Disclaimer: Los personajes son la maravillosa Stephenie Meyer, solo yo juego con ellos junto a mi imaginación. La historia si me pertenece.

Summary: El sentimiento de pérdida está latente en la vida de Bella Swan, quien lucha día a día para darle lo mejor a su pequeño hijo siendo la secretaria del solitario y ermitaño Edward Cullen, quien no quiere ni confía en nadie, ¿Será que se necesitarán mutuamente para ser los que eran antes y dejar de lado sus dolorosos pasados?

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Solo necesito a alguien como tú.

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Capítulo 1

POV BELLA

8:35 de la mañana. ¡Por dios voy a llegar tarde otra vez! Sería la tercera vez en la semana, pero no era mi culpa; hacía todo lo que podía para llegar a tiempo, pero sinceramente no podía.

—Vamos Tommy se nos hace tarde —le dije a mi pequeño.

—¿No vene tía Rosie, mami? —Me preguntó con su dulce vocecita.

—No bebé, tía Rose está trabajando, vamos. —Le expliqué mientras guardaba sus pertenencias en su pequeña mochila.

Salimos rápidamente del departamento y fuimos a la parada del autobús. Para mi suerte no tardó demasiado. Bajamos en la estación correspondiente y fuimos a paso rápido hasta el jardín maternal. Visualicé el reloj y eran las nueve de la mañana. ¡Genial!, a esta hora tendría que estar en la oficina.

—Hola Bella, hola Tommy. —Nos saludo Ángela, su maestra.

—Hola Ángela, te lo dejo, lo paso a buscar a las cinco y media —le dije a su maestra—. Adiós cielo luego paso por ti, pórtate bien, te quiero mucho —me agaché a su altura y me despedí dejándole un beso en el tope de su cabeza.

—Yo tamben te tero mamita —respondió moviendo sus manitas entrando al jardín maternal.

Odiaba dejarlo solito con tan solo casi tres años, pero no tenia con quien dejarlo. Con la única que podía contar era con Rosalie, quien esta semana estaba haciendo una suplencia a la mañana y le era imposible traer a Thomas al jardín de niños, era por eso que me volvía pulpo tratando de hacer todas las cosas yo sola. Lo único que temía era que me despidieran de mi empleo, pero nada era más importante que mi hijo.

Fui hasta la parada del metro, otra vez. Por suerte nuevamente no tardó mucho. Prácticamente corrí las calles para llegar a la oficina. Una vez que estuve dentro del edificio ni siquiera esperé el ascensor, fui por las escaleras para hacer más rápido. Llegué a mi lugar de trabajo totalmente cansada y agitada por correr tanto. Miré mi reloj y ya eran las nueve y media. Seguí caminando sin mirar y me choqué con algo duro. Cuando subí la cabeza para ver que me lleve por delante vi esos ojos fríos que me miraban con el ceño fruncido.

Hoy no era mi día de suerte.

—Isabella —habló mi jefe con voz dura—. Hoy es el tercer día que llegas tarde. Tuve que atender las llamadas yo. ¿Te parece correcto? Te pago para que hagas ese trabajo y lo tengo que realizar yo. Sabes que no me va a temblar la voz para despedirte, si todavía sigues aquí es porque eres una de las mejorcitas secretarias que tengo. Pero tengo un límite y tú ya lo estas pasando —me regañó mirándome fijamente con esos ojos inexpresivos—. Solo pásame las llamadas de urgencia, hoy tengo una reunión importante y no quiero que nadie interrumpa.

—Muy bien Señor Cullen —le respondí con la cabeza gacha.

—Cuida tu puesto de trabajo Isabella, que sea la última vez que llegas tarde. Sabes que odio la impuntualidad —agregó metiéndose a su oficina.

Rápidamente me puse en mi lugar y comencé a fijarme la agenda de mi jefe. Para realizar este trabajo tenía que tener muchísima paciencia. Edward Cullen —mi ermitaño jefe—era conocido como el témpano Cullen.

Lo describían malhumorado, frío, calculador, gruñón y arrogante. Sinceramente es así como era. No le importaba si tenías algún problema o lo que sea, siempre tenías que estar dispuesta a lo que sea que necesite, a la hora que sea y cómo sea. Tenía muchas diferencias con él, pero no le podía decir ni una sola palabra, gracias a él le estaba dando un futuro prometedor a mi hijo.

—Hoy vino más gruñón que de costumbre, ¿no es así? —Preguntó Jessica, una amiga y compañera de trabajo.

—La verdad es que si, pero ya me estoy acostumbrando —respondí revisando unos papeles.

—La verdad Bella no sé como aguantas, yo ya lo habría mandado a la mierda.

—No me queda otra Jess. No creo poder encontrar otro trabajo que me pague tan bien como este. Gracias a él no tengo que tener dos empleos y a Tommy le puedo dar algunos gustos —respondí sinceramente.

—Tienes razón, el témpano para bien —sonrió—. Pero yo no aguantaría un segundo siendo su secretaria. La verdad es que te compadezco amiga.

—Hay que pensar en positivo Jess —contesté encogiéndome de hombros—. ¿Cómo están Joseph y Clare?

—Oh, están creciendo rápidamente, en unas semanas es el cumpleaños de Joseph, por supuesto que tanto como tú y Thomas están invitados —dijo con brillo en sus ojos.

—Muchas gracias; Tommy se va a poner muy contento —contesté con una sonrisa.

Jessica era una de las pocas amigas que tenía en el trabajo. Era madre de dos niños preciosos: Joseph, el mayor que cumpliría 4 años y Clare que solo tenía 2. Thomas se llevaba de maravillas con Joseph, se divertían mucho cuando estaban juntos. Jess fue con una de las primeras personas con las que comencé a hablar, ella llevaba trabajando en la Corporación Cullen hace más de tres años y me ayudó muchísimo a encontrar el ritmo que aquí se requería. Estaba muy agradecida con ella y su familia, ya que me orientaron y me dieron una mano cuando recién me mudé a esta ciudad.

Isabella ven para acá rápidamente —me habló el señor Cullen desde el intercomunicador de la mesada.

—Suerte —dijo mi amiga burlona.

Yo solo giré los ojos y fui hasta la oficina del "témpano Cullen". Al llegar a la puerta golpeé y escuché el "adelante" del otro lado.

—Señor Cullen —dije con voz profesional una vez que entre hacia la oficina.

—Siéntate —ordenó y yo rápidamente obedecí—. ¿Qué hay mañana? —preguntó con la mirada fija en la computadora.

—Reunión a las 11 AM con el señor Eleazar Denali —contesté mecánicamente—, y por la noche una fiesta de inauguración del nuevo Hotel en el centro de la cuidad.

—Oh si, recuerdo eso. Muy bien, mañana te quiero a las ocho en punto. Necesito que me ayudes a hacer el discurso para la noche. Ya sabes a ti te dan bien los discursos.

Me quedé callada unos instantes. No podría estar tan temprano mañana, tenía que llevar a Thomas a la guardería y me era imposible dejarlo al cuidado de otra persona de confianza.

—Señor Cullen —empecé a hablar nerviosamente, jugueteando con mis dedos—. Disculpe mi atrevimiento pero… ¿no podría venir a la misma hora de siempre? Si desea puedo hacerle el discurso hoy mismo, pero me es imposible venir antes.

—Isabella a ver si comprendes —dijo dejando de visualizar el ordenador y mirándome fijamente con esa mirada dura, característica en él—. El que da las órdenes aquí soy yo. Cuando firmaste el contrato de empleo, ahí bien especificaba que tenías que estar disponible para mí las veinticuatro horas del día si es así lo que requiero. Acuérdate que no solo eres mi secretaria sino que también ahora eres mi asistente personal —concluyó y yo abrí los ojos sorprendida.

—¿Asistente personal? —pregunté confundida.

—Así es, sé que no hay una persona más eficiente que tú en la empresa y te necesito para ambas cosas. No te preocupes que te aumentaré el sueldo. Así que ahora, con mayor razón, te necesito a mi disposición todo el tiempo. Empezando por mañana. —Volvió a clavar su vista en la pantalla del ordenador y añadió—: No se habla más, mañana a las ocho horas, ningún minuto más ni ningún minuto menos. Puedes retirarte —concluyó y me tragué toda la furia que sentía por dentro.

El resto del día pasó sin mayores sobresaltos. Todo era lo mismo, atender llamadas, pasar las importantes al odioso de mi jefe y las que no importaban meterles excusas para que no molesten. Cuando dieron las cinco salí disparada para buscar a mi bebé. Esa era mi rutina de todos los días. Apenas terminaba mi horario de trabajo me iba hacia la guardería para pasar a buscar a mi pequeño hijo.

Cuando llegué a mi destino la carita feliz de Thomas hizo que todos los problemas pasaran. Era por él el motivo que luchaba todos los días y soportaba lo que sea con tal de poder darle todo a mi hijo y que no le faltara nada.

—¡Mami! —exclamó mi bebé mientras venia corriendo hacia mí.

—Tommy —respondí arrodillándome y abriendo mis brazos para recibirlo.

—Te tañe mucho mami —dijo escondiendo su cabecita en mi pecho.

—Y yo a ti amor —respondí dándole un beso en el cabello—. ¿Vamos a casa?

—¡Siii! —exclamó dando saltitos.

Nos despedimos de Ángela y fuimos rumbo a nuestro hogar. Cuando llegamos, luego de unos cuarenta minutos debido a que el ómnibus había tardado más de la cuenta, mi hermana Rosalie nos esperaba con una rica merienda.

—¿Cómo está el niño más lindo de todo el mundo? —dijo Rose cuando llegamos. Thomas largó una fuerte carcajada y se fue hacia sus brazos.

—Bien Tía Rosie —contestó sonriendo de oreja a oreja.

—¿Y para mí no hay saludo? —me hice la enojada

—Oh, claro. Vamos a saludar a tu mami o si no se enoja –le dijo en "secreto" a Thomas—. Hola Bella —me saludó acercándose a mí y me dio un beso en la mejilla

—Tengo hambe —señaló mi pequeño tocándose su pancita.

—Ya está todo vamos a comer antes de que se enfríe.

Nos fuimos hacia el comedor y comimos la rica cena que preparó mi hermana.

Rosalie era mi hermana mayor, tenía dos años más que yo. Siempre fuimos muy unidas y teníamos una muy buena relación. Hacía tres años que vivíamos juntas. Recuerdo que el mismo día que terminé de mudarme aquí, nació Thomas por la noche, fue una muy linda noticia después de la tragedia que sucedió solo días antes.

No tenía ningún familiar que no fuera Rosalie, nuestro padre Charlie Swan había fallecido cuando yo tenía doce años y nuestra madre Renée cuando cumplí los diecisiete. Es por esa razón que Rose tuvo que hacerse cargo de la situación y sacarnos adelante.

Fue un golpe muy duro para las dos. Ambas quedamos solas y desprotegidas. Nuestros padres no tenían hermanos, por los cuales no teníamos tíos ni tampoco familiares cercanos. Al no tener otra alternativa, Rose se puso a trabajar en un restaurant abandonando su carrera de chef profesional que era su sueño, para poder tener que comer. Cuando yo le había dicho que quería trabajar para ayudar en la casa, ella negó rotundamente diciendo que me tenía que dedicar a mis estudios. Y así lo hice, había comenzado a estudiar administración de empresas pero lo dejé a los dos años porque salía mucho dinero y no teníamos como solventarlo, es por eso que hice el curso para ser secretaria. Pero nunca había ejercido esa profesión, hasta hace dos años que fue que empecé a trabajar en la Corporación Cullen.

A mi hermana Rose, le iba de maravillas en el restaurant, tanto así que se termino casando con el dueño de éste. No solo encontró trabajo si no también al amor de su vida. Ella y Emmett —mi cuñado— ya llevan seis años juntos y se les nota que son muy felices.

Vivíamos todos juntos en el departamento de ellos hacia tres años que fue cuando me mudé a esta nueva cuidad. Nosotras éramos de un pequeño pueblo llamado Forks, pero debido a las circunstancias, mi hermana se había mudado a Chicago para abrir otro restaurant y yo elegí quedarme en nuestra ciudad natal, claro que luego me mudé con ella, porque no podía vivir en el mismo lugar donde lo recordara todo el tiempo. Igualmente yo estaba ahorrando para poder comprarme mi propia casa, para darles privacidad, pero hoy en día poder comprar algún inmobiliario estaba carísimo y no tenía el dinero suficiente para lograrlo. Si bien el departamento no era tan grande hacíamos lo posible para arreglarnos.

—¡Hola, Hola! —saludó Emmett entrando por la puerta.

—¡Tío oso! —exclamó mi pequeño yendo hacia él.

—¿Cómo estás, campeón? —lo alzó por los aires y comenzó a dar vueltas juntó a él.

—Emmett bájalo —regañó Rose a su marido—. Recién comió.

—Lo siento —dijo rascándose la nuca acercándose a saludarnos.

Cuando terminamos de comer, llevé a Thomas al baño para ducharlo. Una vez que terminé, me di una ducha relajante. Todavía mi cabeza trataba de encontrar la solución para llegar a tiempo a mi trabajo sin descuidar a mi hijo. No me quedaba otra alternativa que pedirle ayuda a mi hermana.

—Rose —la llamé cuando me fui hacia la sala que era donde se encontraba mirando televisión.

—Dime —respondió, dándome esa mirada cálida que me hacía recordar tanto a nuestra madre.

—Necesito un favor –pedí cabizbaja. Odiaba aprovecharme de tanta hospitalidad, pero no tenía otra opción.

—Lo que quieras.

—Necesito que mañana lleves a Thomas a la guardería, es que mi jefe me necesita a las ocho y no puedo llegar tarde. No tengo forma de llevar a Tommy, odio pedirte todo esto, pero no tengo opción —dije mordiéndome el labio.

—Sabes que no es ningún problema, voy a tener que llamar a alguien para que cubra ese horario, pero mi sobrino es más importante.

—Gracias Rose, no sabes cuánto te agradezco —la abracé fuertemente.

—¿Para qué estamos las hermanas? —Dijo con una sonrisa—. ¿Por qué esa cara?

—Es que me pudre toda esta situación Rose, no le puedo dar el tiempo suficiente a mi hijo y encima ahora el gruñón de mi jefe me asigna como su asistente personal.

—¡¿Qué?! —exclamó atónita.

—Lo que dije —suspiré—, ahora voy a tener menos tiempo todavía —agregué tapándome el rostro con ambas manos.

—Trata de ser positiva Bella. Y por Thomas… no te preocupes sabes que él te ama, y no se va a enojar contigo, todo lo que haces es por él —murmuró y justo entraba mi bebé viniendo hacia nosotras.

—Mami, tengo sueñito —dijo refregándose el ojito.

—Vamos a acostarnos —conteste parándome y lo alcé—. Dile buenas noches a tus tíos —pedí una vez que Emmett entró a la sala.

Bunas noches tíos —dijo con una sonrisa, aunque ahogó un bostezo.

—Que descanses Tommy —les respondieron al unísono.

Fuimos hacia nuestra habitación y lo vestí con el pijama. Lo acosté en el medio de la cama que compartíamos y comencé a tararear la canción que le cantaba desde que estaba en mi vientre.

Quiedo que me cuentes un cuento —pidió, acomodando su cabecita en la almohada de Cars.

—¿Cuál quieres?

—El pincipito —dijo y mis ojos se llenaron de lágrimas, miré hacia arriba para que no salieran hacia el exterior—. ¿Ese era favorito de papá? —preguntó con su dulce vocecita.

—Si cariño, ese era —contesté yendo hacia la repisa donde tenía sus libros de cuentos.

Fui nuevamente hacia la cama y comencé a leérselo. A las tres páginas de comenzar se quedó profundamente dormido. Me acerqué hasta su frente y le deje un beso allí.

Él era la personita que más amaba en este mundo y por la cual daría todo con tal de verlo feliz. No era fácil ser madre soltera y tener que criarlo sola. Porque por más que tuviera a Rosalie y a Emmett conmigo yo tenía que ejercer tanto el papel de madre como de padre y era muy difícil. Trataba de hacer lo mejor posible, pero muchas veces tenía recaídas como ahora.

¿Por qué la vida es tan injusta y te saca de tu lado a las personas que mas amas?

Me limpié las lágrimas que lograron salir y me puse el pijama dispuesta a dormir al lado de mi pequeño. Abracé su pequeño cuerpecito y sentí como su cabeza se acomodaba en mi pecho.

¿Por qué nos abandonaste? —Pensé y me dejé vencer por el sueño.

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POV EDWARD

Gloriosa, envidiable, llena de lujos y demás. Así describían muchos mi vida, pero no tenían ni la más pálida idea de cómo verdaderamente era.

Era el dueño de una de las empresas hoteleras más grandes del mundo. Era multimillonario y tenía todo lo que quisiera.

¿Pero de qué sirve tener tanto dinero cuando no lo puedes gastar con nadie?

Era un hombre muy solitario. Solo tenía a mi prima Alice y a mis tíos como familiares más cercanos y la relación que teníamos no era muy estrecha, yo me cerraba en mi mundo y no dejaba que nadie ingresara.

Era imposible sobrepasar mi coraza.

Mis padres fallecieron cuando el crucero en el que viajaban se hundió sin dar oportunidad a que se salvaran. Es por eso que yo con tan solo veintidós años tuve que hacerme cargo de la empresa familiar. Si bien no era tan joven —al menos ya había cumplido la mayoría de la edad— tuve que aprender todo el manejo rápidamente. Por suerte tenia a mi mano derecha y única amiga, Sue. Fue ella quien me ayudo a mantener la empresa en pie.

Sabía que tenía fama de ser el "hombre de hielo", pero la verdad es que la muerte de mis padres junto a los problemas que vinieron después, hicieron que me vuelva una piedra, sintiéndome enojado con la vida misma y despreciando a todas las personas felices que estuviesen a mí alrededor. Mi prima Alice me decía que era un mecanismo de defensa que tenía para camuflar mi dolor, pero la verdad era que ni yo mismo sabía por qué me comportaba de esa manera.

Los primeros años fueron un gran desafío. La empresa tuvo muchas pérdidas, pero con el tiempo me perfeccioné en el trabajo hasta ser un as en los negocios, como lo soy ahora a mis veintiocho años.

Todos mis empleados en la empresa me temían, cuando pasaba delante de ellos bajaban la cabeza y no se escuchaba ningún sonido. Esa era la imagen que quería que tuviesen de mí, así ninguno iba a tratar de sobrepasarse y me iban a obedecer sea en lo que sea.

Desde que comencé a trabajar, tuve muchísimas secretarias. Claro que ninguna había durado más de tres meses. Todas buscaban seducirme para tener acceso a una vida de lujo y convertirse en la Señora Cullen. ¡Qué ilusas!

Yo no era fácil de engañar y las terminaba despidiendo luego de pasar unas divertidas noches, alimentando sus esperanzas y luego dejándolas sin trabajo. Sabía que eso estaba mal, pero ellas mismas se lo buscaban usándome. Con el pasar de los años aprendí que todas las mujeres son iguales y solo quieren de mí mi dinero y el prestigio de ser la esposa de uno de los hombres más ricos del mundo.

Luego de contratar a mi actual secretaria —la cual ya hace dos años que está trabajando conmigo—, la odisea de buscar secretarias cada semana había terminado. Ella era distinta a todas las otras, era eficiente y se preocupaba por su trabajo, se notaba que no estaba interesada en mí, y eso era lo que más me agradaba y ayudaba a mantenerse con el empleo. Al principio pensé que iba a ser como todas las otras, pero me confundí. Era una gran profesional y sabía lo que hacía. Además aguantaba todas mis órdenes sin rechistar y nuestro trato era estrictamente profesional. No me podía quejar de ella.

Siempre había una excepción, decían por ahí.

—¡Vaya! Estoy asombrado, las ocho en punto. Veo que entendió Isabella —le dije a mi secretaria con el mismo tono de voz dura que siempre usaba con mis empleados.

—¿Vamos a realizar el discurso ahora? —respondió en un murmullo.

—Claro, vamos a mi oficina. —Ordené, dirigiéndome hacia el lugar.

Estuvimos más de dos horas tratando de hacer un discurso presentable. Había prestado atención a los gestos que Isabella hacía, si bien sabía que era una mujer atractiva ella no se dejaba ver. Usaba la ropa más grande de lo que en realidad tendría que usar y su cabello tirante en una coleta. Pero ella no era mi tipo y jamás intentaría seducirla, no iba a poner en juego a la mejor secretaria que haya tenido.

—¿Le gusto como quedó? —preguntó cautelosa.

—Podría ser mejor, pero… ¿qué más da? —le dije y vi como ella soltó un suspiro frunciendo el ceño. La verdad es que había hecho un excelente trabajo, pero no la halagaría; para eso le pagaba—. Puedes retirarte, avísame cuando llegue Eleazar.

—Como usted ordene, señor Cullen —mordió su labio fuertemente y se marchó, sabía que en su cabeza me estaría enviando fusiles para acribillarme; ese pensamiento me causó gracia.

A veces hasta yo mismo me odiaba por tratar a las personas de una manera cruel y autoritaria, pero no iba a dejar que me engañen nuevamente.

En los últimos días que mi padre estuvo vivo, se dio cuenta que su mejor amigo lo traicionó y le había sacado un montón de dinero de su cuenta. Es por eso que aprendí que no tienes que confiar en nadie, ni siquiera en las personas que mas quieres. Lastimosamente la ambición del hombre es mayor al cariño que se le tiene a otro y cuando se trata de una familia con dinero, eso se nota aún más.

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¡Holaa! ¿Como andan?

Primer capitulo de estas historia, ¿Que les pareció?. Ya tenemos mas o menos la presentación de los personajes y las trabas que tuvieron que pasar.

Gracias, gracias y gracias a todas las visitas que ya tuvo, los reviews, alertas y favoritos. De verdad que eso me alienta muchísimo para seguir escribiendo.

Un abrazo gigante para todas.

Alie ~