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Kagome entro por el gran portón de madera y vitrales transparentes de formas únicas. Llevaba de la mano a Rin y con la otra cargaba la pequeña mochila rosa con conejitos "Es una casa enorme" pensó Kagome, en su vida había estado en una así, claro la de los padres de Sesshoumaru e Inuyasha era grande pero no como esta. Obviamente Sesshoumaru había mejorado su situación propia logrando ser aún más rico que su padre. Y eso la hacía sentir… Más pobre de lo que era...
— Wow, ¿Cuántas personas viven aquí?—. Pregunto llegando a la sala, todo era muy minimalista, una mezcla de colores blancos, marrones y negros. Los sillones de piel se vean muy cómodos pero al parecer nadie se sentaba en ellos, estaban relucientes.
— Solo mi papi y yo, en la casa de atrás viven los empleados—. Explico la pequeña corriendo a la cocina seguida por Kagome, se sentía extraña, todo el mundo en la casa la veía fijamente, juntas entraron a la cocina, espaciosa y muy limpia, todos los electrodomésticos de acero inoxidable, odiaba esos muebles, le recordaban una morgue, igual a aquella donde tuvo que reconocer a su padre el año anterior.
— Que linda cocina…— Dijo con sarcasmo.
— Verdad, mi mami escogió todos los muebles y la decoración—. Dijo Rin sacando el helado del congelador.
— Y… ¿Dónde está tu mami?— Pregunto Kagome viendo como Rin se comía lentamente su mantecado de vainilla.
— Mamá está de viaje, mi papi dijo que pronto regresara. Pero él tiene demasiado trabajo y no podía pasar por mí.
— Rin si comes helado a estas horas, después no tendrás hambre…
— Mi papi siempre me deja comer helado antes de comer.
— Yo creo que no es bueno, ¡Ya se! ¿Por qué no me enseñas tu casa? Esta enorme y si voy a pasar aquí tanto tiempo necesito conocerla ¿Qué dices?—. Le dijo Kagome, no quería empezar con el pie equivocado su trabajo, si la niña no comía a la hora que era, ella sería la amonestada.
— Bueno, sígueme—. La pequeña y Kagome salieron de la "fea" cocina, le enseño el pasillo que llevaba a la casa de la servidumbre, el cuarto de juegos del primer piso, se sintió de nuevo una niña dentro de esa habitación, habían toda clase de muñecas y juguetes, además de aparatos de entretenimiento y videojuegos—. ¿Te gustan los videojuegos?
— Sip, pero esos son de mi tío Inuyasha, pasa mucho tiempo aquí con su novia—. Kikyo… Si le pidieran decir el nombre de una persona que odiara seria definitivamente Kikyo, no era mala chica, bueno no tanto, pero por su culpa Inuyasha y Kagome habían terminado su relación después de dos años—. Y mi papá y él de vez en cuando juegan juntos, ahh si y también Miroku—. El novio de su mejor amiga y casi hermana Sango, no tenía ni idea del porque estaban juntos si él cometía un desliz cada 10 minutos.
— Continuemos—. Siguió la biblioteca y estudio de Sesshoumaru, estaba todo prolijamente acomodado, parecía haber pasado a una dimensión totalmente distinta, en comparación de las otras habitaciones esta era más tradicional, clásica, todo era de madera y elegante, las paredes estaban cubiertas con un montón libros y un par de cuadros, había un enorme escritorio y una salita en medio. Fijo su atención en la fotografía posada encima del escritorio, estaba Rin en medio con una sonrisa enorme a lado derecho Sesshoumaru con, sorprendentemente, una expresión de pura felicidad, no de ogro como lo conoció y la tercera persona era una mujer que asumió era la madre de Rin, tenía los ojos rojizos y el pelo negro, más negro que el suyo, se veía sensual y madura, una mujer hermosa, pensó, claro que esperaba si había podido cautivar a Sesshoumaru… No cualquiera.
— Rin—. Se escuchó una voz grave y tentadora desde la puerta, era Sesshoumaru, Kagome se alejó del escritorio y se puso a lado de Rin—. Cariño, ¿No te dije que no estuvieras haciendo diabluras en mi oficina? La última vez no me fue muy bien.
— Perdona papi, estaba enseñándole la casa a Kagome.
— Buenas tardes Sesshoumaru-san.
— Hola Kagome. Vine a comer contigo Rin, mi junta se canceló…— Sesshoumaru tomo en brazos a su hija y la cargo hasta el comedor seguido por Kagome, se sentaron en sus respectivos lugares y Kagome se quedó a lado de la puerta, no tenía idea de que hacer—. Puedes comer con nosotros.
— Ehh… Y-Yo, no jeje no así estoy b-bien.
— No, Kagome-neechan come con nosotros—. Le invito Rin, no sabía qué demonios tenía esa niña pero no podía negarle nada—. Siéntate donde come mi mami ya que no esta no se molestara—. Kagome se sentó a lado de Sesshoumaru que estaba en el lugar principal, una de las sirvientas se encargó de llevar los platillos desde la entrada hasta el plato fuerte.
— Buenas tardes—. Y de la nada ahí estaban, su ex-novio ahora mejor amigo y su actual novia, un nudo se formó en la boca de su estómago impidiéndole llegar al plato fuerte. Aunque ya había pasado un año completo y ella e Inuyasha fueran amigos le dolía mucho verlo con alguien más, aun sentía algo muy fuerte por él—. Kagome, sabía que eras la indicada para el trabajo, ¿Cómo te está yendo en tu primer día?
— Bien, jeje, gracias, hola Kyoko.
— Hola Kagome—. Saludo Kikyo.
— Siéntense por favor, coman con nosotros—. La pareja tomo asiento de lado de Kagome, a su lado Inuyasha y al otro Kikyo, Sesshoumaru ordeno que trajeran dos nuevos servicios—. Y bien… ¿A qué se debe tu presencia tan temprano aquí Inuyasha?
— Que… ¿No solo puedo pasar a saludar a mi hermano?
— No…
— Bueno… Creo que como siempre tienes razón… Kikyo y yo venimos a invitarte formalmente a nuestra boda—. Kagome sintió como le clavaban una aguja en el pecho y le atravesaba el corazón; sabía que pasaría algún día, pero no pensaba que fuera tan pronto, estaba choqueada, sorprendida, ¿Perdería a Inuyasha para siempre? Sus ojos comenzaron a cristalizarse, no, no podía llorar, no delante de él.
— Vaya, en hora buena, me alegro por los dos—. Dijo Sesshoumaru, por fin su hermano sentaría cabeza y dejaría de tontear por allí.
— Gracias Sesshoumaru, estamos muy contentos—. Kikyo tomó la mano de Inuyasha.
— Jeje, felicidades chicos—. Kagome vio a la pareja, por lo menos esperaba que Kikyo no fuera como la esposa de Sesshoumaru y abandonara a Inuyasha cuando se le diera la gana—. No me habías dicho nada Inuyasha.
— Gracias Kagome, fue muy precipitado—. Le dijo su amigo.
Sesshoumaru, Kikyo e Inuyasha terminando de comer fueron a la biblioteca/oficina del mayor mientras que Kagome y Rin subieron al cuarto de la pequeña.
— Y este es mi cuarto, Kagome—. Rin se dejó caer en la cama mientras Kagome exploraba la habitación, era enorme, parecía que había entrado a un mundo rosa, la cama, paredes, hasta el baño, todo estaba lleno de muñecas y peluches y cosas rosas, un escritorio con una laptop… Rosa, y teléfono fucsia, un modular en el mueble de la tele con una pantalla de 40' LCD del mismo color.
— Te gusta el rosa ¿No?— Kagome odiaba el rosa, desde niña. Tanta gama del chillante color la hacía sentir un poco incomoda.
— Sip, mucho, mi mami dice que es un color para niñas.
— A mí nunca me ha gustado mucho. ¿Qué haces usualmente a esta hora?
— Esto… Hago la tarea después tomo una ducha, juego un rato o salgo con Rex y Akira a caminar por ahí.
— ¿Rex y Akira?
— Si, mis dos Husky.
— Ahh… Harás tus deberes, jugaremos un poco, te daremos un rico baño y por ultimo tomaras la cena con tu padre, si haremos eso—. No tardaron mucho en terminar los deberes que eran relativamente pocos, jugaron un poco en el jardín de la casa con los dos encantadores canes y después Kagome preparo la tina con burbujas aromáticas, siempre había querido un baño así, era del tamaño de su casa, por así decirlo. El baño fue tan divertido que término empapada por su pequeña guerrilla de agua con Rin, le ayudo a cambiarse, y por ultimo una cena con el rey del hielo y la pareja de oro.
Sesshoumaru veía cada expresión que se plasmaba en el rosto de Kagome, quería reconocer todas y cada una de sus facetas, la sonrisa hacia Rin, su disgusto hacia un mal comentario del impertinente de su hermano, su mirada al verlo, era agobiante pero atrayente, por un lado sentía el mismo amor a su esposa desde que la conoció y por otro esa chica le estaba gustando más de lo aconsejable.
— *Suspiro* ya es tarde y tenemos que irnos, buenas noches—. Dijo Inuyasha terminando su delicioso café.
— Nos vemos Sesshoumaru—. Se despidió Kikyo, Sesshoumaru los acompaño a la puerta.
— ¿Ya te vas?— Le pregunto a la castaña que bajaba las escaleras.
— Sip. Rin ya hizo sus deberes, se puso el pijama, solo lo espera para leerle su cuento y yo pierdo el bus pero… ¿Se le ofrece algo más?
—No… Nada, te llevo si quieres ¡Yuka dile a Rin que me espere no tardo!— Le grito a la sirvienta de la cocina.
— ¿Ehh? No… No, como cree, tomo un bus, en serio.
— No es seguro para una chica tomar el autobús a estas horas sola, ven—. Le dijo tomando las llaves de su auto, Kagome sonrojada siguió al mayor, no sabía el que pero… Estar con él era incomodo…
— ¿No te subes?— Le dijo después de rato que abrió la puerta del lujoso vehículo.
— A-ah jeje, perdón—. Dijo subiéndose al auto, el silencio era tajante e incómodo para ambos, no sabían que decir ni cómo actuar. Kagome se aventuró sacando algún tema que se le viniera a la mente—. Lindo auto…
— No es gran cosa—. Mal intento, consejo: Nunca hablen de su auto con alguien que lo cambia cada semana… No es una conversación extensa. De nuevo quedaron en silencio.
— Puedo—. Dijo señalando el estéreo, Sesshoumaru asintió. Kagome busco entre los CDs del peli blanco tratando de encontrar algún gusto en común—. ¿Quiere escuchar algo en especial?
— Me da igual—. Que léxico tan extenso, pensó la niñera.
— Bueno—. Opto por poner la radio "Hey! Say! Jump!" Sonaba en su estación favorita—. Amo esa canción.
— Ah…— Se estaba cansando, en definitiva esa era la primera y la última vez que dejaba que la llevara a su casa, ir a lado de un mudo en el bus era mil veces más entretenido que ir con el rey de hielo—. ¿Te puedo preguntar algo? Solo por curiosidad—. Milagro, si sus cálculos no la engallaban era lo más largo que le había dicho en todo el camino…
— Si, lo que quiera.
— ¿Qué sientes por mi hermano?— Por fin salieron esas palabras de su boca, llevaba todo el camino tratando de averiguarlo, pero no tenía ni idea de cómo preguntarlo, le interesaba saberlo, en toda la comida y cena ella no había pronunciado palabra y solo veía con ojitos de borrego en matadero a Inuyasha y de león en casería a Kikyo.
— ¿E-Eh? Y-yo, ¿P-por Inuyasha? ¡JAJAJAJA! Nada, salimos por más o menos dos años, pero ahora solo es mi amigo… Y él ama a Kikyo, son el uno para el otro ¿No cree?
— ¿Tan estúpido crees que soy?— Dijo un poco molesto. Se quedaron de nuevo en silencio.
— *Suspiro* Nada. Nada estúpido; pero… No tengo nada que hacer, se va a casar y yo buscare a alguien que me haga feliz, sé que será difícil pero tarde o temprano aparecerá por ahí en algún lugar, solo tengo que buscarlo.
— Las chicas como tú no tienen autoestima…
— ¡¿Qué?! ¡Claro que tengo autoestima! Y mucha.
— Si la tuvieras nunca te habrías enamorado del idiota de mi hermano, en segunda ya lo habías mandado al demonio por convicción propia junto con esos sentimientos que no te llevaran a ningún lado, una chica como tú, que tiene muchas cualidades, puede tener a cualquier hombre a sus pies—. Kagome tenía la cara totalmente descolocada, ¿La estaba adulando? Sesshoumaru le había dicho un cumplido.
—E-E-Esto.
— Llegamos—. Le dijo bajándola de la nube a la que la subió—. Mañana Rin tiene clase de ballet, así que después de la comida directamente a la escuela, no estaré, me iré de viaje así que sería bueno que te quedaras en casa por si algo se ofrece, llegare pasado mañana. Dejo al chofer a tu disposición.
— Ok. Sobre lo de mi cheque, necesito pagar la renta de este mes, así que…
— Mañana te dejo el cheque en casa, pídeselo al ama de llaves.
— Muchas gracias Sesshoumaru-san. Nos vemos en… ¿Dos días?
— Si, hasta luego Kagome.
— Hasta luego Sesshoumaru-san.
— ¿Me vas a decir que te arrepientes Kagura?—. Pregunto un guapísimo pelinegro a la hermosa mujer que protegía su desnudes con una sábana blanca mientras observaba la fotografía de su pequeña familia.
— Extraño a mi hija, eso es todo Naraku.
— Te he dado una opción para ello Kagura. No tendría ningún inconveniente en criar a la hija de mi amigo como propia. – Le dijo como lo había estado haciendo semanas atrás, quería ver a su "mejor amigo" en la ruina y poco a poco lo conseguiría. Primero su esposa, después su hija y por último su empresa y fortuna.
— No, Sesshoumaru nunca me perdonaría si le quitara a Rin. La ama demasiado.
— Piénsalo cariño, no tienes que ser tú la que este lejos de ella. Rin te necesita, sería bueno que pensaras lo del divorcio.
— Ya me decidí… quiero divorciarme definitivamente de Sesshoumaru. Por qué te amo a ti Naraku.
— Yo te amo también, Kagura.
