Dulce Castaña.

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Disclaimer: los nombres propios aquí mencionados son propiedad J.K Rowling.

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Capitulo Dos: Lobo con piel de Cordero.

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El constante y rítmico sonido de la maquina junto a él lo trajo de vuelta a la realidad. Todo era blanco y frío a su alrededor y la cama sobre la que su cuerpo descansaba, dura e incomoda. Un catéter en el dorso de su mano derecha le administraba el medicamento y el monitor, también a su derecha, marcaba su ritmo cardiaco, el "Pi, pi, pi" que éste producía fue lo que lo despertó. Aún estaba mareado, muy cansado y el dolor apremiante de cabeza no le permitía ni siquiera moverla.

Lentamente se llevó la mano izquierda hacia el cuello tanteando la zona hasta llegar al hombro donde notó las gasas que cubrían las heridas ya suturadas. Estaba vivo. Aquel maldito bastardo no pudo con él, pero ¿De que servía si por el resto de su vida se pudriría en cuerpo y alma dentro de esa inmunda prisión?

Todo por ella. Aún recordaba como si hubiese pasado un día y no tres años desde que la conoció.

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El fuerte rugir de su moto retumbaba en los amplios valles de el condado de Oxfordshire. El viento bramaba en sus oídos y el chirrido que hacía la llanta trasera cada que tomaba una peligrosa curva le aceleraba el corazón. El cielo gris anunciaba tormenta y la neblina mañanera impedía ver más allá de ochenta metros. Debían de ser cerca de las ocho de la mañana.

Escapaba de la casa de Pansy como endemoniado. Ya estaba cansado de que ella no entendiera que entre ellos no podría existir nada mas de lo que ya tenían. Además aún le dolía la bofetada que le dio frente a todos el día del funeral de Severus, todo para aparentar ante los demás algo que no eran. Ya no hallaba como hacerle entender que no era ese hombre maravilloso que ella creía, que su imperfecto corazón jamás la podría amar como ella deseaba, que la apreciaba, si, pero como se aprecia a una compañera, a una buena amiga. Pero a ella le encantaba que todo el mundo hablara de ellos como pareja. Sin tomar en cuenta que a él le encantaba cosechar su reputación de chico malo. Estaba seguro que sería más fácil convencer a la vieja señora Granger que él era un buen muchacho, a convencer a Pansy que era todo lo contrario.

Bajó un poco la velocidad, se estaba acercando a la misma curva en que el querido Severus Snape murió hacia ya algún tiempo, cuando la vio. Apareció de entre la nada, con su pantalón beige moldeando las largas piernas y la blusa blanca de botones ajustándose a su pecho. El cabello peinado en un moño alto y una clara expresión de angustia en el rostro. El vacilante dedo pulgar apuntado hacia arriba evidenciaba que era nueva en esto.

Draco pasó de largo alcanzado a ver la cara de decepción en la chica. Cuando ya iba aproximadamente cien metros delante de ella, se detuvo. Debía de dar media vuelta, si, pero para ir a hablar y solucionar las cosas con Pansy, por otro lado, no podía dejar a esa pobre mujer sola en medio de la nada. En Oxfordshire, como en cualquier otro lado, se escuchan terribles historias de lo que les pasa a las mujeres cuando se encuentran solas en un sitio como ese. Si no era él podría ser otro con no muy buenas intenciones.

"Y una mierda que", a quien quería engañar, el no era ningún santo, además no podía decir que sus intenciones eran cien por ciento puras. Nadie en su sano juicio dejaba escapar una mujer hermosa cuando se le presentaba una oportunidad así, y él menos. Dio media vuelta a su moto y se acercó hasta ella. Se detuvo a casi un metro de distancia, salpicando el pantalón de la chica de barro a causa del freno tan brusco que hizo. La chica refunfuñando se inclinó a limpiarse.

Pasó una pierna por arriba de moto, se bajó de ella y con el pie derecho le bajó a ésta la pata de cabra para que se sostuviera.

Se acercó a ella lentamente quitándose los guantes de piel.

¿Estas bien?—, preguntó, pero ella solo dio un paso hacia atrás atemorizada. Y Draco lo entendía, el ir vestido total y completamente de negro era un buen motivo para reaccionar así. Sabía que la chamarra de piel lo hacía ver más alto y ancho de hombros de lo que ya era y el casco, también negro, no ayudaba mucho. Decidió quitarse éste ultimo para poder infundir un poco mas de confianza en la chica. El lacio y despeinado cabello dorado cayó en mellones sobre su frente y los impactantes ojos grises brillaron tras de ellos. — ¿Estás bien? —, volvió a preguntar.

Si. Gracias por detenerte. Creí que no lo harías.

Yo también—, aunque eso no era del todo cierto. Cada vez que pasaba por ese lugar paraba solo unos minutos para pensar. Fue una tremenda casualidad que ella se encontrara justo ahí en donde Severus murió tras chocar con el borracho del pueblo.

Aún lo extrañaba. Lo había conocido varios años atrás, cuando se fue de casa del maldito de su padre. Fue Severus Snape quien le brindo su apoyo, el que le dio una oportunidad de salir adelante. Lo quiso como el padre que siempre deseo tener y sabía que él llegó a quererlo como el hijo que nunca tuvo. Últimamente lo añoraba mas de la cuanta, sería porque ya estaba cansado de estar solo, sería porque el deseo de volver a ver a su hermana, esa que no veía el años, se hacía mas fuerte o porque las ganas de volver a pisar su casa, de tener un hogar se hacían cada vez mas grandes. Entonces cuando las dudas y los sentimientos eran demasiado pesados para su conciencia recurría a ese lugar, a su recuerdo, en un último intento de obtener un consejo.

El rugir de un auto lo sacó de sus pensamientos. Era un Porche amarillo que seguía el rumbo que él ya había recorrido. Se parecía a…Nott, Theodore Nott, el antiguo y violento novio de Pansy. La chica había terminado con él hacía casi un año, pero el seguía molestándola, acosándola, seguía sus pasos y espiaba cada uno de sus movimiento. Cuando él y Severus la conocieron ella se encontraba desesperada, intentando huir de su exnovio. Entre los dos la apoyaron y le dieron trabajo, convirtiéndola en su secretaria. Cuando el auto se perdió de vista, volvió su atención hacia la castaña frente a él, sin dejar de notar como el rostro de ella mostraba alivio al ver como el Porche desaparecía tras una curva. "¿Quién esperaba que fuera?"

¿Hacia donde vas?

¿Qué?—, preguntó confundida. Él solo levanto las cejas. —A si, hacia Oxford, tengo un vuelo que tomar.

Escogiste un día terrible para volar ¿No crees? —. Él dio un paso mas hacia la chica, a lo que ella reaccionó dando otro hacia atrás. —Tranquila no voy a hacerte daño—, "o nada que tu no quieras", —solo quería quitarte, esto—, dijo mostrándole la hoja que tenía atorada entre el cabello y que él retiro con delicadeza. —Soy un lindo corderito, te lo puedo asegurar—. Le brindo su sonrisa más encantadora.

¿A si? —, cuestionó incrédula mientras se cruzaba de brazos.

¿No me crees?

¿La verdad?, no.

Pues que lastima. Hasta luego entonces —. Se giró e hizo ademán de volver a subirse a la moto.

¡No espera! ¡No te vayas! Yo lo siento, no fue mi intención ofenderte—. Caminó presurosa hacia él tomándolo fuertemente por el antebrazo. Draco no pudo evitar la descarga que ese simple contacto, que ni siquiera era piel con piel, produjo en él.

Lo miraba directamente y él no pudo evitar hacer lo mismo. Las castañas y grander orbes que eran sus ojos destilaban intensidad, descubrió en ellos una fortaleza inmensa. Supo que, sin importar la pena, dolor o emoción que llenara su cuerpo, ella jamás les dejaría dominarla, comprendió que era del tipo de mujer que lo daba todo por el todo, que no se dejaba vencer por nada. Valiente sin importar la situación. Y mas sorprendido aún, descubrió en ella, ese algo que venía buscando, el no se que faltante en su vida.

Bien. Tal vez mentí un poco, no soy tan inofensivo. Creo que mas bien soy, como me dicen por ahí, un lobo con piel de cordero—, dijo intentando aligerar la tensión que se había producido.

Talvez, aunque tampoco ere tan malo como aparentas ser.

¿Y tú qué sabes de mí? — ¿Qué podía saber ella de él? Jamás en su vida la había visto hasta ahora y por la situación en la que la encontró, no podía tener lazos muy fuertes con alguien del pueblo, porque si así fuera, no estaría en medio de la nada pidiendo un aventón ¿O si?. Por otro lado, no creía que las injurias y habladurías de la señora Granger llegaran tan lejos como para que su reputación se conociera más allá del condado de Oxfordshire.

¡Vaya! Nada—, contestó encogiéndose de hombros. —Pero aun así, no puedes ser mas malo y causarme mas dolor del que me ha causado mi familia o los hombres que a lo largo de mi vida han jurado amarme.

¡Ni que lo digas!—, exclamó saltando un carcajada.

Entonces ¿Me puedes ayudar o no?

Si lo… ¡Maldición! —. Incontables gotas de lluvia comenzaron a caer sobre ellos, mojando sus ropas y haciendo que mechones de cabellos se pegaran a sus rostros. Y no solo eso. Draco tuvo que morderse la lengua y apretar fuertemente los puños ante la visión que se desarrollaba frente a él.

El agua helada se pegaba a su cuerpo provocando que las ropas se le pagaran al cuerpo como si de una segunda piel se tratase. La blusa blanca era cada vez mas transparente dándole a Draco el excitante panorama de sus redondos y turgentes pechos aprisionados en un diminuto sujetador de encajes blancos. El pequeño y erguido pezón se alzaba entre las ropas, apuntando directamente hacia donde estaba él. Al tiempo que varios mechones se soltaba del peinado cayendo sobre sus hombros. El que ella se abrazara así misma en un intento por aminorar el frío, no ayudó mucho a la cordura de Draco pues con esa acción los senos que tanto lo maravillaban se hacían más evidentes al encontrarse oprimidos entre los brazos de la castaña. Cuando Draco salió de su ensimismamiento se dio cuanta como ella tiritaba.

Ten—, le dijo tendiéndole la chamarra negra que usaba. —Tienes frío, la necesitas.

Pero si yo me la pongo, el que tendrá frío serás tú.

No importa, estaré bien. Pontela—, le apremió al ver su negativa. Al final a la castaña no le quedó otra que acepar.

¡Ey! ¿Qué haces? —, le regañó al ver como Draco se inclinaba y tomaba la bolsa de la chica del suelo.

¿Piensas dejarla aquí? —, preguntó señalando la bolsa. —O ¿la vas a tirar después?

Claro que no, es MI, bolsa.

Entonces no te pongas histérica. Mira—, le dijo mientras acomodaba la bolsa en la moto…—ahí está tu linda bolsa, no le pasará nada. ¿De acuerdo? —. Ella asintió con la cabeza. —Bien, ahora ¿Nos podemos ir ya?

Ella echó un último vistazo a su alredor para después aceptar la mano que Draco le ofrecía, para ayudarla a subir. Una vez los dos acomodados arriba de la moto, con ella detrás de Draco, éste dijo:

Agárrate fuerte de mi—, la chica solo se acercó un poco a él tímidamente. —No, lo haces mal, así —, tomó las manos de la castaña entre las suyas y la obligo a rodearle por completo la cintura. —Ahora pega tu piernas contra mis caderas—, ella lo hizo, pero solo un poco. —Mas—, le permió. Pero al instante se arrepintió, porque no pudo evitar excitarse al sentir la pelvis de la chica contra si. A su mente llegaron cientos de escenas de lo que podrían hacer, de lo mucho que podrían disfrutar si se encontraran en un situación muy parecida, ella con las piernas abiertas, chocando su pelvis contra la suya, rodándolo por las caderas con las largas piernas, pero con la diferencia que él estaría de frente a ella y no de espaldas. Lo bueno que en estos momentos ella se encontraba detrás de él, porque sino, el bulto duro y grande entre sus piernas las habría asustado, ¿O tal vez no? Movió su cabeza de un lado a otro intentando despajar la mente de tan excitantes y apetecibles imágenes. Auque no ayudo mucho cuando ella le preguntó con un tono inocente:

¿Estás bien?

"¿Qué si estaba bien?, no, no lo estaba. No lo estaba si deseaba en ese justo instante bajar de esa moto y con ella desnuda aún arriba, hacerla suya. Que en lugar de tener en motón de metal entre sus piernas lo tuviera a él, a él y a su gran verga. Que en vez del rugir de una moto, que fueran sus gemidos los que se escucharan y que se aferrara a su espalda mientras la hacia desfallecer de placer con cada penetración suya.

Si. Vámonos—. Se puso en casco y arrancó. Logrando acallar solo un poco, los gemidos, que aunque imaginados, aun retumbaban en su cabeza.

Estuvieron así por casi media hora, hasta que una aterciopelada voz le habló al oído.

¿Por qué no me dejas ahí? Hay un motel y yo podría pasar a cambiarme y llamar un taxi para que me lleve al aeropuerto, así tu no te tendrías que desviar tanto de tu camino—. Draco solo asintió haciendo un rápido movimiento de cabeza.

Llegaron al lugar que la castaña señaló. Draco pidió una habitación y acompaño a al chica hasta ahí. Cuando abrió la puerta se encontró con una linda habitación de dos plazas. La ropa de cama era verde con bordados color plata al igual que los almohadones. Un pequeño mueble entremedio separándolas y una lámpara sobre él. Las cortinas gruesas cortinas, también verdes, no permitían al paso de la luz.

Y por tercera vez en ese día, Draco Malfoy tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad ya que las eróticas escenas de él haciéndole al amor a ella, en esas camas, lo golpeaba con más intensidad cada vez. Casi se podía ver a si mismo desnudo, con ella debajo de él en igualdad de condiciones, adentrándose a cada minutos mas profundo en su interior, arrancándole a ella gemidos, gritos de placer, mientras le enterraba las uñas en la espalda.

Bueno creo que hasta aquí llegamos—, habló la chica rompiendo el encanto y matando las ilusiones que Draco tenía, de que lo que imaginaba se podría cumplir.

Si creo que hasta aquí. Yo me voy, suerte en tu viaje entonces—¿Un beso en le mejilla? ¿Un abrazo? ¿Un simple gesto con la mano? ¿Un polvo quizás? ¿Cómo se supone que se debía de despedir? Ella le dio la respuesta.

Adiós—, y así sin mas le cerró, prácticamente, la puerta en la nariz.

Adiós—, susurró para si.

Se dirigía con paso lento hacia su moto queriendo atrasar lo más posible su separación. Talvez ella en el ultimo momento se arrepentía y le pedía quedarse, ¿Un par de horas?, ¿Toda la noche?, ¿La vida entera?...

Con desgana se puso los guantes negros, montó la moto y estaba a punto de ponerse el casco cuando….

¡Espera!

A Draco se le paró el corazón, y no pudo evitar que también otra cosa, ante las fachas con las que ella regreso ante él. Había desabrochado los primeros botones de su blusa blanca, dejando ver el generoso escote y el inicio de sus senos. El cabello totalmente suelto caía en alborotados rizos sobre sus hombros, los labios rojos y entreabiertos haciendo juego con sus mejillas sonrojadas. No pudo dejar de pensar que ella luciría justo así después de que él le hiciera el amor. Venía jadeando a causa de la carrera que de seguro hizo por alcanzarlo, provocando que el pecho le subiera y bajara a una velocidad acelerada, haciendo más evidente el escote y aumentando la tortura de Draco.

Yo… Solo quería decirte gracias. Estoy en deuda contigo.

No tienes nada que agradecer—, dijo tratando de ocultar su desilusión. — Y tampoco me debes nada, te lo…—, pero se calló al sentir como los labios de la chica tocaban su mejilla en un beso inocente.

Gracias—, le dijo muy cerca del rostro, con los ojos fijos en los de él. Sintiendo sus aliento mezclarse y saboreando la agradable sensación que su olor le producía. Hombre, olía a hombre, puro, pleno, viril. —Adiós—. Dio media vuelta y se perdió entre las paredes del motel.

Adiós—, susurró una vez que ya se había ido. Pensando que esa sería la ultima vez que la vería, que la tendría cerca. Si tan solo hubiese tenido otra suerte. Si tan solo hubiese tenido suerte.

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"REVIEWS"

Gracias por leerme.

Besos Gely :)