Siento lo de antes

Todavía suelo tener esos pequeños ataques de nervios. Es algo que realmente me fastidia, ¿sabéis? Es decir, vale, venir aquí era una de mis fantasías, pero aun así… Cuando tu sentido de lo que es real y lo que es fantasía se mezclan de esta manera, es muy difícil mantener la calma y seguir adelante, ¿sabéis a lo que me refiero?

En fin, de vuelta a mi historia, supongo. Como estaba diciendo, decidí ir a ver a Twilight Sparkle. Eso no fue dicho y hecho, claro. Me llevaría una media hora tomar esa decisión, y probablemente otra media hora para calmar mis nervios antes de tratar de aventurarme finalmente.

Me levanté, caminé hasta las escaleras y, muy cuidadosamente (cascos y cuatro patas, ¿recordáis?), bajé al primer piso de, efectivamente, Sugarcube Corner. En este piso vivían los Cake: el señor, la señora y, claro está, los gemelos. Me había olvidado de los gemelos hasta que pasé al lado de una puerta abierta que llevaba al, presumiblemente, cuarto de los bebés. Donde la señora Cake estaba… bueno, sin más rodeos, estaba dando de mamar. A los bebés. En el cuarto de los bebés.

Y a ambos a la vez. Tengo que admitirlo, para eso hace falta destreza.

Así que, como dije antes, dando de mamar. La señora Cake debió de confundir mi mirada de puro horror por una de aprobación o de felicidad al ver a los bebés (son una monada, eso lo admito), porque me sonrió y me saludó con un casco. Aparté los ojos de aquel escalofriante espectáculo y le sonreí débilmente. Murmuré algo sobre ir a ver a Twilight y la señora Cake asintió, probablemente demasiado ocupada haciendo sus cosas de mamá como para escucharme o preocuparse por nada de lo que le dije.

Me abrí camino entre escalofríos hasta la planta baja, saludé al señor Cake, casi me desmayé otra vez por el puro surrealismo de todo aquello, y caminé hasta la puerta.

Esa puerta. ¡Me intimidaba muchísimo! Una vez la abriera, estaría fuera de la relativa seguridad que me proporcionaba Sugarcube Corner, que era un lugar extraño, pero al menos me resultaba familiar.

Al otro lado de esa puerta había ponis. Montones y montones de pequeños y felices ponis multicolor. La idea me resultaba terrorífica, en realidad. Estaría expuesto, al aire libre. Dudé… pero entonces recordé que en este lado de la puerta había una señora Cake dando de mamar. ¡De repente todo me pareció mucho más fácil!

Abrí la puerta y di mis primeros pasos en lo que es Ponyville. No fue tan raro como esperaba, la verdad. Era como caminar por una feria medieval, solo que con ponis parlantes de colorines en vez de tíos con mallas ceñidas y tías vestidas como si fueran sirvientas.

Cómo echo de menos las sirvientas. Oh, cierto. Nada de obscenidades. Perdón.

Empecé a caminar por el sendero (de tierra), tal y como era de esperar, antes de detenerme y darme cuenta de que no tenía ni idea de adónde estaba yendo. Miré a mi alrededor y traté de divisar un árbol entre los tejados, pero fui incapaz. No obstante, sí que vi un montón de caras conocidas. O mejor dicho; pelajes, crines, colas y cutie marks conocidas, porque las caras eran todas prácticamente las mismas en la serie, ¿sabéis?

Por ahí estaba Carrot Top en su puesto, vendiendo su género. ¿O en realidad era Golden Harvest? ¿O… no era ninguno de los dos? ¡Tal vez Hasbro no puso sus nombres correctamente, y puede que tampoco el fandom! Empecé a perder un poco los nervios al darme cuenta de que estaba en un pueblo repleto de ponis que probablemente sabían mi nombre (o eso pensaban ellos), ¡pero yo no estaba seguro de cuáles eran los suyos!

Esa unicornio que hay ahí… estoy bastante seguro de que su auténtico nombre no es Colgate ni Romana, ¡pero está saludándome y sonriendo como si fuéramos viejas amigas! ¡Probablemente seamos viejas amigas! Le devolví el saludo y recé porque no se acercara a hablar conmigo. Afortunadamente, siguió su camino.

¿Y la pequeña unicornio lila de crin rubia? Sí, es muy pequeña, pero ¿es realmente Dinky? Y esos dos potros que jugaban con la pelota… bueno, es cierto que sus cutie marks encajaban, pero ¿de verdad eran Snips y Snails? En serio… Snails. ¿Quién llamaría así a su hijo?

Me preguntaba desesperadamente cómo solucionar lo del dilema de los nombres mientras observaba a los potros cómo pateaban la pelota. Y entonces me golpeó.

—Ouch —dije mientras me frotaba el hocico y la pelota se alejaba dando saltos.

—¡Oh, lo siento mucho, señorita Pie! —dijo el pequeño Snips (?) mientras corría hacia mí con cara arrepentida.

Vale, era hora del primer episodio de "¿Qué haría Pinkie Pie?"

—Oh, no pasa nada. Estoy… super… ¿estupendillamente?

¡Argh, no, esa no es Pinkie Pie! ¡Ese es Ned Flanders! Y ha sido lamentable. Realmente lamentable. Lo siento mucho.

Sin embargo, lo que hice después fue peor. Es decir, me pareció una idea brillante en aquel momento, pero en serio, es la idea más estúpida que pudierais imaginar.

—¡Pero creo que ese golpe en la mollera me ha provocado amnesia temporal! —dije—. ¡Rápido, dime cómo te llamas!

¿Ves? No bromeaba, fue una idea la mar de idiota.

—Em… Snips, señorita Pie —dijo el potro mientras me mostraba esa mirada que cualquier forma de vida inteligente se reservaba para la gente chiflada—. Y él es Snails —continuó mientras hacía un gesto a su amigo, el cual estaba observando con la mirada perdida la pared de un edificio.

Je. Así que alguien que se atrevió a llamar así a su hijo. De todas maneras, ¡es estupendo! ¡Dos menos; solo quedan un par de centenares más!

—¡Claro! ¡Por supuesto! Y… ¿por dónde se va a la biblioteca, Snips? —Eso que fue una buena idea. Es decir, el chaval ya estaría convencido de que estaba como una cabra, así que ¿por qué no obtener algo de información?

El pequeño y rollizo unicornio señaló con un casco. Justo por donde yo había venido. Estupendo.

—¡Gracias, Snips! —dije con alegría sincera en mi voz. Me di la vuelta y fui por donde me señaló.

En realidad me sentía bastante bien en aquel momento. De hecho, creo que "aliviado" sería el término más apropiado, ya que de repente me sentía mucho menos estresado. Así que mi "emocionómetro" pasó de "aterrorizado" a "feliz", y empecé a tararear para mí mismo mientras caminaba.

Entonces pensé en que estaría guay que mis pasos acompañaran a la canción que estaba tarareando. Me llevó un tiempo cómo hacer eso sin tropezar con mis propias patas, pero al final pude hacerlo.

Así que, allí estaba, tarareando y caminando por la calle, y de repente la letra de la canción se apareció en mi cabeza.

Me llamo Pinkie Pie, y os quiero hoy contar…

Ay, madre. Estaba tarareando la canción de Smile. Esperaba que fuera mi imaginación lo que hizo que sintiera que algo se estaba formando a mi alrededor, una especie de energía, como si estuviera justo debajo de una tormenta que empezaba a formarse rápidamente.

Me paré súbitamente y escuché un gran alboroto detrás de mí. La sangre se me heló. Giré la cabeza lentamente, temeroso de lo que vería detrás de mí.

Y detrás de mí había dos docenas de coloridos ponis, todos apelotonados al detenerse de repente y mirándome con grandes sonrisas y ojos expectantes.

Santo Dios, ¡estaban a punto de realizar un número musical improvisado justo detrás de mí! Les dirigí la mirada y dije lo primero que se me pasó por la cabeza, que fue: "¡Aaaaaagh!"

Y entonces salí corriendo y dejé atrás a un puñado de ponis perplejos.

Por cierto, os puedo asegurar que las habilidades de Pinkie que mostraban en la serie no estaban exageradas para nada. Tío, cuando quiere, ¡esta poni se mueve como las balas! Los edificios volaban por mi lado mientras corría preso del pánico. Os daré unos detalles para que os hagáis una idea: cascos estruendosos, patas borrosas, viento en mi crin, cola fluyendo detrás de mí… todo tipo de cosas que implican "poni corriendo muy, muy rápido".

Naturalmente, una vez más calmado, me di cuenta de que me había perdido otra vez. Me vi en uno de esos parques que se ven de vez en cuando en la serie, ese en el que hay una estatua con un poni sin nombre que lleva una silla de montar y está a dos patas.

Mi "emocionómetro" cambió de nuevo, y pasé a estar pensativo y malhumorado, así que me senté bajo un árbol para recuperar el aliento. No estaba preparado para vérmelas con el pueblo otra vez, al menos todavía no, así que traté de relajarme y al menos aparentar algo de control.

Vale. Nota mental: nada de cantar mientras soy Pinkie Pie, que pasan cosas raras.

Me quedé ahí sentado durante… Dios, no sé, ¿tal vez veinte minutos? Después mi cerebro empezó a calmarse un poco y a pensar con claridad otra vez. Bueno, vale, con claridad no, pero sí con más claridad que antes.

Mientras estaba ahí sentado, la vocecita en mi cabeza apareció de nuevo y dijo:

A ver, eres Pinkie Pie y también eres nuevo en el pueblo ¿No significa eso que tienes que montar una fiesta para ti mismo?

Eso me resultó absurdamente gracioso, y antes de que me diera cuenta, estaba literalmente rodando por el suelo y riendo de forma histérica. También experimenté una nueva sensación, algo que jamás había hecho siendo humano: ¡la legendaria risa-ronquido!

Probablemente no me hubiera resultado tan gracioso si no hubiera estado tan decaído dos minutos antes.

En fin, una vez se calmaron mis risitas porquinas, me levanté de nuevo. Definitivamente me sentía mucho mejor. Bueno, excepto que tenía sed, así que bebí un poco de agua del estanque que estaba a los pies de la estatua, la cual, puaj, sabía fatal, pero al menos me quitó el gusto a glaseado que todavía tenía en la boca. Solo de pensar que estaba saboreando lo que Pinkie había comido antes de que yo me metiera en su cuerpo me daba repelús cosa mala.

Y entonces me percaté de que había una fuente para beber al lado y me pegué con un casco en la frente por haber estado bebiendo el apestosa agua de un estanque.

Vale, esto lo digo con toda sinceridad, chicos (o chicas, o… probables alienígenas). Si alguna vez os encontráis con que tenéis cascos en vez de manos, ¡tened mucho cuidado al daros con él en la cara! En serio, casi me dejo KO del golpe. Acabé con un chichón considerable en la cabeza, pero… bueno, supongo que me serviría para que mi historia de la amnesia fuera más creíble, ¿no?

Así que, tampoco está tan mal la cosa, ¿cierto?

Vale, una vez acabé de darme sopapos en la cara, bebí un poco más de agua, esta vez de la fuente, que sabía mucho mejor.

Después caminé de vuelta al pueblo muy seriamente. Nada de cantar, nada de tararear, nada de nada. ¡Malditos ponis y sus espontáneos números musicales!

Estuve deambulando un rato, pensando que así acabaría por toparme con la biblioteca. Quiero decir, Ponyville tampoco es tan grande, ¿no? Al menos, eso es lo que pensaba. Pero en realidad, Ponyville es enorme, o eso parece cuando no tienes ni idea de dónde estás. Pasé por delante de Carousel Boutique como cinco veces, todas por accidente, y no me topé con ningún otro lugar conocido.

Al final llegué de nuevo a Sugarcube Corner. Snips y Snails todavía estaban ahí, jugando con la pelota, y Snips me miró de forma sospechosa, probablemente pensando en cuál sería la siguiente tontería que se escaparía de mi boca.

Pero ahora que sabía (más o menos) dónde estaba. ¡Ya podía ir camino a la biblioteca!

Y hubiera llegado a ella si no hubiera sido por…

Ups, vaya, tengo que irme. Lo siento, tengo visita, y me resulta muy difícil mantener una conversación mientras trato de romper la cuarta pared. Ya seguiremos en otro momento, ¿vale?