus manos para incorporarse un poco más, hasta sellar en los labios del otro su nueva vida.

—Te pertenezco ahora—concedió, al separarse.

No teniendo más que ofrecer que su cuerpo, las cosas sería más fáciles que con la princesa.

Contempló la sorpresa posada en el ojo restante. Llevando por inercia su mano, ahora libre, al espacio cubierto por el parche.

—Debería darte mi ojo izquierdo—agregó como si fuera lo más obvio.

Su mano y su propuesta fueron rechazadas.

Vio a su segundo 'salvador' salir sin decir ni una palabra.

Era un supuesto, sin embargo, a Slaine le pareció un hecho el que: sus ojos fueran insignificantes como compensación para el castaño.

Quizá la próxima vez debería ofrecer más

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N/A: ¡GRACIAS POR LEER ESTO…!

Y SI DEJAN REVIEWS ¡GRACIAS TAMBIÉN POR ELLOS!

¿Por qué un tenedor? No creo que le dejen tener cuchillos. Después de lo sucedido con esto, no lo dejarán comer solo.

Por cierto, no lo intenten. Es doloroso : ) ¡Espero les haya gustado…!