—¡Que por ahí viene la pasma, tío! —gritó Matt señalando la calle perpendicular con la que se cruzaba en el coche que acababa de robar. El conductor miró a donde le dictaba su compañero y vió tres coches patrulla con sus chispeantes luces rojas, chasqueó la lengua e hizo girar el vehículo ciento ochenta grados situándose en dirección contraria. Pisó el acelerador haciendo chirriar los neumáticos en la carretera. Alarmas, gritos y advertencias por megáfono envolvían aquella noche trepidante en la que dos chicos huían de la policía a una velocidad desbocada.
Mello controlaba el volante con una seguridad inusitada mientras la patrulla se echaba sobre ellos como depredadores hambrientos. Serpenteaba por las calles de Greater Landover haciendo maniobras casi imposibles. Matt se sujetaba a la puerta del coche y mantenía los ojos muy abiertos pensando que en aquella ocasión no lo iban a contar o que necesitaban un milagro para poder salir de ésta. Miraba constantemente hacia atrás.
—Jamás nos los quitaremos de encima, Mello —insistió cada vez más nervioso —Esta vez nos dan estopa, tío.
—No jodas, Matt —exclamó Mello derrapando y atravesando una zona ajardinada. Miró por el espejo retrovisor: la policía se acercaba más y más y no era de estrañar que también les cercaran por delante. Frunció el ceño y apretó los dientes —Matt... En el asiento trasero.
El chico obedeció y buscó las armas por debajo de los asientos. Bajó la ventanilla del coche sintiendo el azote del aire frío en la cara. Sacó el brazo y dirigió la pistola hacia los agentes que les perseguían. Tres estruendos surcaron la carretera y el parabrisas del coche patrulla que estaba más cerca se hizo añicos extendiéndose por el asfalto. El vehículo perdió el control y fue a estrellarse contra un establecimiento, los peatones chillaban y corrían a esconderse de las balas que silbaban a tan pocos metros. Mello seguía adelante sin dar tregua al motor, el cual cada vez bufaba con más furia, siguió acelerando hasta perder de vista a los demás. Supuso que el accidente que habían provocado segundos antes sirvió para detenerlos de forma forzada. Matt volvió a sentarse y echó la cabeza hacia atrás, aliviado. El sonido de otras alarmas les hizo volver a ponerse todavía más en guardia.
—¡Joder! ¡¿No se pueden morir ya? —gritó Mello con un humor cada vez más violento. Giró el volante y logró meterse en una calle muy angosta de dirección única al haber sólo un carril.
Matt miraba a todos los lados y de vez en cuando volvía a disparar. La policía les seguía pisando los talones. Pegó dos tiros y logró darles, de modo que el vehículo policial paró en su propia inercia e impidiendo el paso a los demás coches. Eran libres.
—¡Sí! ¡Genial! —gritó Matt eufórico recargando la espalda en el asiento.
Mello sonrió y le dio un mordisco a la tableta de chocolate que tenía en la mano. Lograron entrar en la carretera principal y se dirigieron directos a la autopista. Pero, cuando aún no habían podido saborear del todo la victoria, tres coches patrulla les acorralaron por delante casi sin saber por dónde habían salido.
—¡Qué cojones...! —exclamó Mello mientras pisaba a fondo el freno para evitar darse de bruces contra la barrera de vehículos. Ambos chicos se encogieron esperando un golpe brutal y soportando el rechinar de los neumáticos destrozándose en el asfalto. En el último momento, Mello levantó el rostro y vio a tres agentes apuntándoles desde fuera de sus coches. El chico frunció el ceño y desvió la trayectoria, haciendo patinar el coche hacia el primer callejón que vio. Los disparos desde atrás no se hicieron esperar.
—¡Agáchate, Matt! —voceó intentando hacer lo propio mientras notaba cómo los balazos arañaban la chapa del coche.
Miró con expectación el callejón oscuro que les daba la bienvenida, ya casi estaban dentro cuando un estruendo terrible y un temblor letal les hizo derrapar hasta chocar contra otro coche aparcado. Intentó arrancar sin éxito.
—¡Joder! Nos han reventado el neumático —se lamentó Mello mientras intentaba salir por la puerta abollada a toda prisa —Por aquí es imposible ¡Matt, mueve el culo, coño! ¡Salgamos de aquí!
Ambos fugitivos salieron del coche y se adentraron en los suburbios, corriendo como balas y perdiéndose en el interior. A sus espaldas podían oír a los agentes corriendo tras ellos "¡Alto en nombre de la Ley!" "¡Salgan con las manos levantadas!" Los chicos siguieron huyendo casi a ciegas, recorriendo sin descanso el laberinto de los arrabales, pisando charcos y escombros con la esperanza de dejar de oír aquel eco de policías que repercutía entre los edificios. Al cabo de unos minutos, se hizo el silencio. Matt y Mello se pegaron de espaldas a un muro, respirando con dificultad, dejando que sus corazones adoptaran un ritmo normal.
Matt se deslizó hasta el suelo y se sentó con la cabeza entre las rodillas. Pasaron así unos largos minutos hasta que consiguieron tomar el control de la situación y determinar que el peligro ya había pasado. Mello le dio unas palmaditas en el hombro y tiró de su camiseta para que se levantara.
—Vamos, tío —susurró mientras caminaba cabizbajo —No nos podemos quedar aquí...
Dobló la esquina y se paró en seco. Delante de él tenía a un agente apuntándole a pocos metros con un revólver. El muchacho abrió mucho los ojos realmente sorprendido.
—No... te... muevas —espetó el policía con voz baja pero autoritaria mientras seguía interpérrito con el arma directa a su pecho.
La mente de Mello trabajaba a gran velocidad: quería advertir a Matt, el cual todavía seguía sentado resollando sonoramente, pero no sabía cómo hacerlo sin delatarle. Incluso pensó en utilizar su propia arma que tenía en el cinturón, pero el agente le tenía demasiado pillado. Era imposible coger la pistola y descargar antes de que lo hiciera el policía.
—Agente... —dijo en voz lo suficientemente alta para que Matt se percatase de la situación. Levantó las manos y sonrió de forma descarada —No hay por qué ponerse nervioso...
Matt se levantó poco a poco, sacó la pistola que tenía guardada sin hacer el más mínimo ruido y se acercó a la esquina, dispuesto a cargar contra el agente cuando menos se lo esperara. Contó hasta tres y, con un rapidísimo movimiento, disparó al policía en el brazo y ambos chicos salieron corriendo. El agente gritó de dolor pero no soltó el arma, les persiguió hasta tenerlos visibles.
Matt y Mello improvisaban recorriendo las estrechas callejuelas, ya sin pensar en cómo distraer al policía. Sólo pensaban en correr y escapar por fin. Cuando ya estaban casi al final de la calle, vieron con angusta como otro policía les detuvo en frente. No tenían escapatoria. El que tenían delante no se anduvo con chiquitas y disparó varias veces hasta alcanzar a Mello debajo de la clavícula. El chico ahogó un grito y se apoyó en la pared, el dolor no le dejaba pensar y se llevó la mano a la herida.
Su compañero le miró aterrorizado y disparó a ambos policías hasta dejarlos tendidos en el suelo, inconscientes. No sabía si les había matado o estaban heridos, poco le importaba. Se dirigió hacia Mello a toda prisa y le sujetó antes de que cayera al suelo.
—¡No, tío! ¡No me jodas! —exclamó desesperado con la respiración agitada.
Mello notaba como poco a poco su vista se iba nublando y luchó contra la oscuridad que se le venía encima, intentando mantener el conocimiento. Ya no oía nada, todo a su alrededor se desvaneció. Lo último que vio fue a Matt gritando su nombre.
En la SPK los agentes trabajaban sin descanso y mucho más motivados a partir de las deducciones de Near. Ahora todas sus investigaciones se concentraban en el cuartel del segundo L, como llamaban a Light Yagami. Era realmente gratificante ver cómo todo emprezaba a cobrar forma, cada vez más y más, aunque iban lentos pero seguros. Gevanni estaba fuera cumpliendo con un encargo de Near, los demás no daban tregua a todos los medios que tenían disponibles en aquella sala, hackeando oredenadores de la policía japonesa e incluso contando con la información de algún miembro del cuartel de investigación japonesa. Todo era un revoltijo de sonidos de los dedos repiqueteando sobre el teclado, móviles sonando y el acogedor sonido de la cafetera ofreciendo un respiro a los extenuados agentes.
Near se encontraba tumbado en el suelo, oía todos esos sonidos como si fuera en la lejanía. Hoy tenía la cabeza en otra parte. Sencillamente estaba aburrido.
Hacía chocar dos cochecitos entre ellos y los deslizaba por un tobogán y así constantemente, haciendo lo mismo ya de forma maquinal. Ni siquiera se preguntá el por qué de tanto hastío. Miró la luna por la ventana y notó como el ruido de la ciudad se apagaba de forma gradual, sumiéndola en un profundo sueño. Sus ojos oscuros recorrieron la sala de monitores sin que nada le llamara la atención. El reloj marcaba las tres y veinte de la madrugada, pero ninguno de los agentes hacía amago por ir a sus casas, sólo McEnroe se había tomado un más que merecido descanso y se hallaba medio tendido en el sofá, con la corbata desabrochada y un café a medio derramar en su mano.
Rester investigaba acerca de ciertos informes policiales que se hicieron respecto a los agentes del FBI que fueron asesinados por Kira cuando, por el rabillo del ojo, vio algo extraño en el monitor número seis. Dejó de teclear y escudriñó la imagen poniéndola en zoom. Estaba perplejo por lo que estaba viendo pero, como era costumbre, no se reflejó en su rostro.
—Near —le llamó con voz firme y todos le miraron.
—¿Mmmm? —musitó el chico saliendo de su ensimismamiento.
Rester carraspeó antes de hablar y sin dejar de mirar el monitor número seis. Los demás siguieron trabajando pero alertas a lo que pasaba.
—¿Puedes venir un momento? —preguntó —No...todos. Será mejor que veáis esto.
Near se levantó y caminó con curiosidad hacia Rester, los demás también se inclinaron hacia él. El hombretón les señaló el monitor sin decir una sola palabra y todos lo vieron: la imagen correspondía a la cámara que tenían situada en la puerta secreta de la SPK y que nadie, salvo los allí presentes, debían conocer. Un chico en una moto, vestido con un jersey a rayas dejaba a un malherido justo a las puertas secretas.
Las exclamaciones de asombro no se hicieron esperar. Near aumentó el zoom de la cámara para cerciorarse de lo que ya estaba completamente seguro: aquel chico era Matt ¿Qué estaría haciendo allí? ¿Sabría que ésa era la puerta secreta del edificio o se habría apostado ahí por casualidad? Y lo más importante ¿Quién era aquel chico inerte? ¿Estaría muerto? ¿Y qué pretendía hacer con él?
De pronto, y como respuesta a sus preguntas, Matt miró a la cámara y empezó a hablar tratando de que se le entendiera. Los agentes prorrumpieron en exclamaciones de estupor "¡¿Cómo es posible?" "¿Quién es ese chico?" "¡¿Cómo ha descubierto la puerta secreta?"
Near se irguió del todo, respirando profundamente y sin dejar de mirar el monitor.
—Y no sólo eso —puntualizó Halle con los ojos muy abiertos y negando con la cabeaza —También ha descubierto la cámara que tenemos justo en ese punto. Es prácticamente imposible de detectar...
"Matt... ¿Qué quieres decirme?" se preguntó Near con una opresión en el pecho cada vez mayor, mientras seguía mirando al joven gesticulando delante de la cámara. Todos vieron cómo el chico se acercaba al otro y le quitaba la capucha. Entonces, Near contuvo su voz y sólo llegó a susurrar el nombre del chico que yacía a las puertas de la Spk.
—Mello...
Los demás le miraron asombrados.
—¡¿Es Mello? ¿Estás seguro, Near? —preguntó McEnroe vociferando —¿Ese otro chico le está entregando a la Ley?
Near negó con la cabeza sin dejar de mirar la escena. De pronto lo vio claro: Mello estaba gravemente herido y a Matt sólo se le ocurrió un sitio donde dejarle, con la esperanza de que pudiera restablecerse y con la mínima posibilidad de contar con la piedad de Near, apelando quizá al recuerdo de la infancia que compartieron en el orfanato. El chico se perdió en la imagen que tenía ante él, deteniéndose en el rostro de Mello: parecía dormido, como cuando se dormía alejado en un sofá mientras Roger daba clase a los atentos alumnos. No había cambiado nada, seguía manteniendo esa expresión inocente de los niños traviesos cuando duermen, que parece que nunca han roto un plato. Algo se revolvió en su pecho, como un extraño temor y las palabras apenas podían salir de su garganta.
—Comandante Rester —dijo con determinación —Súbalo aquí... Rápido. Por favor, Lidner, vaya llamando a la señorita Svetlova.
Halle le miró dubitativa por unos segundos antes de marcar el número: era conocido por todos que Svetlova tenía altos conocimientos médicos aunque no ejerciera como tal, ya que hacía prácticas de medicina e investigaciones científicas de forma ilegal. Por lo que deducía que tratarían de salvar a Mello de forma clandestina. Si llamaban a una ambulancia, la policía le detendría y acabaría entre rejas como mínimo. Halle no tenía por costumbre rebatir las órdenes de Near pero eso tampoco le impedía tener sus propias cavilaciones y preguntarse el por qué de proteger a ese delincuente, aunque también cabía la posibilidad de serles útil en la investigación.
Near seguía con la mirada clavada en el monitor. Vio como Rester abría la puerta y, justo en ese momento, a Matt salir como una bala con la moto: se quedó el tiempo justo para asegurarse de que le habían visto pedir ayuda. Rester miró a través de la ropa de Mello, tal vez la herida, pensó Near, y le levantó con un sólo brazo adentrándole en las instalaciones de la organización.
El hombretón apareció en la sala de monitores con Mello colgando de su brazo y con gesto de urgencia en el rostro.
—Near, no aguantará mucho más, Ha perdido mucha sangre y todavía sangra...
El chico se quedó estático sin poderle quitar los ojos de encima a Mello. Yacía como un muñeco de trapo, pálido y con el pecho ensangrentado y se descubrió a sí mismo, asombrado, con la imposisbilidad de acercarse a él: sus pies estaban como clavados en el suelo y su respiración atascada en la garganta. Ver esa figura tan familiar de esa manera le había afectado más de lo que habría esperado. Desvío la mirada hacia Halle pero no directamente a los ojos.
—¿Cuánto tardará la señorita Svetlova? —preguntó con falsa seguridad.
—Ya viene de camino... y espera que la pagues bien, según sus honorarios —respondió bajando la voz de forma gradual.
—Bien... —espetó Near casi sin dejar terminar a Halle —Comandante Rester, llévele a mi habitación. Intentaremos cortarle la hemorragia.
