2.

Kiba no sabe de sueños. Kiba sabe sensaciones, conoce a sus amigos por el olor y su chaqueta favorita por el tacto. Kiba sabe de corazonadas, sabe que a Hinata le gusta Naruto, sabe que va a suspender el examen de literatura de Kakashi y sabe que Shino está ahí cuando está (Naruto dice que eso no tiene sentido, pero Kiba dice que cómo puede no darse cuenta, si es Shino, cómo no ves a Shino).

Kiba siente más que sabe. Nota más que entiende: que manos más grande que tienes, le dijo la caperucita al lobo y el lobo, con su voz ronca y el hocico escondido debajo de las mantas de la cama de la abuelita, dijo son para cogerte mejor y Kiba se río tanto que lloró y lloró tanto que se durmió y cuando despertó, el olor de tortitas y chocolate por la casa, se levantó chillando que quería, su madre le pellizcó la nariz diciendo que nariz tan buena que tienes, Kiba y Kiba contestó es para oler mejor, mamá y el eco de sus risas parecían ladridos y los ladridos se clavaban en sus oídos como agujas en su corazón.

Naruto le dijo una vez que era un animal, un bruto, un grosero; un bárbaro, salvaje, una bestia. Kiba le había sonreído, las mejillas estiradas hasta doler, enseñando los dientes blancos y amenazantes y le había espetado:

—¿Quieres ver lo que es un animal?

Y se lo habría enseñado, porque a veces, cuando inclina la cabeza de cierta manera, hacia la derecha y con media lengua fuera, la nariz apuntando hacia arriba o cuando ve a Hinata desde su pupitre, con los ojos asomados entre los brazos cruzados encima de la mesa y está medio dormido y muy aburrido, le parecía como si el alma se le escapase del cuerpo, y porque una vez vio a Kakashi sin mascara, aunque nadie se lo crea, y vio que tenía colmillos escondidos detrás de los labios que hicieron que a Kiba le entraran ganas de volver a casa o de gruñirle y ladrarle y Kiba es una persona con los pies en la tierra, Kiba no cree en experiencias extracorporales, pero, pero.

La primera vez que vio a Shino, detrás de su mesa, gafas de sol dentro de clase, tan raro como lo sería siempre, y le saludó:

—¡Hola, soy Kiba!

Shino le respondió:

—Lo sé.

Y a Kiba a veces le duelen las mejillas de tanto sonreír y el corazón de tanto vivir y cómo explicas que sí, que tienes dos piernas y dos brazos y dos ojos que ven en color y alta definición, pero que no te sientes ni del todo humano ni del todo ahí.

(Hinata siempre le pregunta si está bien cuando se duerme en clase y él se despierta de correr a cuatro patas detrás de sí mismo y ladrarse un

Despierta, despierta, despierta

Que huele a desesperación y a dieciocho años que han pasado demasiado rápido pero que Kiba no ha sabido parar).